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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Un velero, una ilusión

    El mar, la mar… son palabras mayores. Desde pequeña fue una especie de misterio para mí y una búsqueda insaciable. Búsqueda, ¿de qué? No lo sé con certeza. Me atraía. Es mágico, inmenso, relajante, lleno de libertad, colmado de energía positiva y rebosante de aventuras.

    Ya sabéis que soy asturiana, pero desde que tenía cinco años estoy viviendo en Salamanca… ¡vaya, mi destino parecía alejarse de esa magia marina!

    Hace un año, me saqué el título del PER (Patrón de embarcación de Recreo) con la Habilitación a Vela. Os escribí algún artículo en este blog sobre ello, porque disfruté como una enana aprendiendo términos marineros y quería compartirlo con vosotros.

    Parecía un acercamiento a mi adorado mar…, pero no, todo quedaba en una especie de sueño, de ilusión óptica. El mar continuaba lejos, fuera de mi alcance.

    Sin embargo, algo inesperado se produce y soy consciente que, esta vez sí, me voy a acercar a mi adorado mar. La fecha es ya significativa, el 8 de marzo de este año, recibo un velero. Sí, “recibo”, he escrito bien. Por circunstancias de la vida, una familia amiga me lo pasa.

    El velero, de 9,25 metros de eslora y 3,05 de manga, está “prisionero” en el embalse de San Juan, en la provincia de Madrid. Lo primero que pienso es “liberarlo” de su encierro y devolverle la libertad en el mar. ¿En qué mar? En el Cantábrico, el de mi tierra asturiana, como no podía ser de otra manera.

    No fue tan sencillo ese transporte por una serie de factores que ahora no os voy a enumerar para no alargar demasiado el artículo. Pero si tenéis curiosidad y queréis que os escriba sobre ello, no tenéis más que decírmelo. Además tiene una historia iniciada en los países nórdicos, no lejos de alguna de nuestras estaciones de medida.

    La semana pasada fue una semana importantísima para el velero y para mi ilusión. Conseguimos hacer la maniobra y el velero ya esta en mi tierra. No os imagináis qué sonrisa se instaló en mi cara desde entonces. Está en el puerto, pero con el mar a la vista. Ahora me tocan fines de semana continuos de trabajo de astillero hasta que lo consiga preparar por completo y espero que para la primavera haya concluido y pueda por fin… ¡comenzar a navegar!

    No sé cuándo, pero el mar me enamoró y nunca más me dejó ir…

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