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Blog del Afiliado

  • Un encuentro en Cantabria entre el mar y la montaña por Susana Pacheco

    Peña Labra hayedos

    Recorridos para descubrir los tesoros escondidos del valle del Nansa

    Las opciones para disfrutar de la naturaleza en el entorno del valle del Nansa son muchas y todas ellas muy interesantes. Aunque aún falta bastante tiempo para que nos veamos, no queríamos dejar de mostraros algunas de las propuestas que tenemos en mente y que nos ayudarán a conocer los grandes valores patrimoniales y paisajísticos de este valle surcado por el río que le da nombre.

    La posibilidad de seguir el curso del río resulta siempre una experiencia inolvidable. La sorpresa nos acompañará desde su nacimiento en el macizo de Peña Labra. Aquí los protagonistas son los paisajes de montaña de fuertes desniveles, en los que aún se conservan las huellas de antiguos glaciares. Sus laderas se visten de impresionantes bosques de hayedos, robles y abedules, y grandes extensiones de brezales y tojales. Se mueven en las cumbres los rebecos y sobrevuelan las cimas los gigantes del mundo alado, el águila real y el buitre leonado, junto con otras aves más pequeñas como el alimoche o el halcón peregrino. Entre las zonas de pasto y bosques viven lobos, ciervos, corzos, zorros...

    En este espectacular paisaje se unen la naturaleza y la mano del hombre. Encontramos cuatro centrales hidroeléctricas, cinco presas (Palombera, Rozadío, La Lastra y La Cohilla, y el azud del Vendul) y una extensa red de canales. Un paisaje que se relaciona con otro más antiguo, el de la fuerza hidráulica, formado por molinos, ferrerías y otras construcciones que nos hablan de un rico patrimonio industrial. La visita a Cades es muy recomendable, aquí se conserva una antigua ferrería del siglo XVIII, que tras su reconstrucción como museo, muestra a los visitantes el oficio de ferrero, de tanta importancia antiguamente en la comarca de Saja-Nansa. A pesar de estas transformaciones, la riqueza natural de sus riberas (salcedas, alisedas y bosques mixtos de caducifolias) han motivado su designación como «LIC del Río Nansa».

    El corredor fluvial nos muestra también un paisaje de aldea, organizado en torno a los pueblos o concejos cuya estructura económica, social y territorial, de origen altomedieval, aún permanece en la actualidad. En este territorio vemos caseríos con huertos, mieses y prados, y pequeños bosques residuales en los que antaño se extraía leña para los hogares. Algo más alejado de nuestra vista, el monte donde pastorea el ganado con la tradicional vaca tudanca, y los prados con invernales. Un buen ejemplo de todo ello es Tudanca, declarado Conjunto Histórico por su riqueza arquitectónica, es un asentamiento premedieval escenario histórico de la novela Peñas Arriba de José María de Pereda.

    Protagonista es también el mundo subterráneo, nos rodea un rico paisaje kárstico de espectaculares formas, entre las que destacan las cuevas, como la famosa de El Soplao, una maravilla geológica en la que se pueden ver, entre otras formas, excepcionales helictitas y pisolitas. Otras son la cueva de Chufín, incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, donde habitualmente un guía-barquero acerca a los visitantes hasta la entrada de la cueva; o la de La Fuente del Salín, una surgencia activa de gran desarrollo y trazado laberíntico, cuyo acceso es solo posible en épocas de sequía, al desembocar en su entrada un río subterráneo.

    Acompañamos al río hasta su unión con el mar, antes de llegar podemos disfrutar de la senda fluvial del Nansa, una ruta muy sencilla que transcurre pegada al río, donde se aprecia la gran diversidad de flora, la presencia de salmón atlántico, el muy escaso desmán ibérico y la nutria.

    Ya en la costa, las rías de Tina Menor y Tina Mayor forman dos de los estuarios más característicos de la región. La primera en su tramo final, se adentra en la sierra litoral y se abre al mar Cantábrico en una hermosa costa acantilada. Una costa que acoge algunas de las playas y villas más bellas y visitadas de Cantabria, como son San Vicente de la Barquera o Comillas. Nos encontramos en el entorno del Parque Natural de Oyambre, uno de los espacios más representativos del litoral cántabro, con una variedad paisajística excepcional, en el que se combinan rías, playas, marismas, dunas, acantilados y masas forestales ofreciendo a quien lo visita un conjunto de gran riqueza paisajística y ecológica.

    Como veis las opciones son numerosas, iremos valorando las mejores en función de las condiciones meteorológicas y físicas de nuestro grupo, pero para ir abriendo boca queríamos dejaros unas pinceladas de la especial comarca cántabra que hemos elegido para celebrar nuestro encuentro GLACKMA 2014.

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  • Cómo apareció GLACKMA en mi vida por Alejandro José Álvarez Luque

    Glaciar de Bossons

    La primera vez que oí hablar del proyecto GLACKMA fue en las Navidades de 2011. Una noche, mientras  escuchaba RNE, en una entrevista grabada, Adolfo y Karmenka, los glaciólogos de GLACKMA, (que ya se encontraban en la Antártica), explicaban sus investigaciones sobre glaciares y su afán divulgador, sobre todo, entre los más jóvenes. Esas dos ideas: investigación sobre glaciares y divulgación entre la juventud, captaron, rápidamente, mi atención e interés. Cuando acabó el reportaje corrí al ordenador y me hice socio de  la Asociación, pagando la cuota de 12 € al año y encargando, al mismo tiempo, El Diario Polar y Cuevas y ríos bajo Glaciares, los dos libros que tienen editados.

