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Blog: Karmenka desde los Polos

  • La erupción bajo el glaciar Vatnajökull

    Nos quedaba pendiente de hablar de un fenómeno muy curioso que tiene lugar en Islandia: ¿qué ocurre cuando entra en erupción un volcán que se encuentra ubicado bajo un glaciar? ¡Escuchad esta historia que vivimos!

    Regresando de Islandia de expedición a principios de septiembre del 1996, en el ferry camino de Dinamarca, llega la noticia: una erupción tiene lugar en Islandia, un volcán ubicado al noreste bajo el glaciar Vatnajökull. La erupción es bastante fuerte y al tener lugar bajo el hielo, funde grandes cantidades de éste. Los islandeses están tratando de averiguar por donde saldrá todo ese hielo fundido, ya que puede ser catastrófico debido a las dimensiones de la erupción.

    Sin embargo van pasando los días y no aparece por ningún flanco del Vatnajökull. Los vulcanólogos apuntan a que será por el norte, ya que el volcán que ha entrado en erupción bajo el hielo, se encuentra tan sólo a unos 25 km del final del glaciar en su flanco norte y más de 80 km del sur. Los glaciólogos, por el contrario, conocedores de la topografía de la roca de fondo que hay bajo el hielo gracias a trabajos de geofísica de radar, confían en que la salida de todo ese hielo fundido por la erupción se producirá por el sur.

    Ya han pasado más de 20 días de la erupción y todavía no ha salido nada por ningún flanco del casquete glaciar. Con algunas mediciones comprueban, para su sorpresa, que la caldera volcánica Grimsvatn, ubicada también bajo el hielo del Vatnajökull y a unos 15 km hacia el sur de donde tuvo lugar la erupción, se está llenando.

    Esta caldera con forma de corazón –recordemos que está también bajo el hielo-, se llegó a llenar completamente con el hielo fundido por la erupción. Su capacidad es del orden de unos 3000 hectómetros cúbicos! Y, ¿qué pasó entonces?, que rebosó y se erosionó por su flanco más bajo, el del sur… y se vació de golpe. ¡Sí, de golpe! El llenado de la caldera tardó un mes y el vaciado poco más de 30 horas. De manera que los efectos fueron devastadores.



    Se generó bajo el glaciar un túnel de una anchura de 80 metros por una altura de 50 y una longitud de 75 kilómetros. Sí, 75 km, hasta alcanzar el extremo sur del casquete glaciar. En esas 30 horas de vaciado se alcanzaron caudales punta del orden de los 40000 metros cúbicos por segundo (para que tengamos en mente cuánto supone esa cantidad, pensemos que es el caudal del río Congo, el segundo río más caudaloso de la tierra)



    Esta salida se produjo por el frente de la lengua glaciar Skeidararjökull, al sur del Vatnajökull, e hizo desaparecer 35 km de la carretera perimetral. Para ser más conscientes del trastorno que supuso para los islandeses esto, debemos de recordar que sólo tienen esa carretera casi asfaltada en su totalidad, y es justamente esa, la carretera perimetral ó nacional 1. El resto son pistas de ripio, lava pisada, piedras o el material sobre el que pasen, por las que sólo te puedes mover con todoterrenos que puedan vadear ríos. Además esa salida les cortó el tendido eléctrico, se arrastraron bloques de hielo de hasta 5000 toneladas, y se llevó completamente dos puentes de la carretera y sus pilotes, que estaban a 35 metros por debajo del río. De hecho una de las vigas del puente de 900 metros, se conserva ahora –toda retorcida y deformada- como un monumento al lado de la nueva carretera.

    En total se calculó que fue una cantidad de 3,5 kilómetros cúbicos de masa glaciar fundida en forma de agua, según las estimaciones energéticas de los vulcanólogos islandeses. Y para que nos hagamos una idea de cuánto suponen esos 3500 hectómetros cúbicos de hielo fundido, podemos apuntar que sería equivalente a la capacidad de cada uno de los dos embalses mayores que tenemos en España, el de Aldeadávila y el de la Almendra.



    Conocemos todo esto muy bien porque al regresar al año siguiente (1997) a Islandia, nos metimos hasta el frente de la salida en el glaciar y estuvimos reconociendo y analizando todo lo que observamos… unas fotografías increíbles…, de hecho tenemos preparada una conferencia sólo de eso.



    A propósito, por curiosidad, ¿queréis saber cómo llaman los islandeses a esas manifestaciones extremadamente violentas de la naturaleza cuando tiene lugar una erupción bajo un glaciar? Jókulhlaupt (que se pronuncia “yoculjloip”) Y,  ¿sabéis lo que significa? Mermelada o jalea de glaciar.

    • La erupción bajo el glaciar Vatnajökull
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    • La erupción bajo el glaciar Vatnajökull

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  • ¡Muchas gracias por vuestro apoyo!

    Llegamos a España muy contentos con los resultados de esta mini-expedición a Islandia. El esfuerzo mereció la pena. La estación queda reequipada con nuevo instrumental y mantenemos continuidad de datos en las series horarias registradas. ¡Ninguna laguna de información! ¿Qué más podemos pedir?

