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Blog: Karmenka desde los Polos

  • 25/03/2017

    - sueño , aventura

    3 comentarios

    Explora. Sueña. Descubre

    Desde niña tuve muy claro cuál iba a ser mi filosofía de vida. Siempre he sido muy reflexiva y la introspección -que constantemente ha formado parte de mis hábitos- me ha ayudado a ello. Me sorprendí cuando, ya de mayor, leí a Mark Twain y comprobé con una sonrisa interior tremenda que esa cita célebre suya, es justamente mi pensar, mi objetivo de vida.

    Dentro de veinte años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por aquellas que sí hiciste. Navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”.

    En la foto estoy en el Ártico a 79ºN, en concreto en Svalbard. Es primavera, camino sobre el mar helado a –40ºC y un fusil a la espalda por la presencia del oso polar.

    • Explora. Sueña. Descubre

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  • Quico Taronjí en el Duero

    Día veraniego todavía en invierno, Quico tiene previsto llegar a la presa de Villalcampo, en Zamora. En esta última etapa de navegación, se ve obligado a compaginar su reto con la presentación del programa “Aquí en la Tierra” de TVE-1 que se empieza a emitir los domingos. Ya sabéis también que Quico es uno de nuestros embajadores de GLACKMA, y lo apoyamos en este reto en solitario en el que está recorriendo el Duero en paddle surf. Así que me he encargado yo de irlo a buscar a su llegada a la presa para que pueda iniciar su primer programa de esta edición dominical de Aquí la Tierra.

    Ya sabéis que esta presa forma parte del proyecto hidroeléctrico conocido como saltos del Duero, que está construido en la cuenca hidrográfica de este río en su zona fronteriza entre España y Portugal. Este proyecto hidroeléctrico se ubica dentro de los parques naturales de Las Arribes del Duero en el lado español y de Douro Internacional en el lado portugués, y está formado por seis presas y embalses españoles y tres portugueses. Justamente, la presa de Villalcampo es la primera presa que se construye en el Duero.

    Con los permisos en regla, Quico tiene que desembarcar en esta presa antes de las tres de la tarde, hora a la que terminan de trabajar los encargados de la misma, quienes muy amablemente me abren el paso para poder entrar a recogerlo. Llego con bastante tiempo de antelación, ya me conocéis, me gusta cumplir bien.

    Mis horas de espera transcurren en un entorno que crea un mundo mágico que me envuelve. La temperatura es muy elevada para esta época del año, encañonada en el río ese calor se percibe todavía con más fuerza. No hay ni pizca de viento, ni siquiera una mínima brisa. El cielo es de un azul intenso. Lo primero que hago es reconocer y explorar el lugar. Busco posibles puntos para hacer alguna foto y algún vídeo a este gran aventurero, cuando llegue a la zona del embarcadero.

    Con esa tarea resuelta, me relajo. Llevo una temporada en la que estoy desbordada de trabajo y mi cuerpo y mi mente me piden a voz en grito parar… Parece que llegó el momento y el lugar adecuados. El sol reflejándose en el agua, trinos de una gran variedad de aves crean esa melodía de fondo idónea para dar el toque especial, por lo demás el silencio es total. Mi mente rápidamente se evade, se relaja, descansa, desconecta… Me lleno de paz, de esa tranquilidad que sabes que va a perdurar en el tiempo. Pienso en la cantidad de momentos que así habrá sentido Quico en solitario navegando el Duero. Claro está que tiene que superar también momentos muy duros y complicados, pero en la balanza la ganancia personal que está haciendo con su aventura por este río, tiene que ser súper enriquecedora.

    Desde el punto en el que me encuentro, en visual hasta el primer meandro del río, tengo 2,5 km. “Me olvidé de traer los prismáticos”, pensé en cuanto me ubiqué en el lugar. A esa distancia no puedo ver cuándo aparece allá al fondo. Toca fijarse en el agua. De las ondulaciones que a lo lejos distingo, voy descartando una tras otra… No, no es él todavía.

