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Blog: Karmenka desde los Polos

  • ¿Queréis acompañar a mi mente en el río?

    Concentración. Primero que el río no me lleve. Precaución en los puntos donde la corriente empuja más y la profundidad es mayor. Las piernas siempre en tensión aguantando la fuerza del agua y los golpetazos de las piedras que arrastra en tantas ocasiones. El agua está más bien “fresquilla”, no llega a los 0ºC, pero no sube por encima de 1ºC. Viene directamente del glaciar, es ese hielo que se está fundiendo.

    El equipo para realizar estos aforos (mediciones de caudal instantáneo en los ríos) es muy delicado. Hay que trabajar muy fino con él. Es de mucha precisión. Hélice, cuentavueltas electrónico, sujeción correcta de la varilla, altura adecuada del punto de medición... Cuando la profundidad es grande, mantener la orientación correcta de la hélice es tarea complicada. La fuerza del agua es impresionante.

    Al principio las manos trabajan decentemente, pero según se van quedando frías, se incrementa la incomodidad para sujetar con fuerza y realizar correctas las mediciones. Mantente en esa posición, sin mover un solo músculo durante un minuto mientras la hélice gira según la velocidad del agua y el cuentavueltas hace eso: “contar las vueltas”. Repite medición para comprobar que no hay error en la medida. Avanza 30, 40 ó 50 centímetros -según sea la anchura del río-, con cuidado de que el agua no te envuelva en su cauce. Vuelve a prepararte para otra medición. Primero mide profundidad y después acorde con ella, recoloca la hélice en la varilla. Vuelve a contar vueltas de la hélice girando según velocidad… Y así, hasta alcanzar la otra orilla. Suelen ser unos 45-60 minutos en total, lo que dura uno de estos aforos en el río.

    No sé cuándo, pero llega un momento en que el frío ya se ha apoderado de ti, por fuera y por dentro. Y con ello la fatiga muscular. Eres consciente de que tienes que dejar la mente alejada de esa sensación y concentrarte en la medición. No puede haber error. Es como un entrenamiento. Las primeras veces me costaba más. Después le fui “cogiendo el truco”. Aún así, en ocasiones es difícil. La mente te quiere traicionar. Tremendamente caprichosa, la muy pilla aprovecha esos momentos para preguntarte: “¿Por qué estás haciendo esto?”; “Y si en lugar de estar aquí congelada estuvieras tumbada, relajada, leyendo, al calorcito…”; “Piensa que además tienes que autofinanciar el proyecto en muchas ocasiones”; “¿Y tú crees que la gente valora este trabajo?”; “¿Servirá para algo tanto esfuerzo?”; “Si la sociedad parece haber perdido el rumbo, tú no puedes hacer nada”...

    ¡¡¡Puf!!! Llegados a ese punto, te das cuenta de que el cuerpo está temblando de frío. ¡¡Calma, calma!! Concentración. Lo que importa ahora son las medidas. Fuera pensamientos. No les prestas atención. Los dejas ir, como si observases a un tren con sus vagones pasar delante de ti. Abstracción de esos razonamientos. Toca centrarse en el trabajo. Comienzas a mover los músculos interiormente para generar calor. Descubres con agrado que estás venciendo al tembleque y poco a poco se va esfumando. Te sumerges en tu tarea.

    Y así con paciencia resistes los 45-60 minutos del aforo… Es un triunfo alcanzar la otra orilla. ¡Bravo! Salgo del agua. ¡Conseguido! Una infusión caliente del termo, una caminata, unos saltos… hay que quitar el frío. Y ahora, ¿cuándo tocará medir otra vez? No se sabe, hay que estar pendiente del río, de las variaciones de su nivel. Él es el jefe para esta labor. Puede ser dentro de cinco horas, de diez o al día siguiente. Lo único seguro es que habrá que volver…

    Si por las condiciones meteorológicas existentes, el frío que se agarró a tu cuerpo no te abandona fácilmente, lo mejor es después de tomar algo caliente y moverte un poco, meterte en el saco dentro de la tienda de campaña. Viviendo a la intemperie es la opción más acertada. Si además coges un poco el sueño y duermes unos minutos, cuando abres los ojos y contemplas encima el techo de la tienda de campaña y a tu alrededor el saco, tu cara se ilumina con una sincera sonrisa, te llenas de un exquisito confort y te sientes tremendamente afortunada. ¡¡Ya estoy lista para volver al río!!

