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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Paciencia y astucia en el Ártico

    Casi con el pelaje de invierno

    Me cautivó desde el primer día que lo vislumbré a una distancia kilométrica. Era como una hermosa estrella fugaz con la que te sentías afortunada, pero tan sólo durante unos segundos. La magia desaparecía rápidamente. Pasaban los días y deseabas volver a tener esa misteriosa aparición. Cuando esto ocurría casi te daba miedo hasta de respirar, creyendo que tu hálito era el causante de la estampida de tan sutil criatura.

    Pasaron días, semanas creo, hasta que me atreví a coger la cámara e intentar capturarlo con el zoom… Tenía miedo de que cualquier movimiento, de que cualquier ruido, pudiera perturbarlo antes de tiempo y robar así unos segundos del enigmático instante. Incluso con el zoom las fotos resultantes eran para tirar, un puntito en medio de la inmensidad de la tundra. Ese era mi anhelado zorro ártico que casi había que imaginar en la foto.

    Todo esto ocurría en el 2001 durante mi primera expedición a Svalbard, en concreto a 79ºN en el glaciar Austrelovenbreen, donde instalamos la primera de las estaciones de medida de descarga glaciar, de la red que actualmente tenemos en GLACKMA. Fueron casi tres meses de trabajo y trabajo y más trabajo y muchas veces sin el equipo adecuado para realizar esas tareas a la intemperie en aquel lugar, en aquel glaciar, en aquel río con agua casi helada… No os voy a hablar de esto ahora, si tenéis curiosidad lo podéis leer en el Diario Polar. Esta anotación es para centraros el momento, una expedición de casi tres meses de duración en medio de la naturaleza, integrados en ella completamente y con la mente en el trabajo por sacar adelante y por supuesto en el disfrute de la naturaleza, del entorno mágico del Ártico y rodeados de paz.

    Semana tras semana, con agrado iba comprobando que la distancia que me guardaba mi enigmático amigo se iba reduciendo. Cada metro que conseguía eliminar, sonreía en mi interior… Poco a poco y con paciencia, las fotos empezaron a salir. A lo largo de esos tres meses de verano pude comprobar cómo su pelaje estival -con tonos castaños y marrones para camuflarse al andar sobre la tundra- iba pasando al blanquecino del invierno que le permitiría pasar desapercibido sobre la nieve.

    Mi paciencia iba dando resultado, merodeaba ya el campamento, andaba entre las tiendas, primero cuando no estábamos por allá y después, incluso con nuestra presencia. En la cercanía había que tener un cuidado exquisito, cualquier movimiento un poco rápido implicaba perderlo a toda velocidad. Ahí, si que la respiración tenía que ser pausada… su sensibilidad era brutal, cuestión de supervivencia, ¡está claro! Cuando recibíamos tan grandiosa visita, me gustaba quedarme quieta, tumbada en la tundra observándolo, buscando sus ojos con los míos y a partir de ahí establecer una especie de conexión. Yo percibía que nos comunicábamos…

    Cuando quedaban un par de semanas para dejar el campamento y finalizar la expedición, aparecieron unos franceses en una base cercana. Ellos estuvieron solamente unos pocos días y como habitaban en base y ahí no tenían problema con la posible visita del oso polar, llevaban comida “de verdad”. La nuestra era toda liofilizada para no atraer con el olfato al rey del Ártico pues seríamos deseables para él. Al irse nuestros vecinos franceses, les sobró un trozo de queso que nos regalaron. Si no habéis estado tres meses a base de cremas hechas con comida liofilizada, no sabéis lo que es desear un trozo de comida sólida para morder, masticar, digerir…

    Probé el queso, por supuesto, además es que ¡¡¡me encanta!!! Pero en seguida mi mente pudo más que el deseo y dio órdenes en mi interior para guardar mi ración y echarle un pulso a mi nuevo amigo ártico. Os imagináis, ¿no? Comencé a dejarle pequeños trocitos allí en medio del campamento… se acercaba y los comía. Poco a poco mi posición estaba más próxima a esos trocitos… el zorrito se acercaba, guardaba su distancia prudencial y después con un movimiento veloz y casi invisible, se los llevaba y los devoraba a la distancia a la que él consideraba de seguridad.

