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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Incertidumbre en pleno paraíso Ártico

    Aterrizamos en el lugar que habíamos indicado inicialmente al piloto en el hangar del helicóptero. Conocíamos muy bien la zona y preveíamos que dada la cantidad de nieve que había, iba a ser el mejor lugar. Protegido de los vientos más fuertes por el final de una morrena y al mismo tiempo con menos nieve sobre la tundra, lo que implica menos trabajo a la hora de retirar ese manto blanco antes de poner las tiendas sobre el suelo.

    En cuanto nos deja el helicóptero, nos ponemos manos a la obra Carlos y yo para retirar esa nieve del suelo, evitando así que se nos funda bajo las tiendas y genere un charco de agua. No hay tiempo que perder, de momento todo está tranquilo, frío pero en calma, no obstante unos nubarrones tremendamente oscuros nos adelantan que esta situación poco va a durar. Lo primero es instalar la tienda grande para poner a resguardo todo el material y efectivamente en medio de la maniobra comienza a soplar un fuerte viento, la nieve empieza a caer racheada y casi sin darnos cuenta estamos terminando de instalar la tienda en medio de una ventisca en toda regla. Condiciones duras habíamos pasado ya en Islandia durante la instalación de las tiendas, viento y agua en aquel caso, y la coordinación que teníamos Carlos y yo para estos quehaceres, era perfecta, así que por muy incómodas que se pusieron las condiciones, nada impidió que casi en un abrir y cerrar de ojos tuviéramos nuestro “hogar” perfecto, allí en medio de la soledad y dureza Ártica.

    Una vez el campamento estuvo listo y todo en orden, avanzando entre la nieve nos acercamos al lugar donde teníamos instalada la estación. Me había parecido, al sobrevolar la zona desde el aire, que las barras que sujetan los lectores en el exterior no estaban… Una punzada había dejado huella en mi interior, pero la curiosidad tuvo que esperar a que le tocara su turno. Aquí y bajo estas condiciones, lo primero es estar protegidos con todo el material a salvo. Después ya irán viniendo el resto de quehaceres…  

    Efectivamente comprobamos al llegar al lugar de la estación, que no asomaban nuestras barras sobre la nieve con las correspondientes protecciones de los lectores. El lugar es extraño con tanta nieve, no hay nada, ni río, ni laguna… no hay relieves que ayuden a identificar el punto en concreto y poco a poco, bajo una observación concisa empiezas a reconocer algún detalle y te vas ubicando. “La verdad es que esta nieve tardía no nos favorece nada el trabajo en esta segunda parte de la expedición” , pienso para mis adentros. Pero así es la naturaleza, no podemos cambiar nada, sólo adaptarnos y acomodarnos a lo que hay. Es lo bueno y lo malo del trabajo a la intemperie en las zonas polares.

    La estación había quedado tremendamente robusta en su nueva versión que reinstalamos en el 2009. No es posible que le hubiera pasado nada a esa parte del exterior que no está en contacto ni con el río, ni tiene que soportar la fuerza de su corriente en las épocas estivales de deshielo. Sólo se nos ocurre pensar que la hayan retirado. Hay una estación científica próxima, que son los que atienden la estación meteorológica que hay en la zona -en este valle de Tarfala- y tiene uno de los registros más antiguos de Europa. Y aunque desde 1961 está oficialmente incorporada como Estación de Investigación en la Universidad de Estocolmo, sin embargo sus primeros registros datan de 1945/46. 

    Nuestra imaginación empieza a buscar argumentos, a tratar de entender qué ha podido pasar. Claramente un científico no realiza este vandalismo, y más si es un científico que trabaja en las zonas polares, pues es consciente de la dificultad que ya de por sí conlleva el mantener equipos funcionando durante todo el año bajo estas condiciones tan sumamente duras. ¿Habrá sido algún logístico de los que atienden la estación? Pero, ¿por qué? No podemos hablar con ellos ahora pues no hay nadie. La estación solo la abren en el verano, cuando las condiciones aquí son más llevaderas…

    La tremenda positividad de Carlos inunda el ambiente de preocupación. A lo mejor sólo han quitado la parte del exterior, la de los lectores. Si fuera así, las sondas que se instalaron en el lecho del río, estarán bien y habrán seguido registrando datos. No podremos acceder a ellos, pero si las sacamos y las enviamos a la casa de fabricación alemana, allí sí podrán conseguir extraer toda esa información. No habremos perdido todos esos datos almacenados desde el 2009. Insiste Carlos que es lo más probable, que la parte ubicada bajo el río no es tan fácil de sacar y que no la habrán tocado.