    • Karmenka aforando en el río glaciar

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  • ¡¡Vaya semanitas de adaptación!!

    Desde nuestra llegada de la expedición han pasado ya tres semanas… ¡y vaya semanitas! Una verdadera vorágine que intenta una y otra vez capturarme. ¡Sí, sí!, habéis leído bien “intenta”, porque no lo consigue. Tengo unos aliados inseparables que no me abandonan en esta misión. ¿Queréis saber algo más de estos aliados? Son los gratos recuerdos del Sur, ¡sí!, tan sencillo y tan inusitado como unos gratos y sinceros recuerdos.

    Muy bien analizaba y describía Alejandro hace algunas semanas en el artículo “El Espíritu Antártico”, la razón de estas sensaciones. Por un lado, el paisaje helado con su grandeza y sencillez al mismo tiempo, colmado de un profundo silencio y una soledad inmensa, inundando todo de una paz contagiosa.  Y por otro, sus gentes que son capaces de crear un entorno donde priman la solidaridad, la lealtad, la sinceridad, el desinterés, la bondad, la honradez, la confianza, la camaradería…

    Juntad ahora esos ingredientes, imaginad el fantástico resultado… pues ese es el tesoro que tengo guardado en mi interior. Esas añoranzas de un ambiente tan confortable y armonioso que podría calificar de idílico.

    Os decía en el último artículo… de hace ya tres semanas (vaya velocidad de vértigo aquí en el mundo civilizado), que el contraste es grande. Sigo percibiendo esa tremenda disparidad, pero voy saliendo adelante. Resueltos los temas más urgentes, retomo el Blog.  Expedicionarios, es un verdadero placer ver cómo seguís avanzando, despacito en estas últimas semanas, pero avanzando. Se nota que andáis de exámenes. Sería estupendo si podéis continuar cada grupo por donde lo tenéis pendiente, a ver si cuando os vayáis de vacaciones sois capaces de mirar al cielo, observar las nubes y hacer vuestras primeras predicciones.

    Cuando tengáis todo el trabajo hecho, podemos ir pensando en juntarnos todos y así nos conocemos en realidad y pasamos de la virtualidad al mundo real. 

    • La inmensa paz antártica

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  • En el alocado mundo civilizado…

    Tras la etapa de tránsito en el Campo de Hielo Norte chileno, nos encontramos ya  en el “alocado mundo civilizado”. ¡Qué tremendo contraste!

    Andar por las calles entre la gente, pisar hormigón y baldosines continuamente, coches circulando alrededor, ruido ensordecedor en cualquier lugar, un olor extraño en el aire… y prisas, prisas para todo. Hay plazos de tiempo para realizar cualquier cosa. Una velocidad de vértigo. Así es cómo avanza este mundo civilizado. Cuando ya se lleva una temporada viviendo en él, el organismo se  adapta, ¡qué remedio!, pero ahora, llegar del “paraíso de la tranquilidad” y encontrarse con esto, es no entender nada. ¡Puf! 

    Mi sensación, ¿queréis saber cómo la percibo? Me encuentro como flotando, como si estuviera viendo toda esta realidad desde otro mundo, con otra perspectiva. Percibo a mi alrededor que todo se mueve a esa velocidad supersónica y yo- todavía sin adaptarme a esta nueva situación- continuo avanzando a mi paso, tratando de entender lo que ocurre a mi alrededor.

    Queridos expedicionarios, no sé si lográis entenderme, si sois capaces de comprender el contraste tan grande…, mientras yo lo voy asimilando os dejo trabajito. Los más pequeños tenéis un nuevo tema, la precipitación. Después de todo lo que habéis aprendido y experimentado con el ciclo del agua, las nubes y los tipos de ellas, con este nuevo tema englobareis todo lo anterior. ¡Ya veréis qué relación existe entre todo!   Y para los mayores, los que estáis comenzando con vuestras investigaciones antárticas, tenéis la ficha 4 sobre la flora y la fauna antárticas. ¡Ya veréis las reservas que atesora este paraíso blanco!

