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Blog: Karmenka desde los Polos

  • La fuerza está en la cabeza

    Embarcamos en el ferry en Hirtshals (Dinamarca) el día 6 a las 15:00 horas y tras una navegación tranquila en la que aprovechamos para adelantar trabajo de gabinete, alcanzamos Tórshavn (Islas Feroe) dos días después a las 5:00 de la madrugada. Una parada técnica de ocho horas en la que mientras desembarcan algunos pasajeros y embarcan otros, aprovechamos para salir a estirar las piernas un poco. Prosigue nuestro viaje con el mar tranquilo y al día siguiente a las 9:00 de la mañana alcanzamos Seydisfjördur, al noreste de Islandia.

    La entrada por el hermoso fiordo islandés ya nos anuncia que aquí aunque sea primavera, las condiciones son más parecidas a un inverno de nuestras latitudes. Todavía queda nieve en las zonas altas y el contraste entre el negro del terreno volcánico y el blanco de la nieve genera un paisaje maravilloso en estas grandes extensiones despobladas. Numerosas cascadas que van llenas de agua en esta época comienzan a aparecer cortando los acantilados de coladas de lava. Detalles que no pierde Carlos para grabar con su equipo de cámaras fijas y con el dron. Viene feliz a los glaciares pues aunque ya ha realizado varias inmersiones en las regiones polares, es la primera vez que llega equipado con un equipo de grabación como siempre ha deseado. El apoyo de Panasonic para los equipos de filmación y de Mountain para procesar con un buen ordenador todas esas imágenes es fundamental.

    Son 450 kilómetros los que nos separan del lugar donde vamos a establecer el campamento en el sureste de Islandia. En concreto en la lengua glaciar Kviarjökull del casquete glaciar Vatnajökull. Aunque no es muy larga la distancia, el recorrido nos llevará prácticamente todo el día, pues la carretera es pequeña, con curvas y aunque la velocidad máxima es de 90 km/hora, muy pocas veces podemos llegar a alcanzarla. Con paradas las justas para que en puntos concretos Carlos pueda filmar, avanzamos sin tregua, pues la predicción anuncia que el tiempo va a cambiar esta misma noche. Llegan al parecer varios días de lluvia continua, copiosa y vientos fuertes. Queremos dejar instalado el campamento en seco si es posible, para conseguir tener el material seco.

    Llegamos al lugar de nuestro campamento, ya al final de la tarde. Atravesamos con el Defender la zona de antiguas morrenas colonizadas por una espesa tundra, seleccionamos el punto donde instalar el campamento y nos ponemos manos a la obra con la instalación de las tiendas. Toda esta llegada la podréis ver con vuestros propios ojos, pues en esta ocasión los detalles han quedado grabados.

    Comenzamos primero instalando una tienda grande que será donde almacenemos el material, cocinemos y establezcamos el lugar de trabajo con ordenadores. Antes de terminar de colocar esta primera tienda, la lluvia anunciada nos viene a saludar. La temperatura que no es muy alta, el viento que comienza a soplar y la lluvia cayendo con fuerza, hacen que las manos pierdan tacto rápidamente. No solo las manos, en un abrir y cerrar de ojos, el cuerpo siente como las condiciones no son las más adecuadas para estar a la intemperie. Pero hay que seguir.

    Terminada la instalación de la tienda grande, decidimos montar solo una de las pequeñas, para dormir el primer día nos arreglamos y si mañana tenemos un rato más tranquilo completamos con la segunda tienda pequeña. Bajo la lluvia intensa que cae, decidimos no andar vaciando todas las cosas del todoterreno y para comer algo caliente nos conformamos con un vaso de leche liofilizada, que es lo que tenemos a mano. Con la leche realizando su efecto confortable en el cuerpo, rápido a los sacos y empezar a entrar en calor para poder descansar. Ese, tan sencillo pero necesario en estos momentos, es nuestro siguiente objetivo. Compartimos tienda pequeña Adolfo y yo para dormir y de momento queda Carlos en la grande de campamento, hasta que mañana completemos con la otra tienda y nos reubiquemos. Siento como poco a poco voy entrando en calor, el agua golpea con fuerza la tienda y el viento la bambolea a su capricho. “Ojalá pase pronto este temporal”, pienso para mis adentros y enseguida me quedo dormida.

    No son ni las 4:00 de la madrugada cuando me despierta la voz de auxilio de Carlos llamando. Algo está pasando. Salgo del saco, cojo la ropa todavía empapada que había dejado en la entre-tienda al sacármela ayer y me la pongo encima sin pensarlo dos veces… fría, mojada, ¡puf! Al salir de la tienda, veo el nuevo problema que nos llega, el viento ha roto la tienda grande, Carlos está tratando de que no vuele y recogiendo el material que en ella teníamos. Nos ponemos manos a la obra, perfecta coordinación, salvar primero el equipo y guardarlo a salvo en el Defender. Todo ello sin que la tienda vuele, plegándola a continuación y recogiéndola provisionalmente en el coche para tratar de repararla en el futuro.