    Teniéndolo así de mal acostumbrado a estos regalitos, llegó el gran día. Esta vez sólo un pedacito y lo tengo yo en mi mano, tumbada en la tundra… Así lo estaba esperando. Se acercó dejándome su entorno de protección, me rodeaba, me miraba, nos mirábamos, iba, venía… Yo allí quieta, casi sin respirar, con mi paciencia infinita y con la completa seguridad de que lo iba a tener cerca, muy cerca… No sé el tiempo que pasamos allí jugando los dos. Lo recuerdo ahora y sonrío, me emociono…

    Al final mi paciencia venció a su astucia, o mejor dicho, él sabía que no había peligro, en otro caso, no lo hubiera hecho. Yo tumbada, mi mano extendida con el trocito entre mis dedos. El zorro ártico, que tenía su pelaje ya muy gris blanquecino pues el verano estaba a punto de finalizar, se posicionó finalmente frente a mí. Nos miramos, con mis ojos le transmití que ese trozo era suyo, sólo tenía que cogerlo, nada iba a pasarle. Me entendió. Avanzó despacio, con su mirada siempre clavada en la mía. Sentí que me dejaba entrar en su mundo misterioso… Fue algo mágico. Agarró con sus dientes el trocito de queso con corteza, lo mantuve con fuerza un instante, las miradas se hicieron más penetrantes, después aparté la mía de la suya, miré al queso, aflojé la resistencia de mi mano y se llevó victorioso el trocito.

    Al escribir estas líneas ahora -a pesar de la distancia en el tiempo- las sensaciones y emociones experimentadas las percibo en mi interior con la misma fuerza, capaces de conmoverme de nuevo y de provocar en mí un viaje en el espacio y en el tiempo e inmiscuirme de nuevo en aquellos mágicos e inolvidables instantes. ¡Qué fantástica es la naturaleza!

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  • Mágica conexión con el alumnado de La Salle en Santa Cruz de Tenerife

    A las puertas del colegio La Salle

    Todavía estoy llena de la gran cantidad de sensaciones que me invadieron al terminar las dos charlas que acabamos de impartir Adolfo y yo en el Colegio La Salle San Ildefonso en Santa Cruz de Tenerife. Más de un centenar de alumnos en cada una de ellas. La primera con los alumnos de 1º de Secundaria y a continuación los de 2º.

    Siempre, antes de una conferencia de tipo divulgativo, sea el público que sea, tengo una especie de… nerviosismo no es correcto decir, sería más adecuado hablar de incertidumbre sobre el resultado. El resultado en cuanto a cómo “llegar” al público, cómo transmitir, cómo compartir mi ilusión sobre este mundo tan apasionante de los glaciares, cómo hacer sentir la pasión que yo tengo por esta “aventura polar científica”. Es una especie de tensión interna que me acompaña hasta que termina el evento. A veces, no sé la razón en concreto, no lo conseguimos… ¿Por qué? No lo sé. Nosotros, el público, el lugar… No sé cuál es la razón o razones que lo impiden. Me queda un mal sabor de boca. Un sensación de haber fracasado… Otras -y todo hay que decirlo, la mayor parte de ellas- es todo lo contrario. Se consigue establecer una especie de conexión que resulta casi mágica. Esto es lo que ha ocurrido por duplicado esta tarde en el salón de actos del Colegio La Salle de Santa Cruz de Tenerife.

    Dos charlas, cada una con su encanto. Una especie de hechizo envolvió el ambiente en cada una de ellas. Diferentes e inolvidables ambas. Al finalizar la primera no podemos disfrutar con el resultado ni ser conscientes de ello, justo a continuación comienza la segunda y de nuevo toda esa tensión por conectar, transmitir, ofrecer y compartir, se apoderan de mí. Los minutos transcurren y casi sin darme cuenta se acaba el tiempo… si tenemos más seguro que continuamos entusiasmados unos y otros, proseguirían las preguntas y las respuestas, las ganas de saber, la curiosidad… Aplausos sinceros, espontáneos… Es imposible poder describir el cúmulo de percepciones y emociones que se apoderaron de mí.

    Ya sabéis todos los que habéis sido protagonistas de esta historia que tenéis las puertas abiertas para uniros a GLACKMA. Además y cómo os dijimos al finalizar, os esperamos… Necesitamos en la Asociación esa energía fresca y joven que tenéis vosotros.