    Dada la cantidad de nieve y la dureza de ésta por las temperaturas tan bajas que tenemos en estos días, es imposible retirar ahora esta nieve helada aquí en medio de la nada, para buscar las sondas del interior. Llegamos a los -16ºC y en las horas centrales de más calor nos aproximamos a los -9ºC. ¡¡Sí, todo el tiempo bajo cero!! Nuestra única comunicación es el teléfono satelital, así que vamos a llamar a Empar, afiliada a GLACKMA y apasionada de la climatología, para irle pidiendo la predicción meteorológica cada par de días e ir viendo cómo se nos presenta el panorama y cómo podemos irnos organizando según van pasando los días.

    Aunque algo dentro de mi interior me dice que no vamos a tener las sondas y me voy haciendo a la idea poco a poco de una pérdida tan brutal de datos, el optimismo de Carlos me contagia y al menos logro que la tristeza se esfume de mi interior y ser consciente de que estamos en medio de un paraíso Ártico...

    • Karmenka y Carlos limpiando nieve

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  • Con el tiempo justo

    No quiere andar y no quiere andar, ¡es así! Todos los intentos que se nos ocurrían realizamos, mientras aparecía la grúa. Comprobación de la batería, cambio de fusibles que pudieran tener cierta relación con el problema, tanto de la caja principal como de la secundaria, chequeo de la continuidad de los cables eléctricos que llegan a ellos… Pero el Defender seguía parado.

    Llega el taxi antes que la grúa. Le habían indicado desde el seguro de llevarnos a Luarca, pero conseguimos cambiar esa alternativa por la que veíamos más operativa, alcanzar la casa de Land Rover en Oviedo. Cualquier problema sería más fácilmente solucionable allí. Esperamos a que llegase la grúa y cargase el Defender con todo nuestro equipo para ponernos rumbo a mi ciudad natal.

    Os voy a contar una cosa, que la considero como un signo del futuro bonito que está por hacerse realidad. El lugar en Asturias en el que el Defender dijo “basta”, fue cerca de donde tengo rehabilitando mi gran sueño, ese velero al que le queda poco para surcar primero las aguas del Cantábrico y después entrar en la historia de GLACKMA, en un futuro no muy lejano… Pero dejemos eso, centrémonos ahora en Oviedo, en la casa de Land Rover, en nuestro todopoderoso Defender que es la primera avería que tiene desde 1999 y en tres expedicionarios polares que no pierden el buen humor.

    Aquí en el polígono del Espíritu Santo, frente a la puerta del taller, pasamos la noche acompañando a nuestro cuarto expedicionario, nuestro todoterreno. Adolfo sentado en el asiento del copiloto, y digo sentado porque estos asientos casi no se reclinan nada. Carlos estrenando su equipo de vivac fuera, flanqueando el costado derecho del Defender, bajo el orvallo asturiano. Y yo encogida en los asientos del medio, tratando de estirar un poco las piernas por encima del asiento del conductor, cuando se me quedaban dormidas.

    Así, ahí acurrucada con las luces del polígono iluminando el interior del vehículo, el ruido de los coches circulando en la carretera a tan solo unos metros de nuestro “hogar”, mi mente recorrió de nuevo lo acontecido durante el día. Pasó de la magia tan bonita de la salida en Ferrol, aquella ilusión sincera y contagiosa de los más pequeños, a vernos ahora con el coche parado en un día de fiesta y esperando… Sentí una emoción profunda al ser consciente del gran equipo que tenía a mi lado. En silencio dejé que mis lágrimas corrieran libres. Percibí la suerte de que no estuviéramos solos Adolfo y yo como en todos estos años anteriores. El contar con este fichaje estrella que hemos hecho con Carlos, me dejaba muy tranquila. Percibía que éramos invencibles luchando por nuestros sueños polares. La aventura comenzaba con fuerza, como debe ser, nunca conoces qué va a pasar mañana, ni siquiera qué va a acontecer unas horas más adelante.