    Paso siguiente, acondicionar un hueco en el todoterreno para que Carlos pueda completar la noche ahí. Quedando ubicado y seco en el coche regreso a mi sitio, veo que son ya las 6:00 de la mañana. De nuevo dejar toda la ropa mojada en la entre-tienda para volverla a poner mañana empapada. Acurrucada en el saco, tratando de entrar en calor, sintiendo la lluvia en el exterior que no cesa y las ráfagas fortísimas de viento, trato de entrar en calor de nuevo para dormir algunas horas más. Pero apenas lo logro, el ruido generado por el viento bamboleando y sacudiendo la tienda no me lo permite.

    Nos levantamos de nuevo en medio de esta mojadura infinita, ahora sin tienda de campamento, preparar el desayuno caliente se hace más complicado. Queda Adolfo en la tienda pequeña, metido en el saco para no coger demasiado frío y Carlos y yo con el Defender vamos a la gasolinera más cercana, para comprar combustible para los hornillos de cocina y para cuando podamos encender el generador con el fin de cargar baterías.

    El viento sigue incrementándose, la carretera la han cortado debido a que pueden volcar vehículos por las fuertes rachas -no es la primera vez que esto ocurre aquí-. Tenemos rachas de hasta 200 kilómetros por hora. Cuando regresamos Adolfo está ya al límite manteniendo la tienda pequeña bajo la lluvia y el viento. Mojados, sin tacto ninguno en las manos, aseguramos la tienda. Nos las ingeniamos para preparar algo de comida caliente rápida, tenemos que meter combustible al cuerpo. No queda otra alternativa.

    Parece que la previsión meteorológica se está cumpliendo. Anunciaban 4 ó 5 días así. No nos queda más remedio que aguantar. En estas condiciones adversas completamente, la fuerza está en la cabeza. A todos nos apetecería estar calentitos, secos, con una buena comida, sin frío…, pero desde la mente somos capaces de crear la resistencia necesaria para superar esto en equipo. Todos remando en la misma dirección es la mejor forma posible para salir delante de esta situación complicada y adversa por la meteorología.

    • Jokulsarlon

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  • ¡Una experiencia increíble! (Por Susana Pacheco)

    Algunos de los afiliados participantes en el curso de descarga glaciar, que impartimos en la estación de medida de GLACKMA en Islandia, nos relatan en el blog sus experiencias durante el mismo.

    Susana Pacheco rompe el hielo: 
     

    Hace poco más de una semana y ahora parece todo tan lejano... trato de volver a la “normalidad”, pero en realidad creo que me cuesta tanto porque no quiero hacerlo. La luz, los colores, el frío, el sonido del agua, los maravillosos paisajes vuelven una y otra vez a la memoria. Cuando viajas y disfrutas tanto, los buenos momentos quedan grabados en la mente y se convierten en compañeros inseparables.

    Además, poco antes de salir Gildo tomó en consideración mi propuesta de colaboración durante el viaje y decidimos que me encargaría de la coordinación del grupo. Desde aquí quiero darle las gracias porque me ha dado la oportunidad de conocer a un grupo de personas realmente especial. Y quiero también darles las gracias a ellos porque ha sido su interés, buen ánimo e ilusión los que han conseguido formar un magnífico grupo - “los hijos de Odín”- cuya recién estrenada amistad estoy segura perdurará.

    Ahora desde casa recuerdo la ilusión que tenía cuando me incorporé al curso de medida de descarga glaciar que Glackma organizaba en Islandia, aprovechando su campaña boreal. De verdad, os confieso que todas las expectativas se han cumplido. Ha sido un gran privilegio y una oportunidad única, poder compartir aunque solo fuese por unas horas, el intenso y valioso trabajo que Adolfo y Karmenka realizan durante sus campañas. Y el viaje por el sur de Islandia ha resultado espectacular. A un paso del Círculo Polar Ártico, esta isla es un increíble laboratorio natural que muestra la geología en vivo y en directo, con una actividad volcánica, tectónica y geotérmica realmente desbordante, que convive con un mundo de grandes glaciares activos que nos dan la clave para entender la repercusión del calentamiento global. ¡En síntesis una maravilla!

    Podría hablaros de muchos momentos especiales, de tantas imágenes increíbles que desesperadamente trataba de “atrapar” con mi cámara, pero serían tantos que incluso vosotros acabaríais agotados. Pero no renuncio a hablaros de uno o más bien de dos días especiales, precisamente los que coinciden con la visita al campamento Glackma, a los pies del hermoso glaciar Kviarjökull, ahora en retroceso, y a las horas que duraron los aforos para medir la descarga glaciar.

