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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Una especie de válvula de escape: Islandia

    Os decía ayer en los comentarios del artículo anterior, que os iba a dar una buena noticia. Me preguntabais sobre la adaptación a la vida del mundo civilizado después de la expedición antártica y os comentaba que es duro. Es siempre duro el regreso. Lo más difícil es adaptarse de nuevo a vivir en un mundo lleno de egoísmos, donde se ha perdido totalmente el trabajo en equipo. Es tan bonita la camaradería…

    Lo que nuestra sociedad ha olvidado totalmente es un secreto, que es la clave para ser más feliz. Y es muy sencillo, pero de tan asequible que es, se ha dejado perdido. Se trata simplemente de pensar un poco en los demás, en los que nos rodean, de tratar de hacer a las personas de nuestro entorno felices. El resultado es inmediato, repercute directamente en nosotros y nos hará sentirnos mejor. Y en este ambiente es fácil desarrollar un trabajo en equipo, olvidarse de las individualidades y los egoísmos.

    El compañerismo y un buen trabajo en equipo generan mejores resultados, entusiasmo, satisfacción… A través de la solidaridad se expresa la cohesión, y cuanta más coherencia haya, mejor funcionará el equipo.

    Pero bueno…, no era esto lo que os iba a contar. Os decía que en medio de esta adaptación al mundo civilizado, tengo una pequeña ayudita que me va a favorecer a esta aclimatación. ¿Sabéis cuál es? ¡Nos vamos a Islandia! Unos poquitos días nada más, pero es una especie de válvula de escape para asimilar el brusco cambio.

    ¿Qué es lo que ha pasado? Os cuento. Recordáis que a la salida de la Antártida, estuvimos trabajando en la estación de medida que tenemos en Patagonia. Allí descubrimos que tenemos problemas con una de las sondas y decidimos ir en mayo a cambiarla, para no generar lagunas de datos en las series que estamos midiendo.

    Bien. Pensando, pensado…, ese equipo de Patagonia es de la misma antigüedad que los que tenemos instalados en Islandia (unos y otros son los que nos quedan más antiguos en las estaciones de GLACKMA). A Islandia pensábamos ir para el año próximo a hacer una reinstalación de los equipos de medida…, pero no queremos correr el riesgo de dejarlo para el próximo año y encontrarnos con la desagradable sorpresa de tener la estación sin funcionar. Queremos hacer todo lo que esté en nuestras manos para no perder la continuidad de las series temporales generadas.

    Así que hemos cambiado completamente los planes. En principio iba a ser una primavera tranquila, hasta el verano que saliéramos al Ártico. En mente teníamos poder disponer de tiempo para trabajar con los datos que estamos generando, preparar proyectos… porque necesitamos buscar financiación, y actualizar un montón de quehaceres acumulados durante nuestra ausencia.

    De la primavera “tranquilita” nos hemos pasado a una primavera sin un mínimo respiro. Salimos ahora para Islandia (del 6 al 19 de Abril), a principios de mayo tenemos un congreso en Alemania -con los participantes del proyecto Europeo con el que trabajamos en la estación de la Antártida-, y después de mediados de mayo a mediados de junio, regresamos a Patagonia para reponer la sonda que ha dejado de funcionar. ¡Vaya! En un abrir y cerrar de ojos, se acabó la tranquilidad.

    Os podéis imaginar que los preparativos en tan poco tiempo –y estando todavía con el cansancio de la campaña antártica- están siendo de locura. La intranquilidad interior aumenta al ver cómo las cosas atrasadas no se van a poder actualizar en los próximos meses, e incluso van a seguir aumentando. Como actualmente sólo tenemos vigente el proyecto europeo que cubre los gastos de la estación de la Antártida, nos toca a nosotros realizar la aportación económica correspondiente a estas salidas de improviso a Islandia y Patagonia. Por si fuera poco, ahora más que nunca que necesitaríamos dedicar tiempo y esfuerzo para buscar financiación, no podemos hacerlo. Nuestra conciencia nos empuja a salir a “arreglar” las estaciones, para no perder la continuidad de estas dos estaciones de medida.

