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Blog: Karmenka desde los Polos

  • No logro conectar con la estación

    La última vez que habíamos estado en Islandia fue en agosto de 2012, de manera que la estación que tenemos instalada en el río procedente de la descarga del glaciar Kviarjökull, tiene almacenada una importante información para nosotros. Pensad que desde el año 2002 estamos registrando datos en continuo, cada hora, del deshielo en este glaciar. Y prácticamente cada dos años hemos estado viniendo a vaciar la memoria de las sondas que están instaladas en el río, a calibrar de nuevo los equipos, a revisarlos, a dejarlos operativos por otros años más, a cambiarlos cuando llegaban a su fin, etc. Es ahora la primera vez que pasamos casi cinco años sin venir.

    Nuestro primer temor es que físicamente a la estación le hubiera pasado algo porque en los últimos años se ha incrementado mucho el turismo en este lugar y siempre aparece alguien que no tiene respeto. En una ocasión vimos como un muchacho lanzaba piedras tratando de golpear el lector de nuestra sonda. ¡Increíble, pero cierto!

    Una vez que comprobamos que al menos físicamente la estación no parece dañada, viene el paso siguiente, que los equipos estén funcionando. Los días van pasando y no es inteligente acceder a los lectores de la misma para comprobar su estado y recoger los datos almacenados, ya que la lluvia intensa y el fuerte viento nos crean unas condiciones muy complicadas para un trabajo tan delicado. Además la lluvia así racheada y golpeando con fuerza, entraría por cualquier resquicio al abrir la protección de los lectores y nos quedaría la humedad en el interior. Así que toca armarse de paciencia y esperar a que las condiciones mejoren.

    Van pasando los días y el tiempo sigue igual… una semana completa se nos esfuma de esta manera como por arte de magia. Y llegó el momento, aparece una ventanita tras siete días de espera, en la que podemos acercamos a las sondas que tenemos instaladas en el río y tratar de hacer la extracción de la información almacenada. Estoy nerviosa, puede que no estén funcionando, puede que sí… Son dos equipos los que instalamos la última vez porque teniéndolos en duplicado, ante un fallo de uno de ellos, siempre tenemos una segunda oportunidad. Pero aún así, casi cinco años sin poder venir por falta de financiación, es mucho tiempo. Y ahora con un tremendo esfuerzo económico personal, la aportación de los afiliados a GLACKMA y la colaboración de todos los que habéis realizado donaciones, estamos aquí. Pensar en todo ello, no hace sino aumentar mi emoción y mi nerviosismo…

    Ordenador, cable, equipo, conexión… casi sin respirar, mirada pendiente en la pantalla. Tarda demasiado en decirme algo el ordenador, no me gusta… Aparece ese recuadro en pantalla que jamás hubiera deseado ver: “El aparato no contesta”. Chequeo el cable que esté bien puesto, reinicio el ordenador, intento de nuevo… “No, no, no”. Cambio una serie de configuraciones en el programa, en el ordenador, en los puertos de conexión, intento con la segunda sonda… Nada, nada, nada. No sé cuánto tiempo pasó. Me quedé helada, el viento era frío y soplaba con fuerza en el cauce del río. Las manos ya casi no las podía mover. Percibía que el frío se había instalado en mi interior, así como una profunda tristeza muy difícil de describir. No pude evitar que todo eso saliera con fuerza utilizando esas válvulas de escape que tan sensibles tengo en mis ojos.

    Al otro lado del río, estaba pendiente Adolfo del resultado, había ido a chequear el campamento pues ahora con tanto turismo y tras el violento robo que sufrimos aquí la última vez que habíamos estado, no nos quedamos tranquilos si abandonamos las tiendas. Al saber que no es posible obtener los datos almacenados durante estos cinco años, también se queda chafado. Carlos, que había estado grabando todo sin perder detalle alguno, apaga la cámara y me da un fuerte abrazo de ánimo. Es bonito tener un equipo de apoyo en estos momentos durillos. La tristeza compartida se hace más pequeña…  

    • Estación GLACKMA en Islandia

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  • 28/03/2017

    - Ártico , GLACKMA , aforos

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    Pasión por la ciencia

    En el Ártico a 79ºN. Primera estación instalada de GLACKMA en el 2001. No solo hay equipos midiendo y registrando datos en continuo, es necesario un trabajo de campo.