    La mayor parte de las veces la investigación se realiza en situaciones de soledad. El trabajo de campo se hace en condiciones duras con “miles” de problemas que van surgiendo y con grandes esfuerzos que llegan a dejarte agotado. Estas sensaciones que llevan tantos años experimentando Adolfo y Karmenka en ambos Polos, las han podido compartir “a pie de obra” con el grupo de expedicionarios y afiliados que nos hemos incorporado a la campaña boreal de Islandia 2012. Y os puedo asegurar que se les veía felices por ello.  Ahora entiendo, mejor si cabe, de donde obtienen esa fuente inagotable de energía que les hace continuar sin descanso. Los glaciares se han convertido en el nutriente esencial para sus respectivos organismos. Los datos que obtienen son cruciales para conseguir una investigación de calidad que ayude a comprender la evolución del calentamiento global que nos afecta.

    Me sentí mal cuando llegamos algo más tarde de lo previsto a la zona de aforos, y aún peor cuando  Adolfo, Gildo, Tato, Emilio, Jose y Gaby, nos empezaron a contar todos los contratiempos y problemas que habían ido surgiendo en el aforo de la mañana cuando llegaron a pensar que sería una misión imposible. ¡Y nosotros sin echar una mano!. Karmenka metida tres horas en el río, completamente helada, sujeta por cuerdas para que la fuerte corriente no se la llevase mientras se mantenía firme en un punto donde debía colocar la hélice que mide la velocidad. Cuando llegó donde nos encontrábamos aún estaba en proceso de recuperación, pero ver su sonrisa me hizo comprender que, a pesar de todo, habían tenido éxito en ese primer intento. La tarde resultó redonda hicimos prácticas ¡¡en agua a casi 0ºC!!, con el glaciar como telón de fondo. Además, pudimos ver a Karmenka en acción cuando el caudal del río subió lo suficiente. ¡Esta vez apoyamos todos!. Un día estupendo y muy productivo que concluyó todos juntos en el campamento compartiendo una suculenta cena y una animada charla. ¡Qué a gusto me encontraba!...aunque luego hubo que fregar los platos y ¡claro el agua seguía helada!!!!

    ¿Os ha parecido interesante?, pues aquí no acaba la cosa. Al día siguiente, un luminoso día nos da la bienvenida. Acompañados de Adolfo, Emilio (que nos enseñará técnicas de fortuna en progresión vertical) y Gaby (que está grabando las imágenes para un audiovisual sobre Glackma) nos vamos al glaciar. ¡Es increíble estar allí arriba!, camino despacio como si con cada paso los crampones fuesen a quebrar el hielo. Nos hemos dividido en dos grupos y a nosotros nos espera Adolfo ya sobre zona helada, piolet en mano, para explicarnos cómo se produce el drenaje en el glaciar. ¡Cuántos conocimientos y cuánto disfrutamos todos, quien enseñaba y quienes escuchábamos embelesados!. Adolfo es uno de esos profesores entusiastas que con sus palabras aumenta el interés de sus alumnos.

    Desgraciadamente la actividad termina, tenemos que volver al campamento.  Durante el regreso una pareja de skúas (págalos) parece muy contrariada con nuestra presencia en su zona de cría y comienzan una persecución sobre nuestras cabezas. Pueden llegar a ser peligrosos porque buscan golpear con el pico en la cabeza, ¡que se lo digan a Telmo que se puso de cebo para conseguir un espectacular vídeo del momento!.

    A Karmenka no la hemos visto desde por la mañana. Ha salido acompañada de Tato en busca de moulins ya que unos días más tarde llegará el equipo de “Al filo de lo imposible” para grabar imágenes sobre el trabajo que Glackma está realizando en relación con los glaciares.

    Llega la despedida y como siempre se hace dura. La experiencia ha sido tan estupenda y lo hemos pasado tan bien que me cuesta dejarles allí. Karmenka no ha vuelto todavía, es una pena no poder decirle adiós y darle las gracias por todo.  Adolfo y Gildo nos despiden, a su espalda sobre el glaciar una hermosa luz deja una imagen de postal. Me quedo atrás en el grupo, me cuesta irme, una llamada de Adolfo me hace volverme, su mano me dice adiós nuevamente, lo mejor ver la sonrisa en su rostro. Le veo feliz y eso me hace menos dura la partida.

    Sin duda, la experiencia ha merecido la pena y estoy segura de que repetiré en cuanto Glackma prepare un nuevo viaje al siempre sorprendente mundo de los glaciares.

    Susana Pacheco

    Asociada y voluntaria Glackma

  • Rachas de viento de 113 km por hora azotan nuestro campamento

    La predicción meteorológica ya lo alertaba, de manera que no nos pilló de sorpresa. Se anunciaban vientos fortísimos con rachas que alcanzarían los 60 nudos. Efectivamente llegamos a tener 61, es decir 113 kilómetros por hora. Es casi imposible andar sin tambalearse y tienes que buscar con tu cuerpo la inclinación adecuada par no caer. Hasta ahí todo va bien. Pero temíamos por el campamento, por las tiendas de campaña. Esa era nuestra verdadera preocupación.