    Pues algo más… nos hemos encontrado una verdadera sorpresa a nuestra llegada: la campaña de solicitud de apoyo realizada por Gildo -socio de GLACKMA encargado de la Comunicación y Relaciones Institucionales-.  Presentábamos un proyecto a la Fundación Biodiversidad para conseguir subvención y poder desarrollar el programa de comunicación y divulgación “¿Qué nos dicen los glaciares?”. Es fundamental contar con apoyo popular e institucional y como sabéis por nuestra web (Trayectoria de Glackma), aunque llevamos más de una década trabajando sin cesar en esta línea, hemos creado recientemente esta Asociación sin ánimo de lucro. Queremos desde ella contribuir a la concienciación, sensibilización y educación ciudadana con respecto al cambio climático y su repercusión en el medio ambiente. Y, ¡claro!, como Asociación somos novatos, aunque como experiencia en el trabajo somos unos verdaderos veteranos. De manera que nos es imprescindible contar con ese apoyo popular e institucional.

    Estamos encantados con las respuestas que en este sentido estáis teniendo. Desde aquí queremos mandaros un agradecimiento muy especial a todos los que nos estáis enviado vuestra carta de apoyo, a todos los que nos estáis siguiendo desde Facebook, a todos los que a menudo visitáis nuestras páginas web, a todos los que nos estáis consiguiendo simpatizantes y seguidores  y a todos los que os estáis afiliando a la Asociación sin ánimo de lucro GLACKMA. ¡Sois todos bienvenidos!

    ¡Muchísimas gracias! Os confieso que a nuestra llegada habéis logrado emocionarnos con todo vuestro apoyo.

    • ¡Muchas gracias por vuestro apoyo!
    • ¡Muchas gracias por vuestro apoyo!

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  • Un paisaje lunar. Mi lugar preferido en Islandia

    (crónica recibida por teléfono satelital. Fotos: Archivo Glackma)

    Os comento que empezamos ya con la retirada, hemos pasado de nuevo por la estación para chequear que todo queda funcionando perfectamente. Y, ¿sabéis? Por aquí también ha venido la nieve, de manera que cada vez estamos más contentos por la suerte que hemos tenido del momento en que realizamos la instalación. Lo del viento ha sido lo mejor, visto lo visto.

    De nuevo tomamos la pequeña avioneta, esta vez no ha sido “de papel” y ya estamos en Reykiavik. Nos queda el último paso para alcanzar España con un par de vuelos. Al final ¿sabéis que en nuestra ruta de los últimos días llegamos a rodear toda Islandia? ¡Eso sí!, privándonos ya de más intentos por el interior.

    Uno de los lugares que tenía ilusión de ver ahora -completamente cubierto de nieve- está en el pleno centro de Islandia. La primera vez que lo contemplé quedé maravillada y a partir de entonces siempre que puedo trato de verlo. Se trata de Askja y su entorno, kilómetros y kilómetros cubiertos de pumita. Parece un paisaje lunar. Moverse por ese entorno es como andar por otro planeta. ¡Es increíble! Os dejo algunas fotos que tengo de expediciones anteriores para que lo conozcáis.

    Y, ¿qué es Askja, aparte de uno de mis lugares preferidos? Os hablaba en el artículo anterior del sistema volcánico de Krafla. Pues bien, asociados a este rift y al sur de Krafla se encuentra el estratovolcán Askja, cuyo nombre se refiere a varias calderas anidadas en los alrededores de las montañas Dyngjufjöll, que apenas sobrepasan los 1500 metros. En una de estas calderas está el famoso lago Öskujuvatn que tiene una superficie de casi 12 kilómetros cuadrados y es el lago más profundo de Islandia con 220 metros.

    Kilómetros y kilómetros y kilómetros de este entorno están cubiertos por pumita o piedra pómez. Se trata de una roca volcánica, que es muy porosa y por tanto con una baja densidad, es decir flota en el agua. ¿Sabéis cómo se forma? Cuando la lava es proyectada al aire sufre una gran descompresión y como consecuencia se produce una desgasificación, quedando espacios vacíos separados por delgadas paredes de vidrio volcánico. Aquí hubo verdaderas lluvias de piedra pómez, quedando cubiertas grandes extensiones de terreno.  

    En la costa noreste del lago Öskujuvatn -del que os hablaba más arriba- adosado a Askja se encuentra un cráter de explosión algo más pequeño, con unos 150 metros de diámetro y 80 metros de profundidad, llamado Víti. Tiene un lago geotermal de agua azul-verdosa,  opalina, muy rica en minerales… Es maravilloso un baño aquí, en medio de la naturaleza virgen, sabiendo buscar horas en las que no hay ningún turista. Es de una paz totalmente gratificante. Paradójico con la palabra islandesa “víti”, que significa infierno ya que antiguamente se pensaba que el infierno se encontraba bajo los volcanes.

