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Blog del Afiliado

  • Encuentro GLACKMA En Rascafría, mayo 2016 por Empar Landete

    Conforme iba adentrándome en el valle alto de Lozoya donde está Rascafría, con las montañas de la Sierra de Guadarrama al fondo aún con restos de nieve en sus cumbres, iba sintiendo una inmensa alegría en mi interior, pronto estaría con mis amigos glackmeros. La casa de Pizca, integrante del grupo Glackma, donde nos acogió para este encuentro, está enclavada en Rascafría, en un entorno natural precioso, donde la vista se pierde al tropezar con esas enormes moles montañosas de 1800 y 2200 metros.

    Durante las caminatas que realizamos la naturaleza nos envolvía con su verdor, acompañados del cascabeleo de los interminables riachuelos y cascadas que surcaban todo el camino y en ocasiones los cielos eran surcados por las águilas con su gran majestuosidad. Cuando al atardecer el Sol alargaba sus rayos de luz creando contrastes de luces y sombras entre los enormes bosques de pinos, abedules, robledales y chopos, el tiempo quedaba marcado por esa calidez y sensación de paz que siente el caminante al hallarse ante esa grandiosidad con que le envuelve la madre naturaleza.  

    Caminé algunos trechos sola, para empaparme de esa paz y soledad acogedora que produce el andar entre estos preciosos bosques, esa tranquilidad iba acompañada de los cantos de los pájaros que rompían por momentos el silencio de mis pasos por las sendas.

    Dura, pero gratificante, fue la subida al viejo Tejo milenario de Rascafría, entre empinados y largos senderos llenos de vegetación y riachuelos. Cuando por fin llegamos a su lado, noté en las retorcidas formas de su tronco su longeva edad, entre 1500 y 1800 años. Me hizo sentirme insignificante y recordar cuan corta es la vida humana, y que poderosa y fuerte puede llegar a ser la vida de un árbol.    

    Necesitaba estos remansos de paz y a la vez el candor de mi familia Glackma, para evadirme de la vorágine rutina que trae la vida. Siempre digo lo mismo cuando vuelvo de un viaje con mis amigos de Glackma, pero es que me cargan las pilas para continuar mi día a día y esperar la próxima kedada Glackmera.

    No quiero terminar sin dar las gracias a Pizca por la gran anfitriona que ha sido y la amabilidad de prestarnos su casa para esta ocasión.

    • Tejo milenario- Avanzadilla llegando al tejo

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  • 24/08/2015

    - naturaleza

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    Un chute de energía en vena!!!!!!! por Marta Bueno

    Espero que me dejen los gestores de la página elaborar mi increíble sucesión de acontecimientos en capítulos porque no sé cómo resumir tantas emociones en un solo texto…

    Mi terapia norteña es posible describirla en cuatro palabras: generosidad, confianza, sencillez e ilusión. En cada palabra se abren mil matices y mil colores que se despliegan e inundan cada momento de mis cuatro días de vacaciones. Han sido cuatro días atiborrados de sonrisas y atenciones. Han sido cuatro días de vacaciones con Adolfo y Karmenka. Sí, puede parecer pretencioso o incluso se podría pensar con cierta maldad que es mi intención presumir de este privilegio. Así que quiero antes de nada dejar bien claro que desde estas líneas simplemente deseo dar a conocer lo increíble de la amistad y, sin dar lecciones de moral, hacer patente y dejar constancia de que existen personas capaces de vivir en coherencia con sus principios en una sociedad tan compleja como la nuestra. Me apetece hacerlo, me sale de las tripas y quiero compartirlo para que sirva de asidero, soplo de aire fresco y andamiaje como a mí me ha servido.

    Empiezo con la primera palabra: generosidad. Para quien no sepa de mí como habitual en este blog, diré que mi problema de baja visión se va agravando y lo hace de una forma muy rápida. Mis días están invadidos por una niebla espesa en la que vislumbro algún contraste dependiendo de la luz. Vale, pues a esta dificultad añadimos este verano el brazo derecho escayolado de mi diestro marido. Aun así decidimos acercarnos a visitar a Karmenka y Adolfo como teníamos planeado, más que nada porque no admitían un no por respuesta.