    Empezó a soplar y soplar y cada vez con más intensidad. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos envueltos en plena tormenta. Las tiendas comenzaban a sentir los efectos del viento tan intenso y de las rachas tan tremendas. Seguíamos asegurándolas por precaución. En primer lugar revisamos todos los tensores y añadimos piedras pesadas en los faldones por toda la parte de abajo, tratando de evitar así que el viento se cuele por debajo y nos las arranque.

    Prácticamente todo el día estamos en torno a las tiendas, controlándolas y evitando quedarnos sin ellas. Llega la hora de dormir, a pesar de retrasarla evitando así bajar la guardia. Pero el cansancio va haciendo huella y apetece también meterse en el saco de dormir y sacudirse el frío de encima. Porque aunque tengamos temperaturas cálidas pues es verano y estamos en la periferia antártica, el fuerte viento nos baja la sensación térmica considerablemente.

    Fijaros, os dejo esta tabla que relaciona la temperatura ambiente y la velocidad del viento, obteniendo la sensación térmica que es -como su nombre indica- la temperatura que se siente. Os decía que ahora hace calor, tenemos entre -3ºC y 0ºC, pero observad en esa tabla que sólo viene tabulado hasta los 64 kilómetros por hora de velocidad de viento. Os podéis imaginar las duras condiciones que teníamos.

    Tras estar todo el día aquí pegados al campamento, casi sin movernos para estar pendientes de que no se nos vuelen las tiendas, y con esa sensación térmica, seguramente me entenderéis cuando digo que apetecía ya meterse en el saco de dormir y buscar un poco de calorcito.

    La primera sensación que tienes al entrar dentro es que el viento se ha calmado. No es esa la realidad, lo que pasa que es tan fuerte el ruido que produce fuera, que al entrar a cobijo de la tienda sientes como si hubiera una gran calma. Tras acomodarme en el saco de dormir, me percato que el viento empuja con muchísima fuerza las telas -exterior e interior-, que las junta y además las mete para dentro, ocupando parte del habitáculo interior. No hay prácticamente hueco para la cabeza y creo que va a ser imposible dormir en estas condiciones.

    Sin embargo el cansancio es tan grande y el calorcito que se empieza a sentir al enroscarse en el saco, hacen que el sueño me invada… Hasta que de repente un tremendo ruido y una fuerte agitación de la tienda me despiertan. Se ha incrementado el viento, parece que ahora sí, de verdad, las tiendas se van a echar a volar.

    Nos vemos obligados a poner una serie de tensores extras, unos más cortos por toda la parte baja de las tiendas, y otros desde el extremo superior sujetándolos al suelo con una enorme piedra que además hace falta enterrar para que el viento no la desplace. Menos mal que no tenemos noche debido a la latitud a la que nos encontramos y la época de verano en la que estamos, de manera que al menos, podemos ver bien lo que hacemos.

    Una vez así afianzadas, de nuevo a intentar conciliar el sueño… Ya no me enteré de más, hasta que me despierto por la mañana, completamente descansada. Lo primero que se me viene a la mente es el fuerte viento… “¿fue un sueño o fue realidad?”. Según me voy despertando, voy siendo consciente que fue todo real… y estoy dentro de la tienda… “bueno, al menos una no ha volado”, pienso rápidamente.

    Es una magnifica sensación despertarse en el saco de dormir, dentro de la tienda de campaña. Se descansa increíblemente bien. Sólo ser consciente que fuera de tu pequeño entorno hay otras condiciones totalmente desapacibles y tú estás ahí resguardado en un habitáculo tan cómodo, te hace sentir francamente bien.               

    • Tabla de sensacion termica

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  • Instalando el campamento base de GLACKMA en la Antártida

    Gracias al apoyo logístico de los uruguayos en su Base Artigas, podemos realizar una búsqueda tranquila del lugar idóneo para instalar nuestras tiendas de campaña.

    La zona seleccionada tiene que ser, por descontado, fuera del casquete glaciar que cubre casi en su totalidad a la isla Rey Jorge. No sería confortable tener bajo las tiendas -durante prácticamente dos meses- el hielo glaciar. Sería un perfecto conductor del frío a nuestras espaldas cuando nos echásemos a dormir.

    Por otro lado, en las zonas libres de hielo glaciar -que conocemos ya perfectamente de años anteriores-, nos encontramos ahora todavía con partes cubiertas con nieve. Falta menos ya para el verano y la nieve se va fundiendo poco a poco, pero hay zonas que debido a las ventiscas invernales, ésta se ha ido acumulando y ha quedado más compacta. Ahora con las temperaturas primaverales en las que alcanzamos ya los 0ºC o incluso en algunos momentos centrales del día los 2ºC, esa nieve se va fundiendo.