    Si os parece, cuando regrese a Salamanca os contaré una cosilla más de Islandia. Hemos visto que se combinan el hielo y el fuego, es decir los glaciares con los volcanes. Pero, ¿qué pasa cuando un volcán -ubicado bajo un glaciar- entra en erupción? Ya veréis que espectáculo y qué fuerza la de la naturaleza. Os lo cuento desde España, así como pequeños videos que he ido haciendo durante el viaje, que os los iré preparando y subiendo poco a poco, para que veáis algunas otras cosas de este país.
  • Barro hirviente y solfataras

    (crónica recibida por teléfono satelital. Fotos: Archivo Glackma)

    Tenemos un tiempo de lo más variado: algo de sol, lluvia, nieve, el viento que sigue haciéndonos compañía e incluso abundante nieve helada. Nuestros intentos de entrar hacia el interior por diferentes pistas han sido todos fallidos. Nos convencemos de que eso hay que dejarlo para el verano.

    Una de las veces ascendiendo rápido de cota, el volumen de nieve que había sobre la pista se incrementó casi sin ser conscientes de ello y en un ventisquero se nos quedó el coche. Tuvimos que apartar la nieve de debajo –sin pala-, utilizar las marchas cortas, el bloqueo diferencial, empujar, un poco de paciencia y lo logramos sacar. Otra de las ocasiones nos cayó una tremenda nevada por la noche y al día siguiente fue complicado no sólo encontrar la pista, sino avanzar por ella. De manera que al final nos convencemos que en esta época es mejor hacer un recorrido sin ascender mucho de cota y mantenernos lo más posible en la carretera perimetral.

    En nuestra ruta atravesamos una parte del rift en el norte de Islandia. Pasamos por el sistema volcánico de Krafla que cuenta con una caldera de aproximadamente 10 km de diámetro y una larga zona de fisuras. Se han registrado veintinueve erupciones de este volcán de 2 km de profundidad, teniendo lugar la última de ellas en 1984. Entre los años 1724-29 tuvieron lugar los llamados fuegos de Mývatn, donde numerosas fisuras volcánicas se abrieron y las fuentes de lava ocasionadas se pudieron ver desde el sur de la isla. Asociada a Krafla existe una planta geotérmica que abastece gran parte del consumo energético del país que está funcionando desde 1977. De ella os he dejado un par de fotos en uno de los primeros artículos de Islandia, cuando os hablaba del clima y la población.

    En los alrededores se puede contemplar una fantástica área geotermal plagada de barro hirviente, solfataras y fumarolas. ¿Sabéis que las solfataras se caracterizan por el olor a huevos podridos? Ello es debido a que desprenden ácido sulfhídrico, el cual en contacto con el aire deposita una pátina amarilla de azufre nativo.

    Otra curiosidad, ¿sabéis por qué surge ese barro hirviente en lugar de agua? Es debido a que en esa zona donde se produce, al acuífero subterráneo ya no le queda prácticamente agua, sólo la de la arcilla y por tanto aflora el barro hirviente.

    En el margen del sistema volcánico de Krafla se encuentra el lago Mývatn, que con sus 39 kilómetros cuadrados es el tercero en tamaño de Islandia, mientras que su profundidad sólo llega a los 4 metros. El área de este lago está considerada como El Dorado de los vulcanólogos y los ornitólogos, aunque también fascina a los interesados en la evolución del paisaje, la geología glacial y la geografía de los asentamientos. Podemos decir que es un extraordinario laboratorio al aire libre.  

     
  • Un viaje estelar con aurora boreal

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Recorremos por el norte de Islandia los diversos fiordos con sus pueblos pesqueros y subimos hasta la parte más septentrional de la isla, donde se ubica el faro Hraunhafnartangi. Estamos a latitud 66º 30’ N, a tan sólo tres millas del Círculo Polar Ártico. Se notan las horas de luz que han aumentado de la parte sur de donde veníamos a latitud 64ºN.

    El día finaliza despejado, lo que hace que tengamos un bonito cielo estrellado. Abrigándose bien –ya que el viento continúa soplando con fuerza y bajando la sensación térmica- queda una noche preciosa para disfrutar de las estrellas. Localizo la Osa Mayor, la Osa Menor con la estrella Polar y a continuación la constelación de Casiopea. Por cierto, qué alta se ve aquí la Polar en comparación con nuestras latitudes en España, ¡claro, estamos más cerca del Polo Norte!

    Me gusta mucho la constelación de Orión, con su destacada Betelgeuse, que es una estrella supergigante, unas 400 veces más grande que el Sol. Me fijo en el llamado cinturón de Orión o las tres Marías y trazando una línea imaginaria alcanzo Sirius, una estrella muy brillante que pertenece a la constelación de Canis Mayor.

    Prolongo ahora esa línea imaginaria en sentido contrario y me encuentro con la espectacular Aldebarán, que es la más brillante de la Constelación de Taurus, el Toro. Aparece como parte de un grupo estelar en forma de V que forman la cara de Taurus, de hecho es conocida a menudo como el fiero ojo rojo del toro. Su nombre proviene del árabe Al Dabaran que significa “la que sigue a”, ya que sale después de las Pléyades y las sigue a lo largo del cielo. Es una estrella gigante rojo-anaranjada, muy conocida por los navegantes.

    Una vez que me he impregnado de esta maravillosa noche estelar, pienso en el saco de dormir, donde refugiarme del viento frío que no deja de soplar. Pero entonces… ¿qué veo? Me parece que allí, hacia Casiopea, parece querer empezar tenuemente una aurora boreal. He tenido la suerte en mis diversas expediciones a Islandia, de contemplar unas cuantas veces este maravilloso espectáculo. Distingo muy bien cuándo empieza a formarse una. Pero… no me quiero hacer muchas ilusiones.

