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Blog del Afiliado

  • Encuentro Glackma en Cantabria Infinita por Alejandro Álvarez

    Mirador de Santa Catalina (Peñarrubia)

    Durante los días 19, 20 y 21 de septiembre ha tenido lugar en Serdio (Cantabria) el Primer Encuentro de afiliados y simpatizantes de Glackma. Nos reunimos 15 glackmeros y pasamos un fin de semana intenso e inolvidable que intentaré resumir a vuela pluma.


    Cuando llegamos el viernes, hacia mediodía y tras un viaje de tres horas, a la salida 269 que nos había señalado la organizadora y alma del encuentro Susana, sentía una emoción especial. Tras un breve recorrido alcanzamos el aparcamiento de “La Diligencia”, casona que fue Casa de Postas en el siglo XVIII. Atravesamos por un lateral la zona ajardinada y penetramos en la enorme cocina. Allá estaban los primeros glackmeros: Karmenka de espaldas, Susana, Ángel…Nos reciben con el cariño que acostumbran y Susana, muy en el papel de alma máter del encuentro, nos enseña nuestra habitación, (al lado del baño, me indica con los ojos chispeantes) y el resto de las dependencias de la primera planta y de la baja. Pronto conocemos a Emilio, un descubrimiento, que oficia de jefe de cocina. Descargamos nuestras pertenencias y la bolsa con la txistorra, que va directamente a la nevera, y el queso de Idizabal que abro para que se oree puesto que formará parte de la comida. ¡Yo soy Empar! Oigo de pronto y allí estaba ”la reina de las nubes” sonriente y acogedora. Otro descubrimiento. La comida fue tan abundante que sobró casi de todo. Probé un estupendo vino blanco que ofreció Emilio, suave y afrutado. Luego me pasé al agua. Ya habíamos empezado, en la cocina, con unas cervezas y patatilla y ya en la mesa: entre ensaladas, tortillas, pollos y otras “menudencias” nos llenamos pronto. La recogida de la mesa y fregoteo, como sería los tres días, un engranaje en cadena perfecto.


    El primer recorrido lo comenzamos en el mirador de Santa Catalina, sobre el desfiladero de La Hermida. Tras largo recorrido en el coche de Emilio paramos junto a una instalación “antenera” y tras breve subida nos encaramamos al mirador colgado sobre el vacío. Una ventolera nos anuncia la cortina de lluvia que vemos acercarse y con la que empezamos y que nos refresca durante unos minutos. La pobre Susana confesaría luego que se temió lo peor pero el tiempo mejoró y no tuvimos que soportar el aguacero nunca más. Susana comienza su espléndida disertación sobre mil aspectos de lo que iremos viendo: costumbres, paisaje, flora, fauna, geología…Es amena y es una delicia escucharla. Adolfo, retirando cada vez por un momento la cachimba de la boca, interviene a menudo para completar aspectos geológicos de la explicación. Cuando no suelta un chascarrillo y nos reímos todos.


    Vienen luego pueblos como La Fuente y nos acercamos al motivo del nombre. Donde Adolfo se explaya en aclarar el aspecto kárstico. (“oíd cómo se escucha el ruido del agua al fluir tras las rocas”). Susana nos explica aspectos de los tipos de casas (que si la solana, balcón corrido hacia el sur, para secar el maíz, los muros cortafuego, las casas blasonadas…todo lo habido y por haber). En Carmona, otro precioso pueblo, vemos a un artesano trabajar la madera de nogal al lado de otros contertulios. Vemos almadreñas, yugos, cencerros …y, en otras casas, exposición para la venta de utensilios de madera. Ya de vuelta a Serdio y mientras se prepara la cena, llegan sigilosamente Marta, Antonio y sus hijos Alicia y Carlos. Ya en la presentación Marta nos pone sobre aviso de que tiene graves dificultades para ver. Pero sonríe y a lo largo del tiempo que compartimos nos da una lección de coraje y afán de superación porque se desplaza allá por donde vayamos. Contando con la constante vigilancia y ayuda de Antonio, su marido, afable y discreto que se desvive por facilitarle la vida. Alicia y Carlos merecen comentario aparte: dos chavales encantadores, educados, discretos y con una curiosidad por aprender, fomentada por sus padres y, aquí, por Susana, que les llevará lejos dentro de unos pocos años.


