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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Entrevista a José Tabárez, Electricista de la Base Artigas

    Con todo este tiempo que ha pasado, no sé si recordareis la colección de entrevistas que os estaba mostrando sobre los integrantes de la dotación ANTARKOS XVII, de la Base Artigas. Cada uno de ellos nos mostraba a través de estas entrevistas su trabajo en la Base Uruguaya.

    Hoy con la entrevista a José Tabárez, el electricista, se van a dar respuesta a muchas de las dudas que os habían surgido sobre la energía de una base antártica. Aquí os dejo con él.  

    Con la publicación de este artículo en el Blog, acontece una reciente tragedia en esta zona de la Antártida, en la misma isla Rey Jorge (King George), en concreto en la Base Brasileña Ferraz. La madrugada del pasado sábado se generó un incendio en la misma que ha tenido un trágico desenlace: dos personas fallecidas, el 70% de la Base destruida y una pérdida incalculable de equipos y datos de investigación.

    Parece que dicho incendio comenzó en el área de generadores, y como éste es el tema que abordamos en el artículo de hoy, una vez más somos conscientes de lo escrupuloso y profesional que debe de ser vuestra labor, en cada una de las misiones que tenéis asignada, amigos antárticos.

    Desde aquí nos unimos al dolor de los amigos brasileños y les mandamos todo nuestro apoyo y solidaridad.  

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  • No te pierdas la tertulia en los Trotaviernes de Salamanca, ¡¡¡ya es este viernes!!!

    En bici por la sierra de Bejar

    Sí, así como lo leéis, tras las expediciones de Patagonia, Antártida y el Altiplano Andino, GLACKMA calienta motores para retomar el ciclo de conferencias divulgativas. Y qué mejor inicio que en Salamanca, la capital charra que me vio crecer. No digo nacer porque soy asturiana, de Oviedo y tengo una gran pasión por mi tierra. Pero esta ciudad castellana me “adoptó” desde los cinco años y en la sierra de Béjar se desarrolló mi pasión por la montaña y la naturaleza.

    Quién me iba a decir a mí que ahora con el paso de los años, es de nuevo esta sierra bejarana la que me ayuda a mantener la paz y tranquilidad antártica que ya conocéis. ¡Sí!, mi jornada laboral diaria intento partirla en dos tramos inacabables… pero, ¡dos tramos! Y en ese tiempo intermedio se va todo el estrés que se me quiere pegar, ese estrés que desprende continuamente este mundo alocado que marcha a toda velocidad. ¿Cómo lo logro? Recorridos en bici por la sierra de Béjar, o carreras por la montaña, sin cansarme de admirar y quedar maravillada de este paisaje tan hermoso que nos brinda la naturaleza.

    Por cierto, mientras hacía mi recorrido en bici de hoy y pensaba en escribiros este artículo, me di cuenta que… el cartelito que puse en la Antártida frente a la Base Rusa Bellingshausen, desde el 2000 -en mi primera expedición al Continente Blanco-, sigue ahí inamovible y respetado por todos. Cada año al regresar a esas tierras antárticas, una de las cosas que primero hago es ir a ver cómo está. ¡De verdad! Y siendo yo de Oviedo como os decía al principio, sin embargo lo que me salió espontáneamente fue escribir el nombre de Salamanca!!!! Mirándolo ahora con el paso de los años, pienso: ¡Qué suerte tienen todos los salmantinos, con su ciudad anunciada en tierras antárticas y destacando entre todos los nombres en cirílico!

    Bueno, lo que os quería decir es que la tertulia empieza a las 20:30, la organizan los Trotaviernes en el C.M.I. Julián Sánchez El Charro (Av. De Federico Anaya, 45, Salamanca) y lleva por título “¿Qué nos dicen los glaciares?”. Os contaremos Adolfo y yo todo lo que hemos aprendido de ellos. Nosotros lo único que hacemos es “escucharles” con  mucha atención y después ser testigos de lo que nos están contando día a día, para divulgarlo a los demás. Además llevaremos ejemplares de los dos primeros libros que hemos editado bajo el sello editorial de GLACKMA y os los podemos dedicar personalmente.