    Cuando ya no hay duda se lo digo a Adolfo: “Mira hacia allí, no te vayas al saco todavía”. Parece comenzar con un blanco brillante, como una especie de cortina llena de pliegues cubriendo Casiopea. Poco a poco empiezan a aparecer tonos amarillos, con brillos más intensos, al mismo tiempo que se va extendiendo en el cielo.

    Después, como por arte de magia surgen los tonos verdosos y rosados. Una mezcla de colores y brillos, propia y única de la paleta de una gran artista: la naturaleza. Ocupa ya casi toda la bóveda celeste, no sé hacia donde mirar. Se asemeja a una enorme cortina fabricada con finas telas de seda que ondulan con los vientos estelares. Es increíble, porque uno no ve directamente el movimiento, pero al cabo de unos segundos es evidente que han cambiado los pliegues, los colores, los brillos y las formas.

    Mientras absorta la contemplo, mi mente -que es muy imaginativa- en seguida me hace viajar a un mundo mágico. En este caso, sueño estar moviéndome por el espacio, de estrella en estrella. Y así, en medio de esta mezcla de realidad e imaginación, mi viaje estelar va llegando a su fin al mismo tiempo que la hermosa aurora boreal se va disipando. Tal y como apreció así desaparece, todo como si fuera por arte de magia.

    Soy consciente que ante mi mirada ya sólo quedan las estrellas y de repente percibo que me he quedado helada observando atónita el espectáculo. ¡Casi una hora de aurora boreal! Otro tanto llevaría antes con las estrellas… así que directa al saco de dormir. Estoy segura que allí calentita seguiré “soñando” con mi reciente viaje estelar.
  • Nos ponemos en ruta

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Concluida la instalación de la nueva estación, las sondas antiguas funcionando perfectamente, la serie de datos -almacenados durante el año- extraída con éxito, llenos de felicidad por lo conseguido, con unos días de margen hasta nuestro regreso, un coche en las manos y en medio de este país con una naturaleza tan espectacular… ¿qué otra cosa podemos hacer sino es recorrer algunos lugares de la isla?


    Prácticamente conocemos todas las carreteras, pistas, caminos… ya que llevamos haciendo expediciones a este país durante años, y cuando nos ha quedado tiempo disponible hemos aprovechado para recorrer y aprender. Porque andar por Islandia es cómo ir pasando página tras página de un maravilloso libro de geología. Observando, teniendo interés, curiosidad y leyendo se puede aprender un montón aquí.


    Os confieso que ha sido viajando por este país, donde me he aficionado a la geología. De pequeña era ya una verdadera amante de la naturaleza, de las exploraciones, de lo desconocido… pero con Islandia aprendí a leer en campo y a aficionarme por la geología. Adolfo fue un gran maestro en esta faceta. Recuerdo que le pedía siempre que todo lo que viese o analizase o pensase -según iba observando lo que tenía delante- que lo fuera contando en voz alta. Mi interés fue tal que siendo ya profesora de matemáticas en la universidad, realicé varios cursos en la licenciatura de geología primero e ingeniería geológica después. De esta manera logré completar mi formación para la investigación que actualmente llevo a cabo en el mundo de la glaciología.


     Os decía más arriba que conocemos prácticamente todos los rincones, pero siempre ha sido en verano. Sólo una vez estuvimos en pleno invierno, cuando las condiciones de nieve, hielo y noche polar no permitían moverse demasiado. Y ahora, es la primera vez que estamos en este país en la primavera. Es por tanto muy interesante para nosotros explorar en esta estación alguna de las zonas que tanto conocemos por aquí.


    Comenzamos nuestra ruta ascendiendo hacia el norte por el este. Una parte del recorrido la hacemos por la carretera de circunvalación asfaltada, pero en cuanto podemos nos metemos por las pistas interiores. La primera gran diferencia que encontramos es la nieve que hay todavía. Y es que realmente el país queda completamente cubierto de blanco en invierno y ahora va fundiéndose poco a poco. De hecho, lo que en verano es hierba y tundra cubriendo todo con una especie de tapiz de tonos verdosos, ahora es completamente marrón. Según se va fundiendo la nieve aparece debajo la vegetación, quemada por el frío. Se irá recuperando poco a poco hasta volver a adquirir en la época estival, ese tono verdoso típico de Islandia.


    La carretera de circunvalación como va prácticamente a nivel del mar, está libre de nieve, pero en cuanto ganamos unas decenas de metros de cota ya está todo cubierto de nieve e incluso hielo. En las ruedas del coche tenemos clavos, así con el hielo no hay problema. Con lo que tenemos que tener cuidado son con las zonas de nieve acumulada, los ventisqueros y en los puntos donde la nieve se va fundiendo. De manera que la precaución habitual que hay que tener en verano con los vadeos de ríos –algunos muy caudalosos-, ahora hay que completarla en otras facetas. De hecho en muchas de las pistas, nos encontramos con el cartel de “cortado o intransitable”.

    Hablando de ríos os adelanto que son muy numerosos y bastante caudalosos debido a las importantes precipitaciones y al deshielo de los glaciares. Sin embargo ninguno es navegable debido a las rápidas corrientes. Casi todos son turbios ya que van cargados de detritos y el color de las aguas es lechoso –el típico de las aguas provenientes de glaciares-.