    ¡Adelante a todos con el trabajo! Yo me iré adaptando y así en breve os contaré todo lo pendiente que tengo con vosotros. Por cierto, os adelanto que tenemos buenas noticias sobre el Campo de Hielo Norte. 

    • En el alocado mundo civilizado…

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  • Entrevista a Jorge Nusa, Meteorólogo de la Base Artigas

    Os voy a confesar una cosa. Desde que regresamos de la Antártida y con respecto a los artículos que os he ido escribiendo, algunos habéis visto que iban acompañados de vídeo y otros no. Los vídeos que he ido utilizando los tenía ya editados durante mi campaña antártica. Aprovechaba siempre que podía para ir adelantando trabajo, porque había días que me era imposible dedicar tiempo a la edición de vídeo. Esto me permitía ir teniendo una especie de “almacén” con algunos ya listos, sólo necesitaban el acompañamiento de las palabras.

    Pues bien, este vídeo que veis hoy, es el primero que edito ya en España. Os comenté alguna vez ya, que es muy difícil la adaptación al mundo civilizado tras una expedición, y este es otro pequeño detalle que os lo confirma. ¡¡¡Con lo hilvanada que estaba yo con la edición!!!, que me quitaba tiempo de dormir o de donde fuera para poder sacar los vídeos adelante, y que no sea capaz hasta hoy –mes y medio después de la llegada- de volver a retomar esta tarea… ¡¡es tremendamente significativo!! 

    Hoy nos toca otra entrevista de los componentes de ANTARKOS XXVII de la Base Artigas. Os dejo con el Meteorólogo, ¡¡¡ya veréis todo lo que nos cuenta!!! Además es un gran divulgador y observaréis en el vídeo cómo se nota que está acostumbrado a dirigirse al público.

    Os termino revelando otra cosilla... Tuve un empujoncito para emprender de nuevo la tarea de editora, ¿sabéis cuál? Jorge, el protagonista del vídeo de hoy, me mandaba algún mensajito de vez en cuando y me preguntaba: “Karmenka, ¿cómo vas con mi entrevista?”… “Todavía no he podido empezarla” le tenía que decir. Pasaban los días y de nuevo: “Karmenka, ¿qué tal el vídeo del meteo?”… Sí, y así una y otra vez. Ya se me caía la cara de vergüenza, hasta que le dije: “el próximo artículo del Blog va con tu entrevista”. ¡Y dicho y hecho!

    A ver si ahora que he calentado motores, continúo editando algún que otro vídeo con el material que me he traído grabado de mi adorada Antártida, haciendo un huequillo en mi larga lista inacabable de cosas pendientes. 

    ¡Gracias amigo Jorge!

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  • Tercer trabajito quincenal: Es de analizar mucho…

    Os cuento en primer lugar que ya me voy ubicando. Cuesta, pero no queda más remedio. El contraste de vida es realmente grande: el entorno, la forma de vida, la gente, el ambiente... Poco a poco y sin perder esa burbujita a mi alrededor -que me ayuda a conservar todo aquello-, me voy ubicando de nuevo en lo que llaman “mundo civilizado y de bienestar”…  

    En segundo lugar os anuncio que seguimos con lo que nos traíamos entre manos. Continúo narrándoos todo lo que me quedó sin poder hacerlo durante nuestra expedición. Vais a quedar asombrados de cómo lo que se vive allí es muy intenso y variado. Cada día es nuevo y diferente a cualquier otro. Fijaros que de lo que pasó en aquellos meses, no he podido escribiros todo en el tiempo presente en el que acontecía, y seguramente necesitaremos otra temporada igual para terminar de hacerlo. Y eso que lo que os escribo es siempre un resumen, pequeñito resumen de lo que ocurre. ¡Así que imaginaros! Y sin más preámbulos, ¡continuamos adelante, expedicionarios virtuales! 

    En tercer lugar, toca “trabajito”… que no me he olvidado de ello. Este es muy especial. No vais a tener que buscar información en ninguna enciclopedia, ni en ningún libro, ni en ninguna página de internet… ¡no, no! ¿Sabéis dónde vais a tener que buscar? Dentro de vosotros, en el interior de cada uno está toda la información que hace falta. No va a ser fácil, os va a tocar hurgar bastante en lo más recóndito de vuestros pensamientos. Pero seguro que lo vais a conseguir.