    Difícil hacer el equipaje, difícil llegar al destino sin disponer de coche y difícil cualquier tarea doméstica que uno se pueda plantear. Quizá no aparezca esta palabra, difícil, en el vocabulario de Karmenka porque todo fue sobre ruedas desde que se iluminó nuestra llegada con su sonrisa. Siempre he considerado inteligente la capacidad para resolver situaciones complicadas, la búsqueda de alternativas que faciliten la solución del problema, las estrategias fluidas que permiten alcanzar un objetivo con la sensación de que el camino es el correcto. Así es la sensación con nuestra anfitriona. No hace falta pedir nada, absolutamente nada. Ella se encarga de todo y está pendiente de todo, con lucidez, empatía y su espléndida sonrisa. Sonrisa y risa llana que disuelve la duda de lo que uno pueda pensar como costoso, como un esfuerzo para ella en cuanto a desplazamientos en coche para visitar playas y parajes, en cuanto a tiempo robado a sus quehaceres, en cuanto a disponibilidad para atendernos a todos y a todas horas.

    Y toda esta generosidad infinita se vuelve plena con la afabilidad, la corrección y la sabiduría de Adolfo. ¿Qué decir de este gran gran gran hombre? No quiero parecer simple exponiendo aquí cuatro tonterías, no le describirían. No es mi percepción, creo ser objetiva al definirle como una persona con una visión del mundo amplia, analítica y sintética a la vez, con dos o tres ideas claras por las que vivir, con la amplitud que se acumula después de tantas experiencias, con la simplicidad brillante de quien sigue cuestionándose lo que nos asombra y sobre todo con la infinita serenidad que no dan los años sino la certeza de haber hecho siempre lo que uno creía correcto.

    Cuatro días en los que no nos han dejado usar la palabra gracias. Ni ellos, Adolfo y Karmenka, ni otro gran amigo marinero, también glackmero y desbordante en su generosidad. Es impresionante lo que tiene de trasfondo esta generosidad como objetivo: provocar en mí sensaciones con otros sentidos. Incluso con serias dificultades en su velero, saliendo de un resfriado con amagos de asma, utilizando su tiempo para nosotros y, lo voy a decir Jero, desgarrándose las palmas de las manos con los cabos de su embarcación, tuvimos una jornada inolvidable de mar y de risas, de sidra y de abrazos. Ya le dije a este gran marino que yo iba por allí sin mucho ánimo porque la ceguera es lo que tiene, unos baches anímicos fastidiados. Y él lo intentó con todas sus fuerzas. Desplegó sus velas por mí. No me entendió y aprovecho este momento para aclararlo, cuando le dije que yo quiero hacer como él hizo cuando embarrancamos en el fango de la desembocadura del río Nalón durante la travesía. Yo también quiero intentar salir de mis hoyos sin usar el motor, las pastillas, los médicos…, por amor propio y aprendiendo de él, quiero maniobrar con la mayor y el génova, aunque sea necesario escorar al máximo el barco, aunque necesite la ayuda de todos los vientos y el empuje de los buenos amigos, pero me propongo salir. Espero no olvidarlo…

    Acabo con mi texto sobre la generosidad desbordante y la amistad y confío en que se me permita continuar en otra ocasión con los matices que adornan la confianza, la sencillez y la ilusión, todas ellas vividas estos días.

    • El Anaga, compartiendo libertad

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  • Caja de cambios automática por Cristian Beneitez

    GLACKMA-El Licor de la Larga Vida

    Para alguien como yo, una persona tímida, del norte y de números, se hace difícil explicar los sentimientos y sensaciones que me invaden cuando pasas unos días con un grupo de gente con el que tienes la sensación de estar como en casa… Como una caja de cambios automática es cómo funcionamos los miembros de GLACKMA cuando realizamos encuentros como el de La Mancha. Nada más encontrarnos y saludarnos, comienzan los engranajes a girar en perfecto sincronismo como si el último encuentro hubiera sido hace unos minutos. Algo similar pasa con los nuevos miembros, el acoplamiento con el grupo se produce de forma suave pero progresiva, hasta que la relación alcanza un alto grado de tenacidad. Bastan unos pocos minutos para que la amistad que nos une salga a la luz como si fuera una continuación de las vivencias precedentes creando un “microclima” muy especial, tan especial que no hay palabras que puedan expresar tal cúmulo de sentimientos. Resulta como poco llamativo, que personas que venimos de lugares tan diversos de la geografía española y con quehaceres tan distintos conectemos así de bien en tan poco tiempo.

    No hay mejor lugar para disfrutar de este grupo que la naturaleza en todas sus posibles versiones: glaciares, montañas, montes, lagunas, ríos, cascadas, cuevas… ya que la naturaleza es nuestro principal nexo de unión. Y cómo no, siempre bien acompañados de los productos típicos de nuestras zonas y sus respectivas bebidas.

    Otro punto especial de este grupo son los “peques”, que son la inocencia en persona y nos recuerdan que deberíamos dedicarnos más a disfrutar de la vida y de la naturaleza y menos a nuestros quehaceres diarios.

