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Blog: Karmenka desde los Polos

  • El Snaefell en Islandia… del clásico Julio Verne

    Vosotros que sois unos verdaderos aventureros seguro que habéis leído a Julio Verne. Yo, de pequeña, devoraba sus novelas. Me apasionaban. Me imaginaba que era un personaje de ellas y hacía todos esos fantásticos viajes. Aprendí muchísimo mientras “soñaba despierta”.

    Una de sus novelas es “Viaje al centro de la Tierra”. En ella aparece el Snaefell en Islandia. Os adelanto que es un volcán, cubierto por un glaciar, el llamado Snaefellsjökull. Para que os comiencen a resultar familiares estos nombres islandeses os diré que “jökull” significa “glaciar”, por tanto analizando la etimología de la palabreja Snaefellsjökull, entendemos fácilmente porqué llaman así al glaciar que cubre el Snaefell.

    ¡Sí!, habéis leído bien, es un volcán cubierto por un glaciar. Esta situación es muy habitual en este país vikingo. Podemos decir que Islandia es una tierra de hielo y fuego. Ya os hablaré de ello otro día.

    Os dejo aquí una fotos del Snaefell y su glaciar. Y unas preguntas os planteo: ¿qué tiene que ver este volcán en la novela de Julio Verne?, ¿la habéis leído o conocéis alguna otra?, ¿qué novela os gusta más de Julio Verne?

    • Detalle del glaciar Snaefellsjökull

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  • Yo no me doy por vencida

    Asimilada la emoción primera ocasionada por el sinsabor de no conseguir la conexión con los equipos instalados en el río, toca establecer un plan B y después si es necesario un C y un D y así hasta agotar todas las opciones. En breve os cuento que estas sondas con las que trabajamos son alemanas. A lo largo de estos veinte años que estamos trabajando en GLACKMA con ellas, hemos podido comprobar que así como físicamente son muy robustas, el software que han generado está lleno de debilidades. Añadimos a esto que según van saliendo versiones nuevas tanto de sondas, como de programas y sistemas operativos en los ordenadores, los problemas que surgen en el sentido de compatibilidades entre ellos son cada vez mayores. Todo esto se resuelve mucho más fácil en casa o en la oficina que aquí en campo te ves limitado por este tipo de problemas.

    Ante este panorama toca buscar y rebuscar distintas habilidades informáticas y no perder la paciencia, ni el ánimo, ni el pensar que se va a conseguir. La actitud es muy importante ante cualquier situación en la vida. Nuevo día, tras algunos cambios en el ordenador, en el programa, en diferentes configuraciones, vuelta a la estación, plan B en marcha, nuevo intento, nueva decepción… “Esto empieza a no gustarme de verdad”.

    Mientras continuamos con otros trabajos en el glaciar, la cabeza descansa del problema, lo aborda en perspectiva, maquina nuevos planes y sigue con la esperanza de que a lo mejor es posible. Una dormida de 8 horas tras llevar casi una semana en la que de media salían al día tan solo 4 horas, completa el estado óptimo para afrontar de nuevo el problema.

    Tras dos horas de pelearme en la tienda con el ordenador, el software, los puertos de salida, los controladores, el cable interface, etc. etc. etc., cargo los bártulos en la mochila y me pongo en ruta hacia la estación en el río. Mis botas avanzan sobre la hermosa y espesa tundra, acomodándose a un paso más bien lento para lo que soy yo. Por un lado quiero llegar pronto para probar el nuevo plan C, pero por otro no, pues no me apetece tener que abordar otra derrota. Es una especie de contradicción interna que no merece la pena de ser abordada, pues aunque sea el paso tan lento, llegará el momento de alcanzar la estación.

    Ya está ante mis ojos, el corazón palpita con fuerza. A modo de relámpagos pasan por mi mente los momentos tan duros vividos en esta estación. Aforos en el río con el agua hasta el pecho, salvada de ser arrastrada y tragada por su cauce en un par de ocasiones, frío helador instalado en los huesos después de la hora que dura cada medida, instalación de las distintas versiones de las sondas siempre en invierno para poder acceder más fácilmente al fondo del lecho del río cuando éste lleva poco agua. Trabajo, trabajo y trabajo, esfuerzo regalado a esta investigación, sacrificio tanto personal como económico … ¿Habrá merecido la pena? Siento ante mis espaldas una responsabilidad casi infinita, ayuda de los afiliados a GLACKMA y de los que habéis hecho donaciones para aliviarnos un poco el peso económico de esta expedición ante la falta de financiación. Casi me asfixia tanta responsabilidad…