    Llegaron los jóvenes: uno, Telmo, ya estaba cuando llegamos y los otros dos, Víctor “Folgui” y Cristian arribaron entonces. Ya estábamos los quince al completo.


    La cena transcurrió larga y amena y nos dieron las tantas. A resaltar el éxito de la txistorra que hará muy feliz al bueno de Manolo cuando le dé la noticia. Se nos hizo tarde pues la preparación de la barbacoa lleva su tiempo. Pero nada que no pueda lograr Emilio que consiguió unos estupendos asados de carne y hortalizas que él mismo había traído. María y yo nos retiramos bien pasadas las doce pero continuó la charla aunque yo tardé poco, una vez en la cama, en dejar de escucharla…


    El sábado 20, amanece un día aceptable. Desayuno a las siete y media. A las siete estaba ya abajo empezando a preparar cosas. Pronto aparecieron Susana y Ángel y conseguimos que todo estuviera a punto para la hora convenida.


    Salimos en coche y después de algo más de una hora y tras parar en un mirador donde chispeó un poco, nos dirigimos al punto de salida. Después de breve bajada, nos adentramos en el bosque por donde el camino asciende. Susana, que ha preparado con mimo un cuaderno de actividades para Alicia y Carlos, va motivándoles con preguntas sobre árboles, sobre fauna del lugar: búsqueda detectivesca de excrementos y análisis visual de los mismos para tratar de determinar el animal al que pertenece. Recoger hojas de acebo, haya, arándano, avellano…A punto de entrar el otoño ya hay pocas flores, pero siquiera admiramos algún Crocus y dos tipos de brezos, helechos con y sin soros, musgos, líquenes…Y Susana, siempre motivadora y didáctica, se orilla en el camino hacia un ejemplar de haya y explica que los ciervos se rascan las cuernas contra la corteza y dejan marcas en las mismas. “Por ejemplo, en esta haya”. “Y claro, a veces, pierden los cuernos viejos. Por ejemplo aquí. A ver si hay suerte mirad entre la hojarasca” y, ¡zas! Los niños hallan un buen fragmento de cornamenta: Alicia y Carlos pegan saltos cuando muestran la pieza entre sus manos. Un tesoro. No se les olvidará nunca. Luego hay una zona de viejas hayas y Susana propone abrazarlas entre varios para evaluar su perímetro. Alicia, Carlos, Susana y…Emilio. “Así no vale” Llegamos a un collado desde el que las vistas son insuperables. El día ha ido mejorando y luce el sol. El comienzo de la bajada es bien empinado y debemos ralentizar el paso. Al final llegamos al río y, tras fuerte subida amenizada por los ladridos constantes de un San Bernardo, llegamos al restaurante donde comeremos. Buenas cañas con aceitunas y luego, ya dentro, estupendo cocido montañés (alubia blanca, morcilla, chorizo, tocino y berza) que saboreamos con deleite. Y de segundo sabroso cordero y otros ternera que la dueña ha ofrecido como alternativa. Arroz con leche y helado de turrón y café de puchero. Con las cañas incluidas 16 €. Bueno, bonito, sabroso y barato. Encima la dueña charlando tras la comida, me cuenta, ante mi pregunta de cuánto dura la berrea del ciervo, (mes y medio responde), que a finales de agosto ya saben que en cuanto haya un día de lluvia abundante, al día siguiente, comienza la berrea. Indefectiblemente. Y, en invierno, si bajan las vacas del monte (y, decía que de 100 bajan igual 98), matemático: ¡al día siguiente nieve!