    Será un verdadero placer veros a todos los que queráis venir. Estáis todos invitados. ¡Os esperamos! 

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  • Rachas de viento de 113 km por hora azotan nuestro campamento

    La predicción meteorológica ya lo alertaba, de manera que no nos pilló de sorpresa. Se anunciaban vientos fortísimos con rachas que alcanzarían los 60 nudos. Efectivamente llegamos a tener 61, es decir 113 kilómetros por hora. Es casi imposible andar sin tambalearse y tienes que buscar con tu cuerpo la inclinación adecuada par no caer. Hasta ahí todo va bien. Pero temíamos por el campamento, por las tiendas de campaña. Esa era nuestra verdadera preocupación.

    Empezó a soplar y soplar y cada vez con más intensidad. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos envueltos en plena tormenta. Las tiendas comenzaban a sentir los efectos del viento tan intenso y de las rachas tan tremendas. Seguíamos asegurándolas por precaución. En primer lugar revisamos todos los tensores y añadimos piedras pesadas en los faldones por toda la parte de abajo, tratando de evitar así que el viento se cuele por debajo y nos las arranque.

    Prácticamente todo el día estamos en torno a las tiendas, controlándolas y evitando quedarnos sin ellas. Llega la hora de dormir, a pesar de retrasarla evitando así bajar la guardia. Pero el cansancio va haciendo huella y apetece también meterse en el saco de dormir y sacudirse el frío de encima. Porque aunque tengamos temperaturas cálidas pues es verano y estamos en la periferia antártica, el fuerte viento nos baja la sensación térmica considerablemente.

    Fijaros, os dejo esta tabla que relaciona la temperatura ambiente y la velocidad del viento, obteniendo la sensación térmica que es -como su nombre indica- la temperatura que se siente. Os decía que ahora hace calor, tenemos entre -3ºC y 0ºC, pero observad en esa tabla que sólo viene tabulado hasta los 64 kilómetros por hora de velocidad de viento. Os podéis imaginar las duras condiciones que teníamos.

    Tras estar todo el día aquí pegados al campamento, casi sin movernos para estar pendientes de que no se nos vuelen las tiendas, y con esa sensación térmica, seguramente me entenderéis cuando digo que apetecía ya meterse en el saco de dormir y buscar un poco de calorcito.

    La primera sensación que tienes al entrar dentro es que el viento se ha calmado. No es esa la realidad, lo que pasa que es tan fuerte el ruido que produce fuera, que al entrar a cobijo de la tienda sientes como si hubiera una gran calma. Tras acomodarme en el saco de dormir, me percato que el viento empuja con muchísima fuerza las telas -exterior e interior-, que las junta y además las mete para dentro, ocupando parte del habitáculo interior. No hay prácticamente hueco para la cabeza y creo que va a ser imposible dormir en estas condiciones.

    Sin embargo el cansancio es tan grande y el calorcito que se empieza a sentir al enroscarse en el saco, hacen que el sueño me invada… Hasta que de repente un tremendo ruido y una fuerte agitación de la tienda me despiertan. Se ha incrementado el viento, parece que ahora sí, de verdad, las tiendas se van a echar a volar.

    Nos vemos obligados a poner una serie de tensores extras, unos más cortos por toda la parte baja de las tiendas, y otros desde el extremo superior sujetándolos al suelo con una enorme piedra que además hace falta enterrar para que el viento no la desplace. Menos mal que no tenemos noche debido a la latitud a la que nos encontramos y la época de verano en la que estamos, de manera que al menos, podemos ver bien lo que hacemos.

    Una vez así afianzadas, de nuevo a intentar conciliar el sueño… Ya no me enteré de más, hasta que me despierto por la mañana, completamente descansada. Lo primero que se me viene a la mente es el fuerte viento… “¿fue un sueño o fue realidad?”. Según me voy despertando, voy siendo consciente que fue todo real… y estoy dentro de la tienda… “bueno, al menos una no ha volado”, pienso rápidamente.