    Realizando aforos en el río que proviene del glaciar. El agua no está a 0º, pero no llega a 1º. Cada medición dura unos 45 minutos dentro del río y hay que medir varias veces cada día. Sin botas…

    Hay que sacar la expedición adelante. Toca remangarse los pantalones para tenerlos secos después y meterse así en el río. La sonrisa es solo para la foto…

    • Karmenka midiendo en un río glaciar

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  • 08/03/2017

    - GLACKMA

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    Dia internacional de la mujer, 2017

    El tema central del Día Internacional de la Mujer de 2017, hoy 8 de marzo, es: “Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030”.

    Mi experiencia en los ámbitos en los que me muevo es así: en la Universidad no es oro todo lo que reluce, se va avanzando en este sentido, pero todavía queda por hacer; en el mundo de la investigación otro tanto de la mismo; cuando esa investigación además requiere como en mi caso una buena dosis de aventura, exploración, riesgo, resistencia, en la mente de muchas personas está enclavada la idea de que yo, por ser mujer, estoy en un estado inferior; en mi última y nueva faceta de rehabilitación de un velero, ni os cuento…

    Sin embargo yo sigo adelante con todo, porque creo en los hechos más que en las palabras. Yo tengo una gran resistencia física y por supuesto mental. No voy a dejar de hacer cosas porque el mundo vaya avanzando lentamente en este sentido.

    Ojalá ese 50-50 que se defiende hoy, llegue algunos años antes. Los que nos conocéis en GLACKMA desde nuestro origen en el año 2001, ya sabéis que somos un motor 50-50. Y contra viento y marea, resistimos a todos los percances…

    • Día Internacional de la Mujer

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  • Compartiendo impresiones, repartiendo mi alma

    Los que me seguís por el Blog desde el inicio, sabéis que esta herramienta la creé con intención de comunicarme durante las expediciones, de ahí el nombre: “Karmenka desde los Polos”. Y especialmente ese contacto virtual dedicado a los jóvenes, a los escolares, pues creo en ellos y confío en lo que pueden hacer el día de mañana… pero antes tenemos que formarlos.

    Cuando no estoy de expedición, escribo de vez en cuando algún artículo, relacionándolo de una u otra manera con el mundo glaciar. Ahora, voy a poner a prueba una nueva línea, sin perder estas dos que acabo de mencionar. Algunos me habéis sugerido escribir mis impresiones. Tiene la ventaja de que serán breves líneas en cada articulito, lo que me favorecerá poderlo hacer con más frecuencia, pues me muevo en un mundo desbordada de quehaceres…

    Si buscamos en el diccionario la palabra “impresión” dice: “efecto, huella que las cosas causan en el ánimo”. Compartiré mis impresiones, motivadas siempre por la naturaleza, que es la línea de GLACKMA. Para mí, compartir mis impresiones es repartir trocitos de mi alma… Así que con todo el cariño os las dedico, por si pueden valer para alguien en algún momento determinado. ¡Cuidádmelas bien!

    Esa foto es del mar ártico, deshelándose ya por completo… Así quedarán distribuidos trocitos de mi alma…

    • Compartiendo impresiones, repartiendo mi alma

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  • Paciencia y astucia en el Ártico

    Casi con el pelaje de invierno

    Me cautivó desde el primer día que lo vislumbré a una distancia kilométrica. Era como una hermosa estrella fugaz con la que te sentías afortunada, pero tan sólo durante unos segundos. La magia desaparecía rápidamente. Pasaban los días y deseabas volver a tener esa misteriosa aparición. Cuando esto ocurría casi te daba miedo hasta de respirar, creyendo que tu hálito era el causante de la estampida de tan sutil criatura.