    Toca repetir la maniobra, abrir la tapa del recinto protector, encender el ordenador, conectar el cable interface, abrir el programa, intentar conectar con la sonda y esperar, esperar…, el tiempo se me hace infinito, no quiero ver el recuadro otra vez en la pantalla, ese acceso denegado con el equipo… ¡¡¡Conexión, conexión, conexión!!! ¡¡¡Lo conseguí!!!, ¡¡¡Sí, sí, sí!!! Como si fuera una explosión fortísima imposible de contener, un torrente de emoción me sacude, me bambolea, se apodera de mí. Un río de lágrimas que no cesa y parece no tener fin, me ayuda a relajarme y concentrarme en la extracción de datos. Por cada parámetro medido en cada una de las sondas, descargo 42.000 datos… Valiosísima información, es oro puro, un magnífico tesoro. La serie de datos que empezamos en este glaciar en el 2002 y con registro cada hora, no se ha detenido. Siento mis lágrimas -secas ya por el viento- en las mejillas, en las que se dibuja una sonrisa infinita y en mi interior se instalan y agarran con fuerza una gran satisfacción y felicidad infinitas. ¡Sí, merece la pena todo este esfuerzo! Millones de gracias a todos los que habéis colaborado para sacar adelante esta expedición, el logro conseguido es vuestro también. Este tesoro recogido os pertenece, habéis puesto vuestro granito de arena para que esto sea posible.

    • Karmenka emocionada tras obtener conectar con las sondas

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  • No logro conectar con la estación

    La última vez que habíamos estado en Islandia fue en agosto de 2012, de manera que la estación que tenemos instalada en el río procedente de la descarga del glaciar Kviarjökull, tiene almacenada una importante información para nosotros. Pensad que desde el año 2002 estamos registrando datos en continuo, cada hora, del deshielo en este glaciar. Y prácticamente cada dos años hemos estado viniendo a vaciar la memoria de las sondas que están instaladas en el río, a calibrar de nuevo los equipos, a revisarlos, a dejarlos operativos por otros años más, a cambiarlos cuando llegaban a su fin, etc. Es ahora la primera vez que pasamos casi cinco años sin venir.

    Nuestro primer temor es que físicamente a la estación le hubiera pasado algo porque en los últimos años se ha incrementado mucho el turismo en este lugar y siempre aparece alguien que no tiene respeto. En una ocasión vimos como un muchacho lanzaba piedras tratando de golpear el lector de nuestra sonda. ¡Increíble, pero cierto!

    Una vez que comprobamos que al menos físicamente la estación no parece dañada, viene el paso siguiente, que los equipos estén funcionando. Los días van pasando y no es inteligente acceder a los lectores de la misma para comprobar su estado y recoger los datos almacenados, ya que la lluvia intensa y el fuerte viento nos crean unas condiciones muy complicadas para un trabajo tan delicado. Además la lluvia así racheada y golpeando con fuerza, entraría por cualquier resquicio al abrir la protección de los lectores y nos quedaría la humedad en el interior. Así que toca armarse de paciencia y esperar a que las condiciones mejoren.

    Van pasando los días y el tiempo sigue igual… una semana completa se nos esfuma de esta manera como por arte de magia. Y llegó el momento, aparece una ventanita tras siete días de espera, en la que podemos acercamos a las sondas que tenemos instaladas en el río y tratar de hacer la extracción de la información almacenada. Estoy nerviosa, puede que no estén funcionando, puede que sí… Son dos equipos los que instalamos la última vez porque teniéndolos en duplicado, ante un fallo de uno de ellos, siempre tenemos una segunda oportunidad. Pero aún así, casi cinco años sin poder venir por falta de financiación, es mucho tiempo. Y ahora con un tremendo esfuerzo económico personal, la aportación de los afiliados a GLACKMA y la colaboración de todos los que habéis realizado donaciones, estamos aquí. Pensar en todo ello, no hace sino aumentar mi emoción y mi nerviosismo…