    “¿Qué nos mandará está vez Karmenka?”, os estáis preguntando. ¡Voy, voy! A ver si os lo explico bien.

    Os vais a poner en el caso de realizar vosotros una expedición de este tipo que terminamos de llevar a cabo. Os lo tenéis que imaginar muy bien y muy real si queréis hacer un buen trabajo. Y se trata de responder a dos preguntas, como si miraseis desde dos lados diferentes:

    1- Estando allí en la Antártida, tal y como hemos vivido nosotros, ¿echaríais de menos “algo” que tengáis habitualmente aquí?

    2- Una vez que regresáis de la expedición y volvéis de nuevo a este mundo civilizado, ¿pensaríais que “algo” de lo que habitualmente tenéis aquí es superfluo, prescindible?

    Entre comillas os escribo “algo” porque refleja todo lo que queráis: cosas, personas, objetos, algo natural, algo artificial, hábitos, costumbres, algo material, algo no tangible, sentimientos… ese “algo” es “todo”.

    No respondáis a la ligera, porque lo que quiero es que analicéis bien. Os voy a dejar suficiente tiempo, pongamos la fecha límite de subirlo al Blog el 23 de Febrero. Así podéis dedicar tiempo suficiente a analizar dentro de vosotros mismos esas cuestiones, luego las ponéis en común con los demás integrantes del grupo y finalmente les dais forma y las escribís en el Blog.

    Tenéis que analizar bien cada día desde que os levantáis hasta que os acostáis e incluso cuando dormís, cómo dormís… tenéis que analizar todo, todo, todo. Los días de clase, los días de descanso,… no perdáis detalle de todo lo que vivís, analizarlo, cualquier pequeño detalle va a ser muy significativo. Ya lo veréis.

    ¿Os atrevéis con este trabajito? Yo confío en vosotros y estoy segura de que no os vais a precipitar escribiendo y que vais a ser capaces de realizar un buen análisis en vuestro interior. ¡Ánimo expedicionarios! 

    • Llegada a España tras la campaña antartica I
    • Llegada a España tras la campaña antartica II

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  • La puna, el soroche o el mal de altura

    Volcán Parinacota, de 6330 metros de altitud

    (Crónica enviada por teléfono satelitario)

    De nuevo 48 horas desde mi último artículo en el Blog y de nuevo gran cantidad de cosas para contaros. Para darle continuidad en el tiempo os diré que ese último escrito que os mandé, me costó escribirlo, me costó terminarlo y un último esfuerzo para poder hacer la conexión con el teléfono satelital. No quería demorar el escribiros porque ya iban dos días de nuestra salida de Punta Arenas y me gusta manteneros al día. Así que la verdad, no sé de donde me salió la fuerza, pero conseguí hacerlo.

    Al poco de terminarlo me iba encontrando cada vez peor. Al principio pensaba que era simplemente cansancio por el viaje a la madrugada, por los imprevistos con el 4x4 a nuestra llegada y por nuestra puesta en ruta inmediatamente hacia el Altiplano.

    Eso pensaba hasta que empecé a devolver, aumentó mi malestar, un tremendo dolor de cabeza que me la oprimía como si tuviera una losa encima, por las cervicales y por la frente… Era horroroso. Según pasaban las horas aumentaba mi malestar, mi dolor de cabeza, continuaba devolviendo… me iba quedando sin fuerzas para nada, casi no podía ni hablar, ni mover una mano… nada, no valía para nada.

    Recuerdo la noche, metida en el saco de dormir, con escalofríos, el tremendo dolor de cabeza no me dejaba conciliar el sueño y cada poco tenía que levantarme a devolver. Para el dolor de cabeza había tomado alguna medicina, pero ni por esas me dejaba. Pensamos que había tomado algo que me sentó mal.

    Al día siguiente continuamos avanzando por la pista por el Altiplano alcanzando los 5000 metros de altitud, pasamos junto a la antigua mina de oro de Choquelimpie, y después llegamos a las termas de Churiguaya. En la planificación de la ruta del día anterior no os podéis imaginar la ilusión que tenía de pasar por unas termas naturales y darme un bañito relajante. Pero fijaros que mal me encontraba que al llegar al lugar no tenía ninguna gana.