    Pasaron días, semanas creo, hasta que me atreví a coger la cámara e intentar capturarlo con el zoom… Tenía miedo de que cualquier movimiento, de que cualquier ruido, pudiera perturbarlo antes de tiempo y robar así unos segundos del enigmático instante. Incluso con el zoom las fotos resultantes eran para tirar, un puntito en medio de la inmensidad de la tundra. Ese era mi anhelado zorro ártico que casi había que imaginar en la foto.

    Todo esto ocurría en el 2001 durante mi primera expedición a Svalbard, en concreto a 79ºN en el glaciar Austrelovenbreen, donde instalamos la primera de las estaciones de medida de descarga glaciar, de la red que actualmente tenemos en GLACKMA. Fueron casi tres meses de trabajo y trabajo y más trabajo y muchas veces sin el equipo adecuado para realizar esas tareas a la intemperie en aquel lugar, en aquel glaciar, en aquel río con agua casi helada… No os voy a hablar de esto ahora, si tenéis curiosidad lo podéis leer en el Diario Polar. Esta anotación es para centraros el momento, una expedición de casi tres meses de duración en medio de la naturaleza, integrados en ella completamente y con la mente en el trabajo por sacar adelante y por supuesto en el disfrute de la naturaleza, del entorno mágico del Ártico y rodeados de paz.

    Semana tras semana, con agrado iba comprobando que la distancia que me guardaba mi enigmático amigo se iba reduciendo. Cada metro que conseguía eliminar, sonreía en mi interior… Poco a poco y con paciencia, las fotos empezaron a salir. A lo largo de esos tres meses de verano pude comprobar cómo su pelaje estival -con tonos castaños y marrones para camuflarse al andar sobre la tundra- iba pasando al blanquecino del invierno que le permitiría pasar desapercibido sobre la nieve.

    Mi paciencia iba dando resultado, merodeaba ya el campamento, andaba entre las tiendas, primero cuando no estábamos por allá y después, incluso con nuestra presencia. En la cercanía había que tener un cuidado exquisito, cualquier movimiento un poco rápido implicaba perderlo a toda velocidad. Ahí, si que la respiración tenía que ser pausada… su sensibilidad era brutal, cuestión de supervivencia, ¡está claro! Cuando recibíamos tan grandiosa visita, me gustaba quedarme quieta, tumbada en la tundra observándolo, buscando sus ojos con los míos y a partir de ahí establecer una especie de conexión. Yo percibía que nos comunicábamos…

    Cuando quedaban un par de semanas para dejar el campamento y finalizar la expedición, aparecieron unos franceses en una base cercana. Ellos estuvieron solamente unos pocos días y como habitaban en base y ahí no tenían problema con la posible visita del oso polar, llevaban comida “de verdad”. La nuestra era toda liofilizada para no atraer con el olfato al rey del Ártico pues seríamos deseables para él. Al irse nuestros vecinos franceses, les sobró un trozo de queso que nos regalaron. Si no habéis estado tres meses a base de cremas hechas con comida liofilizada, no sabéis lo que es desear un trozo de comida sólida para morder, masticar, digerir…

    Probé el queso, por supuesto, además es que ¡¡¡me encanta!!! Pero en seguida mi mente pudo más que el deseo y dio órdenes en mi interior para guardar mi ración y echarle un pulso a mi nuevo amigo ártico. Os imagináis, ¿no? Comencé a dejarle pequeños trocitos allí en medio del campamento… se acercaba y los comía. Poco a poco mi posición estaba más próxima a esos trocitos… el zorrito se acercaba, guardaba su distancia prudencial y después con un movimiento veloz y casi invisible, se los llevaba y los devoraba a la distancia a la que él consideraba de seguridad.