    Vuelta a los coches y nos dirigimos a ver con detenimiento la presa que ya hemos admirado a la venida en lo alto de una carretera de quitar el hipo. Se abrió, precisamente, para facilitar la construcción de la presa. Clase magistral de Susana y Adolfo sobre el Triásico, aquí bien representado, (la zona es de interés geológico) y Adolfo explica el tipo de presa y lo difícil de su construcción. Está bastante baja de nivel el agua pero, aún llena, tiene una capacidad de unos 12 hectómetros cúbicos, una insignificancia comparada con la gigantesca Aldeávila y otras que alcanzan 3000 y más.


    Bajamos hacia Tudanca que da nombre a la famosa vaca tudanca autóctona de la que ya hemos visto varios ejemplares. La tarde luce espléndida y los campos y el paisaje están preciosos. Llegamos hasta la casona de Tudanca y Susana nos explica su origen y utilidad. Cuando cita a Cossío y su afán de reunir un enjambre de escritores allí y cómo ahora es museo y se guardan importantes archivos sobre la generación del 27, me viene a la memoria que esto me suena: ¡hace muchos años estuvimos en Tudanca!, bien que al caer la tarde y bastante de pasada tras un día, como de costumbre, bien intenso.


    Nos echamos al Camino Real y durante buenos minutos lo recorremos. Va paralelo y por encima del curso del río y, en algunos tramos, está bastante embarrado. Admiramos un buen bosque de ribera con bastantes alisos, avellanos, fresnos y, ya saliendo, castaños. Al terminar, los chóferes suben a por los coches y bajan al poco tiempo y ya todos nos dirigimos a Serdio.


    Decidimos que, dada la pantagruélica comida que nos hemos metido entre pecho y espalda, procede una cena liviana y así se hace tras el turno de duchas a las diez y pico por lo que la tertulia no se alarga demasiado y nos vamos a dormir.


    El domingo 21 amanece un día espléndido. ¡Se ve el perfil lejano de Picos de Europa de maravilla! Salgo al camino y me alejo un centenar de metros para filmar el Naranjo y aledaños.


    Tras buen desayuno nos vamos a San Vicente de la Barquera. Antes hemos pasado por el mal trago de despedir a la entrañable familia que componen Marta, Antonio, Carlos y Alicia y es que las horas a su lado nos han sabido a poco. Se van porque quieren estar pronto en Salamanca. No sé si llegarán a leer estas apresuradas líneas pero me gustaría decirles que me ha conmovido la entereza de Marta (gracias por tus bizcochos de chocolate, hoy os recordaba, bien temprano, cuando desayunaba ya en casa dos estupendos trozos, tal cual, sin mermelada ni aderezos, quería rendirle homenaje de agradecimiento a su autora). Y qué decir de Antonio y su constante vigilancia y ayuda. Conforman una familia ejemplar y les deseo, de corazón, lo mejor para el futuro que, en el caso del porvenir de Carlos y Alicia será esplendoroso. ¡Con esa curiosidad y entusiasmo es fácil el vaticinio!


    San Vicente, con un día luminoso, lucía en todo su esplendor. Visita al casco antiguo con visión mágica de Picos y las marismas, rías, arenales desde el espigón, soportales con café incluido. En lo alto, junto a la iglesia, filmaba en silencio ante tanta belleza.


    Como colofón fuimos a visitar la Ferrería y Molino de Cades. Mariana y María nos regalaron una hora excepcional. Por qué será que cuando se pone pasión en lo que se hace, cuando se transmite entusiasmo, nos entusiasmamos todos también. Una delicia de visita con una ferrería y molino muy bien restaurados. Las dos dieron muestra de su simpatía y preparación y ante cualquier pregunta respondieron con buen saber. Ya Empar, en nombre de todos, lo hizo constar en el libro de opiniones a la salida del molino.