    Además de ser un encuentro de amigos y personas que compartimos las mismas inquietudes, también es un punto de encuentro con uno mismo, ya que la rutina diaria poco a poco nos va convirtiendo en simples máquinas (para cuando los peques crezcan un poco más, Tiempos Modernos de Charles Chaplin).

    Para los que os suene raro, los “Hijos de Odín”…son un grupo de personas que se conocieron facturando las maletas en el aeropuerto del Prat el 3 de Julio de 2012 con destino a Islandia y que hoy forman parte de la familia GLACKMA. ¡Que grandes recuerdos de esos días!

    Admiración Marta, solo te puedo mostrar mi más sincera admiración por la lucha que realizas con cada paso y además, demuestras lo mucho que quieres a tus hijos. Eres un verdadero ejemplo para todos nosotros y sobre todo para tus “peques”.

    Emilio, cada vez que nos vemos, no dejas de sorprenderme con la amplitud de tu carta y la simpleza de la misma y además, me gustaría felicitarte por la organización y por tu gran liderazgo, pues ese liderazgo, por lo menos a mí me transmite una gran tranquilidad.

    Quisiera pediros disculpas por mi retraso, pero ya sabéis que contra la climatología no se puede luchar, solo esperar, y la agricultura y ganadería es lo que tiene.

    Deciros que para mí ha sido un fin de semana de desconexión, desconexión que ya necesitaba y al que todos habéis contribuido.

    Muchas gracias a todos por hacer un puente de mayo tan especial y hasta el próximo encuentro GLACKMA.

    Un abrazo a todos.

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  • Las rutas del agua por Empar Landete

    Motilla del Azuer en Daimiel

    Aún estoy con el esplendor esmeralda en los ojos, recuerdos de los magníficos paisajes que hemos visto en esta última “kedada” de GLACKMA por tierras manchegas de las Lagunas de Ruidera y parajes andaluces, pues llegamos hasta Sierra Morena, han sido unos días magníficos en plena naturaleza...

    Para mí han habido experiencias nuevas, pues nunca había remado en piragua, pues soy ave de secano, pasar por un puente tibetano, improvisado por Emilio y los demás componentes del equipo GLACKMA, bajar a una cueva y observar cómo se forman unas galletitas de calcio sobre las mansas y cristalinas aguas en el fondo de aquella absoluta oscuridad... (Por tensión superficial se queda en superficie mientras esté en absoluta calma, si hay una pequeña olita se hundiría).

    La preciosidad de las Tablas de Daimiel, con todo su esplendor al atardecer, cuando el bullicio humano ha abandonado parte del parque natural, caminar entre los cañaverales, árboles y matorrales, acompañados del canto de algunas aves, que se disponían a buscar lugar para pasar la noche... Incluso tuvimos la suerte de ver unos jabalíes que se iban a cenar...

    La ruta de la Cimbarra por Sierra Morena, francamente fue lo que más me gustó, me impactó muchísimo contemplar las cascadas, su vegetación, sus tortuosas sendas, incluso tuvimos que hacer algo de escalada.

    El silencio, sólo roto por el canto de algún pájaro, nuestras pisadas sobre la hojarasca, o el cuidado esta piedra resbala!!! (jajajaja).

    Observar como los rayos de Sol del atardecer, con sus dedos largos y luminosos pintaban de verde-dorado las hojas de los chopos... el cascabeleo del agua que corría por los interminables arroyos, que acompañaban nuestro camino...

    Esas enormes paredes verticales de cuarcita, veteadas de rojizo, que se elevaban sobre nuestras cabezas como queriendo tocar el cielo, formaban preciosos cañones por donde transcurrían cascadas y riachuelos.. 

    Ha sido una experiencia maravillosa, pues no conocía la belleza que escondía el norte de Andalucía.

    No quiero terminar este relato, sin darle las gracias a Adolfo, por sus explicaciones sobre las piedras y composición de los macizos montañosos que nos acompañaban. Debe haber acabado un poco harto de mí, siempre haciéndole preguntas... pero es que Adolfo es un pozo de sabiduría, y a mí me faltará tiempo en este mundo para saber el porqué de muchas cosas, pues la ciencia es muy larga y la vida muy corta.

    Gracias a Emilio por buscarnos estas rutas y lugares tan entrañables, que se quedarán impregnados en mi retina durante mucho tiempo...

    Así son las “kkdas” GLACKMA, cuando te vas para casa notas una sensación maravillosa por las experiencias vividas con los compañeros y otra cosa que siempre he notado, una cura de risoterapia, nos pasamos el día riéndonos.

    En pocas palabras, estas reuniones son para mi muy gratificantes...

    Ahora ya cuento los días esperando la KKDAA del año que viene...

