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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Rumbo al Ártico

    En un abrir y cerrar de ojos estamos saliendo rumbo al Ártico. Han sido unos días de verdadera locura en medio de esta asfixiante España, sin parar ni un instante entre papeleos y documentación por lo del robo… -todavía no he logrado terminar con todo-, lavar, limpiar, ordenar y colocar todo el material que traíamos en el Defender, y preparar con la mayor atención posible el equipo que nos llevamos a Svalbard. Este último sí que es fundamenta ahora, no se nos puede quedar nada aquí.

    ¿Qué es lo que vamos a hacer? Intentar terminar el objetivo que queríamos cumplir hace un par de años en la estación de medida que tenemos a latitud 79ºN. ¡Sí, lo habéis oído bien! Hace un par de años por estas mismas fechas partíamos rumbo al Ártico a requipar la estación de medida que allí tenemos con sondas nuevas, más duraderas, más robustas y evitar laguna de datos en las series registradas, pues las anteriores estaban a punto de terminarse.

    ¿Queréis saber qué pasó? Con detalle lo podéis encontrar en el diario de expedición que almacenamos en la web de GLACKMA, pero en resumen os cuento que “empezamos con mal pie” aquella expedición. Problemas con el primer avión que salía de Madrid nos ocasionaron la imposibilidad de llegar a tiempo para coger una avioneta que sólo la teníamos una vez a la semana. Tuvimos que esperar a la siguiente y con ello el tiempo de trabajo –que ya teníamos ajustado- se nos redujo considerablemente.

    ¿Qué pudimos hacer entonces? De las tres sondas que teníamos planificado instalar, sólo nos dio tiempo a colocar una de ellas. Al menos fue el mínimo, mínimo para no perder continuidad en los datos. El lugar de trabajo no es cómodo, echad un ojo si queréis a las fotos de esa expedición pasada. Tenemos que trabajar colgados en la pared de un cañón y con ello el tiempo que precisamos es mucho mayor.

    Tras aquellos incidentes a finales del verano del 2010, planeábamos acudir de nuevo a Svalbard para completar la instalación en el verano anterior. Pero de nuevo los imprevistos y complicaciones nos sacudieron. El año anterior nos vimos obligados a sacar adelante 6 expediciones, ¡sí, 6! Así que fue imposible ya nada más.

    Estas son las razones que nos empujan a viajar ahora al Ártico. Ojalá vengamos con los objetivos cumplidos.

    Os pido que me concedáis una pausa en el Blog… ¡volveré!, pero de momento necesito una pausa. Mientras tanto os dejo esta foto del entorno que nos rodeará allí, en concreto esas son las vistas que tenemos desde nuestra estación… ¡No está mal!, ¿verdad?

    Ojalá que en la segunda quincena de septiembre, a nuestro regreso, os pueda decir: ¡objetivo cumplido!

    Hasta pronto amigos e infinitas gracias por vuestro apoyo en los momentos complicados. Muchas gracias por estar al otro lado de la pantalla, detrás de cada artículo, cada día, cada semana, cada mes. Siento que no estamos solos…

    • Coronas de Kings Bay en Svalbard, frente a nuestro glaciar
  • Recorremos las Islas Feroe

    Casitas que te hacen pensar estás sumergido en un cuento

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Estas islas son una región autónoma del Reino de Dinamarca autogobernada en todos los asuntos salvo defensa, relaciones exteriores y sistema legal. Sobre la población de estas islas os diré que el censo a principios del 2011 era de 48.565, de los que 19.900 viven en la capital Tórshavn y su área metropolitana. La segunda ciudad en tamaño es Klaksvík con 4.600 habitantes y el resto se distribuye en pequeños núcleos urbanos. ¿Os imagináis lo fácil que es encontrarse con la naturaleza en este archipiélago…?