    Ya en La Diligencia, Emilio nos preparó un sabrosísimo arroz caldoso de marisco y pescado. Buenas ensaladas y nada de postre que estamos llenos. Café, los cafeteros. Y ya una charla declinante: se nota que llega la hora de despedirse. Durante la comida Karmenka propone estudiar dónde y cuándo realizar el próximo encuentro. Valencia, Valdepeñas, Galicia ¿? Es igual: sea donde sea lo pasaremos igual de bien.


    Me levanto, bajo los equipajes al coche. Tomo aire, no me quiero emocionar, los sentimentales lo tenemos siempre crudo; y, ¡zas! Le digo a María.¿Nos vamos? ( o a lo mejor dije: Nos vamos. Que no quiero alargar la despedida). Nos despedimos de todos uno a uno, una a una.


    Gracias, Susana, Karmenka y Empar por vuestro cálido abrazo de despedida y por vuestra dulzura. Los hombres somos más de darnos la mano y, eso sí, apretarla bastante. Gracias Adolfo, empiezo en orden de edad, dignidad y gobierno, por tu simpatía y alegría y por tus impagables enseñanzas. (Deberías fumar mucho menos. La tos ponía de manifiesto que esos pulmones se quejan de tanto humo). Gracias Emilio, por ser tan buen conductor, y tan buena gente. Por tu amenidad conversando y por tu destreza cocinando. Gracias Ángel: discreto, atento, vigilante para que todo saliera bien. Gracias Telmo por ser gallego orgulloso de serlo, y por contarnos tantas cuestiones de viajes y futuro. Gracias a Víctor, (no fumar te saldría aún más barato que el utilizar tabaco de pipa. Déjalo. Me agradecerás el consejo). Gracias Cristian por vuestra estupenda ensalada final. Que tengáis mucha suerte cuando busquéis trabajo al acabar los estudios.


    Gracias, en fin, Susana: te has desvivido porque todo saliera bien y, con Ángel, lo habéis conseguido. Cuando entré en Cantabria al ir al encuentro leí lo de Cantabria Infinita y me dije “Jopé, a estos se le ha pegado la grandeza de los de Bilbo”. Al volver ya no me fijé en la señal (había caravana entre Castro y la entrada en Vizcaya) pero, recapacitando, me decía que, visto lo visto y sentido lo sentido, ya no me parecía una fantasmada. De ahí el título de esta apresurada crónica.


    Ha quedado de manifiesto que lo de ser glackmero confiere un espíritu especial de compañerismo y solidaridad. Vamos que imprime carácter.


    Un fuerte abrazo para todos y para todas.


    Alejandro.


    P:D. He escrito estas líneas sin consultar apuntes y seguro que me habré comido muchas cosas y los pocos nombres contendrán algún error. Lo asumo pero he querido hacerlo en caliente que si lo dejo estar “me quedo frío”(es una metáfora). Cosas ya de la vejez. Y es que como decía el inefable y admirado José Luis Sampedro: “No se puede llegar a viejo porque, sobre todo los pies, se queda uno helado”.


    Por ejemplo, ahora recuerdo uno de los momentos mágicos: La entrega de las camisetas a Adolfo y Karmenka. Y el sabor dulzón de los higos que cogimos María y yo al poco de llegar para postre. Y…pido perdón por las omisiones y olvidos.

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  • La ilusión contagiosa de los más pequeños en el Encuentro de GLACKMA en Cantabria por Marta Bueno

    Qué difícil condensar en unas líneas la intensidad de estos tres días! No pretendo hacer una crónica, voy a intentar transmitir sensaciones y momentos de este fin de semana tan especial.

    Lo primero que se me viene a la cabeza es la risa libre, abierta y contagiosa de Karmenka. Desde que llegamos, ahí estaba, mezclada con su atención constante y su alegría. Me extendería un montón escribiendo sobre cada uno de los quince integrantes del grupo. Lo voy a hacer de forma personal porque no está bien guardarse para uno tantas cosas bonitas que piensa de los demás sin hacérselas llegar.