    Ordenador, cable, equipo, conexión… casi sin respirar, mirada pendiente en la pantalla. Tarda demasiado en decirme algo el ordenador, no me gusta… Aparece ese recuadro en pantalla que jamás hubiera deseado ver: “El aparato no contesta”. Chequeo el cable que esté bien puesto, reinicio el ordenador, intento de nuevo… “No, no, no”. Cambio una serie de configuraciones en el programa, en el ordenador, en los puertos de conexión, intento con la segunda sonda… Nada, nada, nada. No sé cuánto tiempo pasó. Me quedé helada, el viento era frío y soplaba con fuerza en el cauce del río. Las manos ya casi no las podía mover. Percibía que el frío se había instalado en mi interior, así como una profunda tristeza muy difícil de describir. No pude evitar que todo eso saliera con fuerza utilizando esas válvulas de escape que tan sensibles tengo en mis ojos.

    Al otro lado del río, estaba pendiente Adolfo del resultado, había ido a chequear el campamento pues ahora con tanto turismo y tras el violento robo que sufrimos aquí la última vez que habíamos estado, no nos quedamos tranquilos si abandonamos las tiendas. Al saber que no es posible obtener los datos almacenados durante estos cinco años, también se queda chafado. Carlos, que había estado grabando todo sin perder detalle alguno, apaga la cámara y me da un fuerte abrazo de ánimo. Es bonito tener un equipo de apoyo en estos momentos durillos. La tristeza compartida se hace más pequeña…  

    • Estación GLACKMA en Islandia

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  • Mágicos momentos de tregua

    Son cinco días sin tregua alguna con el viento y la lluvia continua. Sin la tienda grande de campamento -rota desde la primera noche- donde poder refugiarnos y cocinar, las condiciones para estar a la intemperie se endurecen. Eso no nos preocupa demasiado, nos hemos habituado ya a ello y hemos aprendido a convivir con estas mojaduras interminables. Lo que no nos agrada tanto es que no podemos avanzar en el trabajo que hemos venido a hacer, ni la parte científica que desarrollamos Adolfo y yo, ni la parte de filmaciones que desarrolla Carlos para darnos apoyo con la divulgación. Pero es la naturaleza y no la podemos cambiar, así que no merece la pena preocuparse por ello, nos iremos reorganizando y ajustando los quehaceres según vengan las condiciones meteorológicas, que son quienes mandan aquí en el trabajo de campo.

    En ocasiones durante los inviernos islandeses tienen lugar estos vientos tan extremadamente fuertes, que les obligan a cortar las carreteras como en estos días, ya que son capaces de hacer volcar a los vehículos. Sin embargo es la primera vez que esta violencia en los vientos tiene lugar en mayo, ya tan avanzada la primavera. Esta es otra consecuencia del calentamiento global que hemos provocado en la Tierra. De alguna manera, hay más energía en la atmósfera y eso se traduce en fenómenos violentos que los podemos percibir de una u otra forma, según la latitud a la que nos encontremos.

    La previsión meteorológica indica que aunque se van a mantener estas condiciones durante unos cuantos días más, tendremos ocasionalmente algunos momentos sin lluvia e incluso podremos empezar a ver el sol en algunas ocasiones. Esta pequeña intermitencia no nos permite todavía meternos a fondo con el trabajo en nuestro glaciar, pero sí que Carlos comience a generar imágenes de los diferentes glaciares del entorno más cercano. Comenzamos a disfrutar, a maravillarnos de esta naturaleza tan fantástica. Aunque desde el año 1997 estamos trabajando por estas tierras y hemos venido en numerosas ocasiones y conocemos prácticamente cada rincón de este país, con la extensa naturaleza que nos brinda Islandia es imposible no fascinarse ante tanta grandeza.

    Con estos momentos de luces para filmar tan fugaces y condiciones tan extremadamente cambiantes, comienzo poco a poco a ejercer de ayudante de Carlos. Estoy atenta para prepararle el dron, las cámaras, el trípode, los filtros, cambiar baterías, quitar el sol de la pantalla de pilotaje de los vuelos, proteger los equipos cuando la lluvia nos sorprende o cualquier pequeño detalle que pueda agilizar las grabaciones. Al mismo tiempo, con mi observación innata imposible de detener, estoy aprendiendo de las habilidades de este gran filmmaker que tenemos la suerte de que nos acompañe en la expedición.