    La economía de las islas estaba tradicionalmente basada en la cría de corderos y sobre todo en la pesca (bacalao, arenque). Sin embargo, ésta pasó por una grave crisis a finales de los 1980 y comienzos de los 1990, con una bajada de las capturas. Actualmente, se intenta diversificar la economía promoviendo el turismo, las nuevas tecnologías e incluso la propia base pesquera de la economía estableciendo piscifactorías y nuevas plantas de procesamiento de pescado. A pesar de todo, la juventud tiende a marchar a Dinamarca para ir a la universidad, con lo que la población más cualificada, la que podría posibilitar la transformación económica, deja las islas. A raíz de esto, recientes hallazgos de petróleo en prospecciones próximas a las islas abren la posibilidad de un hipotético empuje económico motivado por el oro negro.

    Debido a la ubicación de estas islas, su clima es oceánico y está marcado por la influencia templada de la Corriente del Golfo, lo que lo hace muy suave si se considera la latitud. La amplitud térmica es pues muy reducida, con veranos frescos (medias de 12ºC) e inviernos suaves (medias de 3,5ªC). Con respecto a las precipitaciones, se aproximan a los 1.400 mm el año, con un mínimo relativo en primavera-verano.

    El cielo está en general nublado, con presencia habitual de niebla y el fuerte viento. ¿Pero sabéis una cosa? Está siendo un verano caluroso y muy seco. Lo mismo que ha ocurrido en Islandia. De hecho mi recuerdo de las Islas Feroe está lleno de cascadas, unas más grandes y otras más pequeñas, pero surcos y surcos de agua recorriendo estas abruptas islas. Y ahora, ¿sabéis que están prácticamente todas secas?

    Durante estos días recorremos tranquilamente las principales islas, qué por cierto no os he dicho todavía sus nombres: Streymoy es donde se encuentra la capital, se pasa por un puente a Eýsturoy, la isla próxima por el Noreste. De ésta se puede cruzar por un túnel submarino de 6.186 kms a las islas ubicadas más al Norte y conocidas cómo Nordoyggjar, donde se encuentra Klaksvík, la segunda ciudad más grande del archipiélago. Si regresamos a Streymoy como referencia, la primera de las islas de las que os hablaba, nos encontramos al Oeste con Vágar, comunicada también por un túnel submarino de 4.940 kms y en la que se encuentra un aeropuerto. Finalmente nos queda mencionar Sandoy y Suduroy al Sur de Streymoy.

    A parte de esos dos túneles submarinos hay otros 16 túneles, en este caso subterráneos en la totalidad del archipiélago. Es la solución que han podio dar a la comunicación en unas islas tan abruptas. Fijaros que en total tienen 41.532 kms de túneles en tan sólo 1399 km2. ¡Impresionante!, ¿verdad?

    El sol nos acompaña durante los tres días que dura nuestro recorrido por estas islas… y como puedo tengo que reprimir mis ganas de hacer fotos y vídeos. “Bueno, otra vez será, las islas van a continuar aquí y me estarán esperando…” me consuelo con esos pensamientos. 

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  • Un mundo diminuto, inmersos en un cuento

    Abruptos acantilados en toda la costa

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Esta paradita en las islas Feroe es de tres días, cuando de nuevo nos volveremos a embarcar en el ferry rumbo a Dinamarca. El programa inicial que teníamos, para desarrollar en estas islas volcánicas, no podemos llevarlo a cabo. Quería recopilar unas cuantas imágenes y vídeos, haciendo diversas grabaciones para preparar otro módulo de material para ese proyecto educativo del que alguna vez os he medio anunciado.

    Ahora, tras el robo sufrido en Islandia, me encuentro sin cámara de vídeo y sin cámara de fotos. Así que tenemos que cambiar completamente el objetivo. Vamos a tratar de tomárnoslo como un periodo de relax entre dos expediciones, dejando atrás la de Islandia y cogiendo fuerzas para la próxima a Svalbard. Trataremos de disfrutar del entorno y llenarnos de esta paz que transmite la naturaleza cuando está poco poblada.

    Las fotografías que os dejo de estas islas son de archivo, de algunas de las expediciones anteriores a Islandia, en las que como esta vez -viajando en vehículo- hacíamos una paradita en Feroe.

    Como primera curiosidad os diré que las “Islas Feroe” significan las “Islas de Corderos”, y es que realmente está llena de ovejas y corderos. Andan libres por el campo y corren muchísimo, son tremendamente ágiles. Es frecuente encontrarlos en las carreteras o que se crucen de una carrera en medio de la carretera cuando va a pasar un vehículo. Por eso la conducción debe de ser lenta y con precaución en ese sentido.