    Como veis el panorama que tenemos delante no es el mejor. Pero como ya nos vais conociendo un poco de esta pasada expedición antártica, sabéis que no nos damos por vencido fácilmente. Y de todo, siempre nos gusta quedarnos con lo positivo. Y ¿qué es lo positivo ahora? Que disfrutaremos de nuestra mini-expedición a Islandia y la consideraremos como un pequeño escape para que la adaptación a la civilización sea menos durilla. Visto así, tampoco está tan mal, ¿verdad?

    Aunque no tengamos internet, os mantendremos al corriente de lo que hagamos a través del teléfono satelital, y Gildo -el socio de GLACKMA encargado de la comunicación- os irá subiendo al Blog las crónicas. ¡Así que estaremos en contacto!

    Llevo un ratito pensando con qué foto os puedo acompañar este artículo. De mi mesa llena de papeles o de mi mente con la inquietud de los trabajos pendientes… no tiene sentido. Se me ha ocurrido que podemos hacer como en el teatro. Vamos a cambiar de escenario, pues pasaremos de hablar de la Antártida a narrar el viaje a Islandia, por lo tanto necesitamos un telón. ¡Sí!, un telón de la naturaleza os voy a dejar. Es el cielo antártico al amanecer, unas horas antes de tener que embarcar en el Lautaro (os acordáis del barco con el que regresamos a Punta Arenas, ¿verdad?). Fue un amanecer espectacular que nos brindó la Antártida como despedida, ¡inolvidable! En aquel momento fue ya una especie de telón, anunciándonos un cambio de escenario. Ahora lo volvemos a utilizar aquí en el Blog.

    ¡Espero que os guste! Si eso sólo es un trocito de cielo… imaginaros lo espectacular que fue mi último amanecer antártico de esta pasada campaña.

    • Una especie de válvula de escape: Islandia

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  • El color azul del hielo

    Si os pregunto, ¿de qué color es la cerveza? Me diréis rápidamente: “amarilla”. Y os vuelvo a plantear una cuestión: ¿y su espuma? “Blanca” me diréis todos a coro.

    Y ¿qué es lo que ocurre? Es muy sencillo, el aire es el que le da ese color blanquecino.

    Con el hielo pasa lo mismo, su color es el azul. El hielo es azul. Pero en la superficie lo vemos blanco porque debido al llamado “efecto de borde” -que no es más que una relajación de tensiones en la masa helada-  se forman pequeñas fisuras que se van llenando de aire y nos da ese aspecto más blanquecino. Por eso, por ejemplo, en el frente de un glaciar justo en el momento de producirse un desprendimiento, el hielo que queda en la pared -al descubierto- lo vemos azulado. Después, conforme va pasando el tiempo, y el aire va entrando en esas pequeñas fisuras generadas, adquiere el color azul.





    De la misma manera en la superficie del glaciar vemos el tono más blanquecino y en el interior de las grietas, cuanto más recientes sean, más azuladas las veremos. Cuando descendemos en los moulins o sumideros en el glaciar, pasa lo mismo, del color blanquecino de la superficie vamos pasando gradualmente a un azul, cada vez más intenso… ¡Qué decir, qué es una verdadera maravilla internarse en las entrañas de un glaciar! Os lo estaréis imaginando…



    • El color azul del hielo
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  • Icebergs, growlers y brass, ¿qué es esto?

    Por lo que habréis ido observando a lo largo de toda esta expedición ya sabéis que cuando el frente de los glaciares alcanza el mar, se van desprendiendo continuamente fragmentos, los llamados "growlers", que navegan por las aguas arrastrados por las corrientes marinas o por el viento, o según el tamaño quedan varados, hasta que se van extinguiendo.

    ¿Distinguimos los icebergs, “growlers” y “brass”? Todos son fragmentos de hielo en el mar pero se diferencian por su tamaño.