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  • Con otros sentidos… más allá de las palabras por Marta Bueno

    Estimados amigos y amigas de GLACKMA:

    Este breve texto no puede recoger la abrumadora cantidad de sensaciones y experiencias acumuladas en este II Encuentro. Necesitaría confiar en las palabras para trasmitir montones de sentimientos que he ido almacenando y la palabra escrita no sirve para estas ocasiones. Haré lo que pueda.

    De un tiempo a esta parte el mundo que me importa y merece la pena se completa con voces amigas, risas contagiosas, cantos de aves, susurros de agua, abrazos envolventes, caricias compañeras, olores amables, sabores afrutados en un vaso de sidra recién escanciada, unos brazos fuertes siempre dispuestos y una mano abierta que encaja en la mía a la perfección. A esta percepción de compañía en el camino y de confianza se le suele dar el nombre de amistad o se le llama pertenencia a un grupo con metas comunes o quizá de identidad encontrada en cuatro ideas compartidas o qué sé yo. La cosa es que todo esto se vive en GLACKMA en estos días de buena convivencia. Desde un punto de vista externo al grupo se intuye un buen rollo de gente, buena gente, disfrutando de la naturaleza, aprendiendo de ella, compartiendo rutas, escaladas, espeleología, senderismo, canoas, desayunos, comidas, cenas y grandes veladas.

    Como las palabras no pueden recoger tantas emociones, no voy a utilizar más. Yo repito “Encuentro”, junto con mi familia, y en esta ocasión además de todo lo descrito, personalmente he superado retos, grandes retos. Sé que no tiene mucho mérito con tantísima ayuda, empuje, ánimo y los ojos de mi chico supliendo a los míos (ahora que no me oye diré que siempre está a mi lado), pero es alucinante que esta gran Asociación sea capaz de llevar en volandas a uno de sus afiliados.

    Espero contribuir de alguna manera a cooperar en lo poquito que pueda con ellos. Espero tener la ocasión de participar cuando se solicite mi ayuda, porque reconozco que he salvado mi turno de fregar platos...

    Parece una tontería, pero me apoyo en estos días para continuar con mi vida cotidiana, superando un día sin contrastes, en los que el tiempo va ganando puestos al espacio y en los que los obstáculos los supero yo sola. Ahí vamos!

    Gracias GLACKMA.

    • Marta en una de las trepadas para alcanzar La Cimbarra

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  • Encuentro Glackma en Cantabria Infinita por Alejandro Álvarez

    Mirador de Santa Catalina (Peñarrubia)

    Durante los días 19, 20 y 21 de septiembre ha tenido lugar en Serdio (Cantabria) el Primer Encuentro de afiliados y simpatizantes de Glackma. Nos reunimos 15 glackmeros y pasamos un fin de semana intenso e inolvidable que intentaré resumir a vuela pluma.


    Cuando llegamos el viernes, hacia mediodía y tras un viaje de tres horas, a la salida 269 que nos había señalado la organizadora y alma del encuentro Susana, sentía una emoción especial. Tras un breve recorrido alcanzamos el aparcamiento de “La Diligencia”, casona que fue Casa de Postas en el siglo XVIII. Atravesamos por un lateral la zona ajardinada y penetramos en la enorme cocina. Allá estaban los primeros glackmeros: Karmenka de espaldas, Susana, Ángel…Nos reciben con el cariño que acostumbran y Susana, muy en el papel de alma máter del encuentro, nos enseña nuestra habitación, (al lado del baño, me indica con los ojos chispeantes) y el resto de las dependencias de la primera planta y de la baja. Pronto conocemos a Emilio, un descubrimiento, que oficia de jefe de cocina. Descargamos nuestras pertenencias y la bolsa con la txistorra, que va directamente a la nevera, y el queso de Idizabal que abro para que se oree puesto que formará parte de la comida. ¡Yo soy Empar! Oigo de pronto y allí estaba ”la reina de las nubes” sonriente y acogedora. Otro descubrimiento. La comida fue tan abundante que sobró casi de todo. Probé un estupendo vino blanco que ofreció Emilio, suave y afrutado. Luego me pasé al agua. Ya habíamos empezado, en la cocina, con unas cervezas y patatilla y ya en la mesa: entre ensaladas, tortillas, pollos y otras “menudencias” nos llenamos pronto. La recogida de la mesa y fregoteo, como sería los tres días, un engranaje en cadena perfecto.