    Estas islas están localizadas en el corazón de la Corriente del Golfo en el Atlántico Norte a latitud 62º 00’ N. Ubicadas al noroeste de Escocia se encuentran a mitad de camino entre Islandia y Noruega.

    El archipiélago está compuesto por 18 islas que cubren 1399 km2, alcanzando desde su extremo más al Norte hasta el más Sur los 113 km y de Este a Oeste 75 km. Presentan una morfología abrupta, rocosa y con costas de acantilados recortadas por fiordos, estando el punto más alto a 882 metros sobre el nivel del mar. Fijaros que ningún punto de las islas está a más de 5 km del mar. Y, ¿sabéis que tienen 1100 kilómetros de costa?

    En este mundo que parece diminuto, cual si se tratase de un cuento, nos “perdemos” por tres días con un único objetivo tras los últimos hechos acontecidos: recuperar totalmente la calma y la paz interior. ¿Lo conseguiremos?

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  • Un mar agitado nos recibe al dejar Islandia

    (Cronica recibida por teléfono satelitario) 

    Con estos últimos días buscando de nuevo la calma interior termina nuestra estancia en Islandia. Temprano embarcamos en el ferry en el Este de la isla, en Seydisfjördur, para alcanzar en primer lugar las islas Feroe, donde haremos una parada de algunos días antes de continuar rumbo a Dinamarca. Este primer tramo de navegación es de tan sólo 18 horas, pero suficiente para que una apasionada del mar pueda sentirse feliz durante la travesía.

    En cuanto abandonamos el fiordo de Seydisfjördur el mar empieza a hacerse presente, avisándonos que nos acompañará durante nuestro viaje. Efectivamente según nos vamos alejando de Islandia, los movimientos del ferry se incrementan hasta ser considerablemente fuertes.

    El mar está tremendamente agitado. ¡Me encanta! El sentir esa fuerza, ese poder que tienen las aguas, que son capaces de bambolear a su capricho a este enorme ferry, me hace ser consciente de que cada uno de nosotros somos como pequeñas hormiguitas o incluso menos, como pequeños seres microscópicos en medio de esta inmensidad. Me gusta esa sensación, esa consciencia… me ayuda a comprender que todo es relativo.

    Contemplo las gigantescas olas en el mar, observo como el ferry poco a poco va avanzando y siento este movimiento continuo y fuerte en el barco que hace perder el equilibrio. Tras aprenderme de memoria casi cada detalle del entorno más próximo, mi mirada se pierde en el horizonte, allí dónde sólo se ve mar y cielo, cielo y mar, allá como en el infinito. 

    Cuando se hace más intenso el movimiento, dejo la cubierta y me tumbo en el camarote. Así echada, estos bamboleos no los considero como tales, sino que los percibo como si se tratase de una cuna que están meciendo y yo fuese una niña pequeña que está tumbada plácidamente en ella. De esta forma percibía cómo Islandia quedaba ya allá lejos, en el pasado. Un pasado que percibía por un lado reciente, pero por otro como un remoto pasado.

    Con estos pensamientos deambulando por mi mente, me quedo dormida y a las pocas horas nos avisan de la llegada a las Islas Feroe. Son las 2:00 de la madrugada. Me incorporo y lo primero que me sorprende es la noche. Es de noche de verdad. No se ve nada. Todo negro, oscuro… casi percibo miedo, todavía tengo esa sensación con la que me quedé dormida de ser una niña pequeña acunada y protegida que de repente se despierta en medio de la oscuridad. 

  • Estoy bloqueada. No soy capaz de escribir

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)   

    Tantos años viniendo a este país y nunca habíamos tenido una experiencia similar entre los islandeses. Siendo conscientes además de lo segura que es la isla nos sorprende más todavía. Incluso sabiendo que es extraño que vuelva a ocurrir, no somos capaces de instalar la tienda de campaña junto al coche para dormir. Todos han sido intentos fallidos. Cualquier ruido, el viento, las ovejas, cualquier cosa nos hace salir a mirar, a ver qué pasa o quién anda ahí. La desconfianza se ha apoderado de nosotros. Tenemos que terminar dormitando encogidos en los asientos que quedan libres en el Defender, tras estar de nuevo el coche cargado con todo el material para regresar a España.  