    Intentamos transitar por una pista que avanza junto al Jökulsá Á Fjöllum, que es el segundo río más largo de Islandia -206 kilómetros- y cuenta con la mayor cuenca -7.750 kilómetros cuadrados-. A pesar de ello no es más que el cuarto más caudaloso, ya que la región que recorre es una de las más secas del interior de Islandia. Tiene una impresionante cascada, Dettifoss, de 45 metros de altura y 100 metros de ancho, con una media anual de caudal de 193 metros cúbicos por segundo. ¡Son cifras impresionantes!

    No logramos llegar hasta ella ahora, todo queda en un intento fallido. La pista está cortada por grandes acumulaciones de nieve en las zonas más altas y por enormes torrentes que la atraviesan. Pero al menos disfrutamos del paisaje primaveral islandés, que para nosotros en España sería más que invernal. Las fotografías que os dejo son de la época de verano, de una de nuestras expediciones anteriores.

  • Yo no me doy por vencida…

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo Glackma)

    Al meterme en el saco, calentita, seca y confortable, mi mente va quedando preparada para hacer un poco de introspección antes de dormir y analizar el día. Lo primero que percibo son sentimientos enfrentados, por un lado la alegría de tener la nueva estación ya instalada funcionando perfectamente y además muy bien instalada. Por otro lado la profunda tristeza de no tener las sondas antiguas funcionando. Hay tanto esfuerzo continuo -año tras año- detrás de cada una de las estaciones que tenemos en GLACKMA… Hay mucho trabajo detrás, mucho sacrificio personal… Y es tan importante para lo que estamos haciendo, no tener laguna de datos en las series temporales que registramos… Me va invadiendo poco a poco una tristeza demasiado oscura, fría… la percibo agarrada en lo más profundo de mi corazón, como si fuera  interminable. ¡No, no puedo consentir quedarme dormida con esas sensaciones! 

    Empiezo entonces a dirigir mi mente hacia sentimientos positivos. Ha sido una verdadera suerte el haber venido ahora para hacer la reinstalación. Si hubiéramos esperado hasta la próxima primavera –tal y como estaba previsto inicialmente- la laguna de datos hubiera sido mucho mayor. El esfuerzo y sacrifico realizados al tomar la rápida determinación de venir ya –sin haber podido descansar de las campañas antártica y patagónica- han merecido la pena. La estación que hemos puesto ha quedado perfecta, las sondas son mucho más resistentes a las inclemencias del tiempo, la memoria de almacenaje de datos es muchísimo mayor y nos va a permitir poder distanciar las salidas de campo. Lo que repercutirá directamente en el trabajo acumulado de gabinete, que lo vamos a poder ir actualizando poco a poco.

    Con respecto a la estación antigua, trataremos de soltarla mañana y la llevaremos con nosotros. Se la mandaremos después a la fábrica alemana y a lo mejor pueden salvar datos almacenados. Quizás está funcionando y el problema es sólo de la conexión con el ordenador. De todas maneras mañana –ya con la luz del día- voy a hacer un montón de intentos. Cambiaré el software para la sonda en el ordenador, reinstalaré el programa, probaré con la PDA, buscaré una pila nueva para el cable de conexión… Agotaré todas las opciones. Si en Patagonia fui capaz de recorrer 60 kilómetros en un día para intentar otras alternativas, aquí que lo tengo todo al lado, os podéis imaginar que agotaré todas las opciones imaginables y casi diría yo, inimaginables.

    Con esos sentimientos positivos, me quedo tranquila y dormida. Al día siguiente, comienzan mis pruebas… sin resultado alguno. Sólo me queda pendiente la última alternativa, cambiar la pila del cable de conexión. Cogemos el coche y nos vamos hasta Höfn a buscar la pila necesaria. Regresamos y ya casi al oscurecer estamos de nuevo junto a nuestra estación. Saco el ordenador, pruebo de nuevo… y ¡nada!, la sonda no funciona o sigo sin poder hacer la conexión entre ella y el ordenador.

    Así como estas sondas alemanas son muy resistentes a las inclemencias de tiempo a las que están expuestas, el software lo he encontrado siempre muy débil, muchos puntos mejorables he ido encontrando a lo largo de todos estos años. A modo de robot -siguiendo el protocolo imaginario que establecí anoche, para agotar todas las posibles alternativas- comienzo de nuevo a cambiar el programa, reinstalando las diversas versiones que han ido sacando a lo largo de estos años. ¡No logro nada! Me siento como una hormiguita tratando de derribar un muro enorme.