    Teniéndolo así de mal acostumbrado a estos regalitos, llegó el gran día. Esta vez sólo un pedacito y lo tengo yo en mi mano, tumbada en la tundra… Así lo estaba esperando. Se acercó dejándome su entorno de protección, me rodeaba, me miraba, nos mirábamos, iba, venía… Yo allí quieta, casi sin respirar, con mi paciencia infinita y con la completa seguridad de que lo iba a tener cerca, muy cerca… No sé el tiempo que pasamos allí jugando los dos. Lo recuerdo ahora y sonrío, me emociono…

    Al final mi paciencia venció a su astucia, o mejor dicho, él sabía que no había peligro, en otro caso, no lo hubiera hecho. Yo tumbada, mi mano extendida con el trocito entre mis dedos. El zorro ártico, que tenía su pelaje ya muy gris blanquecino pues el verano estaba a punto de finalizar, se posicionó finalmente frente a mí. Nos miramos, con mis ojos le transmití que ese trozo era suyo, sólo tenía que cogerlo, nada iba a pasarle. Me entendió. Avanzó despacio, con su mirada siempre clavada en la mía. Sentí que me dejaba entrar en su mundo misterioso… Fue algo mágico. Agarró con sus dientes el trocito de queso con corteza, lo mantuve con fuerza un instante, las miradas se hicieron más penetrantes, después aparté la mía de la suya, miré al queso, aflojé la resistencia de mi mano y se llevó victorioso el trocito.

    Al escribir estas líneas ahora -a pesar de la distancia en el tiempo- las sensaciones y emociones experimentadas las percibo en mi interior con la misma fuerza, capaces de conmoverme de nuevo y de provocar en mí un viaje en el espacio y en el tiempo e inmiscuirme de nuevo en aquellos mágicos e inolvidables instantes. ¡Qué fantástica es la naturaleza!

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  • Torbellino de magia en el II Congreso IANC

    Dos días después del evento y todavía la resaca parece arrebañar coletazos de sentimientos y emociones que a modo de manantial brotaron durante el evento el pasado domingo en Narón. Carlos Caraglia, alma máter de la IANC, se dejaba la piel en la organización de este evento. Los detalles -infinitos, por cierto- estaban cuidados al máximo. Una gran profesionalidad rodeada de delicadeza, ilusión, cariño, elegancia, pasión, exquisitez… todo ello a raudales. Con preparativos así, ¿cómo puede ser el resultado?

    El fin de semana fue ya único e inolvidable. El viernes por la tarde llegábamos los ponentes del Congreso. Compartimos juntos una casa frente al puerto, donde está amarrado el velero IANC que partirá la próxima primavera rumbo al Ártico. ¿No es fantástico? Sábado por la mañana, presentación oficial del velero. Ensayo general de los ponentes para el congreso. Y… sábado por la tarde: ¡¡¡navegación!!! El tiempo no estaba muy apacible, pero merecía la pena salir… ¡¡¡Menudo barco!!! Con la mayor izada, mirando hacia el puño de driza desde el pie del mástil, no pude menos que emocionarme al imaginarme ese velero surcando las aguas del Ártico, en medio de la belleza de los hielos del Norte. La lluvia, empujada por el viento, golpeaba con fuerza en mi cara y fundía las lágrimas con las gotas… Magnífica forma de volver a la realidad.

    Y al final llegó lo que tanto habíamos esperado, el día del Congreso. Domingo 20 de noviembre, será inolvidable para cientos de personas. Primera cosa bonita que no quiero dejar de recordar, es que se trata de un congreso benéfico a favor de la Asociación Cometa. Lo recaudado con las entradas va íntegro para la sede en Narón de esta Asociación. Trabajo encomiable el que realizan.

    Los ponentes, ¿quiénes son? En primer lugar, fijaros el detalle de invitar a alguno local del lugar donde se celebra, en este caso a Guillermo Díaz, jefe de la Estación de Bioloxía Mariña da Graña. Y el cartelazo del Congreso lo formaban ni más ni menos que aventureros y exploradores de lujo: Nacho Deam; Quico Taronji; Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo; grandes fotógrafos: Iván Ferrero; Flashes en la Noche; Mario Cea; el pianista y compositor Iago Hermo. La nota científica-divulgativa corría a cuenta de Adolfo y yo misma. Y cerraba el evento el propio Carlos Caraglia, que es como un todoterreno, además de ser el presentador del evento, tiene su ponencia como explorador, aventurero y artista… Este II Congreso IANC es un verdadero cóctel de aventura, fotografía, arte y ciencia. ¿Os imagináis? ¡No se puede pedir más!