    Noto mi interior completamente agitado, como en nebulosa. Con una metáfora creo que me resultará más fácil transmitiros como me veo por dentro. Imaginaros una laguna de esas que tanto me gustan, con el agua clara, limpia, fresca… Ahora imaginaros una gran cantidad de sedimentos recién vertidos en ella, enturbiando por completo el agua, unos más grandes otros más pequeños, pero todo lleno sin permitir ver nada debido a su opacidad. Con el tiempo se irán decantando, primero caerán los más pesados al fondo, tardarán más los ligeros… pero poco a poco esa agua volverá a estar limpia, transparente y fresca. Estoy segura de ello.

    Llevo varios días sin poder escribir nada para el Blog. Tengo atrasado mucho por contar, desde que empezamos a cruzar por el interior de Islandia. Iba ya con un considerable retraso en las narraciones por la cantidad de trabajo e imprevistos durante la primera parte de la expedición, en la que ni quitando horas de dormir, conseguía escribir todo lo que acontecía. A eso le añadimos el tema del robo y rengancharme con los artículos para el Blog se me hace una tremenda cuesta arriba.

    Necesito calma para escribir. Cuando estoy bien, me brota sólo. No tengo más que ponerme delante del ordenador y dejar que mis manos se muevan a capricho por el teclado. Pero sólo puedo describir mis sensaciones, transmitir lo que percibo de verdad, lo que siento… no soy capaz de contar otra cosa.

    Y ahora me veo bloqueada. Al abrir el ordenador y tratar de pensar en ese hermosos recorrido atravesando el desierto interior de Islandia, lo único que me salía es algo así cómo: “Atravesamos el impresionante desierto interior de Islandia, continuamos nuestro recorrido por la isla del noreste al noroeste y al aproximarnos a la capital islandesa sufrimos un tremendo robo que rompe con mi toda inspiración para contaros más detalles.”

    Pero no, no puedo limitarme a esa narración. Os merecéis otra cosa, fieles seguidores del Blog. Tengo que superar ese bloqueo y poder brindaros con la realidad, con los sentimientos que en cada momento pulularon por mi interior.

    ¿Cómo lo voy a conseguir? Mi mente activa se pone a tratar de buscar una solución. Lo primero que tengo que conseguir es un entorno en el que me sienta cómoda, para mí eso es muy importante. Decidimos entonces Adolfo y yo perdernos estos pocos días que nos quedan hasta tomar el ferry para dejar Islandia, por los glaciares del Este del Vatnajökull. Los tenemos sin explorar y puede ser buen momento para hacerlo.

    De esta manera nos adentramos en el Hoffellsjökull, el Fláajökull, el Heinabergsjökull y el Skálafellsjökull. El entorno de los glaciares, la exploración de lugares nuevos, la aventura asociada y el fabuloso buen tiempo que atípicamente nos sigue acompañando en esta expedición, crearon ese entorno mágico a mi alrededor. Según avanzaban las horas, los días, iba percibiendo que la magia y la energía del entorno me ayudaban a clarificar ese interior mío, que se encontraba agitado y en nebulosa como os describía más arriba. La inspiración llegó de nuevo y empezaron a salir artículo tras artículo, recordando y reviviendo para cada uno las sensaciones que en su momento iba experimentando. 

    • Islandia invernal. En medio de la larga noche, un rayito de sol anuncia las dos horas de luz del día
  • Proyección de futuro

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    En cuanto abren el banco al día siguiente nos acercamos a él para recoger el dinero enviado desde España. Lo que debiera ser inmediato, se complica de nuevo y Margrét se personaliza en el propio banco para ayudarnos con la gestión. 