    Aprovechando así uno de estos momentos de tregua que nos regala la meteorología islandesa, el objetivo es filmar el glaciar Skaftafelljökull. Con el Defender nos acercamos por una pista para aproximarnos lo más posible. A continuación nos cargamos el material y vamos atravesando primero la zona de sandur -cubierta ya de tundra- y después parte de las antiguas morrenas frontales que marcan los diferentes episodios de deshielo de este glaciar. Viento en calma totalmente, silencio absoluto divino acompañado de los melódicos trinos de las aves, botas avanzando por una espesa tundra bañada en colores dorados generados por la luz rasante de estas latitudes, la inmensidad kilométrica que alcanza la vista en cualquier dirección es naturaleza… el glaciar cada vez más cerca.

    En un acantilado próximo de un centenar de metros, una pequeña pero larga cascada dibuja los escalones del escarpe. El sonido del agua cayendo te envuelve y te transporta rápidamente a un mundo especial. Mundo que completa su belleza y magia al llegar al frente del glaciar donde enormes paredones de hielo están moldeados por antiguos seracs o grietas. Mi mirada se dirige a modo de vuelo de dron -avanzando decenas de kilómetros por el glaciar hielo arriba- hasta la zona más elevada entre las montañas desde la que descuelga esta lengua glaciar.

    Ante tanta grandeza, una sensación inmensa de paz se instala en mi interior. El tiempo se detiene por completo. Es más que eso, percibo que la medida del tiempo, simplemente no existe. No tengo la sensación de ser una intrusa en este mágico lugar, me veo integrada por completo en él. Y en un abrir y cerrar de ojos, brota en mi interior una fuerte emoción… como la cascada que tengo delante. Llenarse de estos momentos mágicos en medio de la tregua que nos brinda la tormenta, es llenarse de vida. De esa vida auténtica que no cambiaré jamás por nada.

    Ojalá que con esta pequeña descripción que os he hecho y con ayuda de este vuelo de dron de Carlos, podáis llegar a sentir un poco esta belleza y grandeza de la naturaleza…

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  • Investigación para los jóvenes expedicionarios

    Expedicionarios que nos acompañáis en esta aventura polar, mientras estas condiciones tan adversas de la meteorología pasan, os voy a dejar un trabajito. Ya habéis visto que nos encontramos en Islandia en esta primera parte de la expedición. Cuando un aventurero se plantea una nueva expedición, lo primero que hace es conocer y estudiar el lugar al que pone rumbo. Eso quiero que hagáis vosotros.

    Se dice que Islandia en un contraste entre el hielo y el fuego. ¿Por qué?, ¿Qué condiciones geográficas hacen que eso sea así?

    Os dejo una pista con esta foto. Se trata de Laki, que es el volcán de fisura más largo del mundo, tiene 25 kilómetros de longitud y más de cien cráteres.

    Ánimo y suerte en vuestras investigaciones, mis fantásticos jóvenes expedicionarios, ¡¡os vais a convertir en aventureros exploradores de verdad!!

    • Laki

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  • Una fantástica manera de acompañarnos

    Jóvenes expedicionarios, os brindamos este fabuloso video que ha preparado Carlos para que os sintáis verdaderos aventureros y exploradores con nosotros. Vais a sentir la emoción de desembarcar del ferry en Islandia con el Defender, de comenzar a recorrer la isla para acercaros al casquete glaciar Vatnajökull, que con sus 8.100 km2 es el mayor glaciar de Europa en volumen (3.000 km3). Tendréis el lujo de aproximaros con nosotros a los frentes de los glaciares Svinafelljsökull y Skaftafelljökull, que son lenguas glaciares que cuelgan por el sur de ese gran casquete glaciar. A ver si localizáis todo eso en el mapa.

    Y otra cosa más, ojalá os llenéis de tantas sensaciones y emociones que transmite esta naturaleza tan grandiosa. Y ojalá que nunca os olvidéis de respetarla.

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  • La fuerza está en la cabeza

    Embarcamos en el ferry en Hirtshals (Dinamarca) el día 6 a las 15:00 horas y tras una navegación tranquila en la que aprovechamos para adelantar trabajo de gabinete, alcanzamos Tórshavn (Islas Feroe) dos días después a las 5:00 de la madrugada. Una parada técnica de ocho horas en la que mientras desembarcan algunos pasajeros y embarcan otros, aprovechamos para salir a estirar las piernas un poco. Prosigue nuestro viaje con el mar tranquilo y al día siguiente a las 9:00 de la mañana alcanzamos Seydisfjördur, al noreste de Islandia.