    Amanece el día lleno de ilusiones e incertidumbres que según avanzan las horas, van buscando su realidad. El problema resultó ser la bomba de gasóleo, no tienen repuesto en Oviedo y llega mañana desde Guadalajara. Después cuatro horas de taller para el montaje y podremos continuar por la tarde nuestro camino rumbo a Hirtshals, al norte de Dinamarca. La media del Defender será de 90 km/hora, así que toca hacer relevos continuos en la conducción para alcanzar nuestro objetivo de embarcar en el ferry a tiempo. Somos un equipazo de verdad, y lo vamos a conseguir. Además, os confieso que vuestro apoyo durante el día de ayer y de hoy, tanto por el blog como por las redes sociales, dándonos ánimos y sabiendo que sois partícipes de nuestra aventura, nos está ayudando mucho.

    Entre todos lo vamos a conseguir. ¡¡Llegaremos a tiempo!!

    • Defender en Land Rover Oviedo

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  • 25/03/2017

    - sueño , aventura

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    Explora. Sueña. Descubre

    Desde niña tuve muy claro cuál iba a ser mi filosofía de vida. Siempre he sido muy reflexiva y la introspección -que constantemente ha formado parte de mis hábitos- me ha ayudado a ello. Me sorprendí cuando, ya de mayor, leí a Mark Twain y comprobé con una sonrisa interior tremenda que esa cita célebre suya, es justamente mi pensar, mi objetivo de vida.

    Dentro de veinte años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por aquellas que sí hiciste. Navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”.

    En la foto estoy en el Ártico a 79ºN, en concreto en Svalbard. Es primavera, camino sobre el mar helado a –40ºC y un fusil a la espalda por la presencia del oso polar.

    • Explora. Sueña. Descubre

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  • Quico Taronjí en el Duero

    Día veraniego todavía en invierno, Quico tiene previsto llegar a la presa de Villalcampo, en Zamora. En esta última etapa de navegación, se ve obligado a compaginar su reto con la presentación del programa “Aquí en la Tierra” de TVE-1 que se empieza a emitir los domingos. Ya sabéis también que Quico es uno de nuestros embajadores de GLACKMA, y lo apoyamos en este reto en solitario en el que está recorriendo el Duero en paddle surf. Así que me he encargado yo de irlo a buscar a su llegada a la presa para que pueda iniciar su primer programa de esta edición dominical de Aquí la Tierra.

    Ya sabéis que esta presa forma parte del proyecto hidroeléctrico conocido como saltos del Duero, que está construido en la cuenca hidrográfica de este río en su zona fronteriza entre España y Portugal. Este proyecto hidroeléctrico se ubica dentro de los parques naturales de Las Arribes del Duero en el lado español y de Douro Internacional en el lado portugués, y está formado por seis presas y embalses españoles y tres portugueses. Justamente, la presa de Villalcampo es la primera presa que se construye en el Duero.

    Con los permisos en regla, Quico tiene que desembarcar en esta presa antes de las tres de la tarde, hora a la que terminan de trabajar los encargados de la misma, quienes muy amablemente me abren el paso para poder entrar a recogerlo. Llego con bastante tiempo de antelación, ya me conocéis, me gusta cumplir bien.

    Mis horas de espera transcurren en un entorno que crea un mundo mágico que me envuelve. La temperatura es muy elevada para esta época del año, encañonada en el río ese calor se percibe todavía con más fuerza. No hay ni pizca de viento, ni siquiera una mínima brisa. El cielo es de un azul intenso. Lo primero que hago es reconocer y explorar el lugar. Busco posibles puntos para hacer alguna foto y algún vídeo a este gran aventurero, cuando llegue a la zona del embarcadero.

    Con esa tarea resuelta, me relajo. Llevo una temporada en la que estoy desbordada de trabajo y mi cuerpo y mi mente me piden a voz en grito parar… Parece que llegó el momento y el lugar adecuados. El sol reflejándose en el agua, trinos de una gran variedad de aves crean esa melodía de fondo idónea para dar el toque especial, por lo demás el silencio es total. Mi mente rápidamente se evade, se relaja, descansa, desconecta… Me lleno de paz, de esa tranquilidad que sabes que va a perdurar en el tiempo. Pienso en la cantidad de momentos que así habrá sentido Quico en solitario navegando el Duero. Claro está que tiene que superar también momentos muy duros y complicados, pero en la balanza la ganancia personal que está haciendo con su aventura por este río, tiene que ser súper enriquecedora.