    Nos despedimos de ella, agradeciéndole todo lo que nos ha ayudado y además con una importante proyección de futuro. En cuanto le hablamos de GLACKMA, de lo que hacemos, de la estación de medida que tenemos en el glaciar Kviarjökull… en seguida pensó en lo interesante que sería establecer algún tipo de convenio, de colaboración entre Islandia y España. Ella, en su mundo de relaciones internacionales, ve opciones y es consciente de lo importante que sería tanto para unos como para otros. “Bueno, quizás haya sido una suerte que nos hayan robado”, le digo mientras sonrío. 

    Margrét, desde estas líneas quiero agradecerte una vez más, no sólo por las gestiones encadenadas unas tras otras que nos ayudaste a ir resolviendo, sino por esa onda tan positiva que nos transmitiste, por ese saber comprender desde el primer momento, por esa solidaridad impagable, por la suerte que hemos tenido de cruzarnos en el camino contigo. ¡Gracias Margrét!

    Abandonamos así Adolfo y yo la capital islandesa. Nos ponemos en ruta hacia nuestro glaciar, todavía aturdidos. Asimilando lo asimilable y sabiendo que el tiempo curará las heridas. Es una conducción tranquila la de ese día y también la del día siguiente.

    Llegamos a casa de Aaron y Einar, vecinos próximos a nuestro glaciar, quienes nada más conocernos nos permitieron guardar en su casa todo el material de la expedición que no necesitábamos mientras hacíamos este recorrido por Islandia. Sencillos, amantes de la naturaleza, se sienten incómodos con el suceso del robo: “¡Vaya, qué mala suerte! Y justamente lo que necesitan las personas como vosotros es apoyo y ayuda… y os va a tocar esto, que será seguramente el robo del año en Islandia. Si os podemos ayudar en algo, aquí estamos”. La solidaridad es grande, ni los mismos islandeses entienden ni quieren aceptar estos hechos. 

    • Regresamos a nuestra zona
  • Solidaridad de los islandeses

    La iglesia de Hallgrímur en Reykjavík es el edificio más alto de la ciudad, con 74 metros de altura

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)   

    Es ya pasado el mediodía cuando logramos alcanzar la capital islandesa. La conducción ha sido tranquila debido a las dos ventanas delanteras que no tenemos y al esfuerzo por realizar un consumo mínimo de combustible que nos permita llegar y movernos por la ciudad hasta que consigamos algo de dinero para volver a echar gasóleo al Defender.

    Buscamos en primer lugar el Consulado de España en Islandia. La experiencia de Adolfo en embajadas y consulados al moverse por el mundo a lo largo de su vida, es que lo resolutivos que sean depende totalmente de la persona que está a cargo. Así que con ayuda de una de las guías de información que tenemos y con un mapa buscamos la ubicación del Consulado y nos ponemos rumbo al lugar una vez que alcanzamos Reikiavik.

    Llegados al lugar indicado, descubrimos que allí no está. Al preguntar a los vecinos nos indican que efectivamente allí ha estado ubicado, pero que ha cambiado de lugar. No dudan ni un instante en ayudarnos, buscando la posición actual del Consulado e indicándonos en el mapa, cómo llegar.

    Nos movemos despacio por la ciudad, deseando que el combustible nos llegue. Logramos encontrarlo está abierto y en él conocemos a Margrét, la vicecónsul. Desde el primer momento, sentí en su mirada que transmitía mucha solidaridad. La sentí muy cercana y ello me lleno de nuevo de tranquilidad.

    Las primeras gestiones a las que nos ayudó fueron a tratar de que nos enviase nuestro banco dinero desde España, por la vía de emergencia, para poder disponer de él en el mismo día. Es casi la hora de cierre de los bancos en España, así que hay que actuar con rapidez. Margrét tiene una reunión importante a la que ya llega tarde por dejarnos estas gestiones avanzadas.

    A partir de ahí, ¿que os puedo decir? Resumido, muy resumido, pero entresacando lo importante y más significativo, os puedo contar que el apoyo de Margrét fue continuo, que necesitamos de su ayuda para varias gestiones a lo largo de ese día y del siguiente y siempre estuvo dispuesta y lo que es más importante, por delante del problema.