    La entrada por el hermoso fiordo islandés ya nos anuncia que aquí aunque sea primavera, las condiciones son más parecidas a un inverno de nuestras latitudes. Todavía queda nieve en las zonas altas y el contraste entre el negro del terreno volcánico y el blanco de la nieve genera un paisaje maravilloso en estas grandes extensiones despobladas. Numerosas cascadas que van llenas de agua en esta época comienzan a aparecer cortando los acantilados de coladas de lava. Detalles que no pierde Carlos para grabar con su equipo de cámaras fijas y con el dron. Viene feliz a los glaciares pues aunque ya ha realizado varias inmersiones en las regiones polares, es la primera vez que llega equipado con un equipo de grabación como siempre ha deseado. El apoyo de Panasonic para los equipos de filmación y de Mountain para procesar con un buen ordenador todas esas imágenes es fundamental.

    Son 450 kilómetros los que nos separan del lugar donde vamos a establecer el campamento en el sureste de Islandia. En concreto en la lengua glaciar Kviarjökull del casquete glaciar Vatnajökull. Aunque no es muy larga la distancia, el recorrido nos llevará prácticamente todo el día, pues la carretera es pequeña, con curvas y aunque la velocidad máxima es de 90 km/hora, muy pocas veces podemos llegar a alcanzarla. Con paradas las justas para que en puntos concretos Carlos pueda filmar, avanzamos sin tregua, pues la predicción anuncia que el tiempo va a cambiar esta misma noche. Llegan al parecer varios días de lluvia continua, copiosa y vientos fuertes. Queremos dejar instalado el campamento en seco si es posible, para conseguir tener el material seco.

    Llegamos al lugar de nuestro campamento, ya al final de la tarde. Atravesamos con el Defender la zona de antiguas morrenas colonizadas por una espesa tundra, seleccionamos el punto donde instalar el campamento y nos ponemos manos a la obra con la instalación de las tiendas. Toda esta llegada la podréis ver con vuestros propios ojos, pues en esta ocasión los detalles han quedado grabados.

    Comenzamos primero instalando una tienda grande que será donde almacenemos el material, cocinemos y establezcamos el lugar de trabajo con ordenadores. Antes de terminar de colocar esta primera tienda, la lluvia anunciada nos viene a saludar. La temperatura que no es muy alta, el viento que comienza a soplar y la lluvia cayendo con fuerza, hacen que las manos pierdan tacto rápidamente. No solo las manos, en un abrir y cerrar de ojos, el cuerpo siente como las condiciones no son las más adecuadas para estar a la intemperie. Pero hay que seguir.

    Terminada la instalación de la tienda grande, decidimos montar solo una de las pequeñas, para dormir el primer día nos arreglamos y si mañana tenemos un rato más tranquilo completamos con la segunda tienda pequeña. Bajo la lluvia intensa que cae, decidimos no andar vaciando todas las cosas del todoterreno y para comer algo caliente nos conformamos con un vaso de leche liofilizada, que es lo que tenemos a mano. Con la leche realizando su efecto confortable en el cuerpo, rápido a los sacos y empezar a entrar en calor para poder descansar. Ese, tan sencillo pero necesario en estos momentos, es nuestro siguiente objetivo. Compartimos tienda pequeña Adolfo y yo para dormir y de momento queda Carlos en la grande de campamento, hasta que mañana completemos con la otra tienda y nos reubiquemos. Siento como poco a poco voy entrando en calor, el agua golpea con fuerza la tienda y el viento la bambolea a su capricho. “Ojalá pase pronto este temporal”, pienso para mis adentros y enseguida me quedo dormida.

    No son ni las 4:00 de la madrugada cuando me despierta la voz de auxilio de Carlos llamando. Algo está pasando. Salgo del saco, cojo la ropa todavía empapada que había dejado en la entre-tienda al sacármela ayer y me la pongo encima sin pensarlo dos veces… fría, mojada, ¡puf! Al salir de la tienda, veo el nuevo problema que nos llega, el viento ha roto la tienda grande, Carlos está tratando de que no vuele y recogiendo el material que en ella teníamos. Nos ponemos manos a la obra, perfecta coordinación, salvar primero el equipo y guardarlo a salvo en el Defender. Todo ello sin que la tienda vuele, plegándola a continuación y recogiéndola provisionalmente en el coche para tratar de repararla en el futuro.