    Buscamos una pequeña loma en la que ya asoma el suelo bajo la nieve y queda un poco elevada al mismo tiempo, evitando así que la nieve de alrededor al fundirse, venga a parar a nuestras tiendas. Debido al proceso de gelifracción, las piedras son tremendamente cortantes y otra tarea obligada -si queremos estar luego confortables- es retirarlas un poco y tratar de allanar en lo posible el lugar seleccionado.

    Los pasos siguientes: montar las tiendas de campaña protegiendo las bases con abundantes piedras, debido a los fuertes vientos que tendrán que soportar y después poco a poco ir llevando el material de trabajo, la ropa, los equipos, la comida… Toda esta tarea que podía ser pesada la hemos podido realizar muy cómoda y relajadamente al contar con el cobijo de los amigos uruguayos durante este proceso de instalación.

    ¡Fantástico! Ya tenemos instalado el campamento base de GLACKMA en la Antártida.

    ¡Ah!, por cierto. Os he hablado más arriba del proceso de gelifracción. ¿Sabéis lo qué es? Explicádmelo brevemente con vuestras palabras como habéis hecho tan bien en otras ocasiones. Así me quedo tranquila de que vais entendiendo lo os voy contando.
  • Una buenísima noticia, no os lo vais a creer

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Foto: Archivo GLACKMA)


    Amanecemos descansados y secos… pero tremendamente hambrientos. Ayer habíamos pasado todo el día sólo con unas barritas de cereales energéticas, ni desayuno, ni comida, ni cena… y eso que la jornada fue larga, de bastante desgaste y con el final durillo de la lluvia a la hora de montar las tiendas de dormir.


    Al levantarnos por la mañana, todavía tenemos que aguantar un poco más el hambre. Hay que montar la tienda grande en la que almacenaremos el material y la comida y nos permitirá cocinar y comer a pesar de los días que nos toquen con lluvia y viento. Sacamos fuerzas de donde ya casi no hay y con una perfecta colaboración de los cinco integrantes de la expedición montamos la tienda grande, a pesar del fuerte viento que nos obstaculiza un poco la tarea. Después, distribuimos el material dentro de ella y por fin clasificamos los víveres que traemos. Tenemos el estómago completamente vacío, así que decidimos hacer un café calentito y mientras lo tomamos y nos va entonando, preparamos una especie de comida-cena atrasada de ayer que pasa a ser nuestro desayuno de hoy. Con el estómago lleno, las energías renovadas, parecemos otros.


    Comenzamos a separar todo lo que es material de instalación, bastante pesado por cierto, al constar de una gran cantidad de estructuras metálicas. Nos lo repartimos entre todos, cada uno según sus posibilidades y lo vamos transportando hasta el lugar de la estación en el río, donde debemos hacer la nueva instalación. El lugar no está lejos del campamento, a unos 2 kilómetros, pero los caballos no pudieron continuar debido a una zona de piedras bastante grandes y a una destrepadita que hay que hacer en una pared.


    Alcanzamos el lugar, el río lleva poca agua en comparación con el verano, aún así en el punto seleccionado para realizar la instalación, el nivel nos llegará hasta el pecho cuando nos tengamos que meter en él a trabajar. Tenemos algunos ratos bastante agradables, en los que las nubes nos dejan disfrutar de unas espectaculares vistas de las Torres del Paine, así como de diversos glaciares.


    Una vez tenemos todo el material acarreado en el lugar de la estación, tras largos viajes, me dispongo a intentar de nuevo conseguir conexión con la sonda antigua instalada. Digo de nuevo, porque en la expedición pasada a este lugar, a principios de marzo al salir de la Antártida, lo intentamos de cien mil maneras posibles. E incluso llegamos a hacer otra caminata al lugar con ida y vuelta en un sólo día, cambiando el software del programa utilizado. Y todo el esfuerzo resultó en vano. Los que nos habéis ido siguiendo lo recordaréis perfectamente, ya que fue tremendamente desolador, y los que os habéis unido más recientemente podéis buscarlo en las entradas antiguas del Blog.


    Bueno, el caso es que me preparo con el ordenador, el nuevo cable de conexión, abro la tapa de protección del lector de la sonda, engancho el cable, abro el programa… y mi mente tranquiliza a mi corazón, que está nervioso. Muy nervioso. Algo me lleva a pensar –ya desde España así lo creía- que con el nuevo cable conseguiría hacer la conexión, pero algo también me quiere hacer ser realista y no ilusionarme demasiado para evitar la tristeza después. En medio de esa lucha interna, mi corazón palpita con fuerza y… casi se sale de mi interior cuando mis ojos abiertos de par en par, observan que sí consigo hacer conexión entre ordenador y sonda. Se acelera todavía más el pulso al comprobar que sí están todos los datos almacenados –más de 11.000- y en mi cara se dibuja una enorme sonrisa cuando logro descargarlos. “¡Sí, sí, sí, tenemos los datos, toda la serie, no hay laguna de datos en la información!” les digo a los demás a gritos. Los nuevos van a pensar que estoy loca, pero es que es la mejor noticia que me podían dar.