    Todo esto ha sido posible gracias a varias personas: Marián, Coordinadora de Secundaria y que disfruta ofreciendo esta oportunidad a sus “chicas y chicos”; Maite, Presidenta del AMPA (Asociación de Madres, Padres y Tutores, Colegio La Salle San Ildefonso, Santa Cruz de Tenerife), manteniendo año tras año la afiliación a GLACKMA de dicha entidad; y Miryam, Vicepresidenta de GLACKMA, contagiando en todo su entorno, la ilusión de esta Asociación.

    El próximo lunes tendremos de nuevo el privilegio de compartir en este colegio la gran “aventura polar científica”. Un público algo más joven, alumnos de 6º y 5º, pero seguro que con las mismas ganas de aprender que sus compañeros mayores. Manolo es en este caso, el Coordinador de Primaria, que hace posible este encuentro.

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  • Vídeo de divulgación

    Poco a poco, jóvenes expedicionarios, os habéis ido presentando en esta Aventura Polar Científica. Sé lo densos que son los programas escolares, por eso agradezco enormemente a vuestros profesores y maestros que son capaces de organizarse y permitiros viajar virtualmente con nosotros. De antemano soy consciente también, que no se van a arrepentir. Por la experiencia en años anteriores, vemos cómo en este tipo de actividades, os llenáis de ilusión y ganas por aprender.

    Como sabéis ya todos, nos vais a ayudar a preparar la expedición de este verano a los Urales y después nos podréis seguir por medio del Blog para comprobar cómo se desarrolla. Pero, ¿qué vamos a hacer allí?, ¿por qué a los Urales?

    Todo esto se enmarca dentro del objetivo fundamental de GLACKMA: “utilizar los glaciares como sensores naturales del calentamiento global”. Para empezar a explicaros más cosas con detalle, os voy a pedir para los próximos días que veáis el vídeo de divulgación que tenemos en nuestra web. Lo realizó el equipo de Al Filo de lo Imposible en el verano de 2012, mientras trabajábamos en Islandia.

    Tras verlo y escuchar con atención, os planteo las siguientes cuestiones:

    • 1     ¿Por qué trabajamos en los glaciares?
    • 2     ¿Cuántas estaciones tenemos en GLACKMA y dónde están ubicadas?
    • 3     ¿Qué medimos en esas estaciones?
    • 4     ¿Cómo medimos?
    • 5     ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención?
    • 6     ¿Qué es lo que más os ha gustado del vídeo?

    Con gran ilusión, espero vuestro trabajo…

    • Islandia

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  • GLACKMA… imparable como un glaciar

    Tenía muchas ganas de sacar un poco de tiempo en la semana para escribiros este artículo. Veía pasar los días y el trabajo diario parecía no querer dejarme ni un pequeño resquicio. Pero por fin, hoy lo logro.

    Este artículo va especialmente dedicado -y con mucho cariño- a todos los que sois afiliados de GLACKMA. A los que no lo sois, os invito a que os unáis a nosotros. No os vais a arrepentir. ¡Creedme!

    Este fin de semana no fue de descanso para mí, como es habitual en muchas ocasiones lo dediqué a adelantar trabajo de la Asociación, pues por la semana casi no saco tiempo con mis obligaciones universitarias. Entre otras cosas, os estuve mandando a cada uno de vosotros el certificado de vuestra aportación anual a GLACKMA del año 2013.

    Según os iba escribiendo me iba llenando de una sensación muy especial, que no sé si voy a saber transmitírosla. Era una mezcla de emoción, de gratitud, de querer conoceros a cada uno de vosotros, de poder llegar a veros alguna vez en la vida, de poneros cara. No sé, me emocionaba pensar en vuestro apoyo desinteresado. Muchos nos habéis escuchado en alguna conferencia, otros por la radio, algunos nos habéis visto por la televisión en alguna entrevista o programa, otros habéis oído hablar a los amigos…, pero todos coincidís en algo, en creer en los fines de esta Asociación y en brindar vuestro apoyo desinteresadamente para ayudar a cumplirlos.

    En estos, ya casi tres años que llevamos de vida como Asociación, algunos han aparecido, se han afiliado, pero al final se han esfumado… No han durado prácticamente nada. Me imagino que es normal, para ofrecer el apoyo desinteresado que nos dais los que estáis ahí año tras año, hace falta ser de una “materia” especial. No es capaz de hacerlo cualquiera.