    Siguiendo mi esquema, dejo el ordenador y trabajo con la PDA. ¡Nada, nada, nada! Cierro el programa, lo abro de nuevo, apago la PDA, la enciendo… no os podéis imaginar la cantidad de intentos realizados y por tanto la cantidad de resultados fallidos acumulados… Y de repente, ¡conseguido!, ¡sí, sí!, hago conexión… Trabajando con un cuidado exquisito, como si se me fuera a romper lo que tengo entre mis manos, miro a ver si hay datos almacenados… ¡sí, está la serie completa! Mis ojos se abren al máximo, mi respiración casi se detiene. “¿Lo conseguiste?”, me pregunta Adolfo. “Puede que sí…, espera”, le digo. Casi temblando, doy la orden para extraer todos los datos almacenados en la sonda. Mientras tiene lugar la operación noto que mi corazón casi se va a salir del tórax… No puedo describir la alegría que sentí cuando el fichero de datos estaba bajado por completo en mi agenda. “¡Sí, sí, sí, lo tenemos! Conseguido. No hay laguna de datos” grito con fuerza. No me lo podía creer. En mi cara se dibuja una sonrisa enorme, si existiera diría que es una sonrisa infinita…

    Buscando alguna foto para acompañaros este artículo, os dejo dos paisajes invernales islandeses (son de hace dos años en diciembre). En medio del frío, del hielo, de la noche polar, una tenue luz de amanecer nos anuncia que un nuevo día comienza con cuatro horas de luz por delante… toda una esperanza. De la misma manera os puedo asegurar, que en medio de todos los contratiempos, de todas las adversidades… yo no me doy por vencida.
  • Reinstalada la estación CPE-KVIA-64ºN

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Tenemos suerte y el río viene con menos caudal del que podría llevar. Sí, fijaros que aún así os decía ayer, que el agua en el punto de la instalación me llega a la altura de los hombros. Un poco más y no podría trabajar aquí. En verano lleva muchísimo más caudal y ahora en primavera es más aleatorio.

    Antes de venir, estuvimos analizando con detalle las series de datos de años anteriores, para seleccionar un buen momento que nos permitiera hacer la instalación. A la única conclusión a la que llegamos es que debía ser la primavera, sabiendo que después íbamos a necesitar un factor de suerte. Y es que analizando las series anuales con detalle, en esta época puede pasar de menos a más caudal en tan sólo unos días. Y a continuación volver a disminuir y aumentar de nuevo. Es una época con muchas oscilaciones.

    Evidente que mucho menos caudal hay en invierno. En esta estación estuvimos en una ocasión, el problema ahí es la cantidad de hielo que hay que dificultaría mucho nuestro trabajo en el borde del río, pero sobre todo las pocas horas de luz. Teníamos solamente 4 horas contando la penumbra del atardecer y del amanecer.

    La mejor opción por tanto, venir en la primavera con días suficientes para tratar de encontrar algún momento con un caudal más bajo que nos permita el trabajo. De momento parece que está a nuestro favor. A ver si nos da tiempo a hacer la instalación antes de que suba el nivel. 

    El agua que me ha entrado en el traje está fría y siento como -sobre todo mis pies- poco a poco van perdiendo la sensibilidad. Tenemos una ventaja a la hora de fijar el carril metálico a la pared, y es que al ser de hormigón –recordemos que es un antiguo pilón del viejo puente- es bastante regular. De manera que los problemas que nos encontramos habitualmente al trabajar en paredes de roca, aquí no los tenemos.

    Avanzamos bastante bien con el trabajo. Realmente se nota la experiencia que vamos cogiendo con este tipo de instalaciones. Metida en el río con el agua hasta los hombros, los pies sin tacto alguno, la taladradora en las manos y todas las herramientas frente a mí, pienso que cualquiera diría que soy profesora de matemáticas. Os puedo asegurar que una de las cosas que he aprendido en las expediciones, es que tienes que ser una especie de todo-terreno, tienes que ser capaz de tener autonomía en todas las facetas posibles, cuanto más variadas mejor.

    ¡Vaya! El viento vuelve a soplar con fuerza. Una racha que comienza con gran violencia, me lleva mis guantes de trabajo al río. Puedo salvar uno, el otro no logro alcanzarlo a tiempo, ha sido ya arrastrado por la corriente del río. Los había sacado mientras tenía que trabajar con las manos bajo el agua, para evitar tenerlos mojados… y ahora ni mojados, ni secos, uno ya no lo tengo. Con el frío, el viento y el polvillo de las perforaciones en la pared las manos sufren bastante y la protección de los guantes me ayuda mucho.

    Adolfo, desde arriba del pilón, protege todas las herramientas y el material de instalación, parece que el viento va adquiriendo cada vez más fuerza. Nos vemos obligados a disminuir el ritmo de trabajo, pero tenemos que continuar, por lo menos hasta dejar la estación medio presentada.

    Una de las veces en las que estaba en el borde del pilón -fuera del río, haciendo una sujeción- surgió una racha violenta de viento que me hizo perder el equilibrio. Por salvar una de las herramientas, caigo yo al agua. Menos mal que conocía bien como es el fondo del río en la zona de trabajo y gracias a eso evito golpearme con las piedras del fondo. Recordad que a través del agua –completamente opalina- no se llega a ver nada. 

    Termina el día y lo más fundamental de la nueva instalación queda hecho. Al día siguiente completamos el trabajo y los detalles más delicados. Se nos mantiene también sin llover y el viento ha aflojado un poco. El río ha comenzado a subir de nivel, pero ya nuestro trabajo es sobre el pilón. Finaliza el día y ya tenemos funcionando la nueva estación CPE-KVIA-64ºN de GLACKMA, que reemplaza a la anterior.