    Tras esta tremenda alegría, regresamos al campamento ya oscureciendo y de nuevo la lluvia nos viene a saludar. En el fondo, en el fondo, yo creo que se unió a compartir con nosotros la alegría de la noticia.


    La diferencia de hoy con respecto a ayer es que, aunque llegamos mojados, tenemos una tienda donde refugiarnos y donde poder cocinar y tomar algo caliente. Tras reponer fuerzas, terminamos de preparar el resto de material para llevar mañana y comenzar la instalación de las nuevas sondas.


    Mientras hacíamos todo esto -recogidos en la tienda- fuera una sorpresa se estaba preparando para brindar con nosotros esa buena noticia de hoy. Se había despejado parte de la bóveda celeste y atónitos nos quedamos un buen rato contemplando las estrellas que parecen tener hoy un brillo especial.

  • Llegamos encharcados a Punta Arenas


    De nuevo en Punta Arenas tras regresar del Hielo Patagónico Sur. Agua, agua y más agua… así fueron nuestros últimos días por el Parque de Torres del Paine. Días agotadores. Os escribo estas líneas antes de echarme a dormir tras una ducha y cena reconfortantes. Mañana será otro día y seguro que después de un sueño reparador se verán las cosas con mejores ojos.

    Descansada ya, leeré mañana todos los comentarios en el blog que nos habéis escrito esta semana. Recordaré con cariño las entrevistas que me hicisteis a través del teléfono satelital cuando lea los resúmenes que de ellas habéis escrito para compartirlas con los demás expedicionarios… Todo eso lo dejo para mañana, quiero estar descansada y disfrutar de la lectura.

    Nos quedan unas cuantas gestiones por realizar hasta que tomemos nuestro primer avión a Santiago de Chile la mañana del próximo viernes 4 de marzo, para llegar a España al día siguiente por la tarde.
    En lo que respecta al material, lo primero es ponerlo a secar, ya que traemos todo chorreando. Debemos limpiar y lavar lo que quedará en nuestro “nido de material” de la Dirección de Aguas (DGA) y listarlo cuidadosamente antes de recogerlo. Por otro lado tenemos que coordinar muy bien con el personal de la DGA nuestro regreso a estas tierras para la reinstalación de la estación del glaciar Tyndall. Hay que dejar preparado material y organizada la logística para transportar los 200 kilos –al menos- que tendremos que llevar para esa expedición. Tendremos también que coordinar muy bien, cómo enviaremos desde España todo ese material que necesitaremos.

    En otro orden de cosas, tenemos pendiente impartir una conferencia divulgativa aquí en Punta Arenas, que nos la están organizando diferentes organismos. Les parece un tema muy interesante para dar a conocer. Y finalmente nos iremos juntando con los diferentes grupos de amigos que aquí tenemos, para irnos despidiendo de ellos.

    Muchas cosas para pocos días. Pero de momento por hoy, se acabó la larga jornada. Nos habíamos levantado a las 5:00 de la madrugada para retirar, todo mojado, el campamento. Recorrer el camino también bajo la lluvia hasta alcanzar la guardería Grey, donde los colegas de la DGA nos recogieron con el vehículo. Y desde allá, directos a Punta Arenas, recorriendo los 450 kilómetros -no todos asfaltados- que los separan. Por fin, después de andar toda la semana encharcados, dormir en seco será todo un placer. Estoy completamente segura de ello.

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  • Los glaciares y el calentamiento global

    El pasado sábado, mientras todavía podíamos comunicarnos por Internet, recibí de Karmenka unos artículos con el encargo de publicarlos en su nombre mientras ella estuviera cruzando el estrecho de Drake y no tuviera acceso directo al blog.

    Ahora nos mantenemos en contacto a través de un teléfono satelital que nos permite hablar y enviar textos sin problemas de "cobertura", aunque con bastantes limitaciones para enviar imágenes o acceder a Internet.

    Aquí está el primero de sus artículos, espero que lo disfrutéis y que resolváis el acertijo:

     

    ¿Por qué medimos el caudal de los ríos glaciares? Sabemos ya que es agua que proviene del hielo fundido del glaciar. Y ¿sabéis que hay una estrecha relación entre la fusión de los glaciares y el calentamiento global? La respuesta de los glaciares es inmediata ante cualquier variación de la temperatura ambiente.

    Pero todavía hay más. El hielo que se funde de los glaciares, llega al mar y lo va llenando. Por tanto tenemos que una de las consecuencias inmediatas del calentamiento global es el ascenso del nivel del mar Justamente por esas razones, nos hemos centrado nosotros en medir la descarga glaciar. Es una consecuencia inmediata del calentamiento global y además está relacionada con el ascenso del nivel del mar.