    Con un esfuerzo tremendo salgo del coche, tomo mi cámara y hago algún vídeo del lugar… pero con un esfuerzo inimaginable, parecía una muñequina de trapo. “Me voy a arrepentir de no meterme en estas termas”, pienso para mis adentros. Así que finalmente decido darme un bañito.

    La temperatura en el exterior era de unos 3ºC, así que al irme quitando la ropa me voy espabilando un poco. Trato de meterme en una primera poza, pero el agua era demasiado caliente, así que voy a una segunda, algo más pequeña pero con el agua ya un poco más asequible. Fantástico el bañito, me unté todo el cuerpo con la arcilla volcánica, me limpié con las aguas termales y al salir, el fresquito del exterior me hizo sentir perfectamente. Era como si se me hubiera quitado una losa de encima.

    Tras mi mejoría, continuamos con la ruta y llegamos al lago Chungará, a 4570 metros de altura, que ocupa 2150 hectáreas, con aguas que reflejan las imponentes cimas nevadas de los volcanes Parinacota, Pomerape y Sajama, todos de más de 6000 metros. Os diré que para entonces mi malestar había aparecido de nuevo, se ve que el efecto reponedor de las aguas termales ya pasó.

    Continuamos y llegamos al pueblo de Parinacota, ubicado a los pies del volcán que os nombraba anteriormente. Su origen es prehispánico, pero fue ocupado por los españoles por estar en la ruta a Potosí. Por cierto, ¿os apetece investigar un poco sobre Potosí?

    Parinacota cuenta con apenas 25 habitantes, es un pueblo ritual, cuya población aymara vive en los lugares de pastoreo y sólo acude a su hogar para las fiestas religiosas. Cuenta con una preciosa iglesia de la que os dejo algunas imágenes para que disfrutéis de ella.

    Traté de hacer algunas grabaciones en el pueblo, a la hermosa iglesia y… ¿qué me ocurrió entonces? De ese esfuerzo tuve de nuevo ganas de devolver, pero ahora sólo echaba líquido pues llevaba ya más de 24 horas sin poder comer nada. “No, algo no va bien”, pensé. Tenemos que bajar cota.

    Así que emprendimos camino directo bajando altitud y al poco de pasar Putre, llegamos a Maillku, pueblecito formado por una única familia con sus hijos, que conocimos en nuestra subida. Es una familia encantadora, han construido su propia casa a 3000 metros de altitud, justo antes de empezar la Precordillera. Llevan ya más de 20 años viviendo aquí, alejados del mundo moderno, civilizado, estresante… Ambos en el matrimonio, tienen estudios y han estado viviendo en el mundo civilizado hasta que hartos de él, decidieron llevar una vida más natural y próxima a la tierra, donde han criado y educado a sus hijos.

    Nada más llegar y verme, Andrea, -la señora, que es médico-, me dijo que lo que tenía era la puna. Sí, el mal de altura. Nos dijo que no teníamos que haber subido tan rápido de cota. Lo mejor sería aclimatarse durante 5-6 días a 3000 metros y después cada 500 ó 1000 metros más de ascenso, otros 5-6 días de aclimatación. Es decir, que habíamos hecho en tan sólo dos días lo que debíamos de haber realizado en 15 días. Me miró el oxígeno que tenía en sangre y al ver que era bajo me puso algo de oxígeno. “No es realmente necesario, pero así te recuperas antes”, me dijo. Alexi, su marido, me preparo una infusión de coca. Y efectivamente, poco a poco me fui encontrando mejor. Me cambió el color de la cara, podía volver a hablar, a reírme, me sentía con fuerzas para caminar, para echarme a correr. En definitiva, volvía a ser yo.

    Por seguridad, Andrea le comprobó el oxígeno a Adolfo y él estaba perfectamente y eso que conforme avanza la edad es más fácil de sufrir la puna, según nos explicó Andrea. Me dijo también que no estaba tan mal para lo que es habitual y teniendo en cuenta lo que habíamos hecho. Nos comentó de casos muy problemáticos que le tocó atender y habiendo ascendido menos. Nos dijeron incluso que ellos, viviendo a 3000 metros de altitud, tienen que tener cuidado cuando ascienden y van poco a poco aclimatándose con el tiempo necesario. Han visto incluso muertes por un ascenso muy rápido… “¡Vaya!, así que después de todo, no puedo quejarme”, pensé para mis adentros.