    El primer recorrido lo comenzamos en el mirador de Santa Catalina, sobre el desfiladero de La Hermida. Tras largo recorrido en el coche de Emilio paramos junto a una instalación “antenera” y tras breve subida nos encaramamos al mirador colgado sobre el vacío. Una ventolera nos anuncia la cortina de lluvia que vemos acercarse y con la que empezamos y que nos refresca durante unos minutos. La pobre Susana confesaría luego que se temió lo peor pero el tiempo mejoró y no tuvimos que soportar el aguacero nunca más. Susana comienza su espléndida disertación sobre mil aspectos de lo que iremos viendo: costumbres, paisaje, flora, fauna, geología…Es amena y es una delicia escucharla. Adolfo, retirando cada vez por un momento la cachimba de la boca, interviene a menudo para completar aspectos geológicos de la explicación. Cuando no suelta un chascarrillo y nos reímos todos.


    Vienen luego pueblos como La Fuente y nos acercamos al motivo del nombre. Donde Adolfo se explaya en aclarar el aspecto kárstico. (“oíd cómo se escucha el ruido del agua al fluir tras las rocas”). Susana nos explica aspectos de los tipos de casas (que si la solana, balcón corrido hacia el sur, para secar el maíz, los muros cortafuego, las casas blasonadas…todo lo habido y por haber). En Carmona, otro precioso pueblo, vemos a un artesano trabajar la madera de nogal al lado de otros contertulios. Vemos almadreñas, yugos, cencerros …y, en otras casas, exposición para la venta de utensilios de madera. Ya de vuelta a Serdio y mientras se prepara la cena, llegan sigilosamente Marta, Antonio y sus hijos Alicia y Carlos. Ya en la presentación Marta nos pone sobre aviso de que tiene graves dificultades para ver. Pero sonríe y a lo largo del tiempo que compartimos nos da una lección de coraje y afán de superación porque se desplaza allá por donde vayamos. Contando con la constante vigilancia y ayuda de Antonio, su marido, afable y discreto que se desvive por facilitarle la vida. Alicia y Carlos merecen comentario aparte: dos chavales encantadores, educados, discretos y con una curiosidad por aprender, fomentada por sus padres y, aquí, por Susana, que les llevará lejos dentro de unos pocos años.


    Llegaron los jóvenes: uno, Telmo, ya estaba cuando llegamos y los otros dos, Víctor “Folgui” y Cristian arribaron entonces. Ya estábamos los quince al completo.


    La cena transcurrió larga y amena y nos dieron las tantas. A resaltar el éxito de la txistorra que hará muy feliz al bueno de Manolo cuando le dé la noticia. Se nos hizo tarde pues la preparación de la barbacoa lleva su tiempo. Pero nada que no pueda lograr Emilio que consiguió unos estupendos asados de carne y hortalizas que él mismo había traído. María y yo nos retiramos bien pasadas las doce pero continuó la charla aunque yo tardé poco, una vez en la cama, en dejar de escucharla…


    El sábado 20, amanece un día aceptable. Desayuno a las siete y media. A las siete estaba ya abajo empezando a preparar cosas. Pronto aparecieron Susana y Ángel y conseguimos que todo estuviera a punto para la hora convenida.


    Salimos en coche y después de algo más de una hora y tras parar en un mirador donde chispeó un poco, nos dirigimos al punto de salida. Después de breve bajada, nos adentramos en el bosque por donde el camino asciende. Susana, que ha preparado con mimo un cuaderno de actividades para Alicia y Carlos, va motivándoles con preguntas sobre árboles, sobre fauna del lugar: búsqueda detectivesca de excrementos y análisis visual de los mismos para tratar de determinar el animal al que pertenece. Recoger hojas de acebo, haya, arándano, avellano…A punto de entrar el otoño ya hay pocas flores, pero siquiera admiramos algún Crocus y dos tipos de brezos, helechos con y sin soros, musgos, líquenes…Y Susana, siempre motivadora y didáctica, se orilla en el camino hacia un ejemplar de haya y explica que los ciervos se rascan las cuernas contra la corteza y dejan marcas en las mismas. “Por ejemplo, en esta haya”. “Y claro, a veces, pierden los cuernos viejos. Por ejemplo aquí. A ver si hay suerte mirad entre la hojarasca” y, ¡zas! Los niños hallan un buen fragmento de cornamenta: Alicia y Carlos pegan saltos cuando muestran la pieza entre sus manos. Un tesoro. No se les olvidará nunca. Luego hay una zona de viejas hayas y Susana propone abrazarlas entre varios para evaluar su perímetro. Alicia, Carlos, Susana y…Emilio. “Así no vale” Llegamos a un collado desde el que las vistas son insuperables. El día ha ido mejorando y luce el sol. El comienzo de la bajada es bien empinado y debemos ralentizar el paso. Al final llegamos al río y, tras fuerte subida amenizada por los ladridos constantes de un San Bernardo, llegamos al restaurante donde comeremos. Buenas cañas con aceitunas y luego, ya dentro, estupendo cocido montañés (alubia blanca, morcilla, chorizo, tocino y berza) que saboreamos con deleite. Y de segundo sabroso cordero y otros ternera que la dueña ha ofrecido como alternativa. Arroz con leche y helado de turrón y café de puchero. Con las cañas incluidas 16 €. Bueno, bonito, sabroso y barato. Encima la dueña charlando tras la comida, me cuenta, ante mi pregunta de cuánto dura la berrea del ciervo, (mes y medio responde), que a finales de agosto ya saben que en cuanto haya un día de lluvia abundante, al día siguiente, comienza la berrea. Indefectiblemente. Y, en invierno, si bajan las vacas del monte (y, decía que de 100 bajan igual 98), matemático: ¡al día siguiente nieve!