    Paso siguiente, acondicionar un hueco en el todoterreno para que Carlos pueda completar la noche ahí. Quedando ubicado y seco en el coche regreso a mi sitio, veo que son ya las 6:00 de la mañana. De nuevo dejar toda la ropa mojada en la entre-tienda para volverla a poner mañana empapada. Acurrucada en el saco, tratando de entrar en calor, sintiendo la lluvia en el exterior que no cesa y las ráfagas fortísimas de viento, trato de entrar en calor de nuevo para dormir algunas horas más. Pero apenas lo logro, el ruido generado por el viento bamboleando y sacudiendo la tienda no me lo permite.

    Nos levantamos de nuevo en medio de esta mojadura infinita, ahora sin tienda de campamento, preparar el desayuno caliente se hace más complicado. Queda Adolfo en la tienda pequeña, metido en el saco para no coger demasiado frío y Carlos y yo con el Defender vamos a la gasolinera más cercana, para comprar combustible para los hornillos de cocina y para cuando podamos encender el generador con el fin de cargar baterías.

    El viento sigue incrementándose, la carretera la han cortado debido a que pueden volcar vehículos por las fuertes rachas -no es la primera vez que esto ocurre aquí-. Tenemos rachas de hasta 200 kilómetros por hora. Cuando regresamos Adolfo está ya al límite manteniendo la tienda pequeña bajo la lluvia y el viento. Mojados, sin tacto ninguno en las manos, aseguramos la tienda. Nos las ingeniamos para preparar algo de comida caliente rápida, tenemos que meter combustible al cuerpo. No queda otra alternativa.

    Parece que la previsión meteorológica se está cumpliendo. Anunciaban 4 ó 5 días así. No nos queda más remedio que aguantar. En estas condiciones adversas completamente, la fuerza está en la cabeza. A todos nos apetecería estar calentitos, secos, con una buena comida, sin frío…, pero desde la mente somos capaces de crear la resistencia necesaria para superar esto en equipo. Todos remando en la misma dirección es la mejor forma posible para salir delante de esta situación complicada y adversa por la meteorología.

    • Jokulsarlon

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  • Colmada de sensaciones

    Con el Defender arreglado salimos de Oviedo rumbo a Hirtshals, al norte de Dinamarca. Nos quedaban casi 3000 kilómetros por recorrer y ya no había tregua. El margen de seguridad que nos habíamos tomado en una distancia tan larga nos había venido bien para este problema de la bomba de gasóleo, pero se nos había consumido ya y ahora sin demora alguna, había que trabajar para alcanzar nuestro siguiente objetivo: no perder el ferry para cruzar a Islandia.

    Era labor de equipo el poderlo conseguir y los tres éramos conscientes de ello. Bueno, los cuatro, que el Defender es nuestro cuarto expedicionario e hizo también su parte correspondiente de trabajo en esta tarea. Teníamos que cruzar todo el norte de España, para pasar a Francia y atravesarla de sur a norte, cruzar después Bélgica, Holanda, Alemania y terminar atravesando Dinamarca completa de sur a norte.

    Turnos en la conducción continua. Siempre un copiloto despierto para acompañar al conductor, sobre todo en las horas de noche, que es más fácil que el sueño venza. Pequeñas paraditas para dar un respiro al todoterreno, llenar el depósito y estirar nosotros las piernas, ir al baño, prepararnos algún sándwich con las cosas que llevamos a mano para el viaje o tomar algún café para estar más despejados. Aunque lo de café, una vez dejada España, es solo el nombre. En el asiento de atrás del Defender con un saco de dormir abierto y unos cojines, habíamos hecho una especie de cama. Y aunque no podíamos estirar las piernas, nos valía para dormir un poco y desconectar de la carretera al piloto que dejaba el volante, mientras el siguiente le daba relevo. Qué maravilloso equipo, siempre pensando en los demás antes que en un mismo, tratando de favorecer a los otros… No sabéis lo que vale esta actitud en una expedición.

