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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Con el tiempo justo

    No quiere andar y no quiere andar, ¡es así! Todos los intentos que se nos ocurrían realizamos, mientras aparecía la grúa. Comprobación de la batería, cambio de fusibles que pudieran tener cierta relación con el problema, tanto de la caja principal como de la secundaria, chequeo de la continuidad de los cables eléctricos que llegan a ellos… Pero el Defender seguía parado.

    Llega el taxi antes que la grúa. Le habían indicado desde el seguro de llevarnos a Luarca, pero conseguimos cambiar esa alternativa por la que veíamos más operativa, alcanzar la casa de Land Rover en Oviedo. Cualquier problema sería más fácilmente solucionable allí. Esperamos a que llegase la grúa y cargase el Defender con todo nuestro equipo para ponernos rumbo a mi ciudad natal.

    Os voy a contar una cosa, que la considero como un signo del futuro bonito que está por hacerse realidad. El lugar en Asturias en el que el Defender dijo “basta”, fue cerca de donde tengo rehabilitando mi gran sueño, ese velero al que le queda poco para surcar primero las aguas del Cantábrico y después entrar en la historia de GLACKMA, en un futuro no muy lejano… Pero dejemos eso, centrémonos ahora en Oviedo, en la casa de Land Rover, en nuestro todopoderoso Defender que es la primera avería que tiene desde 1999 y en tres expedicionarios polares que no pierden el buen humor.

    Aquí en el polígono del Espíritu Santo, frente a la puerta del taller, pasamos la noche acompañando a nuestro cuarto expedicionario, nuestro todoterreno. Adolfo sentado en el asiento del copiloto, y digo sentado porque estos asientos casi no se reclinan nada. Carlos estrenando su equipo de vivac fuera, flanqueando el costado derecho del Defender, bajo el orvallo asturiano. Y yo encogida en los asientos del medio, tratando de estirar un poco las piernas por encima del asiento del conductor, cuando se me quedaban dormidas.

    Así, ahí acurrucada con las luces del polígono iluminando el interior del vehículo, el ruido de los coches circulando en la carretera a tan solo unos metros de nuestro “hogar”, mi mente recorrió de nuevo lo acontecido durante el día. Pasó de la magia tan bonita de la salida en Ferrol, aquella ilusión sincera y contagiosa de los más pequeños, a vernos ahora con el coche parado en un día de fiesta y esperando… Sentí una emoción profunda al ser consciente del gran equipo que tenía a mi lado. En silencio dejé que mis lágrimas corrieran libres. Percibí la suerte de que no estuviéramos solos Adolfo y yo como en todos estos años anteriores. El contar con este fichaje estrella que hemos hecho con Carlos, me dejaba muy tranquila. Percibía que éramos invencibles luchando por nuestros sueños polares. La aventura comenzaba con fuerza, como debe ser, nunca conoces qué va a pasar mañana, ni siquiera qué va a acontecer unas horas más adelante.

    Amanece el día lleno de ilusiones e incertidumbres que según avanzan las horas, van buscando su realidad. El problema resultó ser la bomba de gasóleo, no tienen repuesto en Oviedo y llega mañana desde Guadalajara. Después cuatro horas de taller para el montaje y podremos continuar por la tarde nuestro camino rumbo a Hirtshals, al norte de Dinamarca. La media del Defender será de 90 km/hora, así que toca hacer relevos continuos en la conducción para alcanzar nuestro objetivo de embarcar en el ferry a tiempo. Somos un equipazo de verdad, y lo vamos a conseguir. Además, os confieso que vuestro apoyo durante el día de ayer y de hoy, tanto por el blog como por las redes sociales, dándonos ánimos y sabiendo que sois partícipes de nuestra aventura, nos está ayudando mucho.

    Entre todos lo vamos a conseguir. ¡¡Llegaremos a tiempo!!

    • Defender en Land Rover Oviedo

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  • Alcanzamos Hirtshals, al Norte de Dinamarca

    Explorando los alrededores de Hirtshals

    Resultó una acertada estrategia la que elegimos al programar el viaje, saliendo con antelación de España. A partir del viernes por la tarde, todo el sábado y el domingo hasta que llegamos a nuestro destino, el tráfico realmente se incrementó. La coincidencia del fin de semana con el inicio del mes de julio y de las vacaciones para muchos, creó unas condiciones nada cómodas para la conducción. Tremendos atascos en torno a cualquier ciudad, fuera del país que fuera, nos hizo emplear más tiempo del calculado inicialmente. La paciencia fue nuestra gran aliada y nos permitió recorrer estos 3000 kilómetros del trayecto.