    - Los icebergs o témpanos tienen forma tabular y son los más grandes, pueden tener desde 1 kilómetro cuadrado hasta varios miles de kilómetros cuadrados, ¡sí, sí, he dicho varios miles! Aquí os dejo una foto de uno de ellos pequeño, y otra de un detalle al aproximarse… ¡Fijaros qué maravilla!





    - Los growlers son de forma variada y poseen un tamaño intermedio, desde unos 50 metros cúbicos hasta un kilómetro cuadrado. ¿Sabéis? Growler significa gruñón. Y es que cuando se acumulan en las bahías, el sonido que producen es similar al de un tren lejano que no llega nunca.



    - Finalmente, los más pequeños se conocen como brass y pueden tener cualquier forma. Su tamaño oscila entre el medio metro cúbico hasta los 50 metros cúbicos. Lo que significa la palabra brass es escombro. ¡Clarísimo, por tanto!, ya no se nos va a olvidar nunca.



    Pero los frentes de los glaciares no se quedan inmutables cuando han perdido un fragmento, un ruido ensordecedor resuena en toda la bahía, acompañado de un eco que prolonga su duración. Inmediatamente tratas de descubrir dónde se ha fragmentado, la pista es evidente: en el frente blanquecino del glaciar un tono azulado del hielo no puede ocultar el lugar del incidente. Este proceso es llamado “calving” en glaciología.

    Os propongo una especie de adivinanza para que la penséis en los próximos días y hagáis vuestras averiguaciones: ¿por qué queda ese tono azulado en el frente del glaciar dónde se ha producido recientemente un desprendimiento?
    • Icebergs, growlers y brass, ¿qué es esto?
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  • Un verdadero paraíso: la pingüinera de Ardley

    Uno de los sitios más bonitos y que siempre me gusta visitar cuando voy a Rey Jorge en la Antártida, es la isla de Ardley. Esta pequeña isla está unida a Rey Jorge con un istmo, que  estando pendientes de las tablas de mareas te permite cruzar a ella sin necesidad de zodiac.

    Se puede llegar al istmo por un camino más largo o por un atajo. A mí me gusta este último, se avanza por el borde la playa y después hay que hacer una trepada por una zona de acantilados en la costa. Desde lo alto la vista es maravillosa, alguna foto nueva siempre hago cada vez que subo.



    Antes de alcanzar el istmo, hay una playa que suele tener focas de Weddell. Me gusta observarlas. De cuerpo redondeado, moteado, más oscuro por el lomo y más claro por los flancos y el vientre, pueden llegar a alcanzar los 3 metros. Con su cabeza pequeña, casi sin cuellos y sus ojos saltones, su expresión es… ¡de niña buena!





    Tras atravesar el istmo y avanzar por el interior de la isla, me maravilla siempre la cantidad de musgo que cubre una buena parte. Parece una verdadera alfombra de un gran espesor y entretejida con una gran gama de verdes. ¡Qué resistentes son! Expuestos a la rudeza del invierno de la zona y cubiertos por varios metros de nieve, aparecen de nuevo en el verano, frescos como si nada hubiera pasado.

    En un pequeño risco y antes de llegar a la pingüinera, hay un montón de nidos de petreles gigantes. Me encanta observarlos de cerca, sus peculiares picos… y maravillarme cuando extienden sus alas y con esa gran envergadura comienzan a volar. ¡Quien pudiera...!





    Avanzando un poco más, se alcanza el cerro donde se encuentra el faro de Ardley. Es peculiar esta imagen de la isla con su faro en la parte más alta de la misma, rodeado de pingüinos. De lejos parece una cabeza rapada con algunos pelos de punta.





