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Blog: Karmenka desde los Polos

  • En el alocado mundo civilizado…

    Tras la etapa de tránsito en el Campo de Hielo Norte chileno, nos encontramos ya  en el “alocado mundo civilizado”. ¡Qué tremendo contraste!

    Andar por las calles entre la gente, pisar hormigón y baldosines continuamente, coches circulando alrededor, ruido ensordecedor en cualquier lugar, un olor extraño en el aire… y prisas, prisas para todo. Hay plazos de tiempo para realizar cualquier cosa. Una velocidad de vértigo. Así es cómo avanza este mundo civilizado. Cuando ya se lleva una temporada viviendo en él, el organismo se  adapta, ¡qué remedio!, pero ahora, llegar del “paraíso de la tranquilidad” y encontrarse con esto, es no entender nada. ¡Puf! 

    Mi sensación, ¿queréis saber cómo la percibo? Me encuentro como flotando, como si estuviera viendo toda esta realidad desde otro mundo, con otra perspectiva. Percibo a mi alrededor que todo se mueve a esa velocidad supersónica y yo- todavía sin adaptarme a esta nueva situación- continuo avanzando a mi paso, tratando de entender lo que ocurre a mi alrededor.

    Queridos expedicionarios, no sé si lográis entenderme, si sois capaces de comprender el contraste tan grande…, mientras yo lo voy asimilando os dejo trabajito. Los más pequeños tenéis un nuevo tema, la precipitación. Después de todo lo que habéis aprendido y experimentado con el ciclo del agua, las nubes y los tipos de ellas, con este nuevo tema englobareis todo lo anterior. ¡Ya veréis qué relación existe entre todo!   Y para los mayores, los que estáis comenzando con vuestras investigaciones antárticas, tenéis la ficha 4 sobre la flora y la fauna antárticas. ¡Ya veréis las reservas que atesora este paraíso blanco!

    ¡Adelante a todos con el trabajo! Yo me iré adaptando y así en breve os contaré todo lo pendiente que tengo con vosotros. Por cierto, os adelanto que tenemos buenas noticias sobre el Campo de Hielo Norte. 

    • En el alocado mundo civilizado…

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  • El Espíritu Antártico (por Alejandro Álvarez Luque)

    Cuando hace unos días leí el relato en el que Karmenka nos contaba su triste despedida de la Antártida experimenté una sensación difícil de explicar: antes que nada, empatía y solidaridad para con ella, con su angustia que, por la incontenible emoción, le llevó hasta las lágrimas,(a buen seguro también a más de uno/a al leerla).

    Pero en seguida intenté preguntarme qué tendrá el continente helado, reino inmaculado de los hielos que, año tras año, produce en Karmenka una sensación de total abandono, desubicación le llama ella, que le sumerge por unos días en un estado de profundo abatimiento.

    Y me atrevo a decir que son dos las causas: por un lado la cegadora belleza del lugar, ese silencio profundo, esa inmensa soledad que debe envolverle a uno e impregnarle de una paz y sosiego difícil de alcanzar en el mundo en que vivimos y me temo que será imprescindible cuando te despides pensar si no será la última vez que alcances aquel territorio sublime. Por otro lado, aquí sí, el espíritu antártico, esa profunda y fraternal solidaridad para con los demás seres humanos que la habitan, incluyendo animales y plantas y el mágico entorno. Tiene que ser una consecuencia de constatar lo débil y desamparada que es cada persona en condiciones tan extremas y hostiles, lo que lleva a que afloren los mejores comportamientos de que uno es capaz.

    La fotografía que ilustra la despedida es todo un significativo poema: todos esbozan una sonrisa para inmortalizar el instante, pero se adivina una gran tristeza al saber que tendrán inexorablemente que separarse, una vez más, y esperar que el destino los vuelva a reunir en el mismo fantástico lugar para poner de manifiesto, de nuevo y renovado, el mismo espíritu antártico.

    Que así sea. Un abrazo emocionado para Adolfo y Karmenka y mucho ánimo de parte de todos los expedicionarios que os llevarán y acompañaran en la ya próxima aventura antártica.

  • ¡Qué tristes son las despedidas!

    Tratar de describiros cómo fue nuestra despedida en la Antártida, me llena de nuevo de emoción. No tengo casi palabras para este artículo, está lleno de sentimientos. Fue tremendamente conmovedor.

    Las despedidas de la Antártida son siempre muy difíciles, pues alejarse de lo que significa “la tranquilidad antártica” a todos los niveles es muy complicado. Eres consciente que en breve estarás de nuevo inmerso en el “alocado mundo civilizado”… ¡Tremendo contraste!

    Por mucho que pueda contaros, narraros, describiros… ¡creedme!, está a años luz de lo que se siente interiormente. Sólo si se ha vivido esta experiencia antártica se entiende de verdad.

    A toda esta realidad, añadid que hemos estado viviendo en nuestra casa, la Base Rusa Bellingshausen. No hemos sido unos extranjeros, hemos formado parte de una gran familia integrada por una veintena de personas. ¡Cómo no va ser triste la despedida!

    Siempre que está Oleg como jefe, consigue un equipo muy unido. Tiene esa habilidad para crear un grupo que se mueve en una verdadera atmósfera de familia. A algunos conocíamos de otras campañas, pero muchos fueron en esta ocasión la primera en la que nos encontramos y ¿sabéis la magia del entorno? A los pocos días, éramos ya todos como amigos de siempre.

    Una inolvidable fiesta con barbacoa incluida preparan en nuestro honor para la despedida. Cada uno te entrega un pequeño obsequio, muchos hechos por ellos mismos empleando sus habilidades. ¡Qué detalle tan agradable!

    El día de nuestro vuelo, todos estábamos tristes. Nosotros porque nos íbamos y ellos por nuestra partida. Eran conscientes además de que su estancia en el Continente Blanco también se acercaba a su fin. Está próximo a llegar el barco que lleva a la nueva dotación con todos los víveres y materiales que necesitan para un año más. La dotación de Oleg está cerrando su estancia de un año en la Base.

    Llega el día… el avión aterriza y todo se precipita. El final ha llegado de verdad. De nuevo esa sensación extraña del tiempo: parece haber sido un año entero en la Antártida, gracias a la cantidad de vivencias de estas semanas.

    No podemos detener más el tiempo, hay que subirse al avión ya. Abrazo tras abrazo, nos vamos despidiendo de cada uno. Un nudo se me instala en la garganta, no soy capaz de articular palabra… y mucho menos de detener las lágrimas. Quedan libres, resbalando por las mejillas… hasta que manos amigas las retiran.

    El avión con un viaje que parece un túnel en el tiempo, una aproximación al “mundo civilizado”. Llegada a Punta Arenas, atontada, desubicada, viajó mi cuerpo pero mi mente parece haberse quedado todavía deambulando por la Antártida… Le costará unos días alcanzar a mi cuerpo.

    Tengo que haceros un balance de lo que fue nuestra expedición antártica, lo que logramos hacer y lo que fue imposible, los planes de futuro… pero será en otro artículo. Ahora tenemos una etapa intermedia entre la “tranquilidad antártica” y el “alocado mundo civilizado” que es en el Campo de Hielo Norte chileno… y gracias a ella ese “salto” no será tan duro.

    • Preparando para la barbacoa

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