    La organización merece una mención aparte. Susana es increíble motivando, dirigiendo, marcando, animando, controlando… Los recorridos han sido estupendos y muy bien elegidos. Todos eran interesantes, con una exposición exhaustiva y bien preparada de los puntos más importantes, con paradas, tiempos, curiosidades y sorpresas al detalle. Los desayunos, comidas y cenas, la logística, los folletos, los cuadernos de los niños, el herbario, las plumas, los libros de consulta… sé que me salgo del tema, pero es que todo ha contribuido a mantener el espíritu y el bien hacer de Glackma. El esfuerzo va antes, después ya no se nota, se disfruta. Es como cuando un bailarín ensaya y ensaya y tiene los pies ensangrentados y cuando sale al escenario nos parece que todo es fácil, que fluye sin más y nos emociona. Bueno, pues la bailarina del encuentro ha brillado en este escenario cántabro.

    Tengo que contar lo de la cuerna porque ha marcado esta salida Glackmera de mis hijos. Durante el recorrido de la mañana del sábado los niños seguían con muchísimo entusiasmo las indicaciones de Susana: buscaban huellas, excrementos, plantas, árboles, insectos, pequeños mamíferos… Felices, saltando, corriendo, caminando los ocho kilómetros con un ánimo de fiesta. Al parar en un árbol en el que los ciervos se rascan los cuernos recién salidos y observar las marcas en su tronco, los niños buscaron por indicación de su didáctica guía, posibles cuernas que estos animales pierden cada año. Y, de repente, Alicia levanta el trofeo saltando, gritando, Carlos se le une y salta también y no pueden creerse su suerte. Fue fantástico. A mí, como madre, me emocionó, aunque parezca exagerado. Me sentí privilegiada por tener alrededor a esta gente que contribuía a la ilusión de mis hijos.

    Privilegiada por escuchar a Adolfo, al que admiro por su sabiduría, integridad y sencillez, por conocer a Susana, a Ángel, a Emilio, a María, a Alejandro, a Empar, a Telmo, a Víctor, a Cristian. Y de Karmenka que os voy a contar que no sepáis… Es que es así, como se ve, transparente.

    Qué risas en la comida del sábado, buenísimo todo, por cierto. Karmenka intentaba participar de un juego de los niños y les hacia preguntas sin sentido y comentarios surrealistas y les imitaba y se metían en un diálogo de besugos, conectando los tres, uno de diez, otra de ocho y otra sin edad, en un momento mágico. Yo no tenía claro a quien reñir en la mesa… Y de esas, hemos tenido unas cuantas: quién sube al árbol primero, quién propone lanzar aviones de papel a la presa sobre el Nansa, quién decide atar a Carlos una zapatilla con la otra?? A quién castigo?.

    Resuelto: a ninguno de los tres. Porque como dije más arriba, esto ha sido una experiencia impagable para mi familia. Ya estamos esperando el Encuentro Glackma del próximo año.

    • La ilusión contagiosa de los más pequeños en el Encuentro de GLACKMA en Cantabria

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  • Un encuentro en Cantabria entre el mar y la montaña por Susana Pacheco

    Peña Labra hayedos

    Recorridos para descubrir los tesoros escondidos del valle del Nansa

    Las opciones para disfrutar de la naturaleza en el entorno del valle del Nansa son muchas y todas ellas muy interesantes. Aunque aún falta bastante tiempo para que nos veamos, no queríamos dejar de mostraros algunas de las propuestas que tenemos en mente y que nos ayudarán a conocer los grandes valores patrimoniales y paisajísticos de este valle surcado por el río que le da nombre.