    Si bien a lo largo de todo el recorrido uno ya se va encontrando con pingüinos, al adentrarse en esta zona uno cree internarse en un verdadero santuario de pingüinos. Miles de estas simpáticas aves habitan la isla. Se pasan la mayor parte del tiempo en el mar, donde muestran sus fantásticas habilidades. Son gregarios y muy sociables. Las especies que aquí hay son: el pingüino barbijo, el adelia y el papúa. Todas ellas alcanzan un tamaño aproximado de 70 cm., y durante el invierno emigran a regiones donde el mar está descongelado ya que se alimentan de peces, pequeños crustáceos y cefalópodos. Regresan a las pingüineras a mediados de octubre. Ponen dos huevos y la incubación se realiza por los dos integrantes de la pareja, alternándose. Las crías de los adelia siempre van algo más adelantadas y son algo más grandes.







    Es todo un privilegio avanzar entre los nidos, por las zonas más despejadas para no molestarlos, siempre muy despacio, en medio de riscos próximos al mar y con el casquete glaciar de la isla Nelson como telón de fondo.





    Adentrarte en este paraje tan espectacular, rodeado de ellos, viendo que no los perturbas, escuchando sus cánticos,… hace que te sientas como en otro pequeño paraíso. No sé, pero es tan extraño a veces, pensar que tantos lugares dentro de la Antártida me hacen percibir esa sensación de tranquilidad, de paz. Es como si el tiempo se detuviera y te adentraras en un lugar mágico. Tengo la sensación de ser una niña entrando en uno de sus cuentos preferidos y encontrando real todo lo que su imaginación pudo algún día crear.





    Observándolos y observándolos me quedo ensimismada, el tiempo se pasa volando y cuando me quiero dar queda el tiempo justo para regresar cruzando el istmo antes de la subida de marea.
    • Un verdadero paraíso: la pingüinera de Ardley
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  • Crecimiento acelerado del calentamiento global

    Bueno, y con todas estas estaciones que tenemos de registro de descarga glaciar, distribuidas en los dos hemisferios, ¿qué es lo que estamos encontrando? En todas ellas se registra una evolución muy acelerada del calentamiento global. ¡En todas!

    Como tenemos reciente lo de la rápida generación de las grietas en esa zona de la Antártida durante el verano austral del 2005/06, os diré que los cambios que tuvieron lugar en ese glaciar durante el verano, podemos describirlos casi con el adjetivo de catastróficos. Se formaron además de esas enormes grietas, una serie de sumideros (los pozos verticales de los que habíamos hablado en la exploración de un glaciar en el interior) de grandes dimensiones para el tipo de glaciar del que estamos hablando. Estos moulins o sumideros en hielo son más propios de otro tipo de glaciares, como los de Patagonia por ejemplo, pero para nada de esta zona de la Antártida. Pues bien, a partir de ese verano, estas formaciones empiezan a ser ya habituales en el Collins. Además, durante ese verano de tanto cambio, corrían por la superficie del glaciar tal cantidad de ríos que al andar con los crampones se iba chapoteando en el agua…



    Otro dato, la descarga glaciar –es decir el hielo que se funde- en esa zona antártica se duplicó en 13 años, en el periodo de 1987 al 2000. ¡Increíble!, ¿no? Pero aún hay más. Se ha vuelto a duplicar en tan sólo cuatro años, del 2003 al 2006, y el número de días en los hay descarga glaciar ha sido también el doble en esos cuatro años (de 76 días en el verano austral del 2003 a 142 en el del 2006).



    Y si comparamos los dos hemisferios, a la misma latitud encontramos que la descarga glaciar es de 3,5 a 4 veces mayor en el Ártico que en la Antártida.

    Fijaros por ejemplo, otro detalle en la Patagonia. Allí en el 2006 seleccionamos otra cuenca glaciar próxima a la anterior ya que estaba disminuyendo muy rápidamente y no queríamos quedarnos sin registro de medida en esa zona. Realmente tomamos una buena decisión porque cuando hemos ido en esta ocasión, ese glaciar donde habíamos comenzado a medir en el 2002, ha disminuido tanto que prácticamente ha desaparecido.