    Con todos estos sentimientos a flor de piel, cuando me acosté el domingo por la noche se me vino a la mente una imagen… no os riáis de lo que os voy a contar. Imaginé que entre todos en GLACKMA, somos como un glaciar que avanza. Lentamente, pero inexorable, imparable. Ese hielo compacto, puro, ese azul indescriptiblemente hermoso del interior… que va arrastrando fuera y cribando todas esas impurezas, esos sedimentos que termina depositando en los bordes a modo de morrenas.

    ¡Gracias a todos vosotros por formar parte de lo que parecía una utopía, pero resulta cada vez más real! De verdad, seguramente no sois conscientes de ello, pero gracias a vuestra confianza, gracias a cada uno de vosotros… ¡GLACKMA como Asociación, hoy existe y sigue fortaleciendo y consolidándose!

    • Svalbard, 79ºN de latitud en el Ártico
  • GLACKMA… Al Filo

    Explorando el interior del glaciar

    En nuestro último Boletín de la Asociación os anunciábamos el día 2 de Diciembre como posible fecha de emisión para el programa de Televisión española de “Viviendo al filo con” que se grabó este pasado verano en Islandia.

    Os tenemos que informar que la emisión de esta serie de programas de televisión del equipo de “Al Filo de lo Imposible”, se ha retrasado. Y con ello, ¡claro está!, el que dedican a GLACKMA.

    Es muy probable que sea ya en el próximo año, finales de enero o incluso febrero. En cuanto tengamos confirmación de la fecha definitiva os avisaremos por los distintos medios de internet que tenemos. Pero de momento, sabed que no será este próximo domingo.

    Os dejo unas fotos de alguno de los momentos de las grabaciones, mientras explorábamos el interior del glaciar, sus conductos, sus ríos, estudiando cómo es el drenaje en el glaciar, cómo circula el agua proveniente de la fusión del hielo generando estas formas propias del “criokarst”. 

    Fundamental el trabajo en equipo en todas estas exploraciones. Ni el cansancio, ni la lluvia, ni las mojaduras, pudieron con nosotros.

    Un saludo especial para todo el equipo de Al Filo con quienes compartimos unos magníficos días en Islandia. ¡¡Una experiencia inolvidable!! 

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  • Terminada la navegación, en ruta a nuestro glaciar

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Prácticamente los días que duró la travesía los hicimos bajo condiciones de niebla bastante densa. Así que fue una verdadera sorpresa esta mañana, temprano, cuando al alcanzar Islandia descubrimos al sol, con esa luz rasante propia de altas latitudes, iluminando de forma tan cálida el paisaje.

    Se termina la navegación que tanto adoro y comienza una nueva etapa. Primero con paciencia desembarcar del ferry. Tengo unas tremendas ganas de perder de vista a tanta gente deambulando a mi alrededor. No os lo podéis imaginar…

    Después hace falta una nueva dosis de paciencia y la verdad que también de suerte. Como os había dicho en el artículo anterior, el turismo en Islandia se ha incrementado mucho en los últimos años y ello ocasiona cambios, como no puede ser de otra manera. La normativa en cuanto al tipo y la cantidad de comida a introducir en el país, se ha modificado por completo. Lo que antes era totalmente libre ahora tiene una serie de restricciones. No fue fácil pasar la aduana con toda la carga que llevábamos en el Defender, pero finalmente con el apoyo de Sigurdur, islandés amigo nuestro que trabaja en el Ente de la Energía y sabe de nuestras investigaciones en este lugar desde 1997, lo conseguimos.

    Una vez realizados todos los trámites, nos ponemos en ruta desde Seydisfjördur al Este de Islandia donde llegamos con el ferry, hasta nuestro glaciar al Sureste. El día está maravilloso, despejado, el sol brillando en el cielo, algo de viento pero poco y nada de lluvia. Una verdadera suerte.

    Aunque tengo ya una buena colección de fotografías de este país, me apetecía parar casi a cada instante para ir haciendo vídeos, que es en lo que ando ahora metida. Pero tuve que dominar mi deseo de detener el vehículo y ser consciente de que merece la pena poder llegar a nuestro glaciar y empezar a instalar el campamento con la compañía del sol. Las condiciones meteorológicas cambian muy rápidamente y la lluvia puede aparecer en cualquier momento.  Y menuda diferencia de poder instalar las tiendas en seco a tenerlo que hacer bajo la lluvia.

    Así que fue un recorrido en coche, disfrutando del paisaje, pero sin paradas. Con eso conseguimos llegar por la tarde a nuestro destino, el glaciar Kviarjökull. ¡Qué hermoso está!