    Desde el punto en el que me encuentro, en visual hasta el primer meandro del río, tengo 2,5 km. “Me olvidé de traer los prismáticos”, pensé en cuanto me ubiqué en el lugar. A esa distancia no puedo ver cuándo aparece allá al fondo. Toca fijarse en el agua. De las ondulaciones que a lo lejos distingo, voy descartando una tras otra… No, no es él todavía.

    ¿Sabéis que ocurrió? En medio de ese silencio absoluto, en esta zona de cañones, siento su remo en el agua. Un sonido muy sutil, pero lo tenía claro, ahora aquellas ondas en el agua son de la Zapper de Quico. Siendo consciente de ello, me invade una emoción profunda. Mi mente viajó a velocidad de la luz a Duruelo de la Sierra, cuando un mes antes lo habíamos dejado con aquella gran nevada, comenzando su reto del Duero. Casi lleva ya 700 kilómetros recorridos, ¡qué gran aventurero!

    Cuando ya entra en mi campo cercano de visión y puedo observarlo con detalle, percibo su figura moldeada por el Duero, por el remar sin tregua día tras día, de sol a sol, por los momentos duros que ha tenido que pasar, por ese vivir al aire libre día y noche… Todo eso se lee en su cuerpo al verlo. En su cara morena y quemada por la intemperie su sonrisa contagiosa transmite una felicidad infinita. Pero además se percibe su interior brillante, da la sensación de que el Duero también lo ha pulido y resplandece con fuerza. No me cabe la menor duda, además de un reto, una aventura, un ejemplo para los demás en muchas cosas, su persona está saliendo súper enriquecida de ello.

    Sinceramente y con emoción, siento que en GLACKMA somos muy afortunados, de la mano de nuestro embajador, también estamos recorriendo el Duero. Muchas gracias y suerte en lo que te queda de reto, Cántabro Q de Espíritu Mustang. ¡Nos vemos en Oporto!

    • Quico Taronji llegando a la presa de Villalcampo, Zamora

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  • Y el velero… pronto a son de mar

    Os escribo este artículo, todavía con la emoción pululando por mi interior pues el último fin de semana que estuve trabajando en él, me dejó huella. Presiento que esa marca quedará impresa en esta última etapa de trabajos de astillero.

    Ahora creo que no erraré en los cálculos de previsión para verlo en aguas del Cantábrico. En la próxima primavera tened por seguro que ese velero, que parecía escribir una historia interminable, surcará las aguas que tan cerca ha tenido durante tres años completos. ¿Qué son ahora unos meses?

    Los que no habéis leído antes sobre esta aventura, os dejo los enlaces en orden cronológico para poneros al día, por si sentís curiosidad: Un velero, una ilusión;  Trabajos de astillero;  Y, ¿el velero?... Una historia interminable;  Un astillero en toda regla.

    Como ya sabéis los que vais siguiendo algo de lo que escribo, me gusta la sinceridad y transmitir lo que siento. Pues debo confesaros que al ir buscando esos enlaces del párrafo anterior, no pude menos que volver a leerlos… Emoción tras emoción. ¡Qué increíble historia! No me puedo creer que haya sido real, que sea real. Que haya sido un personajillo de ella, que sea todavía ese personajillo. Parece una historia inverosímil.

    El camino no ha sido fácil, no es sencillo. Junto con el desconocimiento inicial y por completo de todos los oficios relacionados con su rehabilitación, se unen problemillas que surgen en el club náutico a lo largo de este tiempo, por lo de siempre, porque las personas somos como somos… ¿qué os voy a decir? Juntad a ello el machismo que no terminamos de limpiar en nuestra sociedad y os podéis hacer una idea de las dificultades que se han añadido a los trabajos de astillero. Pero no es de eso de lo que os quería hablar. Simplemente soy consciente una vez más, de que con tenacidad, perseverancia y creencia en nuestros sueños, podemos lograr todo lo que nos propongamos. ¡Quedémonos con esa faceta humana!

    Además de emocionada, estoy muy feliz. Una parte de ese sueño está cada vez más próxima a ser real. Es esa magia que envuelve los momentos en los que casi has logrado inmiscuirte por completo en tu sueño y se funde con la realidad.

    ¡Qué ganas de sentir la mar, el avance del velero con el viento, el sonido del casco deslizándose por el agua! Llenarte de libertad, de soledad, de vida, de aventura… ¡Qué ganas más tremendas!

    • Pronto a son de mar

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