    Y otro detalle, en el Ártico a 79º N de latitud…, es decir, muy arriba ya, nos encontramos lo siguiente. Se trata de Svalbard, donde tenemos otra de las estaciones. Ahí, la temperatura en invierno llega a los -40ºC y en el verano está próxima a 0ºC. De hecho, en esta última década durante la que visitamos el lugar año tras año, vamos comprobando cómo va siendo más alta. Al principio podía pasar de 0ºC y llegar a los 3ºC, pero no duraba más de una semana. Poco a poco, fue rebasando esa cifra, para alcanzar alguna vez la de 7ºC, y son ya varias semanas en el verano en las que la temperatura está sobre 0ºC.

    Y, ¿queréis saber qué ocurrió hace cuatro años? La temperatura alcanzó los… 19ºC. ¡Sí, 19ºC! ¡Increíble! No se mantuvo, alcanzó ese pico un día y volvió a descender. Pero 19ºC a latitud 79ºN es muchísimo. Imaginaros el hielo de los glaciares con esas temperaturas. Si queréis saber lo que nos pasó con la estación, leed aquí: “Svalbard. La temperatura alcanzó…

    Como os comentaba al principio, en todas las estaciones en las que estamos midiendo, estamos encontrando esa evolución muy acelerada del calentamiento global. Una década en la que los cambios están siendo muy significativos. ¿Qué pasará en los próximos años?, ¿qué estamos haciendo como sociedad?
    • Crecimiento acelerado del calentamiento global

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  • Algunas situaciones de peligro

    Ángel, por fin te puedo responder a tu pregunta. Deseo que la espera haya merecido la pena. Ya me dirás.

    Antes de comentaros algunas situaciones de riesgo por la que hemos pasado, quiero que tengáis presente que una de las normas que tenemos en las expediciones que realizamos en GLACKMA es: “que el riesgo objetivo sea mínimo”. ¿Por qué? Sencillamente porque nos gusta mucho lo que hacemos y queremos seguir haciéndolo durante mucho tiempo más.

    Una de las situaciones de riesgo que con más intensidad recuerdo, ocurrió en el verano austral del 2005/06 en la Antártida, en el glaciar Collins donde trabajamos. Ese año habíamos llegado en diciembre a Rey Jorge, y estuvimos en la Base Rusa Bellingshausen. Pasamos después a trabajar a la Base Argentina Jubany y posteriormente en barco navegamos recorriendo la Península Antártica, hasta alcanzar Vernadsky, la Base de Ucrania.

    Diciembre de 2005 en el Collins. Había todavía mucha nieve en el glaciar. Estábamos terminando de tomar unos datos sobre el hielo antes de partir a nuestro próximo destino, Jubany. Esa zona del glaciar la conocíamos como la palma de la mano. Año tras años recorriendo cada rincón. En la cuenca que nosotros trabajamos no hay ni una sólo grieta, podemos andar con tranquilidad. Para poder terminar a tiempo, nos separamos, Adolfo quedó tomando unos datos en una zona y yo subía al Domo del casquete para tomar otros allá arriba.

    Nos separamos cada uno con nuestros objetivos. El día estaba nublado y comenzó a ponerse peor. Las nubes iban bajando de cota y pronto se convirtieron en niebla. Si la niebla es incómoda en la montaña, más todavía en el glaciar, ya que el blanco que te rodea por todos lados hace que pierdas totalmente la orientación.