    Montamos un par de tiendas en la tundra, próximas al río que viene del glaciar y en el que nos tocará trabajar durante los próximos días. Comenzamos a sacar del coche lo más básico para el campamento. Habrá que ir poco a poco organizando todo en los próximos días, según vayan llegando los demás expedicionarios.

    ¿Sabéis? Fue una sensación extraña. Al parar el coche en este lugar habitual en el que solemos acampar cuando venimos a trabajar aquí, me sentía como si llegara a casa. Pero no hay nada, la explanada de tundra, el río al lado, la estación de medida en frente y el glaciar imponente al fondo. ¡Qué paz me invadió y que tranquilidad! Parece que a mi alrededor, el tiempo comienza a pararse de nuevo…  

    • Glaciar Kviarjökull con su río de drenaje
    • Detalle del glaciar Kviarjökull

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  • El paraíso dentro del paraíso

    ¿Habéis oído hablar alguna vez del paraíso dentro del paraíso?

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  • La instalación y mantenimiento de las sondas de medida… no es tarea fácil

    Casquete glaciar, con circulación de rios procedentes del hielo fundido

    Continuando con la forma de medir la descarga glaciar aquí en la Antártida, os contaré hoy algo que algunos de vosotros ya sabéis por la campaña anterior, pero para muchos otros es cosa nueva, así que vamos a ello.

    Quedamos ya el otro día que seleccionábamos un punto en la zona, donde confluye todo el agua procedente del hielo que se funde de una parte de ese enorme casquete glaciar, y es en ese punto donde medimos. Vimos en el vídeo que os había dejado, el buen lugar que encontramos en el cañón, donde pasa toda el agua integrada y además las paredes de roca nos permiten fijar las sondas.

    Como muy bien habéis observado en el vídeo, tenemos varios instrumentos midiendo. Pero, esos equipos, ¿se instalaron ellos solitos?, ¿qué miden?, ¿cada cuánto tiempo miden?, ¿desde cuándo están midiendo? Tranquilos, tranquilos, que os voy a responder a todas estas preguntas.

    Las sondas de medida están recogiendo datos cada hora y durante todo el año. No sólo eso, sino que año tras año. Y, ¿desde cuándo? Pues fijaros, estamos midiendo en este lugar desde inicio de febrero del 2002. Sí, he dicho bien, no me he confundido, ¡¡¡desde el 2002!!! Cada sonda mide varios parámetros y con cada uno de ellos tenemos ese registro horario y continuo desde entonces. ¿Os imagináis cuántos datos, cuánta información? Ahora me entenderéis perfectamente cuando os digo que conocemos muy bien cómo está evolucionando este glaciar durante la última década.

    Esos equipos de medida los hemos tenido que reinstalar en varias ocasiones a lo largo de esta década. Pensad que quedan todo el año ahí a la intemperie y las condiciones en el invierno son durillas. Tienen, por tanto, una caducidad. Así que nos hemos encargado de que antes de que dejasen de funcionar, tuvieran otros al lado para sustituirlos. No es tarea fácil.

    A lo largo de estos años, como toda la electrónica ha avanzado mucho, hemos podido ir mejorando con cada reinstalación, la robustez de los equipos. Ahora resisten mucho mejor a las condiciones de intemperie y además tienen una mayor memoria para almacenar esos datos que almacenan.

    La última de estas reinstalaciones de las sondas de medida, la realizamos la campaña anterior. En su día en el Blog os expliqué con detalle cómo lo hicimos, además de enseñaros fotos y prepararos algunas tomas de vídeo.

    Sobre la cuestión planteada al principio, de ¿qué miden? De momento os quedáis con la idea de que son varios parámetros, como os decía más arriba, con los que buscamos conocer la cantidad de agua qué pasa por ese río, pues es el hielo fundido… Pero de esto lo dejamos para otro artículo, ¡que os lo tengo que explicar bien! 

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  • ¿Sabéis dónde estamos ahora?... En la Base Argentina Jubany

    Vista panoramica de la Base Argentina Jubany

    Os he hablado ya de la noción del tiempo tan natural y fantástica que nos envuelve en estos lugares, así que espero que me entendáis y sepáis disculpar lo que a simple vista puede parecer un desorden. “¿Qué querrá decirnos Karmenka ahora?” os estaréis preguntando. Al terminar de leer este artículo me entenderéis… eso espero.