    Carlos, como presentador, consiguió rápidamente crear un ambiente súper cálido en la enorme sala de los cines, repleta de público. Público, por cierto, muy heterogéneo en formación y edad. ¡Es lo mejor! Los ponentes estábamos distribuidos por la sala, sentados, camuflados entre el público, e íbamos saliendo según nos tocaba hablar. ¡¡Eso fue una fabulosa idea!!

    ¿Qué os puedo decir? Por mucho que os intente describir el evento, el relato no va a quedar a la altura de lo que allí vivimos. Fue algo mágico, extraordinario, fantástico,… indescriptible, ¡creedme! No puedo evitar de nuevo volver a emocionarme hasta la médula al escribir estas líneas. Será que la resaca no ha terminado de pasar…

    Un pequeño detalle os cuento para que os hagáis una lejana idea los que no participasteis del mismo. Aún habiendo estado los ponentes compartiendo juntos todo el fin de semana, aún habiéndonos escuchado en el ensayo general, el domingo en el congreso nos emocionamos con las ponencias de los demás compañeros. La idea que volaba de presentación a presentación es tremendamente hermosa y motivadora. Sencilla y a la vez gigante: la vida es fundir los sueños con la realidad, y recorrer así el mágico camino que envuelve este proceso tan simple.

    ¿Qué más os puedo contar? A modo de pinceladas voy a compartir con vosotros algunas cosillas que aumentaban mi emoción. Como os había dicho antes, nosotros estábamos sentados entre el público. Unas butacas más adelante de donde yo me encontraba, era el sitio que tenía Nacho. Cuando regresó de su ponencia sobre la vuelta al mundo a pie que había hecho durante tres años y se disponía a sentarse, la señora que estaba sentada a su lado, se levantó, lo abrazó con un cariño tremendo, le dio un par de besos, habló con él… Entre la emoción que yo sentía tras la ponencia de Nacho y este gesto tan bonito y cercano, noté cómo las lágrimas aceleraban al caer por mis mejillas, empujadas por un borbotón desde dentro. Menos mal que no me tocaba hablar a mí a continuación…

    Otro momento que me supuso mucha emoción fue al regresar a mi sitio después de la presentación que hicimos conjunta Adolfo y yo. En esa distribución de los ponentes por la sala, coincidió que por el lateral que yo subía al volver a mi sitio, pasaba al lado de tres grandes aventureros: Quico era el primero con quien me encontraba, después Telmo y ya más arriba Nacho. Miradas de complicidad con cada uno de ellos, aprobación con la cabeza, sonrisa y correspondiente choque de manos… “Se ve que la cosa ha ido bien”, pensaba para mis adentros. Al lado de estos aventureros me sentía como un diminuto personajillo insignificante, así que sentir ese aprecio de los tres fue inexplicable la felicidad que me produjo.

    Otra pincelada que puedo daros para que os hagáis una idea, es la tranquilidad de la gente en abandonar las butacas, querían más, les pareció corto. A la salida, fotos de los ponentes con los más pequeños y los no tan pequeños junto a la fantástica tienda-iglú. Por cierto, es una magnífica tienda que diseñaron y construyeron en madera, para vender unas fabulosas camisetas que hicieron de la IANC y los libros que tenemos en GLACKMA. Todo lo que se saca de estas ventas, ya sabéis que va directo para ayudar a dar continuidad a los proyectos.

    Me emocionaba mucho también al hablar con las niñas y niños. A mi pregunta de “¿te ha gustado?”, la respuesta era siempre: “¡¡¡me ha encantaaadooo!!!”, con una sonrisa casi infinita, de oreja a oreja. Les brillaban la cara, los ojos… desprendían una felicidad e ilusión contagiosas. Venían con el libro para que se lo firmase, me daban un abrazo, un beso… “Ojalá hubiera podido yo asistir a algo así de pequeña”, pensaba en mi interior.

    No os lo sé transmitir mejor. Ya os dije que era difícil... El torbellino de magia que allí se creó es inolvidable.

    Os dejo el enlace a uno de los vídeos que presentó Carlos allí. Ya veréis qué buen trabajo y qué sensibilidad a la hora de transmitir la belleza antártica, que a unos pocos, nos ha atrapado para siempre...