    Con las series de datos horarios que estamos generando lo que hacemos es seguir esa evolución del calentamiento global. Como muy bien habíais apuntado alguno de vosotros algunas semanas atrás, dentro de GLACKMA hemos logrado crear una red de estaciones de medida. Actualmente tenemos ocho funcionando, cuatro en cada hemisferio y ubicadas a diferentes latitudes.

    Por tanto esa evolución del calentamiento global la estamos siguiendo en glaciares de diferentes lugares de la tierra. Y de ahí la importancia para nosotros que os adelantábamos en un artículo anterior sobre las unidades específicas, medimos el caudal en metros cúbicos por segundo y por kilómetro cuadrado de superficie de cuenca glaciar. Esto nos permite tener “una única escala de medida” para poder comparar los registros de las ocho estaciones de medida.





    ¿Sabéis?, cuando empezamos a tener 2 y 3 años de medidas, pensábamos que era una verdadera pena que no se hubieran hecho este tipo de mediciones con anterioridad. Sería estupendo si pudiéramos ahora contar con series de datos de hace 50 o incluso más años. Podríamos ver mejor todavía la evolución que estamos registrando del calentamiento global.

    ” en la pestaña del menú de “Qué investigamos”. ¿Qué os parece a vosotros lo que estamos haciendo?

    Os propongo un juego. Os dejo ocho fotos que corresponden al entorno donde están cada una de esas ocho estaciones. A ver si lográis indicar a cuál pertenece cada una.

  • Todavía quedan rincones antárticos

    Conociendo estas tierras cuando reinaba en todos los lados el espíritu antártico, y viendo cómo poco a poco a causa del turismo y el dinero se va degradando, es hermoso encontrar rincones que podemos llamar Antárticos, con mayúscula.
    Al final de un día duro de trabajo y justo cuando nos disponíamos a preparar nuestra comida-cena del día, recibimos visita de nuestros amigos rusos. Ese grupito que permanece en la base Bellingshausen y pertenecían a la dotación de la época de Oleg. Fue una sorpresa muy agradable, nos trajeron unos trozos de empanada de pescado, que nos supieron a gloria acompañando nuestra sopa-crema del día.
    Nos acompañaron durante la cena que hicimos entre las rocas que habíamos buscado para protegernos del viento. Cada día, según la dirección del viento, seleccionamos el lugar más idóneo. Tenían más frío ellos que nosotros. Sí, para nosotros es ya habitual la intemperie y nos hemos acostumbrado a estas condiciones.
    Fue un rato de camaradería, el verdadero espíritu antártico de solidaridad estaba presente. ¡Qué bonito volver a reconocerlo en estas tierras antárticas! Notaba mi emoción a flor de piel…
    Por otro lado en la base uruguaya Artigas el jefe es Longino, un conocido amigo nuestro de la campaña del 2006, donde estuvo también de jefe de la misma. Ahora el funcionamiento de la base está regulado con el Instituto Antártico Uruguayo de otra forma que cuando empezamos a venir por estas tierras. Hay mucha más oficialidad en todo…, pero con lo que está a su alcance nos echa una mano y lo que es más importe para nosotros, nunca nos falta una mesa donde poder operar con los datos que medimos en campo y escribiros para el Blog.
    Parece que estamos de suerte, otro rinconcito antártico se presenta ante nosotros con las puertas abiertas. Esta vez viene de la Estación Marítima Bahía Fildes. ¿Recordáis? Fue desde esta estación chilena donde nos gestionaron nuestro cruce a Jubany, tanto a la ida cómo al regreso.

    Nos invitan a pasar con ellos unos días, para que salgamos un poco de las condiciones de intemperie del campamento y al mismo tiempo poder gestionar nuestro regreso de la Antártida a Punta Arenas. Han retrasado el vuelo de las Fuerzas Aéreas Chilenas casi tres semanas de la fecha marcada inicialmente y eso nos desbarajusta todos los planes. No sólo nos quedaríamos sin poder realizar el trabajo en la Patagonia Chilena, sino que además perderíamos nuestros vuelos de regreso a España. Pero bueno, dejemos ahora este nuevo problema que ha surgido y sigamos con los “rincones antárticos” que estamos teniendo la suerte de encontrar.

    Nosotros les ofrecimos a los 12 componentes de la dotación de verano de Bahía Fildes (en invierno quedan 8 solamente) lo poquito que estaba a nuestro alcance, les dimos una conferencia divulgativa de lo que hacemos en nuestras investigaciones en GLACKMA y todavía más en concreto, de lo que estamos encontrando en esta parte de la Antártida. Ellos van a estar por aquí un año entero y es bueno que conozcan lo que está pasando en el glaciar que tienen al lado.