    Las ciudades más importantes de Europa las tuvimos que pasar todas con atascos, de hasta casi dos horas fue el más pesado que pillamos en el entorno de Hamburgo. Pero por fin, dejamos atrás Flensburg al norte de Alemania para cruzar la frontera con Dinamarca… ¡Venga equipo, que lo vamos a conseguir! Se nos hizo de noche de nuevo, no alcanzamos nuestro destino, pero esta noche sí, ya vimos que podíamos parar unas horas y descansar los tres. Así hicimos en un área de descanso de la autovía. Adolfo dentro del Defender, sin poder estirarse, pero el coche no queríamos dejarlo solo. Un robo sería catastrófico en la expedición. Carlos y yo preparamos nuestros vivacs, próximos al coche y qué placer más infinito, muerta de sueño y cansancio, meterme en el saco, estirada completamente en el suelo, y como techo de habitación un cielo estrellado magnífico, con la Polar brillando con fuerza y señalando con intensidad nuestro rumbo. Sonrío y casi en el momento me quedo dormida.

    Magnífico sueño reparador. El sol brillando ya con fuerza a las 6:00 de la mañana, nos indica que debemos proseguir nuestro camino. Llegamos a nuestro destino, Hirtshals, nos acercamos a reconocer el lugar del embarco al ferry… ¡Madre mía!, ha cambiado muchísimo. Las ampliaciones que están haciendo son impresionantes. Dejamos aquel lugar, buscando un entorno tranquilo para pasar la tarde que nos quedaba y después la noche.

    Cerca de una playa, en una praderita verde, paramos. La temperatura es agradable, el sol brilla con fuerza. Hemos logrado nuestro destino. Estamos felices. El tiempo parece haberse detenido. Con calma, bajamos un montón de material del Defender, hasta llegar a los contenedores que tienen la cafetera, el molinillo, el café, la leche liofilizada y uno de los hornillos. Ahora nuestra felicidad era total. Creo que los tres recordaremos siempre ese café, ese momento, ese lugar, esas sensaciones…

    Paseo en la playa, o baño o carrera, cada cual a su gusto, pero siempre quedando una custodia junto al Defender. Tarde de relax, maravillosa, de acomodo del material en el coche, de separación de lo que subiremos al ferry, de inmiscuirnos en la naturaleza, de disfrutar de un atardecer magnífico en este Mar del Norte. De invasión de sensaciones maravillosas porque somos conscientes de que hemos creado un equipo muy fuerte que va a ser capaz de conseguir cualquier objetivo que se proponga. Mi sensibilidad -que está siempre como a flor de piel- percibe esta realidad y en medio de esta tarde mágica y con la sensación de que el tiempo se ha detenido, crea una especie de cóctel dentro de mi interior, que termina generando un torrente de emoción. ¡Qué bonita la vida!, ¡qué hermosa la naturaleza!, ¡qué bellos estos sencillos pero intensos momentos!

     

    • En Dinamarca

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  • Con el tiempo justo

    No quiere andar y no quiere andar, ¡es así! Todos los intentos que se nos ocurrían realizamos, mientras aparecía la grúa. Comprobación de la batería, cambio de fusibles que pudieran tener cierta relación con el problema, tanto de la caja principal como de la secundaria, chequeo de la continuidad de los cables eléctricos que llegan a ellos… Pero el Defender seguía parado.

    Llega el taxi antes que la grúa. Le habían indicado desde el seguro de llevarnos a Luarca, pero conseguimos cambiar esa alternativa por la que veíamos más operativa, alcanzar la casa de Land Rover en Oviedo. Cualquier problema sería más fácilmente solucionable allí. Esperamos a que llegase la grúa y cargase el Defender con todo nuestro equipo para ponernos rumbo a mi ciudad natal.

    Os voy a contar una cosa, que la considero como un signo del futuro bonito que está por hacerse realidad. El lugar en Asturias en el que el Defender dijo “basta”, fue cerca de donde tengo rehabilitando mi gran sueño, ese velero al que le queda poco para surcar primero las aguas del Cantábrico y después entrar en la historia de GLACKMA, en un futuro no muy lejano… Pero dejemos eso, centrémonos ahora en Oviedo, en la casa de Land Rover, en nuestro todopoderoso Defender que es la primera avería que tiene desde 1999 y en tres expedicionarios polares que no pierden el buen humor.

    Aquí en el polígono del Espíritu Santo, frente a la puerta del taller, pasamos la noche acompañando a nuestro cuarto expedicionario, nuestro todoterreno. Adolfo sentado en el asiento del copiloto, y digo sentado porque estos asientos casi no se reclinan nada. Carlos estrenando su equipo de vivac fuera, flanqueando el costado derecho del Defender, bajo el orvallo asturiano. Y yo encogida en los asientos del medio, tratando de estirar un poco las piernas por encima del asiento del conductor, cuando se me quedaban dormidas.

