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  • Adolfo mola por Marta Bueno

    Desde una perspectiva adulta, apreciar y admirar a Adolfo Eraso -alma máter de la Asociación GLACKMA- es cuestión de empatía, sentido común, conocimiento de su increíble trayectoria, sensibilidad, capacidad de asombro por parte de uno e inquietudes compartidas. Todos los afiliados y gran número de personas que le conocen fuera de este ámbito, llegan a la conclusión de que Adolfo es digno de un reconocimiento académico y sobre todo personal, porque toca mente y corazón. Llega como hombre íntegro, sensato, sabio, sereno, honesto, sencillo y coherente con sus principios. Se le valora en esta casa y fuera de ella. Los que le conocemos no necesitamos sus innumerables títulos y sus interminables logros para darnos cuenta de que tenemos el privilegio de compartir mesa y mantel con alguien excepcional.

    Pero quiero plasmar en este artículo la mella que Adolfo puede hacer en la vivencia y en lo cotidiano de un adolescente. Según los expertos y las estadísticas, un adolescente centra su atención en su propia persona, en los iguales, en su música, en sus libros si hay suerte, en sus películas y en estímulos bastante acelerados y constantes. Podríamos decir que son estímulos de plazo corto, intensos y saturantes para los adultos.

    Quiero romper una lanza a favor de los adolescentes porque estoy convencida de que les falta la oportunidad de conocer de cerca a personas como Adolfo Eraso. Mi hijo tiene 13 años y conoce a Adolfo en su faceta más cercana, le conoce tomando un helado, le conoce esperando, leyendo, fumando su pipa, paseando, hablando de cuestiones domésticas y científicas. Mi hijo conoce la sabiduría de Adolfo y le escucha y aprende y mantiene su atención y no se aburre y pregunta y le pide más y… es consciente de que lo que tiene delante es la punta del iceberg. Así que aprovecha esta situación, quiere saber y no le causa incomodidad alguna tener delante a una persona con ochenta y dos años. Puede escucharle toda la tarde y es capaz de mantener su interés en la explicación de una falla, de una roca, de un argayo, de un desmonte…

    Los adolescentes tienen necesidad de aprender formas de vida y creo que les va bien saber de anclajes fuertes en los que fijarse, a los que tomar como referencia. Necesitan la seguridad de saber que se pueden llegar a conocer muchísimas cosas, a vivir intensamente con plenitud, a arriesgarse, a superar dificultades. Se puede viajar a los polos, se pueden escalar paredes verticales, se puede atravesar un desierto, se puede bajar a una sima y se puede escribir, investigar, conocer, esforzarse… Todo eso es posible, es factible. Mi hijo sabe que no hace falta ser un superhéroe, que es posible pasear tranquilamente con todos esos años a la espalda y reírse de un chiste, de una broma, de lo sencillo y bonito de la vida.

    Para mi hijo -al que también se le alborotan las hormonas como a cualquier adolescente- el conocer a Adolfo ha supuesto un punto de calma en el que se remansan sus impaciencias . Sé que ha dejado poso en su corta experiencia y según sus propias palabras: “¡¡Adolfo mola!!”

    • Adolfo mola

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