    Vuelta a los coches y nos dirigimos a ver con detenimiento la presa que ya hemos admirado a la venida en lo alto de una carretera de quitar el hipo. Se abrió, precisamente, para facilitar la construcción de la presa. Clase magistral de Susana y Adolfo sobre el Triásico, aquí bien representado, (la zona es de interés geológico) y Adolfo explica el tipo de presa y lo difícil de su construcción. Está bastante baja de nivel el agua pero, aún llena, tiene una capacidad de unos 12 hectómetros cúbicos, una insignificancia comparada con la gigantesca Aldeávila y otras que alcanzan 3000 y más.


    Bajamos hacia Tudanca que da nombre a la famosa vaca tudanca autóctona de la que ya hemos visto varios ejemplares. La tarde luce espléndida y los campos y el paisaje están preciosos. Llegamos hasta la casona de Tudanca y Susana nos explica su origen y utilidad. Cuando cita a Cossío y su afán de reunir un enjambre de escritores allí y cómo ahora es museo y se guardan importantes archivos sobre la generación del 27, me viene a la memoria que esto me suena: ¡hace muchos años estuvimos en Tudanca!, bien que al caer la tarde y bastante de pasada tras un día, como de costumbre, bien intenso.


    Nos echamos al Camino Real y durante buenos minutos lo recorremos. Va paralelo y por encima del curso del río y, en algunos tramos, está bastante embarrado. Admiramos un buen bosque de ribera con bastantes alisos, avellanos, fresnos y, ya saliendo, castaños. Al terminar, los chóferes suben a por los coches y bajan al poco tiempo y ya todos nos dirigimos a Serdio.


    Decidimos que, dada la pantagruélica comida que nos hemos metido entre pecho y espalda, procede una cena liviana y así se hace tras el turno de duchas a las diez y pico por lo que la tertulia no se alarga demasiado y nos vamos a dormir.


    El domingo 21 amanece un día espléndido. ¡Se ve el perfil lejano de Picos de Europa de maravilla! Salgo al camino y me alejo un centenar de metros para filmar el Naranjo y aledaños.


    Tras buen desayuno nos vamos a San Vicente de la Barquera. Antes hemos pasado por el mal trago de despedir a la entrañable familia que componen Marta, Antonio, Carlos y Alicia y es que las horas a su lado nos han sabido a poco. Se van porque quieren estar pronto en Salamanca. No sé si llegarán a leer estas apresuradas líneas pero me gustaría decirles que me ha conmovido la entereza de Marta (gracias por tus bizcochos de chocolate, hoy os recordaba, bien temprano, cuando desayunaba ya en casa dos estupendos trozos, tal cual, sin mermelada ni aderezos, quería rendirle homenaje de agradecimiento a su autora). Y qué decir de Antonio y su constante vigilancia y ayuda. Conforman una familia ejemplar y les deseo, de corazón, lo mejor para el futuro que, en el caso del porvenir de Carlos y Alicia será esplendoroso. ¡Con esa curiosidad y entusiasmo es fácil el vaticinio!


    San Vicente, con un día luminoso, lucía en todo su esplendor. Visita al casco antiguo con visión mágica de Picos y las marismas, rías, arenales desde el espigón, soportales con café incluido. En lo alto, junto a la iglesia, filmaba en silencio ante tanta belleza.


    Como colofón fuimos a visitar la Ferrería y Molino de Cades. Mariana y María nos regalaron una hora excepcional. Por qué será que cuando se pone pasión en lo que se hace, cuando se transmite entusiasmo, nos entusiasmamos todos también. Una delicia de visita con una ferrería y molino muy bien restaurados. Las dos dieron muestra de su simpatía y preparación y ante cualquier pregunta respondieron con buen saber. Ya Empar, en nombre de todos, lo hizo constar en el libro de opiniones a la salida del molino.