    Yo creo, por propia experiencia que esto de la puna o el soroche, depende también de cómo se encuentre el organismo y creo que en esta ocasión me ha pillado un poco débil. ¿Por qué os digo esto? Hace 4 años, subiendo también del nivel del mar a casi los 5000 metros de altitud en tan sólo dos días, me sentía como una rosa. Y como tenía ganas de saber qué era el soroche, me eché una carrera cuesta arriba y a toda velocidad… Fue genial, porque iba notando como poco a poco mi organismo se paraba, iba como a cámara lenta hasta ver que no avanzaba. Me recordó a los sueños esos que a veces todos tenemos, en los que corres y no avanzas nada. Y así fui perdiendo las fuerzas, no podía respirar, hasta que tuve que tirarme al suelo y recuperar. Eso tuve que hacer para sentir la puna y ahora de sorpresa me viene a saludar ella solita. Por eso, yo creo, que me pilló un poco débil después de la expedición antártica. 

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  • Instalando el campamento base de GLACKMA en la Antártida

    Gracias al apoyo logístico de los uruguayos en su Base Artigas, podemos realizar una búsqueda tranquila del lugar idóneo para instalar nuestras tiendas de campaña.

    La zona seleccionada tiene que ser, por descontado, fuera del casquete glaciar que cubre casi en su totalidad a la isla Rey Jorge. No sería confortable tener bajo las tiendas -durante prácticamente dos meses- el hielo glaciar. Sería un perfecto conductor del frío a nuestras espaldas cuando nos echásemos a dormir.

    Por otro lado, en las zonas libres de hielo glaciar -que conocemos ya perfectamente de años anteriores-, nos encontramos ahora todavía con partes cubiertas con nieve. Falta menos ya para el verano y la nieve se va fundiendo poco a poco, pero hay zonas que debido a las ventiscas invernales, ésta se ha ido acumulando y ha quedado más compacta. Ahora con las temperaturas primaverales en las que alcanzamos ya los 0ºC o incluso en algunos momentos centrales del día los 2ºC, esa nieve se va fundiendo.



    Buscamos una pequeña loma en la que ya asoma el suelo bajo la nieve y queda un poco elevada al mismo tiempo, evitando así que la nieve de alrededor al fundirse, venga a parar a nuestras tiendas. Debido al proceso de gelifracción, las piedras son tremendamente cortantes y otra tarea obligada -si queremos estar luego confortables- es retirarlas un poco y tratar de allanar en lo posible el lugar seleccionado.

    Los pasos siguientes: montar las tiendas de campaña protegiendo las bases con abundantes piedras, debido a los fuertes vientos que tendrán que soportar y después poco a poco ir llevando el material de trabajo, la ropa, los equipos, la comida… Toda esta tarea que podía ser pesada la hemos podido realizar muy cómoda y relajadamente al contar con el cobijo de los amigos uruguayos durante este proceso de instalación.

    ¡Fantástico! Ya tenemos instalado el campamento base de GLACKMA en la Antártida.

    ¡Ah!, por cierto. Os he hablado más arriba del proceso de gelifracción. ¿Sabéis lo qué es? Explicádmelo brevemente con vuestras palabras como habéis hecho tan bien en otras ocasiones. Así me quedo tranquila de que vais entendiendo lo os voy contando.
  • En España, tremendo contraste…

    Os escribo ya desde Salamanca. Un paso rápido por Punta Arenas, a la salida de la Antártida, para despedimos de los amigos que allí tenemos. Seguimos coordinando el posible trabajo para el futuro en el glaciar Contramaestre de Tierra del Fuego. En este sentido avanzamos algo tras nuestras conversaciones con el departamento de glaciología del INACH (Instituto Antártico Chileno), con la sección de Meteorología de la Armada y con la Dirección de Aguas. Parece que hay intereses comunes en el estudio de ese glaciar y posiblemente podamos llegar a trabajar en él.