    Gildo desde España gestiona alojamiento en Reikiavik para Cris e Irene. Eso me deja tranquila pues Adolfo y yo nos podremos apañar de cualquier manera y en cualquier lugar en el coche, esté ya cerrado con las ventanas o no. Al despedirnos de ellas me invade una tristeza profunda. Hoy quería que hubiera sido el día de Cristina, viéndola disfrutar entre los géiseres y sin embargo en un santiamén todo cambio su rumbo. “Cris, tratad de olvidaros del día de hoy cuanto antes, recordad todo lo positivo del viaje y disfrutad estos dos últimos días en la capital islandesa”. Un fuerte abrazo de Cristina me confirma que así será. Irene, espero que una vez cesen esas molestias musculares, puedas guardar en tu recuerdo una bonita travesía por este país tan especial.

    Problemas de nuevo en el envío del dinero de emergencia, hacen que no nos llegue hoy. Tendremos que esperar a mañana. Margrét nos deja suyo, personalmente de su propio bolsillo para que podamos echar combustible al Defender y comer algo. Nos localiza el taller de Rover para poder ir a poner las ventanas. Aquí también percibimos la solidaridad de los islandeses, para todos es inconcebible el robo que nos han hecho. Islandia es un país muy seguro. No están acostumbrados a estos percances.  

    En el taller se quedan hasta el final del día, sobrepasando las horas de trabajo, hasta que consiguen darnos una solución. En la isla no hay ventanas para el mismo modelo y mismo año del vehículo, pero nos adaptan de forma provisional las más parecidas para que podamos regresar a España. Son flexibles también con el pago, permitiendo que desde España se haga la transferencia al día siguiente.

    Margrét nos dio permiso para que pudiéramos dejar el Defender en el patio de atrás del Consulado y nos ofreció ir a poner la tienda en el jardín de su casa. Esa era nuestra idea y nuestra intención al ver que el Defender quedaba cerrado de nuevo.

    Pero, ¿sabéis? No fuimos capaces de dejar sólo el vehículo e irnos a poner la tienda a otro lugar. La desconfianza se había apegado a nosotros. Así que como pudimos, Adolfo y yo, encogidos en los asientos del coche, dormitamos un poco esa noche que fue tremendamente larga y en la que mi mente no hacía más que revivir una y otra vez las imágenes del Defender con las ventanas rotas, las puertas abiertas y el interior completamente revuelto y caótico.

    En el silencio de la noche, me invade de nuevo la tristeza. De nuevo regresa esa cadena de porqués a mi mente, quedando todos sin contestación.

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  • Tremendo robo con agresividad

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)   

    El primero en empezar a levantarse es Adolfo. Antes de que terminase de salir de la tienda se oye cercano cómo un coche con un motor potente se pone en marcha y acelera casi a tope en pocos segundos. “¡Nos han robado!, seguro” digo en voz alta, tras escucharlo.

    Adolfo es el primero en ver el Defender, tras subir un pequeño desnivel de apenas 6 metros en el que protegidas habíamos instalado las tiendas de campaña. “¡Nos han robado, está el coche abierto y un montón de cosas esparcidas alrededor!” dice Adolfo en voz alta.

    Mi corazón comienza a latir con fuerza, quiero pensar que no es real, que estoy soñando… Islandia es un país tremendamente seguro en este sentido. Los propios islandeses tienen por costumbre dejar las casas abiertas e incluso las llaves en los coches. No puede ser…, no puede ser cierto.

    Tremenda imagen contemplo. Las cuatro puertas del Defender abiertas, las dos delanteras con los cristales rotos. Un barullo de cosas revueltas por el suelo completa la estampa. Adolfo ya está junto al coche analizando tranquilo la situación. Su tranquilidad me llega y me hace ser consciente de la realidad, tenemos que hacernos con la situación con calma.

    Al aproximarme observo que el revoltijo de cosas en el exterior no es nada en comparación con el caos que hay en el interior. Han abierto prácticamente todas las bolsas y vaciado su interior, buscando lo que les interesaba, el resto está mezclado con los cristales… parece que una bomba hubiera explotado en el interior del vehículo.