    Sigo ascendiendo de cota. Pienso: “quizás debiera bajar, se está poniendo peor… Pero sería bueno tomar esos datos arriba, antes de la navegación a la Península Antártica”. Sigo subiendo. El hielo del glaciar no afloraba en ningún lado, estaba todavía cubierto con la nieve del invierno. Me detengo. Me parece querer ver en el suelo, como si existiera una grieta que estuviera cubierta por nieve. Observo bien. “¡La niebla!, qué lata, me complica todavía más la situación…”. Mi corazón comienza a latir con fuerza. No me atrevo a continuar subiendo de cota. Recorro hacia un lado y hacia el otro lo que me parece es la grieta… El problema de la nieve sobre el glaciar es que puede tapar las grietas del hielo, pero puede no estar lo suficientemente compacta para sustentarte si pisas sobre ella. “No puede ser, si es verdad que es una grieta, sería enorme… y en esta zona del glaciar no había nada en estos años anteriores”. Tras mis reflexiones y observaciones, decido seguir subiendo, no puede ser una grieta tan enorme que haya aparecido de la noche a la mañana… Regreso al punto en el que estaba realizando mis mediciones, para retomar el ascenso al domo del casquete glaciar. “No, no… Algo dentro de mí, me dice que no continúe”.

    Regreso, descendiendo cota, dirigiéndome hacia el punto de encuentro que había fijado con Adolfo. A mitad del camino de regreso, me detengo. “No, no puede ser una grieta tan enrome que se haya formado en un verano, tengo que regresar y terminar mi trabajo”. Cambio mi sentido de la marcha volviendo a ascender… Llego de nuevo al punto de las dudas y éstas me abordan de nuevo. El corazón comienza a latir con fuerza. Siento que estoy nerviosa. Pasitos a la derecha, a la izquierda… observo con atención… “No, no puede ser una grieta…”, pero “¿Y si lo es?” Siento la sangre con fuerza empujar en mis venas… Algo, dentro de mí me decía que no debía seguir. Una lucha interna entre lo que quiero hacer y lo que siento… Al final, decidí dejarme guiar por mi intuición y regresé.

    Pasó enero y febrero. Estuvimos en la base Argentina Jubany y entramos en la Península Antártica a la Base Vernadsky de Ucrania. A nuestro regreso, antes de dejar la Antártida, de nuevo en Rey Jorge, subimos al Collins para terminar de tomar esos datos que nos quedaban pendientes.

    Os dejo aquí una foto de lo que encontramos en el lugar de “mis dudas”. Para entonces, final ya del verano, la nieve del invierno se había fundido y el hielo del glaciar asomaba completamente. Me quedé paralizada al descubrir lo que había tenido a mi lado, y sin saberlo, unos meses antes. Me quedé muda, completamente muda de lo que podía haber pasado. Si en aquél momento no me hubiera dejado guiar por mi intuición, no estaría ahora escribiéndoos desde este Blog. De hecho ese año hubo un par de accidentes de caídas en grietas, uno con motos de nieve en el que murieron dos argentinos y otro fue un vehículo oruga, falleciendo tres chilenos.



    ¡Fijaros en el tamaño de la grieta! Y a partir de esa cota, había tantas que parecían las ramas de un árbol. Y contra todo lo “racional”, se generaron en un solo verano. Antes no existían. ¿A qué fue debido? Hubo una cantidad de descarga glaciar tan grande, es decir, se fundió una gran cantidad de hielo en tan poco tiempo, que el hielo del casquete glaciar deslizó en partes y en otras se agrietó. 

    Algunas otras situaciones de peligro hemos tenido en el Ártico, donde tenemos que llevar con nosotros el fusil, debido a la presencia del oso blanco. Para ellos somos comida. Trabajando en la intemperie y estando con tiendas de campaña, tenemos que estar en continua vigilancia… En alguna ocasión, del asentamiento más cercano a 11 kilómetros donde se encuentran las bases, se han acercado a avisarnos de que han avistado a un oso polar en la zona. En esos casos tenemos que aumentar al máximo la vigilancia.