    Después, como en un abrir y cerrar de ojos, todo se acaba. Cinco horas de avión de Punta Arenas a Santiago. Una espera de casi 9 horas en el aeropuerto de la capital chilena. Estiramos las piernas, paseando un poco por el entorno del aeropuerto. Al salir  nos sorprende una tremenda bocanada de contaminación. Se veía desde el aire antes de aterrizar, la ciudad de Santiago se encontraba cubierta por una bóveda de polución. Al parecer llevan mucho tiempo sin lluvias y ahora en el invierno hay menos viento que en época estival, lo que favorece que la contaminación se vaya quedando acumulada en la ciudad, ya que la cercana cordillera actúa de enorme barrera. Acostumbrados a respirar el aire puro de Patagonia y la Antártida, nos da la impresión de estar sumergidos en una piscina de polución.



    Inmediata ya la hora de salida de nuestro próximo avión, entramos en el aeropuerto y nos dirigimos a la zona de embarques. ¡Vaya, un verdadero caos! Está todo abarrotado de gente, sentada, echada y paseando por todos los rincones. ¿Qué ocurre? ¡Anda, es debido a la ceniza del complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle! Con los vientos predominantes de Oeste a Este, llevan ya varios días con cierre del espacio aéreo en Argentina y Uruguay. Todos los vuelos que salen de Santiago rumbo a Buenos Aires y Montevideo están siendo cancelados.



    Con el nuestro no hay problema, ya que dejará las cenizas al Este y podremos continuar la ruta al Norte. Sólo nos tocan varios cambios de puerta de embarque, pero salimos bastante puntuales. Un largo recorrido de casi 14 horas hasta Madrid en el que mi mente revive una y otra vez las situaciones tan intensas vividas en estas últimas semanas. ¡Ha sido todo un verdadero éxito! ¡Qué afortunada me siento!



    España… ¡qué tremendo contraste ahora! De repente la temperatura la tenemos 40ºC más alta que de dónde venimos allá en la Antártida. Y la luz… los días son ahora interminables, no se acaban nunca. Pasamos de tener apenas 5 horas de luz con una continua ventisca a algo más de 15 horas de luz y sol brillando con intensidad en el cielo. Al cuerpo le cuesta asimilar un cambio tan grande en tan sólo unas horas…   



    A parte de ese enorme contraste natural, me meto de bruces en el mundo…, en el mundo, ¿cómo llamarlo? “civilizado” suelen decir. Pero sinceramente, no me gusta nada esa palabra porque no refleja la realidad. Prefiero denominarlo Vorágine y Torbellino, ambas con mayúscula, para darles más fuerza. Todo son prisas, premuras, urgencias. Cantidad de papeleos y formalismos que consumen el tiempo y no valen para nada o para muy poco… Tremendo contraste.



    No puedo dejarme impregnar por esta locura, tengo que escaparme antes de que inconscientemente quede atrapada y prisionera en sus redes. Un fin de semana en el campo, en la montaña, en la hermosa sierra -que por suerte, tan ceca tenemos en Salamanca-. Disfrutar con la familia, impregnarse de la naturaleza que está ahora tan preciosa y llena de vida. Todo verde, frondoso, los cerezos con sus frutas madurando, los castaños en flor, los pájaros trinando en continuo. Una mezcla de aromas que te impulsan a respirar profundamente y purgar el aire del interior.



    Y cómo no, en medio de esta naturaleza llena de vida, no podía faltar el deporte. Paseos por los robledales, caminatas, baños en las aguas frescas de los ríos de montaña y la bici… Me encanta este deporte sobre todo cuando puedo hacerlo en la montaña. Son horas en las que la mente queda libre para evadirse por donde lo desee. Esta vez, ha sido inevitablemente por la reciente expedición. Subir puertos con tu única energía y… la bici, ¡claro!, percibir el cansancio, el creer que uno ya no puede más… y entonces la mente actúa, toma el mando y consigue que el cuerpo siga pedaleando y llegue a la cumbre. ¡Es genial!    



    Una maravillosa naturaleza que ha sido capaz de llenarme de nuevo de vida. Ahora, la semana en la selva del cemento, será mucho más llevadera.