    Ya en La Diligencia, Emilio nos preparó un sabrosísimo arroz caldoso de marisco y pescado. Buenas ensaladas y nada de postre que estamos llenos. Café, los cafeteros. Y ya una charla declinante: se nota que llega la hora de despedirse. Durante la comida Karmenka propone estudiar dónde y cuándo realizar el próximo encuentro. Valencia, Valdepeñas, Galicia ¿? Es igual: sea donde sea lo pasaremos igual de bien.


    Me levanto, bajo los equipajes al coche. Tomo aire, no me quiero emocionar, los sentimentales lo tenemos siempre crudo; y, ¡zas! Le digo a María.¿Nos vamos? ( o a lo mejor dije: Nos vamos. Que no quiero alargar la despedida). Nos despedimos de todos uno a uno, una a una.


    Gracias, Susana, Karmenka y Empar por vuestro cálido abrazo de despedida y por vuestra dulzura. Los hombres somos más de darnos la mano y, eso sí, apretarla bastante. Gracias Adolfo, empiezo en orden de edad, dignidad y gobierno, por tu simpatía y alegría y por tus impagables enseñanzas. (Deberías fumar mucho menos. La tos ponía de manifiesto que esos pulmones se quejan de tanto humo). Gracias Emilio, por ser tan buen conductor, y tan buena gente. Por tu amenidad conversando y por tu destreza cocinando. Gracias Ángel: discreto, atento, vigilante para que todo saliera bien. Gracias Telmo por ser gallego orgulloso de serlo, y por contarnos tantas cuestiones de viajes y futuro. Gracias a Víctor, (no fumar te saldría aún más barato que el utilizar tabaco de pipa. Déjalo. Me agradecerás el consejo). Gracias Cristian por vuestra estupenda ensalada final. Que tengáis mucha suerte cuando busquéis trabajo al acabar los estudios.


    Gracias, en fin, Susana: te has desvivido porque todo saliera bien y, con Ángel, lo habéis conseguido. Cuando entré en Cantabria al ir al encuentro leí lo de Cantabria Infinita y me dije “Jopé, a estos se le ha pegado la grandeza de los de Bilbo”. Al volver ya no me fijé en la señal (había caravana entre Castro y la entrada en Vizcaya) pero, recapacitando, me decía que, visto lo visto y sentido lo sentido, ya no me parecía una fantasmada. De ahí el título de esta apresurada crónica.


    Ha quedado de manifiesto que lo de ser glackmero confiere un espíritu especial de compañerismo y solidaridad. Vamos que imprime carácter.


    Un fuerte abrazo para todos y para todas.


    Alejandro.


    P:D. He escrito estas líneas sin consultar apuntes y seguro que me habré comido muchas cosas y los pocos nombres contendrán algún error. Lo asumo pero he querido hacerlo en caliente que si lo dejo estar “me quedo frío”(es una metáfora). Cosas ya de la vejez. Y es que como decía el inefable y admirado José Luis Sampedro: “No se puede llegar a viejo porque, sobre todo los pies, se queda uno helado”.


    Por ejemplo, ahora recuerdo uno de los momentos mágicos: La entrega de las camisetas a Adolfo y Karmenka. Y el sabor dulzón de los higos que cogimos María y yo al poco de llegar para postre. Y…pido perdón por las omisiones y olvidos.

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  • La ilusión contagiosa de los más pequeños en el Encuentro de GLACKMA en Cantabria por Marta Bueno

    Qué difícil condensar en unas líneas la intensidad de estos tres días! No pretendo hacer una crónica, voy a intentar transmitir sensaciones y momentos de este fin de semana tan especial.

    Lo primero que se me viene a la cabeza es la risa libre, abierta y contagiosa de Karmenka. Desde que llegamos, ahí estaba, mezclada con su atención constante y su alegría. Me extendería un montón escribiendo sobre cada uno de los quince integrantes del grupo. Lo voy a hacer de forma personal porque no está bien guardarse para uno tantas cosas bonitas que piensa de los demás sin hacérselas llegar.

    La organización merece una mención aparte. Susana es increíble motivando, dirigiendo, marcando, animando, controlando… Los recorridos han sido estupendos y muy bien elegidos. Todos eran interesantes, con una exposición exhaustiva y bien preparada de los puntos más importantes, con paradas, tiempos, curiosidades y sorpresas al detalle. Los desayunos, comidas y cenas, la logística, los folletos, los cuadernos de los niños, el herbario, las plumas, los libros de consulta… sé que me salgo del tema, pero es que todo ha contribuido a mantener el espíritu y el bien hacer de Glackma. El esfuerzo va antes, después ya no se nota, se disfruta. Es como cuando un bailarín ensaya y ensaya y tiene los pies ensangrentados y cuando sale al escenario nos parece que todo es fácil, que fluye sin más y nos emociona. Bueno, pues la bailarina del encuentro ha brillado en este escenario cántabro.