    Otra situación de peligro, ocurrió también en la Antártida, hace un par de años. Viajábamos en pequeñas zodiacs desde la Base Argentina Jubany hasta la Base Rusa Bellingshausen. No eran muy buenas ni estaban indicadas para hacer esta travesía. Nos llevaban a 6 personas con bastante material. Tardaron más de media hora en poner en marcha la zodiac en la que yo viajaba. Allí en Caleta Potter esperando, salimos ya con agua en el fondo de la embarcación. Después el mar empezó a ponerse muy peligroso, las olas entraban por todos lados. En la que yo iba se llenó de agua, tuve que pasarme a otra en medio del mar abierto y un tremendo oleaje. En la que viajaba Adolfo se soltó el motor y el brusco giro que dio la zodiac casi les hace saltar por la borda. Pero eso no era todo, el viento había juntado un montón de fragmentos de hielo, que ha modo de barrera nos cerraban la ruta y había que andar buscando el camino con cuidado de no tocarlos. Al llegar por fin a Bellingshausen, nuestros amigos rusos se dan cuenta que veníamos sin traje de posición ni chaleco salvavidas… ¡Puf!, mejor no pensar lo que podía haber pasado… 

    En Islandia, aforando en un par de ocasiones en las que el río había crecido mucho… me llevó la corriente aguas abajo. Menos mal que Adolfo tenía instalado un sistema de seguridad y me sacó de allí antes de que llegase a tragar demasiada agua.

    Estos son algunos ejemplos, pero como os podéis imaginar hay más situaciones de peligro…, uno trata de olvidarse de ellas y de aprender para el futuro.
    • Algunas situaciones de peligro
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  • Temas pendientes para contar a los expedicionarios de Salamanca

     

    Amigos expedicionarios, tras un fin de semana en la sierra y con toda la familia, he recogido la energía necesaria para sobrevivir en este mundo civilizado… Así que, aquí estoy de nuevo, inspirada para continuar escribiendo.

    Antes de cerrar la parte del Blog correspondiente a vuestra expedición virtual a la Antártida, quiero completaros con algunos artículos más, como os había anunciado con anterioridad, de algunas cosillas que nos han quedado pendientes. Las aventuras han ido aconteciendo, una tras otra con tanta intensidad, que no ha habido espacio en el tiempo para hablaros de todo. Así que antes de despedirme de vosotros, os las dejaré aquí escritas.

    He revisado mis notas del cuaderno de bitácora y os voy a hacer una lista de lo que tengo apuntado y pendiente. Mirad a ver si me falta algo o si tenéis alguna curiosidad o si queréis que os escriba sobre algo en concreto. Me lo decís y lo añado a mi lista de temas.

    Aquí van:

    -        Lo primero que haré es escribir sobre la pregunta, que en la entrevista por el teléfono satelital, me hizo Ángel del colegio José Herrero: “¿Habéis estado en peligro en alguna ocasión?” Le prometí que sobre ello quería escribiros, además una de esas situaciones de peligro ocurrió en el glaciar Collins de la Antártida, que ya sabéis donde está ubicado.

    -        ¿Qué es lo que estamos encontrando con las mediciones en las estaciones, tanto del Ártico como de la Antártida?

    -        Unas cuantas fotos y videos que os hice sobre la fauna antártica

    -        Algunas curiosidades sobre el hielo… que nunca se os van a olvidar.

    -        El trabajo que hicimos en la Antártida cuando cruzamos a la Base Argentina Jubany

    -        Un viaje en zodiac que nos brindó Oscar por Caleta Potter cuando estábamos en Jubany

    -        Lo confortable y “menos confortable” del trabajo a la intemperie cuando tenemos que estar acampados

    Estos son los temas que tengo apuntados. Lo dicho, mirad a ver si queréis que complete mi lista con alguna otra cosa.

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  • Ayudadme con un título para este artículo

    Os decía el otro día que me sentía como un personajillo de un libro de aventuras al que hubieran arrebatado de su historia. Y sigo igual… A veces creo haber realizado un viaje en el tiempo. Otras, creo todavía vivir en un mundo mágico y de repente es como si un extraño y poderoso viento estelar me capturase y contra mi voluntad, me trajese aquí.

    La ciudad llena de coches, gente por todos lados. Un ruido infernal me aturde… atrás quedó el silencio. No se puede respirar, esto no deberíamos llamarlo aire… atrás quedó el abrir a tope los pulmones y llenarse de aire puro. Los ojos me escuecen… necesitan un tiempo para habituarse. Miro a lo lejos y… atrás quedó el poder ver paisajes a decenas de kilómetros con tanta claridad como si estuvieran justo delante.