    Aparecen las chicas, su cara refleja también el impacto por lo que tenemos delante. Todo lo teníamos en el coche, se habrán llevado todo lo que hayan deseado. Sólo les han quedado por abrir una bolsa de ropa y las cajas de comida e utensilios de cocina. Seguro que eso es lo que les faltaba cuando sintieron a Adolfo levantarse y se pusieron en marcha a toda velocidad, temerosos seguramente de que pudiéramos ver el vehículo en el que huían.

    En seguida pienso en el ordenador, los datos de la estación están todos en él. Siempre hago una copia de seguridad y la dejo enviada por internet, por si acaso ocurre algo para no perder la información. En esta ocasión todavía no lo había hecho. ¡Vaya, vaya, vaya! Información irrecuperable, son los datos horarios desde abril del 2011. Un año y medio de datos… ¡perdidos! Catastrófico para la expedición, un verdadero caos. Me invade una tremenda tristeza e impotencia… ¿Por qué?

    Ojeando un poco por encima en medio del caos del interior, descubro el ordenador. “¡No se lo han llevado, no se lo han llevado! Tenemos todos los datos”, grito sonriente. Ya no me parece todo tan caótico, ya no siento que sea una catástrofe tan grande. Tenemos lo irrecuperable… el resto poco a poco iremos reponiendo según haya posibilidades. Nos ha salvado que se trataba de un ordenador un poco extraño, robusto, de campo, pesado… poco normal y difícil de vender… Eso nos ha salvado.

    En un primer análisis confirmamos lo que era de esperar, nos han robado las carteras con todo el dinero, las tarjetas bancarias, la documentación, las cámaras de fotos, de vídeo, GPS, teléfonos móviles… lista que se va incrementando según vamos separando y ordenando el revoltijo caótico entre los cristales. Es una tremenda pérdida económica, pero al menos los datos de la estación los tenemos con nosotros.

    Se ha salvado el teléfono de Cristina -que tenía con ella en la tienda- y comienza a hacer las gestiones para que nos cancelen todas las tarjetas y después a la policía local para avisar del suceso.

    Sabiendo que está avanzando en este sentido, me despreocupo de esos temas y me centro en ir habilitando cuanto antes el Defender y poniendo orden a las cosas. Nos espera un día muy largo y tenemos que tratar de salir de aquí cuanto antes para poder empezar a solucionar algo en Reikiavik. Adolfo con paciencia va quitando los cristalitos del interior del coche y recogiendo del suelo antes de que vuelen, los tickets, comprobantes y facturas de los gastos que llevamos, e Irene tratando de separar y ordenar sus cosas.

    En medio de este caos pero con la felicidad de tener los datos con nosotros, el impacto de la agresión y lo caótico de la situación parecen quedar en un segundo plano. Mientras clasifico y ordeno, trato de comprender… pero no puedo. ¿Por qué?, ¿Por qué lo han hecho?, ¿Por qué nos ha pillado tan confiados?, ¿Por qué hemos parado a acampar en esta zona turística si nunca lo hacemos?, ¿Por qué no puedo dar marcha atrás al tiempo?, ¿Por qué no puedo cambiar la historia? Una gran cadena de porqués se agolpa en mi mente sin ser capaz de ubicarlos, de darles una respuesta…

    Sin nada de dinero con nosotros soy consciente que el combustible que tenemos en el Defender debemos de estirarlo al máximo para poder llegar a Reikiavik… Y allí, ¿a dónde?, ¿qué nos deparará el día?  

  • El recorrido va llegando a su fin

    Cascada Godafoss

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)

    Los días se suceden y poco a poco el recorrido con el que estamos obsequiando a Cristina e Irene va llegando a su fin. Hemos podido mostrarles una gran variedad de paisajes. Queda mucho por ver, es una isla espectacular y sorprendente. Pero aquí está y seguirá. Espero que todo lo que hayan podido recopilar en sus notas, les sirva para sacar adelante ese material para el proyecto educativo del que ya os dije os anunciaremos a nuestro regreso de la campaña ártica. Estoy deseosa de ver cómo dan forma a todo ello.

    Tras seguir recorriendo el Norte de Este a Oeste descendemos para aproximarnos a Reikiavik, donde dejaremos a las chicas pasado mañana tras mostrarles los géiseres asociados al rift, próximo a la capital islandesa.