    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…
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  • Temas pendientes para contar a los expedicionarios de Salamanca

     

    Amigos expedicionarios, tras un fin de semana en la sierra y con toda la familia, he recogido la energía necesaria para sobrevivir en este mundo civilizado… Así que, aquí estoy de nuevo, inspirada para continuar escribiendo.

    Antes de cerrar la parte del Blog correspondiente a vuestra expedición virtual a la Antártida, quiero completaros con algunos artículos más, como os había anunciado con anterioridad, de algunas cosillas que nos han quedado pendientes. Las aventuras han ido aconteciendo, una tras otra con tanta intensidad, que no ha habido espacio en el tiempo para hablaros de todo. Así que antes de despedirme de vosotros, os las dejaré aquí escritas.

    He revisado mis notas del cuaderno de bitácora y os voy a hacer una lista de lo que tengo apuntado y pendiente. Mirad a ver si me falta algo o si tenéis alguna curiosidad o si queréis que os escriba sobre algo en concreto. Me lo decís y lo añado a mi lista de temas.

    Aquí van:

    -        Lo primero que haré es escribir sobre la pregunta, que en la entrevista por el teléfono satelital, me hizo Ángel del colegio José Herrero: “¿Habéis estado en peligro en alguna ocasión?” Le prometí que sobre ello quería escribiros, además una de esas situaciones de peligro ocurrió en el glaciar Collins de la Antártida, que ya sabéis donde está ubicado.

    -        ¿Qué es lo que estamos encontrando con las mediciones en las estaciones, tanto del Ártico como de la Antártida?

    -        Unas cuantas fotos y videos que os hice sobre la fauna antártica

    -        Algunas curiosidades sobre el hielo… que nunca se os van a olvidar.

    -        El trabajo que hicimos en la Antártida cuando cruzamos a la Base Argentina Jubany

    -        Un viaje en zodiac que nos brindó Oscar por Caleta Potter cuando estábamos en Jubany

    -        Lo confortable y “menos confortable” del trabajo a la intemperie cuando tenemos que estar acampados

    Estos son los temas que tengo apuntados. Lo dicho, mirad a ver si queréis que complete mi lista con alguna otra cosa.

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  • Ayudadme con un título para este artículo

    Os decía el otro día que me sentía como un personajillo de un libro de aventuras al que hubieran arrebatado de su historia. Y sigo igual… A veces creo haber realizado un viaje en el tiempo. Otras, creo todavía vivir en un mundo mágico y de repente es como si un extraño y poderoso viento estelar me capturase y contra mi voluntad, me trajese aquí.

    La ciudad llena de coches, gente por todos lados. Un ruido infernal me aturde… atrás quedó el silencio. No se puede respirar, esto no deberíamos llamarlo aire… atrás quedó el abrir a tope los pulmones y llenarse de aire puro. Los ojos me escuecen… necesitan un tiempo para habituarse. Miro a lo lejos y… atrás quedó el poder ver paisajes a decenas de kilómetros con tanta claridad como si estuvieran justo delante.

    Es difícil vivir en este mundo. Lo llaman civilización. Dicen que hay calidad de vida.

    Al andar, miro al suelo. Ya no hay nada para recrear la vista delante. De mis pies han desaparecido las botas de montaña. El suelo asfaltado, liso, llano… pero ¿qué esto? Alrededor gente y gente… me siento invadida en mi entorno. Personas y personas caminando de prisa a todos lados. Observo las caras de la muchedumbre. Son más bien tristes, cansadas, estresadas, afligidas, apagadas… les falta vida, alegría…

    ¿Dónde estoy?

    Son pocos días por aquí y la sociedad ya deja ver de nuevo la falta de solidaridad y de trabajo en equipo, todo está invadido por un egoísmo exagerado y por un tratar de “ser el mejor, el único”. No importa si para conseguir ese fin se pisa o se aplasta a los demás, no parece que haya escrúpulos de ningún tipo. La falsedad es de nuevo la nota predominante… ¿Dónde se escondió la sinceridad? Esto es peor que estar en la jungla rodeados de fieras.

    La familia, la gente que quieres, los amigos… son un soporte fundamental para no escaparse de nuevo y salir corriendo de este mundo.

    Ya veis, se me hace muy cuesta arriba el regreso. No encuentro ni un título para esta nota. ¿Queréis ayudarme vosotros a ponerle uno?

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