    Es difícil vivir en este mundo. Lo llaman civilización. Dicen que hay calidad de vida.

    Al andar, miro al suelo. Ya no hay nada para recrear la vista delante. De mis pies han desaparecido las botas de montaña. El suelo asfaltado, liso, llano… pero ¿qué esto? Alrededor gente y gente… me siento invadida en mi entorno. Personas y personas caminando de prisa a todos lados. Observo las caras de la muchedumbre. Son más bien tristes, cansadas, estresadas, afligidas, apagadas… les falta vida, alegría…

    ¿Dónde estoy?

    Son pocos días por aquí y la sociedad ya deja ver de nuevo la falta de solidaridad y de trabajo en equipo, todo está invadido por un egoísmo exagerado y por un tratar de “ser el mejor, el único”. No importa si para conseguir ese fin se pisa o se aplasta a los demás, no parece que haya escrúpulos de ningún tipo. La falsedad es de nuevo la nota predominante… ¿Dónde se escondió la sinceridad? Esto es peor que estar en la jungla rodeados de fieras.

    La familia, la gente que quieres, los amigos… son un soporte fundamental para no escaparse de nuevo y salir corriendo de este mundo.

    Ya veis, se me hace muy cuesta arriba el regreso. No encuentro ni un título para esta nota. ¿Queréis ayudarme vosotros a ponerle uno?

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  • Mientras me ubico… os dejo unos videos de la caminata por el Paine

    En Salamanca. Atontada, desubicada…

    ¿Sabéis cómo me siento? Como si fuera un personajillo de un libro de aventuras, hubiera aparecido de repente una fuerza exterior, me hubiera arrebatado de mi historia y me hubiera plantado en medio de este mundo “civilizado”, alocado, lleno de prisas. Estoy completamente desorientada en medio de esta vorágine. Fijaros que no soy capaz ni de escribir, me cuesta mucho, no me brotan las palabras como antes…

    Mientras soy capaz de hacerme cargo de la nueva situación y logro retomar el hilo de lo que os estaba contando, os he preparado estos vídeos de nuestra caminata por el Parque de Torres del Paine. Así podéis ver un poco la variedad de terrenos por los que tuvimos que andar.

     

    En este otro os cuento algo sobre los bosques de lengas y la formación de las turberas.


    Y aquí os dejo el lugar donde tenemos instalada la estación nueva, es decir la del año 2006, y donde tendremos que venir de nuevo en mayo a reinstalar los equipos.


    Finalmente este es… es… bueno, a ver si sabéis lo que.



    Ya me diréis vuestras impresiones al ver los vídeos y si os habíais imaginado así la zona por la que tuvimos que andar.

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  • En el aeropuerto de Santiago de Chile

    En este momento estamos en el aeropuerto de Santiago de Chile, tras unas horas de espera tomaremos ya nuestro avión hasta Madrid.

    Os escribo estas líneas para deciros que me quedan algunas cosas pendientes por contaros. Se han sucedido tan rápidamente los acontecimientos en la expedición que he ido acumulando unas cuantas notas en mi cuaderno de bitácora para escribiros. Así que una vez lleguemos a España, os seguiré durante unos días escribiendo algunos artículos hasta que complete todo lo que tenemos pendiente.

    Ahora, todavía sin terminar la expedición y a punto de meterme en el mundo “civilizado”, os quiero dar las gracias por todo el apoyo incondicional que hemos recibido durante estos meses con vosotros desde el otro lado de la pantalla. Realmente ha sido una experiencia maravillosa para nosotros.

    El próximo artículo lo recibiréis ya desde España. ¡Ah!, por cierto, si me veis por Salamanca, no dudéis en pararme y saludarme. Sería para mí una verdadera alegría encontraros por las calles de la capital charra.


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