    La posibilidad de seguir el curso del río resulta siempre una experiencia inolvidable. La sorpresa nos acompañará desde su nacimiento en el macizo de Peña Labra. Aquí los protagonistas son los paisajes de montaña de fuertes desniveles, en los que aún se conservan las huellas de antiguos glaciares. Sus laderas se visten de impresionantes bosques de hayedos, robles y abedules, y grandes extensiones de brezales y tojales. Se mueven en las cumbres los rebecos y sobrevuelan las cimas los gigantes del mundo alado, el águila real y el buitre leonado, junto con otras aves más pequeñas como el alimoche o el halcón peregrino. Entre las zonas de pasto y bosques viven lobos, ciervos, corzos, zorros...

    En este espectacular paisaje se unen la naturaleza y la mano del hombre. Encontramos cuatro centrales hidroeléctricas, cinco presas (Palombera, Rozadío, La Lastra y La Cohilla, y el azud del Vendul) y una extensa red de canales. Un paisaje que se relaciona con otro más antiguo, el de la fuerza hidráulica, formado por molinos, ferrerías y otras construcciones que nos hablan de un rico patrimonio industrial. La visita a Cades es muy recomendable, aquí se conserva una antigua ferrería del siglo XVIII, que tras su reconstrucción como museo, muestra a los visitantes el oficio de ferrero, de tanta importancia antiguamente en la comarca de Saja-Nansa. A pesar de estas transformaciones, la riqueza natural de sus riberas (salcedas, alisedas y bosques mixtos de caducifolias) han motivado su designación como «LIC del Río Nansa».

    El corredor fluvial nos muestra también un paisaje de aldea, organizado en torno a los pueblos o concejos cuya estructura económica, social y territorial, de origen altomedieval, aún permanece en la actualidad. En este territorio vemos caseríos con huertos, mieses y prados, y pequeños bosques residuales en los que antaño se extraía leña para los hogares. Algo más alejado de nuestra vista, el monte donde pastorea el ganado con la tradicional vaca tudanca, y los prados con invernales. Un buen ejemplo de todo ello es Tudanca, declarado Conjunto Histórico por su riqueza arquitectónica, es un asentamiento premedieval escenario histórico de la novela Peñas Arriba de José María de Pereda.

    Protagonista es también el mundo subterráneo, nos rodea un rico paisaje kárstico de espectaculares formas, entre las que destacan las cuevas, como la famosa de El Soplao, una maravilla geológica en la que se pueden ver, entre otras formas, excepcionales helictitas y pisolitas. Otras son la cueva de Chufín, incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, donde habitualmente un guía-barquero acerca a los visitantes hasta la entrada de la cueva; o la de La Fuente del Salín, una surgencia activa de gran desarrollo y trazado laberíntico, cuyo acceso es solo posible en épocas de sequía, al desembocar en su entrada un río subterráneo.

    Acompañamos al río hasta su unión con el mar, antes de llegar podemos disfrutar de la senda fluvial del Nansa, una ruta muy sencilla que transcurre pegada al río, donde se aprecia la gran diversidad de flora, la presencia de salmón atlántico, el muy escaso desmán ibérico y la nutria.

    Ya en la costa, las rías de Tina Menor y Tina Mayor forman dos de los estuarios más característicos de la región. La primera en su tramo final, se adentra en la sierra litoral y se abre al mar Cantábrico en una hermosa costa acantilada. Una costa que acoge algunas de las playas y villas más bellas y visitadas de Cantabria, como son San Vicente de la Barquera o Comillas. Nos encontramos en el entorno del Parque Natural de Oyambre, uno de los espacios más representativos del litoral cántabro, con una variedad paisajística excepcional, en el que se combinan rías, playas, marismas, dunas, acantilados y masas forestales ofreciendo a quien lo visita un conjunto de gran riqueza paisajística y ecológica.

    Como veis las opciones son numerosas, iremos valorando las mejores en función de las condiciones meteorológicas y físicas de nuestro grupo, pero para ir abriendo boca queríamos dejaros unas pinceladas de la especial comarca cántabra que hemos elegido para celebrar nuestro encuentro GLACKMA 2014.

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