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  • El tándem IANC-GLACKMA en las regiones polares

    La vida es a veces muy curiosa. Os voy a contar…

    Coincidiendo temporalmente con el evento -del que os hablaba en el artículo anterior- y en el que terminamos rechazando nuestra participación que claramente resultaba incompatible con los principios que tenemos en GLACKMA, surge una llamada, un nuevo contacto. Se trata de Carlos Caraglia, fundador del IANC (International Alliance for Nature Conservation, www.ianc360.com). Nos invita a participar con una charla en el II Congreso IANC que se celebrará el próximo día 20 de noviembre en Narón, A Coruña.

    Tras la experiencia negativa que acabábamos de sufrir, comienzo escuchándole con cierto recelo… Sin embargo, según avanzaba en su exposición, algo dentro de mí empezó a cambiar. Transmitía ilusión y profesionalidad que no dejaban de crecer conforme me ubicaba el evento del congreso como una pequeña pincelada dentro de un proyecto increíble. Una travesía fílmica por el Planeta Tierra, abordando de forma global el Cambio Climático.

    Al terminar la conversación, las pinceladas que me dio habían dibujado un objetivo nítido, basado en unos medios coherentes. En IANC y GLACKMA avanzábamos por caminos paralelos y con un objetivo común. Forma de abordarlo desde ambas Asociaciones, totalmente complementaria. Ellos con imagen y divulgación, nosotros con ciencia. Y en ambos casos sin opiniones, ni exageraciones, ni sensacionalismos, sencillamente la realidad que está teniendo lugar. Todo apunta a que pueda existir una interesante colaboración entre estas dos Asociaciones.

    Sinceramente nos ha sorprendido muy agradablemente encontrarnos con esta iniciativa, pues no es lo habitual. No sé si es que ha llegado la moda en nuestra sociedad del cambio climático o qué, pero llevamos una temporada en la que nos realizan propuestas de conferencias y de documentales que nos vemos obligados a rechazar, pues tienden a adoptar un giro sensacionalista del que nosotros huimos por definición. A nosotros nos gusta divulgar con base científica y apoyarnos en los miles de datos que registramos anualmente en cada una de las estaciones de medida que tenemos implementadas en ambas regiones polares. Nada de opiniones.

    Con ilusión desde GLACKMA por el apoyo mutuo que podemos darnos entre estas dos Asociaciones, confiamos en poder avanzar juntos en esta “aventura polar científica y divulgativa”.

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  • Mágica conexión con el alumnado de La Salle en Santa Cruz de Tenerife

    A las puertas del colegio La Salle

    Todavía estoy llena de la gran cantidad de sensaciones que me invadieron al terminar las dos charlas que acabamos de impartir Adolfo y yo en el Colegio La Salle San Ildefonso en Santa Cruz de Tenerife. Más de un centenar de alumnos en cada una de ellas. La primera con los alumnos de 1º de Secundaria y a continuación los de 2º.

    Siempre, antes de una conferencia de tipo divulgativo, sea el público que sea, tengo una especie de… nerviosismo no es correcto decir, sería más adecuado hablar de incertidumbre sobre el resultado. El resultado en cuanto a cómo “llegar” al público, cómo transmitir, cómo compartir mi ilusión sobre este mundo tan apasionante de los glaciares, cómo hacer sentir la pasión que yo tengo por esta “aventura polar científica”. Es una especie de tensión interna que me acompaña hasta que termina el evento. A veces, no sé la razón en concreto, no lo conseguimos… ¿Por qué? No lo sé. Nosotros, el público, el lugar… No sé cuál es la razón o razones que lo impiden. Me queda un mal sabor de boca. Un sensación de haber fracasado… Otras -y todo hay que decirlo, la mayor parte de ellas- es todo lo contrario. Se consigue establecer una especie de conexión que resulta casi mágica. Esto es lo que ha ocurrido por duplicado esta tarde en el salón de actos del Colegio La Salle de Santa Cruz de Tenerife.