    Es una magnifica sensación despertarse en el saco de dormir, dentro de la tienda de campaña. Se descansa increíblemente bien. Sólo ser consciente que fuera de tu pequeño entorno hay otras condiciones totalmente desapacibles y tú estás ahí resguardado en un habitáculo tan cómodo, te hace sentir francamente bien.               

    • Tabla de sensacion termica

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  • Viaje en zodiac a la Base Coreana King Sejong

    En Caleta Marian I

    Lo que os voy a narrar ocurrió en un día, digamos que descanso de nuestro trabajo, aprovechando una de esas esperas que la naturaleza te brinda intercaladas entre las etapas de mediciones y toma de datos.

    Os tengo que presentar a dos amigos antárticos que hicieron posible este día tan especial. Son Nancy y Nelson, quienes trabajan dentro de la estructura del INACH (Instituto Antártico Chileno) y están al cargo del mantenimiento de la Base Escudero, una pequeña base científica chilena. Se encuentra al lado de Frei, otra Base Chilena, pero en este caso perteneciente a las Fuerzas Aéreas. Bueno, no os cuento más, pues ya os las había localizado en la zona.

    Escudero, -la Base Científica- está abierta sólo en periodo de verano. Verano austral, por supuesto. Es decir en estos días. Pero fijaros que incluso ha estado cerrado durante las fiestas navideñas. Pues bien, Nancy y Nelson son los encargados de mantener operativa la base y ellos sí que pasan aquí el invierno entero. De hecho realizan este trabajo ya por tres años, ¡sí, tres años! Ellos son antárticos de verdad.

    Se les presenta la necesidad de tener que ir hasta la Base Coreana King Sejong, para llevarles a unos investigadores japoneses -que están estos días en la Base-, unas cajas que habían llegado con material para ellos. Nos invitaron a acompañarles y sin dudarlo un instante la aceptación por nuestra parte es inmediata. ¡A King Sejong!, ¡en zodiac!, ¡por supuesto! De nuevo se enciende en mí esa llama de aventurera que no se ha logrado apagar nunca.

    Recorremos primero Adolfo y yo los 5 kilómetros que nos separan de Escudero y en la playa de Bahía Fildes nos juntamos con ellos. Preparamos entre todos la zodiac, el material para llevar y embarcamos rumbo a la Base Coreana. El mar está muy tranquilo ya que apenas hay viento. Nelson es el timonel y Nancy la proel. La navegación es tranquila y disfruto una enormidad mientras hago algunas grabaciones de vídeo, apañándomelas con las ondulaciones de la pequeña zodiac para que no salgan demasiado movidas.

    Al aproximarnos a King Sejong, Caleta Marian donde se encuentra ubicada, nos sorprende con una sorpresa que al mismo tiempo supone una pequeña complicación. Hay bastantes fragmentos de hielo flotando que se han desprendido del acantilado glaciar del fondo de la bahía y el viento los acumula frente a la costa de la Base. Son un verdadero peligro para la navegación en la zodiac, pueden pincharla en un abrir y cerrar de ojos. Es fundamental aquí la orientación del proel, que va pendiente de indicar al timonel qué rumbo tomar en todo momento para ir esquivando estos hielos.

    Cuando los frentes de los glaciares llegan directamente al mar, se van desprendiendo fragmentos de hielo. ¿Sabéis que flota siempre en torno a un octavo? Es decir, que la mayor parte del bloque de hielo se encuentra bajo las aguas. Estos hielos navegan por las aguas arrastrados por las corrientes marinas o por el viento y según el tamaño quedan varados hasta que se van extinguiendo. Hablando del tamaño, existe una clasificación según sea éste. Así encontramos los “icebergs”, los “growlers” y el “brass”.

    Los “icebergs” o témpanos tienen forma tabular y son los más grandes, pueden tener desde 1 kilómetro cuadrado hasta varios miles de kilómetros cuadrados, ¡sí, sí, he dicho varios miles!