    ¿Sabéis que ocurrió? En medio de ese silencio absoluto, en esta zona de cañones, siento su remo en el agua. Un sonido muy sutil, pero lo tenía claro, ahora aquellas ondas en el agua son de la Zapper de Quico. Siendo consciente de ello, me invade una emoción profunda. Mi mente viajó a velocidad de la luz a Duruelo de la Sierra, cuando un mes antes lo habíamos dejado con aquella gran nevada, comenzando su reto del Duero. Casi lleva ya 700 kilómetros recorridos, ¡qué gran aventurero!

    Cuando ya entra en mi campo cercano de visión y puedo observarlo con detalle, percibo su figura moldeada por el Duero, por el remar sin tregua día tras día, de sol a sol, por los momentos duros que ha tenido que pasar, por ese vivir al aire libre día y noche… Todo eso se lee en su cuerpo al verlo. En su cara morena y quemada por la intemperie su sonrisa contagiosa transmite una felicidad infinita. Pero además se percibe su interior brillante, da la sensación de que el Duero también lo ha pulido y resplandece con fuerza. No me cabe la menor duda, además de un reto, una aventura, un ejemplo para los demás en muchas cosas, su persona está saliendo súper enriquecida de ello.

    Sinceramente y con emoción, siento que en GLACKMA somos muy afortunados, de la mano de nuestro embajador, también estamos recorriendo el Duero. Muchas gracias y suerte en lo que te queda de reto, Cántabro Q de Espíritu Mustang. ¡Nos vemos en Oporto!

    • Quico Taronji llegando a la presa de Villalcampo, Zamora

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  • Y el velero… pronto a son de mar

    Os escribo este artículo, todavía con la emoción pululando por mi interior pues el último fin de semana que estuve trabajando en él, me dejó huella. Presiento que esa marca quedará impresa en esta última etapa de trabajos de astillero.

    Ahora creo que no erraré en los cálculos de previsión para verlo en aguas del Cantábrico. En la próxima primavera tened por seguro que ese velero, que parecía escribir una historia interminable, surcará las aguas que tan cerca ha tenido durante tres años completos. ¿Qué son ahora unos meses?

    Los que no habéis leído antes sobre esta aventura, os dejo los enlaces en orden cronológico para poneros al día, por si sentís curiosidad: Un velero, una ilusión;  Trabajos de astillero;  Y, ¿el velero?... Una historia interminable;  Un astillero en toda regla.

    Como ya sabéis los que vais siguiendo algo de lo que escribo, me gusta la sinceridad y transmitir lo que siento. Pues debo confesaros que al ir buscando esos enlaces del párrafo anterior, no pude menos que volver a leerlos… Emoción tras emoción. ¡Qué increíble historia! No me puedo creer que haya sido real, que sea real. Que haya sido un personajillo de ella, que sea todavía ese personajillo. Parece una historia inverosímil.

    El camino no ha sido fácil, no es sencillo. Junto con el desconocimiento inicial y por completo de todos los oficios relacionados con su rehabilitación, se unen problemillas que surgen en el club náutico a lo largo de este tiempo, por lo de siempre, porque las personas somos como somos… ¿qué os voy a decir? Juntad a ello el machismo que no terminamos de limpiar en nuestra sociedad y os podéis hacer una idea de las dificultades que se han añadido a los trabajos de astillero. Pero no es de eso de lo que os quería hablar. Simplemente soy consciente una vez más, de que con tenacidad, perseverancia y creencia en nuestros sueños, podemos lograr todo lo que nos propongamos. ¡Quedémonos con esa faceta humana!

    Además de emocionada, estoy muy feliz. Una parte de ese sueño está cada vez más próxima a ser real. Es esa magia que envuelve los momentos en los que casi has logrado inmiscuirte por completo en tu sueño y se funde con la realidad.

    ¡Qué ganas de sentir la mar, el avance del velero con el viento, el sonido del casco deslizándose por el agua! Llenarte de libertad, de soledad, de vida, de aventura… ¡Qué ganas más tremendas!

    • Pronto a son de mar

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