    Ya casi en penumbra ha llegado el momento de la verdad. Mirar a ver si la antigua estación está funcionando. Cojo el ordenador, el cable de conexión, abro la tapa para acceder al lector de una de las sondas antiguas y… En mi mente pasó rápidamente a modo de película todo lo vivido recientemente en Patagonia: la sonda con la que no pudimos conectar, la caminata después por la montaña de 60 kilómetros para tratar de hacer otra prueba cambiando el software del ordenador… y la tristeza al ver que no era posible. Todos los medios y el esfuerzo personal para nada… Percibí de nuevo cercana la tristeza que me invadió entonces. Cuando tenía que regresar los 30 kilómetros de camino, después de no haber conseguido nada, teniendo que sacar fuerzas de donde no había… Todo esto pasó en unos minutos por mi mente mientras el ordenador se encendía.

    Mi mano hace la conexión del cable y el lector, “¿qué ocurrirá ahora? Esta sonda es de la misma hornada que la de Patagonia. Son las dos estaciones que nos quedaban por reinstalar para sustituir las sondas más antiguas. En principio les quedaban unos 3 años de vida… Pero, ¿por qué aquella falló?, ¿estará esta igual?” Todos esos pensamientos pululan por mi cabeza, mientras el corazón late con fuerza, se me acelera el pulso… y de repente toda la alegría de tener la nueva estación reinstalada se disipa, como si una racha de viento la arrancara de mi interior. ¡No puedo hacer conexión con el ordenador y la sonda! ¡No puedo! De repente un silencio hondo me invade, mientras intento e intento. ¡No es posible, no lo es!
  • Comenzamos la instalación

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Durante el primer día el viento continúa soplando con fuerza y nos impide ponernos con los trabajos de instalación. En principio tenemos margen de días, así que podemos esperar a tener mejores condiciones. De hecho, al organizar el viaje desde España, ya consideramos poder andar holgados con los días, para no llevarnos la desagradable sorpresa de -apurando en tiempo- comprobar después que cualquier pequeño imprevisto no nos deja terminar adecuadamente el trabajo.

    Al día siguiente el viento amaina un poco, y decidimos comenzar a preparar el material, mientras vemos cómo va evolucionando según avanzan las horas. A pesar de que es más flojo, continúa soplando con fuerza y tenemos que ser muy cuidadosos al desembalar y preparar el material de trabajo y las herramientas. Cualquier pequeño descuido haría que salieran volando.

    Tenemos todo listo para comenzar. Aunque amaneció bastante despejado se ha ido cubriendo poco a poco y parece que antes de que finalice el día la lluvia vendrá a saludarnos. Sin embargo, como parece que aún tendremos unas cuantas horas, decidimos comenzar la instalación.

    Llevamos todo el material hasta el borde del río donde vamos a trabajar, y ahí lo vamos dejando a mano, pero a la vez protegido del viento. Se trata de un bloque de hormigón de un antiguo pilón del puente de la vieja carretera. Es justo en el lugar donde tenemos la actual estación instalada. Es un lugar muy bueno ya que se trata de un punto aguas abajo del río, una vez que se han integrado las diversas salidas de agua que hay en el frente del glaciar. Se trata de un glaciar de valle muy bien encajado en él, de manera que tenemos perfectamente definida la cuenca de hielo que drena a nuestro río.

    Además es un lugar idóneo, ya que es una zona en la que el río está encajado en su lecho y por tanto se asegura la circulación de agua por este lugar en años sucesivos. Imaginaros que instalamos la estación en un lugar del río y al cabo de los años, el agua cambia su curso y la estación nos queda fuera del agua. ¡No nos valdría de nada! Y esto pasa muy frecuentemente en ríos provenientes de glaciares. Son muchas cosas a tener en cuenta a la hora de seleccionar un lugar.

    Otro factor importante a la hora de fijarla es que las sondas deben de estar ubicadas en una zona lo más profunda posible, de manera que cuando disminuya el nivel del río en el invierno, no se queden fuera. Y algo también fundamental, que tengamos roca o algo sólido donde poder sujetarla para que no se mueva ni un milímetro, sino nos daría medidas falsas de caudal.

    Realmente no es fácil encontrar un lugar que cumpla todos los requisitos, y por eso al inicio de empezar a trabajar en uno, antes de seleccionar un posible glaciar como estación de medida en GLACKMA, hay una etapa previa de exploración muy importante.

     Comenzamos con la instalación, ¡a ver qué tal se nos da! Me pongo un traje seco para meterme en el río. En la zona donde fijamos las sondas al pilón, el agua me llega por la altura de los hombros. Menos mal que el pilón evita que me dé la corriente del río, sino evidentemente no podría estar ahí metida con esa altura de agua, me arrastraría. Tengo que, con mucha maña, utilizar mis piernas para apartar las piedras del lecho en el lugar donde vamos a fijar el carril metálico con las sondas sujetas.