    Los “growlers” son de forma variada y poseen un tamaño intermedio, desde unos 50 metros cúbicos hasta un kilómetro cuadrado. ¿Sabéis? “Growler” significa gruñón. Y es que cuando se acumulan en las bahías, el sonido que producen es similar al de un tren lejano que no llega nunca.

    Finalmente, los más pequeños se conocen como “brass” y pueden tener cualquier forma. Su tamaño oscila entre el medio metro cúbico hasta los 50 metros cúbicos. Lo que significa la palabra “brass” es escombro. ¡Clarísimo, por tanto!

    Aquí, al aproximarnos a la Base Coreana, los fragmentos que veréis en el vídeo son de este último tipo, del llamado “brass”. En el vídeo también podréis ver la amabilidad de los coreanos y la gran alegría y emoción que sentí al ver la bandera de España izada en su mástil, debido a nuestra visita. Esos pequeños gestos, en estos lugares, te hacen sentir muy bien.

    Por cierto, una curiosidad que se desveló en el transcurso de nuestra conversación con los coreanos. Esta Base King Sejong se inauguró a principios de marzo de 1988, y por casualidad Adolfo estuvo presente. ¡Sí!, recién regresaba de participar en el montaje de la Base Española Juan Carlos I. Los coreanos al escuchar esto se quedaron muy sorprendidos. ¡Fue un hecho que ocurrió ya hace 24 años!

    Comienza a levantarse viento y tenemos que regresar antes de que las condiciones empeoren y eviten la navegación en la pequeña zodiac. Fue un maravilloso viaje de regreso, bueno… digo “maravilloso” porque para mí fue así, pero soy consciente que la mayor parte de la gente pensaría otra cosa.

    El mar de fondo y sus olas se notaban con intensidad e iban aumentando con bastante rapidez. Esto nos obliga a agarrarnos con fuerza para no salir disparados y por supuesto estar pendientes de las olas que vienen para conocer la intensidad de cada una antes de zarandear el bote. A ello se une nieve casi helada que golpea nuestras caras… ¡es genial!

    Entrando ya en la zona protegida de la bahía se termina el combustible de la zodiac y Nelson tiene que dejar el timón para realizar la carga con uno de los depósitos de reserva. No me faltó ni un segundo para salir disparada y ofrecerme de voluntaria a manejar la zodiac y ejercer por primera vez aquí en aguas antárticas mi reciente título de Patrona de Embarcación de Recreo.

    Con la caña en la mano, gobernando la embarcación y pensando para mis adentros “ojalá se hiciera interminable este momento…”, me lleno de una alegría que no os podría describir. En mi cara se debió de dibujar una sonrisa de oreja a oreja que no se borró durante todo el tiempo que ejercí de timonel, según me dijeron cuando desembarcamos.     

    Un día inolvidable en mi registro antártico. ¡Muchas gracias Nancy, muchas gracias Nelson, muchas gracias amigos antárticos!

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  • Momentos mágicos llenos de paz

    He estado pensando mucho cómo retomar la narración antártica, cómo zambullirme en aquella historia reciente y que al mismo tiempo parece que ha quedado atrás en un pasado remotísimo.

    Se me ha ocurrido algo especial, que confío nos transporte a todos en el tiempo y en el espacio, y seamos capaces de inmiscuirnos de nuevo en el Continente Blanco.

    Se trata de un precioso atardecer que sin llegar a la oscuridad, pasa a ser un  maravilloso amanecer. Verano y a la latitud a la que estábamos, ya sabéis que no hay noche.

    Fue mágico, las nubes jugaron con el Sol en su trayectoria, el viento cesó, el tiempo se detuvo por completo. Sentada en la orilla de la playa, al lado de la Base Artigas, mi mente voló, voló muy alto, a años luz y se impregnó de paz y magia…

    Os dejo este pequeño vídeo, a ver si soy capaz de compartir un poco con vosotros aquella quietud y armonía. Cuando lo veáis, olvidaros de todo, alejad de vuestra mente cualquier otra cosa, a ver si lográis embeberos un poco de la magia antártica. ¡Ya me diréis!         

    • Playa de Artigas al atardecer-amanecer

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