    Durante los últimos días hemos estado recogiendo el campamento y el material que en él teníamos. Recogerlo significa en primer lugar secarlo, cosa que hemos podido hacer gracias al apoyo de la Base Artigas. Después clasificarlo, listarlo y seleccionar qué parte dejamos almacenada en esta zona de la isla hasta nuestro retorno y qué parte nos llevamos con nosotros.

    “¿A dónde?”, querréis saber. Os estoy escribiendo ahora desde la Base Argentina Jubany, donde llegamos ayer. Volver a buscar el mapa que os había adjuntado en el artículo Compartiendo un asado uruguayo con la dotación chilena de Fildes y localizar dónde estamos ahora. Jubany es una Base Argentina que está en Caleta Potter, una preciosa caleta y muy protegida. En esta Base se encuentra también el laboratorio alemán Dallmann. Tienen un acuerdo de colaboración ambos países para trabajar juntos en este lugar. Nuestro trabajo aquí es complementario del que realizamos en la otra parte del glaciar Collins y tiene que ver con el proyecto europeo IMCOAST en el que participamos.

    Para detallaros nuestro trabajo de investigación en esta zona, vais a tener que esperar un poco. No es que os quiera mantener en vilo con lo que hacemos sino que daremos tiempo a que los más jóvenes regresen a sus clases de las vacaciones y se puedan poner al día otra vez con el Blog. Además antes de explicaros el trabajo que desarrollamos aquí, para que lo entendáis perfectamente, tengo pendiente resolveros la cuestión que quedó abierta antes de iros de vacaciones, de “cómo medimos la descarga glaciar en este casquete que ocupa la isla completa”. No, no se me ha olvidado que está esta cuestión abierta, estoy esperando el regreso de los más jóvenes.

    ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, hasta Jubany? Os cuento. Anteayer, día 1 de Enero, dejamos todo recogido, con lo que os expliqué que significaba “recogido” y coordinamos con Capitanía de Puerto Bahía Fildes para el viaje… ¿Os acordáis dónde estaba esta Base? Es chilena, está junto a la de Frei, también chilena, pero mientras que esta última pertenece a las Fuerzas Aéreas, Capitanía de Puerto Bahía Fildes está organizada por la Armada, es decir la Marina.

    Les pedimos a ellos, a los marinos la posibilidad del transporte en zodiac desde Bahía Fildes hasta Caleta Potter, y con esas ganas de ayudar y apoyar a la ciencia que tienen, no dudaron ni un instante en darnos este apoyo logístico. Ellos tienen buenas zodiac y para este trayecto que es de unos 16 kilómetros por mar y con el tiempo tan cambiante en la zona, nos dan una gran seguridad.

    Al realizar con ellos el contacto por radio el 1 por la noche, nos informan que la meteorología para el día siguiente se prevé con niebla y nieve. No es lo mejor para la navegación en zodiac, así que nos proponen ir hasta su base a primera hora de la mañana y esperar allí listos con todo el material hasta que se abra una ventana y podamos realizar la travesía.    

    Así lo hacemos, tras el desayuno nos llevan los uruguayos desde Artigas hasta Fildes en el vehículo oruga. Por el camino ya vamos observando que la niebla existe pero está alta, nieve cae pero no mucha y lo mejor de todo,  apenas hay viento, que para la navegación en zodiac es un gran enemigo. “Parece que vamos a tener suerte” pienso para mis adentros.

    Efectivamente, cuando llegamos a Fildes, ya está la dotación preparando la zodiac. Cargamos el material, nos subimos y rumbo a Jubany. Disfruto como una enana, me encanta la navegación y más en estos lugares. La nieve golpeando la cara, observando los frentes de hielo en toda la costa, pingüinos nadando y buscando su alimento. Se me hace cortísimo el viaje, ¿por qué se me pasa volando el tiempo cuando voy navegando?, ¿por qué siempre me pasa lo mismo?, ¿por qué no está más lejos la Base Jubany? Y para rematar el viaje, a la entrada de Caleta Potter un par de yubartas parece que salen a recibirnos.

    Concluyo el artículo con lo que os quería transmitir al principio, sobre el tiempo y el desorden que quiero sepáis entender. Os escribo ahora que estamos en Jubany para que sepáis por donde andamos y que estéis al corriente, pero como me han quedado tantísimas cosas por contaros de este mes que llevamos en la Antártida, probablemente vaya alternando las historias de donde estamos ahora con las anteriores.