    No os imagináis lo que supone el encontrar unas puertas abiertas cuando de repente no haces más que encontrar cerradas todas las que han estado abiertas durante años. No siendo Fildes una base científica, sino una estación marítima, nos han brindado su apoyo para regresar de nuevo cuando queramos y evitar estancias largas en nuestro campamento. Y no sólo es el apoyo ofrecido, es lo especial de las personas, que te hacen sentir como si estuvieras en casa. Es una especie de refugio tremendamente acogedor en medio de una tempestad. Es hermoso descubrir cómo todavía aparece el espíritu antártico. Consiguen que uno se emocione...
    • Todavía quedan rincones antárticos
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  • Midiendo el caudal del río

    Volvemos a hablar de la estación CPE-KG-62ºS, la que hemos reinstalado con las nuevas sondas de medida. Os contaba la otra semana que lo que terminamos generando son series temporales horarias de descarga glaciar. Es decir que cada hora tenemos el valor del caudal del río seleccionado que proviene del hielo que se ha fundido.

    Pero no se trata simplemente de instalar una sonda que te da directamente ese valor que buscamos. ¡No!, hay un proceso largo y laborioso detrás. Las sondas nos miden el nivel del río y para poder conocer el caudal tenemos que hacer lo que llamamos una campaña de aforos.

    Aforar en un río, significa medir directamente el caudal, pero no os voy a contar todo este laborioso procedimiento. Simplemente quiero que recordéis que hay que llevar a cabo un preciso trabajo de campo, después procesar todos esos datos con herramientas matemáticas y algunos programas informáticos que hemos elaborado para agilizar los cálculos y finalmente obtenemos lo que buscamos, el caudal drenado por el glaciar.

    Cuanto mejor sea nuestro trabajo de campo, mejor será el procesado después de los datos, por eso debemos estar concentrados en el trabajo, aunque las condiciones que tenemos no sean las más cómodas, ni las más confortables. Debemos de estar muy pendientes del río, de las variaciones de nivel que experimenta para llevar a cabo nuestros aforos. En este río, con la precisión con la que trabajamos, cada aforo nos lleva unos 35-45 minutos, dependiendo del caudal que haya. Durante todo ese tiempo tenemos que estar midiendo dentro del río, con esa temperatura que lleva el agua que ya sabéis que fluctúa entre 0ºC y 0,6ºC. Además os diré que prácticamente debemos de estar quietos y que en esta zona sopla siempre un fuerte viento que viene encajonado en el cañón del río, y nos hace alcanzar unos valores de sensación térmica algo bajos. Por eso la concentración en el trabajo es fundamental, centrarse en lo que se está haciendo y olvidarse del resto.

    Desde que regresamos de Jubany y estamos aquí acampados, no hacemos otra cosa que estar pendientes del río y de los aforos. No hay una hora fija, manda el río y sus variaciones de nivel, tan pronto nos toca por la mañana, por la tarde, a la madrugada, al terminar el día… no podemos tener horarios, el río es el que nos dirige. La ventaja de estar aquí acampados al lado del lugar de trabajo es que podemos estar muy pendientes con facilidad.

    Despertarse a la madrugada, salir del saco de dormir y su calorcito, abrir la puerta de la tienda de campaña e ir a mirar cómo está el río, está siendo la tónica general. Cuando después vuelves al saco porque no hay un nuevo valor para poder hacer un aforo… no está mal. Pero muchas de estas ocasiones tienes que de inmediato preparar todo el equipo y meterte en el río a medir. En fin, que como podéis observar estamos centrados en el trabajo y en sacarlo adelante lo mejor posible.

    En esta ocasión no os voy a pedir ninguna investigación, sólo quiero que seáis conscientes de que la mayor parte de las veces los mejores logros se consiguen con un gran esfuerzo detrás. Y ¿sabéis también que por lo general después no son muy apreciados, ni valorados? Sin embargo, os puedo asegurar que la tranquilidad que da el trabajo bien hecho es enorme. Y lo último que quiero que no se os olvide nunca, es que la fuerza la tenemos en la mente. Teniendo una mente poderosa se puede alcanzar prácticamente todo lo que uno se proponga, se superan con mucha más facilidad los obstáculos.


    • Midiendo el caudal del río
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  • Cuando reinaba el espíritu antártico…

    ¡Hola expedicionarios!
    Os voy a proponer una actividad muy bonita para esta semana. Del libro Diario Polar que escribimos hace algunos años, bajaros el capítulo titulado: “El Continente Blanco. Habla el corazón”. , desde el fichero que podéis descargar en nuestra página web, en la pestaña de divulgación. Ahí se recoge un resumen que escribí una vez regresé a España de mi primera expedición a la Antártida en el año 2000, a estas mismas zonas desde donde estoy escribiendo ahora. Era una época en la que reinaba lo que hemos llamado el espíritu antártico de solidaridad.

    Me gustaría que cada uno de vosotros, hicierais un resumen de ese capítulo. No lo hagáis con prisas. Pensadlo tranquilamente y al final de la semana lo enviáis. ¿Os parece bien la propuesta?
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