    Tengo que contar lo de la cuerna porque ha marcado esta salida Glackmera de mis hijos. Durante el recorrido de la mañana del sábado los niños seguían con muchísimo entusiasmo las indicaciones de Susana: buscaban huellas, excrementos, plantas, árboles, insectos, pequeños mamíferos… Felices, saltando, corriendo, caminando los ocho kilómetros con un ánimo de fiesta. Al parar en un árbol en el que los ciervos se rascan los cuernos recién salidos y observar las marcas en su tronco, los niños buscaron por indicación de su didáctica guía, posibles cuernas que estos animales pierden cada año. Y, de repente, Alicia levanta el trofeo saltando, gritando, Carlos se le une y salta también y no pueden creerse su suerte. Fue fantástico. A mí, como madre, me emocionó, aunque parezca exagerado. Me sentí privilegiada por tener alrededor a esta gente que contribuía a la ilusión de mis hijos.

    Privilegiada por escuchar a Adolfo, al que admiro por su sabiduría, integridad y sencillez, por conocer a Susana, a Ángel, a Emilio, a María, a Alejandro, a Empar, a Telmo, a Víctor, a Cristian. Y de Karmenka que os voy a contar que no sepáis… Es que es así, como se ve, transparente.

    Qué risas en la comida del sábado, buenísimo todo, por cierto. Karmenka intentaba participar de un juego de los niños y les hacia preguntas sin sentido y comentarios surrealistas y les imitaba y se metían en un diálogo de besugos, conectando los tres, uno de diez, otra de ocho y otra sin edad, en un momento mágico. Yo no tenía claro a quien reñir en la mesa… Y de esas, hemos tenido unas cuantas: quién sube al árbol primero, quién propone lanzar aviones de papel a la presa sobre el Nansa, quién decide atar a Carlos una zapatilla con la otra?? A quién castigo?.

    Resuelto: a ninguno de los tres. Porque como dije más arriba, esto ha sido una experiencia impagable para mi familia. Ya estamos esperando el Encuentro Glackma del próximo año.

    • La ilusión contagiosa de los más pequeños en el Encuentro de GLACKMA en Cantabria

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  • ECO-CUMPLEAÑOS Alternativa para peques y no tan peques por Marta Bueno

    No siempre lo que hace la mayoría es lo más adecuado, ni lo mejor. Muchos niños celebran su cumpleaños en las típicas ludotecas, parques de bolas o incluso en centros de belleza exclusivos para niñas, con los que podemos o no estar de acuerdo. Sus principios suelen ser consumistas o  sexistas y poco formativos.

    Nosotros hemos descubierto una forma genial de celebrar los cumples de niños y mayores: disfrutando de la naturaleza de una manera divertida e interesante.

    Desde este blog, en el que nos importa sobre todo el vínculo afectivo con el medio ambiente, quiero compartir la experiencia de esta otra opción diferente a las bolas o al cine-burguer. Fue estupendo el día de cumpleaños en Almenara. Nos diseñaron un plan muy bueno. Tuvimos un itinerario guiado por la mañana, comida y talleres por la tarde. El itinerario, con telescopio a cuestas, fue muy muy interesante: garzas, cormoranes, petirrojos, agallas de avispa… Interesante para abuelos, tíos, primos y amigos del cumpleañero de once años.

    Llevamos la comida, nos prestaron el espacio, nos pusieron un café, el cava que llevamos estaba buenísimo y la compañía de gente verde, increíble.

    Talleres de arcilla para hacer huellas de animales, taller de lupa digital para observar egagrópilas, taller de sentidos para distinguir diferentes sonidos de animales y entorno. Vimos el huerto…

    Los chicos estaban felices, ilusionados, encantados, interesados por todo. Los mayores aprendimos mucho.

    Lo pasamos muy bien. Pero, lo más importante es que conocimos más nuestro entorno. Nos dimos cuenta de la maravilla que nos rodea, de lo que tenemos tan cerca y es tan diverso y frágil que nuestros actos pueden tener consecuencias en ello.

    Me parece fundamental conocer el medio ambiente de una forma crítica. Tener una visión amplia y sistémica, a la que llegar desde lo pequeño y cercano, como esta experiencia en plena naturaleza.

    A todos nos pasa: tenemos muchos conocimientos conceptuales, incluso sabemos qué hacer y cómo para cuidar el planeta, pero nos faltan actitudes y valores. Pienso que actividades sencillas como la que os he contado nos mueven a implicarnos desde lo afectivo con la problemática medioambiental.

    • ECO-CUMPLEAÑOS

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