    Así, ahí acurrucada con las luces del polígono iluminando el interior del vehículo, el ruido de los coches circulando en la carretera a tan solo unos metros de nuestro “hogar”, mi mente recorrió de nuevo lo acontecido durante el día. Pasó de la magia tan bonita de la salida en Ferrol, aquella ilusión sincera y contagiosa de los más pequeños, a vernos ahora con el coche parado en un día de fiesta y esperando… Sentí una emoción profunda al ser consciente del gran equipo que tenía a mi lado. En silencio dejé que mis lágrimas corrieran libres. Percibí la suerte de que no estuviéramos solos Adolfo y yo como en todos estos años anteriores. El contar con este fichaje estrella que hemos hecho con Carlos, me dejaba muy tranquila. Percibía que éramos invencibles luchando por nuestros sueños polares. La aventura comenzaba con fuerza, como debe ser, nunca conoces qué va a pasar mañana, ni siquiera qué va a acontecer unas horas más adelante.

    Amanece el día lleno de ilusiones e incertidumbres que según avanzan las horas, van buscando su realidad. El problema resultó ser la bomba de gasóleo, no tienen repuesto en Oviedo y llega mañana desde Guadalajara. Después cuatro horas de taller para el montaje y podremos continuar por la tarde nuestro camino rumbo a Hirtshals, al norte de Dinamarca. La media del Defender será de 90 km/hora, así que toca hacer relevos continuos en la conducción para alcanzar nuestro objetivo de embarcar en el ferry a tiempo. Somos un equipazo de verdad, y lo vamos a conseguir. Además, os confieso que vuestro apoyo durante el día de ayer y de hoy, tanto por el blog como por las redes sociales, dándonos ánimos y sabiendo que sois partícipes de nuestra aventura, nos está ayudando mucho.

    Entre todos lo vamos a conseguir. ¡¡Llegaremos a tiempo!!

    • Defender en Land Rover Oviedo

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  • Emotiva salida completamente arropados

    Llegó el día que tanto habíamos esperado, 1 de mayo a las 11:00 de la mañana, en Ferrol, es la salida oficial de la Expedición Científica Ártico 2017. Los nervios están a flor de piel y al llegar con el Defender cargado frente al Náutico de la Graña y encontrarnos a ese público tan entregado y apostando por esta expedición, percibí que ese manojo de nervios quedaban libres y salían a toda velocidad de mi interior.

    Sentir este apoyo tan cercano y sincero creó en cuestión de segundos un momento mágico e inolvidable. Fotos, vídeos, palabras de aliento, sonrisas… Todo inmensamente cercano y emotivo fue capaz de infundirnos una fuerza enorme. Percibíamos que compartíamos nuestra pasión por los glaciares con personas con una sensibilidad especial por la naturaleza.

    Dentro de esa magia lo más hermoso fue sentir la contagiosa ilusión de los más pequeños, sus sonrisas sinceras y llenas de futuro. Inolvidable detalle el momento de la fotografía de una niña con su hermano más pequeño y su sonrisa cómplice cuando me dice: “Tengo tu libro de Diario Polar en casa”. Nos miramos con una intensidad que parecía que nos conocíamos de toda la vida.

    Llega el final de ese baño de emociones encadenadas y los tres expedicionarios partimos rumbo en el Defender a nuestros hielos queridos. Según avanzamos por tierras gallegas -saboreando todavía la magia de la mañana- sentimos cómo nos liberamos del estrés, de la falta de tiempo, del cansancio y agotamiento de estas últimas semanas. Cada kilómetro que quedaba atrás significa un lastre menos en percibir de lleno esa libertad que te brinda siempre la aventura de este tipo de expediciones.

    Sigue el ánimo creciendo dentro del coche, pasamos a tierra asturiana, mi tierra asturiana… y el Defender ¡se para! Deja de funcionar. Nos tenemos que orillar en la autovía, avisar a la grúa y ¡vaya!, hoy es fiesta… ¿Llegaremos a tiempo al ferry que parte del Norte de Dinamarca para cruzar a Islandia? 

     

    • Emotiva salida completamente arropados

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