    Dos charlas, cada una con su encanto. Una especie de hechizo envolvió el ambiente en cada una de ellas. Diferentes e inolvidables ambas. Al finalizar la primera no podemos disfrutar con el resultado ni ser conscientes de ello, justo a continuación comienza la segunda y de nuevo toda esa tensión por conectar, transmitir, ofrecer y compartir, se apoderan de mí. Los minutos transcurren y casi sin darme cuenta se acaba el tiempo… si tenemos más seguro que continuamos entusiasmados unos y otros, proseguirían las preguntas y las respuestas, las ganas de saber, la curiosidad… Aplausos sinceros, espontáneos… Es imposible poder describir el cúmulo de percepciones y emociones que se apoderaron de mí.

    Ya sabéis todos los que habéis sido protagonistas de esta historia que tenéis las puertas abiertas para uniros a GLACKMA. Además y cómo os dijimos al finalizar, os esperamos… Necesitamos en la Asociación esa energía fresca y joven que tenéis vosotros.

    Todo esto ha sido posible gracias a varias personas: Marián, Coordinadora de Secundaria y que disfruta ofreciendo esta oportunidad a sus “chicas y chicos”; Maite, Presidenta del AMPA (Asociación de Madres, Padres y Tutores, Colegio La Salle San Ildefonso, Santa Cruz de Tenerife), manteniendo año tras año la afiliación a GLACKMA de dicha entidad; y Miryam, Vicepresidenta de GLACKMA, contagiando en todo su entorno, la ilusión de esta Asociación.

    El próximo lunes tendremos de nuevo el privilegio de compartir en este colegio la gran “aventura polar científica”. Un público algo más joven, alumnos de 6º y 5º, pero seguro que con las mismas ganas de aprender que sus compañeros mayores. Manolo es en este caso, el Coordinador de Primaria, que hace posible este encuentro.

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  • GLACKMA en el Máster de Ambientales de Salamanca

    El Máster Universitario en Ciencias Ambientales comenzó a impartirse en la Universidad de Salamanca en el curso pasado 2014-2015, una vez que superó el año anterior el proceso de verificación.

    Cuando se organizaba dicho Máster me pidieron crear una asignatura para impartir en el mismo, versando sobre el tema de GLACKMA… ¿Os imagináis qué ilusión más grande? Comencé a estructurar el temario, contando con el apoyo de Adolfo, que tiene una gran experiencia en este tipo de docencia. Yo, como sabéis, lo que imparto en la Universidad son matemáticas. Finalmente la asignatura quedó como obligatoria y con un margen amplio en el temario para adaptarlo a la formación tan variada y multidisciplinar del tipo de alumnado que llega cada año.

    Este artículo se lo dedico a los alumnos que he tenido este curso: Alberto, Belén, Iñaki, Lucía, Marta, Mertxe, Olga, Sonia y Yolanda. Me habéis hecho disfrutar con vosotros en clase, transmitiéndoos algunos conceptos y fenómenos básicos de estos temas. El tiempo de duración de la asignatura no da más de sí, pero al menos sabéis de la existencia de todo ello y si queréis alguna vez profundizar en este mundo tan fascinante ya sabéis donde podéis encontrarnos.

    Salimos todo un día a realizar prácticas de campo. Como les decía a ellos, lo ideal sería poder impartir el curso completo en el campo y en concreto en alguno de los lugares donde tenemos estaciones de GLACKMA, por ejemplo… Islandia!!!! Pero de momento económicamente no es factible la idea. No obstante la ilusión de llevarlo a cabo en el futuro la sigo teniendo a mi lado.

    Nos acompañó Adolfo ese día de campo, pues tiene también una gran ilusión por compartir sus conocimientos y le fascina todo lo relacionado con la enseñanza de la investigación que realizamos. Quienes le conocéis ya sabéis que transmite muy bien lo que cuenta, pues lo vive y lo siente. Es un ejemplo de científico y podemos añadir “de sabio”, que creo que es muy positivo que lo conozcan los alumnos, más cuando tienen ese interés por temas medioambientales. Transmite una buena motivación.