    Irene me sigue preocupando, sigo percibiendo cómo su desazón ha ido incrementándose y su humor empeorando según avanzan los días. ¿Se sentirá incómoda con esta forma de desplazarnos? A mi me agrada no saber dónde voy a dormir cada día, dónde vamos a poder instalar el campamento, qué recorrido haremos… todo ello, me hace sentir libre. Pero esta incomodidad de nuestra acompañante me hace pensar que no todos somos iguales y a lo mejor la falta de seguridad del futuro inmediato puede producir desazón en algunas personas. Al hablar con ella y preguntarle, tratar de implicarla en el recorrido, en las decisiones de grupo, nos indica que todo va bien… Pero la realidad es muy diferente y esa incomodidad nos afecta como equipo, sobre todo al desear que estas dos hermanas tengan un viaje inolvidable. 

    Nos adentramos en la zona más poblada de Islandia, de la que habitualmente huimos Adolfo y yo, sobre todo cuando andamos de expedición, inmersos en plena naturaleza durante tanto tiempo.

    Al ser una zona tan turística, les proponemos seguir la estrategia que tan bien nos funcionó cuando vimos la impresionante cascada Dettifoss. Nos aproximamos a la zona, pasamos Pingvellir y a tan sólo 25 kilómetros de Geysir, montamos nuestro campamento. Mañana madrugaremos y tendremos los géiseres libres de turistas pululando a su alrededor.

    Al montar el campamento Cristina nos pide el botiquín, para ver si hay algún relajante muscular que darle a Irene. ¡Vaya!, parece que aflora la raíz del problema. Tiene molestias lumbares que parece conocerlas pero no controlarlas del todo según avanzan los días de campamento. Esa incomodidad ha ido minando poco a poco su descanso y con ello el buen humor se ha ido esfumando. Una pena no haberlo sabido, seguro que entre todos con el equipo unido, hubiéramos podido mejorar su estancia con nosotros. 

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  • Área geotermal de Krafla

    Adolfo en primer plano, Cristina e Irene al fondo de la cueva

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)

    Tras el buen sabor de boca de la Península Melrakkaslétta con esa parada en el punto más septentrional de la isla, avanzamos hacia el oeste, recorriendo la península de Tjörnes, mostrando a Irene lugares posibles donde observar al frailecillo, ave emblemática de Islandia.

    Tras un día por estos acantilados y antes de continuar nuestra vuelta hacia el oeste, descendemos algunos kilómetros para enseñar a Cristina el área geotermal de Krafla, asociado al rift o separación de las dos placas tectónicas que configuran esta isla. Sabemos que como futura ingeniera de minas, le va a encantar.

    El sistema volcánico de Krafla cuenta con una caldera de aproximadamente 10 km de diámetro y una larga zona de fisuras. Se han registrado veintinueve erupciones de este volcán de 2 km de profundidad, teniendo lugar la última de ellas en 1984. Entre los años 1724-29 tuvieron lugar los llamados fuegos de Mývatn, donde numerosas fisuras volcánicas se abrieron y las fuentes de lava ocasionadas se pudieron ver desde el sur de la isla. Asociada a Krafla existe una planta geotérmica que abastece gran parte del consumo energético del país que está funcionando desde 1977.

    En los alrededores se puede contemplar una fantástica área geotermal plagada de barro hirviente, solfataras y fumarolas. ¿Sabéis que las solfataras se caracterizan por el olor a huevos podridos? Ello es debido a que desprenden ácido sulfhídrico, el cual en contacto con el aire deposita una pátina amarilla de azufre nativo.

    Otra curiosidad, ¿sabéis por qué surge ese barro hirviente en lugar de agua? Es debido a que en esa zona donde se produce, al acuífero subterráneo ya no le queda prácticamente agua, sólo la de la arcilla y por tanto aflora el barro hirviente.

    En el margen del sistema volcánico de Krafla se encuentra el lago Mývatn, que con sus 39 kilómetros cuadrados es el tercero en tamaño de Islandia, mientras que su profundidad sólo llega a los 4 metros. El área de este lago está considerada como El Dorado de los vulcanólogos y los ornitólogos. ¡Vamos!, que es un extraordinario laboratorio al aire libre.   

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