    La zona por la que entro al río y tengo que recorrer por él hasta aproximarme al lugar donde vamos a fijar la estación, no es nada cómoda. El fondo es muy irregular, hay enormes piedras que han sido arrastradas por la corriente y ello hace que tan pronto me cubra el agua, como pueda apoyarme en alguna y logre sacar parte del tronco fuera. Primero, con ayuda de las piernas, hago un tanteo de la zona bajo el agua, para ver cual va a ser mi entorno de trabajo. No me queda más remedio que utilizar mis piernas tanteando, porque no se ve nada a través del agua. Ni tan siquiera a cinco centímetros por debajo de la superficie se logra ver. El agua es totalmente opalina, debido a la cantidad de materiales de tamaño fino -que arrastra el río- provenientes de la roca de fondo del lecho glaciar.

    Fijaros en un detalle, que ni siquiera he mirado si puedo descargar los datos de la estación antigua. No he chequeado si está funcionando o no. Si lo hago y me ocurre como con la de Patagonia que no logro hacer la conexión, me voy a quedar triste por tener una laguna de datos en la serie temporal. Así que prefiero no pensar en ello ahora, centrarme en la instalación de la nueva, dejarla lo mejor posible y después... ya miraré si funciona o no la vieja. Ya me quedará tiempo de sentir esa tristeza, sin que ello me afecte ahora en el trabajo tan importante que tengo por delante.

    Lo primero que con desagrado compruebo es que el traje -que se suponía que era seco- no lo es. No es completamente seco. Le entra agua y está a casi 0ºC… ¿Aguantaré todo el tiempo trabajando aquí a la intemperie, mojada y encima con el viento soplando? Será fundamental la colaboración de Adolfo desde el exterior, sobre el pilón. Él no tendrá la mojadura del río, pero el viento le azotará más que a mí aquí abajo. Tengo que centrarme en el trabajo y conseguir que quede una buena instalación hecha.
  • Continúa el fuerte viento

    (crónica recibida por el teléfono satelital, fotos: Archivo GLACKMA)

    Tras el aterrizaje, nos localiza Jim, que nos ha traído el coche 4x4 que vamos a alquilar para estos días. Ya nos conoce de otras ocasiones. Para campañas largas en verano solemos viajar con un todoterreno desde España, aprovechando así para traer todo el material necesario. Pero para cortas campañas, solemos combinar viaje en avión, avioneta y coche alquilado -como realizamos en esta ocasión-, de manera que Jim ya es un conocido nuestro.

    Nos acercamos en primer lugar hasta la pequeña ciudad –son en torno a 1000 los habitantes- que aquí en Islandia es una población considerable. Necesitamos comprar víveres para los próximos días, ya que después hacia el glaciar donde vamos tenemos que ser completamente autónomos.

    Nos ponemos rumbo al casquete glaciar Vatnajökull, por el sur, para alcanzar nuestro glaciar. Está bastante nublado y las capas de nubes son bajas, pero en ocasiones nos dejan ver que está todo cubierto de nieve en cuanto se asciende algunos metros sobre el nivel del mar. La carretera la tenemos bien, ya que va justo por la costa, bordeando el sur de la isla. Se trata de la única carretera que circunvala el país, quedando algunos tramos todavía sin asfaltar. El resto son pistas –sin asfaltar, por supuesto- y teniendo que vadear ríos en su recorrido, por lo que aquí es fundamental un 4x4.

    Al final del día llegamos a nuestro glaciar, pero no nos detenemos, continuamos avanzando unos kilómetros más, hasta una granja donde nos tienen recogido parte del material. Tenemos ahí la tienda de campaña, material de campamento y algunas herramientas. Todavía no se han ido a dormir, los saludamos, subimos nuestro material almacenado al coche y regresamos a nuestro glaciar.

    Empieza ya a anochecer. Tendremos el tiempo justo para montar la tienda y prepararemos algo para cenar. Algún bocadillo será. Ya mañana con el día, sacaremos todo lo de cocinar para hacer un desayuno caliente.

    Entramos con el coche en la tundra, donde conocemos un lugar recogido de otros años, para montar el campamento. El viento continua soplando con fuerza. Nos ha venido acompañando todo el camino desde Höfn y no ha cesado. De hecho, había que prestar mucha atención en la conducción, ya que fuertes rachas, bamboleaban el coche cada poco.

    ¡Imposible montar la tienda! Saldría volando y nos quedaríamos sin ella. Ni siquiera en el lugar protegido que conocemos. Es fortísimo y racheado. No tenemos otra alternativa más que dormir en el coche. Sacamos los sacos de dormir para no quedarnos fríos, reclinamos lo que podemos los asientos delanteros y nos acomodamos para pasar la noche.

    A las 2 ó 3 horas, me despierto de golpe y preocupada. Estaba soñando que navegaba, cruzando un mar con enormes olas que bamboleaban el barco… No, no es la realidad, pero casi. Estaba dentro del coche, pero el viento lo movía y sacudía con tal fuerza que parecía que iba a volcar. Inmediatamente recordé el vuelo unas horas antes, en lo que parecía una avioneta de papel. Se me vino a la mente también, allá en el camarote del Lautaro, agarrada a la litera para no salir despedida mientras atravesábamos el Drake. Y de repente recordé lo que algunos amigos islandeses nos han contado, que aquí en ocasiones el viento es tan fuerte que llega a volcar los coches.

    Con todos estos pensamientos estuvo mi mente entretenida unas horas, hasta que el cansancio y seguramente el acostumbrarme al bamboleo del vehículo, hicieron que pudiera dormir un rato más.