    Pero no os preocupéis, este desorden a primera vista estará siempre ubicado en el tiempo real y os iré describiendo cuándo y dónde ha acontecido cada aventura. ¿Sabéis? Son tantas las vivencias nuevas que se acontecen en cada momento, que para poder llevar el Blog al día necesitaría que fueran de 48 horas o más. La realidad no es esa, todos lo sabemos, así que os pido saber entender el “desorden aparente” temporal de lo que os voy a ir contando. Serán como piezas de un puzle que os voy dando poco a poco, pero tendréis la información suficiente para irlas encajando en el lugar adecuado.

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  • Alcanzamos el glaciar Huemul

    Al sonar el despertador a las 4:30 de la mañana, observo por la ventana que está completamente cubierto. No se alcanza a ver ni el propio Fitz Roy… Bueno, me quedo sin poder filmar el amanecer en estas cumbres… Otra vez será. Retomo el sueño hasta las 7:00, hora en que nos levantamos y nos ponemos en camino hacia el glaciar Huemul. Son 37 kilómetros.

    Nos toca algo de lluvia de vez en cuando, pero no es continua así que es bastante llevadera. La temperatura es de 6ºC y en algunas ocasiones baja algo, pues el agua se convierte en agua-nieve. Pensad que andamos por el Hemisferio Sur, por tanto estamos en el final de la primavera y en zona de montaña.



    El último ascenso para alcanzar el glaciar lo tenemos que realizar a través de un bosque precioso de lengas. Cuando llegamos a nuestra estación de medida, lo primero que tenemos que hacer es cruzar un pequeño río de apenas 3 metros de ancho, pues las sondas de medida las tenemos en el otro margen del río. En una mochila preparo el ordenador de campo, los cables para conectar con las diferentes sondas de la estación… y me quito las botas, calcetines y pantalones para cruzarlo.



    Podía haber traído unas botas, pero eran necesarias unas un poco altas y ocupan su volumen en la mochila, que ya viene suficientemente cargada y pesada. Además ahora no precisamos realizar ningún trabajo adicional de mediciones en el río, sólo se utilizarían para cruzarlo hasta la estación. El agua viene directamente del glaciar y… no está a 0ºC, pero no llega a 1ºC. Poniendo en la balanza todas esas circunstancias, decidí no traerme las botas.

    Así que con las piernas y pies desnudos cruzo el río con mucho cuidado de no ser arrastrada por la corriente en el punto de más caudal, pues a pocos metros agua abajo tengo una cascada. ¿Sabéis que pienso cada vez que me toca andar descalza sobre las piedras de un río? Que está muy bien eso de llevar calzado, pero que nos hemos hecho a nosotros mismo “blandengues” con tantas comodidades. Pienso en estos momentos en todos los que acostumbrados a andar descalzados son capaces de caminar sobre estas piedras del río sin sentir el menor daño…

    Una vez alcanzado el otro extremo del río, enciendo el ordenador, abro las tapas de los cabezales que protegen los lectores de las sondas y me dispongo a tratar de vaciar los datos almacenados en las mismas. Como sabéis los que nos seguís de campañas anteriores, sois conscientes del momento tan tenso… ¿por qué? Porque no siempre ha sido posible hacer la conexión entre el ordenador y las sondas, porque en ocasiones los aparatos se han dañado y han dejado de registrar datos, porque en ocasiones descubres que todo el trabajo y el esfuerzo realizado durante años se pierden en un segundo al encontrarnos algún daño o mal funcionamiento en los aparatos que dejamos midiendo año tras año en el lugar.



    Pero en esta ocasión, el momento de tensión e incertidumbre antes de conectarme con los aparatos, fue sólo un momento pasajero y pronto la sonrisa ilumina mi cara al comprobar que está todo funcionando perfectamente y que tengo ya en mi poder las series de datos continuas de los dos últimos años. Son datos que quedan registrados cada hora… seguro que sabéis calcular cuántos datos por parámetro medido he bajado al ordenador, desde la última vez que estuvimos aquí el 18 de febrero de 2010.

    Pero… os estaréis preguntando, ¿qué estamos midiendo con estos datos?, ¿por qué tanto esfuerzo para conseguir estas series continuas con mediciones registradas cada hora?... Os resuelvo todas estas incógnitas mañana, compañeros expedicionarios.

    • Alcanzamos el glaciar Huemul
    • Alcanzamos el glaciar Huemul
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