    He ejercido durante más de treinta años como Profesor de Física y Química en enseñanzas medias. Algo sé de lo difícil e importante que es divulgar, con intensidad y rigor, los estudios e  investigaciones de ciencias entre el alumnado como imprescindible complemento de la enseñanza y aprendizaje de las asignaturas que se les imparten. GLACKMA consigue esos objetivos con su página web y con un maravilloso blog que desarrolla Karmenka: “Karmenka desde los Polos”. En ellos, además de dar cuenta detallada del desarrollo de sus expediciones e investigaciones en la web, en el blog, participan un gran número de centros escolares de ESO y Bachillerato.

    Mi admiración por los glaciares viene de lejos. Hace ya bastantes años atravesé por vez primera un glaciar pirenaico: el de acceso al pico Vignemale. Aún me veo con los crampones y piolet hollando su superficie helada y avanzando emocionado hacia el lejano borde donde comenzaría, ya sin crampones, la trepada hasta la cima. Me pareció toda una apasionante aventura, aun sabiendo que los contados glaciares pirenaicos están en recesión y son de los llamados “suspendidos”: sólo tienen  circo glaciar y una cada vez más raquítica, cuando no inexistente, lengua. Luego vendría el glaciar de Coronas en la ascensión al Aneto. Y los glaciares alpinos, más importantes y con espectaculares lenguas en bastantes casos, aunque también en alarmante retroceso. Baste citar el famoso Mer de glace en el macizo del MontBlanc en Chamonix (Francia). Embruja admirarlo durante el famoso Tour del MontBlanc, senderismo de varias jornadas alrededor del famoso pico.

    Pero tuve que viajar a los maravillosos glaciares patagónicos argentinos y chilenos para admirar los más bellos y famosos. Algunos se han convertido en auténticos iconos de reclamo turístico como el justamente famoso Perito Moreno (declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad), el Upsala que ha retrocedido varios kilómetros, el Grey, actualmente con tres frentes, también por motivo del imparable retroceso. Y, tal vez para mí, el más bello y solitario: El glaciar San Rafael situado en la Laguna de San Rafael (en realidad  un gran lago costero) que exige varios días de navegación desde Castro en la gran isla de Chiloé en la Patagonia chilena. Nadie que haya admirado un gran glaciar de estos podrá ya olvidarlo: es un espectáculo fascinante y maravilloso. Una experiencia inolvidable.

    Pero una cosa es admirar los glaciares y otra bien diferente afrontar su estudio científico.

    Para investigar los glaciares se necesita  un perfecto dominio de la espeleología de  crio-karst  en la que Adolfo Eraso está considerado como una autoridad mundial. Y Mª del Carmen Domínguez (Karmenka),  la otra glacióloga con la que codirige el proyecto de investigación, es una alumna aventajada. Moverse sobre y dentro de un glaciar supone una tarea sumamente arriesgada y difícil. A pesar de que uno de los principios que aplican es el del riesgo mínimo, tanto Adolfo como Karmenka han sufrido situaciones complicadas: Adolfo una caída en un moulin del Perito Moreno, quedando eternos minutos  colgado del salvador piolet, hasta que sus compañeros italianos en aquella investigación acudieron a rescatarle. Tuvieron que evacuarle en helicóptero y sufrió la rotura de varias costillas. ¡Lo que no le impidió, al volver a Madrid, dar la conferencia en la que Karmenka, además de conocerlo, descubrió su fascinación por los glaciares! Así comenzó, para ella, esta apasionante aventura. En su citado blog narra el espeluznante suceso de su recorrido, un día en que se fue formando una espesa niebla, por el glaciar Colins en la isla antártica Rey Jorge y cómo al día siguiente, al volver al glaciar, descubrieron que había estado merodeando en las proximidades de una escalofriante grieta que se había formado desde su anterior expedición y de la que desconocían su existencia.

    Las bajísimas temperaturas, la superficie helada que exige el uso de camprones, los fuertes vientos catabáticos, las cascadas de agua helada frecuentes en los moulins, por no hablar del duro trabajo que supone fijar las sondas en las paredes de los cañones de   salida del agua helada de los glaciares. Hay que hacerlo sumergiendo las piernas durante eternos minutos, a veces horas, en la corriente. Adolfo explica, sin inmutarse, que se pierde la sensibilidad pero que se puede aguantar hasta ocho horas sin riesgo de congelaciones…El proceso del necesario aforo del río también supone una tarea agotadora: deben estar pendientes del nivel del agua, ya que deben realizar la operación de aforo para un conjunto de diferentes niveles. Cada operación les lleva casi una hora y la deben hacer sin que importe la hora diurna o nocturna.

    Sin olvidar que realizan sus expediciones a regiones de climatología extrema y la aproximación a los glaciares, aun con la ayuda posible de medios mecánicos supone, con frecuencia, acarrear materiales pesados en sus mochilas. Dormir en tiendas de campaña, donde también almacenan el instrumental necesario. Soportando vientos con frecuencia huracanados y alimentándose de comida liofilizada para disminuir el peso a transportar. Cada expedición se convierte en una epopeya. Es necesaria una enorme fortaleza física y mental para llevar a cabo una investigación como la que nos ocupa. Adolfo cuenta que a lo largo de sus 27 años de incontables expediciones le han acompañado diferentes personas y solamente 6 han soportado el frío reinante en aquellas latitudes. La única que le ha acompañado los últimos 11 años es Mª del Carmen Domínguez. Han conseguido formar un excelente equipo investigador.

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