    Una vez llegado a nuestro destino, Hirtshals, al norte de Dinamarca, localizamos el lugar de salida del ferry, comprobamos que todo está en orden con nuestros billetes y nos disponemos a explorar los alrededores. Tenemos para ello la tarde del domingo y el lunes completo, pues hasta el día 3 por la mañana, a las 6:30, no es nuestra cita para embarcar en el ferry que nos llevará hasta Islandia.

    Descendiendo un poco por la costa oeste de Dinamarca, alejándonos de Hirtshals, nos aproximamos a una playa tranquila, kilométrica… ¡Perfecta para echar unas carreritas! Es lo primero que hago nada más localizarla. Necesito estirar las piernas y desentumecer mis articulaciones después de tantos días de coche, sentada al volante o de copiloto. ¡Qué gusto! Poco a poco me empiezo a encontrar mejor. Después algunos ejercicios en la arena para estirar y finalizar con un bañito en estas aguas fresquitas y agradables, que devuelven al organismo la tonicidad que había perdido con tantos kilómetros de coche. Me quedo como nueva.

    La tranquilidad nos acompaña y podemos seguir merodeando por el entorno de Hirtshals. El tiempo es agradable, nada del calorón que nos había asfixiado la última semana en España. Disfruto especialmente con estas playas inmensas e inacabables de toda la costa. Siendo asturiana, pero viviendo en el interior en Salamanca, le tengo un gran cariño al mar. Además la proximidad a los mares gélidos de la Antártida y el Ártico, cuando estamos trabajando en esas regiones, me ha dejado huella y de alguna manera, me siento especialmente cautivada por el mar. Por eso, ahora estas inmersiones a la costa norte de Dinamarca, me terminan de desconectar totalmente del ajetreo del mundo civilizado y poco a poco me voy preparando para la nueva etapa que comenzamos con nuestra campaña boreal. 

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  • Segundo día de conducción

    Ayer el día de viaje nos fue muy bien. Mereció la pena madrugar y salir tempranito, pues cuando el sol se disponía a mostrar su poderío de nuevo, ya estábamos por el Norte de España. En San Sebastián encontramos niebla, y a partir de ahí al cruzar a Francia no volvimos a verlo más, una densa capa de nubes lo mantuvieron oculto todo el trayecto.

    Según avanzábamos iba teniendo una sensación muy agradable, voy a ver si soy capaz de describírosla. Me sentía como embadurnada con una capa gruesa de un fuerte pegamento, y según iban pasando los kilómetros era como si lograse poco a poco desprenderme de ese envoltorio pegajoso. Una sensación como de liberación del mundo civilizado. Sí, ya lo sé, todavía andamos en ese mundo, pero es cómo ver cada vez más cerca el momento en que va a quedar atrás una larga temporada.

    Al mismo tiempo, mi mente se iba liberando poco a poco de todos esos “residuos” que se le pegan a uno al andar unos meses seguidos, por lo que ya sabéis que yo llamo el mundo civilizado, aunque de “civilizado” tiene poco…

    ¿Sabéis? Intenté en las ocasiones en las que yo iba de copiloto, tratar de ponerme a hacer alguna cosilla en la que mi mente tenía ganas de meterse y tiene pendiente de hace tiempo… Pero no fui capaz. Me sentía todavía saturada, como sin posibilidad de movimiento en los engranajes del cerebro para avanzar con el pensamiento e ideas. Es esa especie de ungüento pegajoso del que poco a poco, kilómetro a kilómetro, voy siendo consciente de cómo se queda atrás.

    En nuestro paso por Burdeos, pillamos un poco de atasco y me sorprendieron varios vehículos franceses que al ver nuestro coche, fijarse en la matrícula y descubrir nuestra procedencia de Hispania, nos sonreían, levantaban el pulgar y nos decía: “¡España campeona!”. Vaya, que poder tiene el fútbol, me sorprendí de nuevo.

    Así, sin más novedades, llegó el final del día, por lo que nos apartamos de la carretera aprovechando las ventajas de llevar un todoterreno y bajo unos árboles que nos cubrieron a modo de techo, nos tumbamos a dormir con los sacos, en lo que fue el primer vivaqueo de esta expedición. ¡Qué gusto, estirar las piernas!

    Hoy repetimos nuestra estrategia de levantarnos temprano, recoger los sacos y ponemos en ruta pronto. Sigue nublado y nos toca algo de lluvia. Creo que definitivamente nos hemos liberado del calor asfixiante que pasamos en España estos días pasados. 

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