    Sinceramente os digo que en los últimos años, al menos en la Universidad, la desgana general de los alumnos por aprender, por conocer, por saber, ha ido en aumento. Me imagino que todos tenemos culpa, habrá crecido la desmotivación en el profesorado por transmitir y el sistema en general de enseñanza que no parece muy efectivo. Por eso, creedme cuando os digo que he disfrutado impartiendo esta asignatura con vosotros, me habéis renovado las buenas y magníficas sensaciones de la enseñanza. Habéis estado receptivos, habéis aprendido, habéis mostrado interés… habéis estado “vivos” en clase. Aunque sería lo normal siempre, no es lo habitual encontrarse con un grupo así.

    Muchas gracias Yolanda, Sonia, Olga, Mertxe, Marta, Lucía, Iñaki, Belén y Alberto!!!! He sido muy afortunada teniéndoos como alumnas y alumnos. Mucha suerte en vuestra trayectoria!!!

    • Máster Ambientales USAL- Curso 2015-2016

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  • El estellés más universal, Adolfo Eraso

    Adolfo en Urbasa

    Entrada espectacular a Estella por el magnífico hayedo de la Sierra de Urbasa. Los que conocéis esta sierra, sabéis que es una meseta de unos 1000 metros de altitud de media, que desciende abruptamente al norte hacia el corredor del Araquil y al sur, hacia las Amescoas. Los que no habéis estado allí nunca, ya sabéis de un bonito lugar para ir a explorar. Es hermoso y diferente en cada una de las estaciones… Esta sierra está muy karstificada y además de la belleza y tranquilidad que emanan de ella, qué mejor puerta de entrada para que Adolfo llegue a su ciudad natal en un día tan especial. La niebla también le quiso dar la bienvenida y fantasmagóricamente comienza a envolver el hayedo al ir ascendiendo… pero como os decía antes, este lugar es hermoso en cualquier época del año.

    De esta manera tan particular, Estella -ubicada en un gran meandro del río Ega y con un importante patrimonio monumental-, recibía a Adolfo Eraso el pasado viernes 29 de mayo de 2015, para rendirle un emotivo homenaje. Había sido ya nombrado Estellés del Año en 1994, pero con una trayectoria que no se detiene y sigue creando y avanzando en la ciencia, en la exploración, en la cultura y en la divulgación, recibe un nuevo homenaje en su ciudad natal.

    En la Casa de la Cultura Fray Diego de Estella-Lizarra tiene lugar el acto, donde Merche Oses, Presidenta del Centro de Estudios Tierra de Estella, hizo una presentación del bagaje académico de Fito -como le llaman cariñosamente allí- y María Napal, Presidenta del Grupo Espeleológico de Estella leyó una semblanza que recogió su recorrido vital. Dejaron bien claro que Adolfo es el “estellés más universal”. Es Patxi Areta, amigo y compañero de Adolfo de numerosas exploraciones, quien entrega la placa al homenajeado.

    Adolfo aludió al diapiro de Estella como su primer encuentro con la geología desde niño y realizó un resumen de su trayectoria desde su colección de minerales de la infancia y sus primeras exploraciones en las simas de Urbasa, hasta la actual investigación llevada a cabo en GLACKMA. Con su habitual humildad, Adolfo hizo saber a todos que esa trayectoria en su vida, no tiene mérito, porque siempre ha sabido lo que quería. “Ha sido muchas veces difícil seguirla, pero siempre sabía que tenía que elegir”. El pasado 14 de octubre cuando la Universidad Pública de Navarra lo invistió como Doctor Honoris Causa, Fito rompía con el dicho que asegura que “Nadie es profeta en su tierra”. De nuevo, ahora en Estella, contrarió esa afirmación.

    Termino el artículo con el último párrafo de la semblanza leída por María, pues refleja muy bien lo que significa Fito para Estella: “Todos los aquí reunidos queremos que sepas que además de admirar tu capacidad científica y todo tu trabajo, nos sentimos agradecidos de haber compartido contigo tu tiempo, y muy en particular Adolfo, queremos decirte que nos sentimos orgullosos de ser amigos tuyos y que te queremos”.

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