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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Mágicos momentos de tregua

    Son cinco días sin tregua alguna con el viento y la lluvia continua. Sin la tienda grande de campamento -rota desde la primera noche- donde poder refugiarnos y cocinar, las condiciones para estar a la intemperie se endurecen. Eso no nos preocupa demasiado, nos hemos habituado ya a ello y hemos aprendido a convivir con estas mojaduras interminables. Lo que no nos agrada tanto es que no podemos avanzar en el trabajo que hemos venido a hacer, ni la parte científica que desarrollamos Adolfo y yo, ni la parte de filmaciones que desarrolla Carlos para darnos apoyo con la divulgación. Pero es la naturaleza y no la podemos cambiar, así que no merece la pena preocuparse por ello, nos iremos reorganizando y ajustando los quehaceres según vengan las condiciones meteorológicas, que son quienes mandan aquí en el trabajo de campo.

    En ocasiones durante los inviernos islandeses tienen lugar estos vientos tan extremadamente fuertes, que les obligan a cortar las carreteras como en estos días, ya que son capaces de hacer volcar a los vehículos. Sin embargo es la primera vez que esta violencia en los vientos tiene lugar en mayo, ya tan avanzada la primavera. Esta es otra consecuencia del calentamiento global que hemos provocado en la Tierra. De alguna manera, hay más energía en la atmósfera y eso se traduce en fenómenos violentos que los podemos percibir de una u otra forma, según la latitud a la que nos encontremos.

    La previsión meteorológica indica que aunque se van a mantener estas condiciones durante unos cuantos días más, tendremos ocasionalmente algunos momentos sin lluvia e incluso podremos empezar a ver el sol en algunas ocasiones. Esta pequeña intermitencia no nos permite todavía meternos a fondo con el trabajo en nuestro glaciar, pero sí que Carlos comience a generar imágenes de los diferentes glaciares del entorno más cercano. Comenzamos a disfrutar, a maravillarnos de esta naturaleza tan fantástica. Aunque desde el año 1997 estamos trabajando por estas tierras y hemos venido en numerosas ocasiones y conocemos prácticamente cada rincón de este país, con la extensa naturaleza que nos brinda Islandia es imposible no fascinarse ante tanta grandeza.

    Con estos momentos de luces para filmar tan fugaces y condiciones tan extremadamente cambiantes, comienzo poco a poco a ejercer de ayudante de Carlos. Estoy atenta para prepararle el dron, las cámaras, el trípode, los filtros, cambiar baterías, quitar el sol de la pantalla de pilotaje de los vuelos, proteger los equipos cuando la lluvia nos sorprende o cualquier pequeño detalle que pueda agilizar las grabaciones. Al mismo tiempo, con mi observación innata imposible de detener, estoy aprendiendo de las habilidades de este gran filmmaker que tenemos la suerte de que nos acompañe en la expedición.

    Aprovechando así uno de estos momentos de tregua que nos regala la meteorología islandesa, el objetivo es filmar el glaciar Skaftafelljökull. Con el Defender nos acercamos por una pista para aproximarnos lo más posible. A continuación nos cargamos el material y vamos atravesando primero la zona de sandur -cubierta ya de tundra- y después parte de las antiguas morrenas frontales que marcan los diferentes episodios de deshielo de este glaciar. Viento en calma totalmente, silencio absoluto divino acompañado de los melódicos trinos de las aves, botas avanzando por una espesa tundra bañada en colores dorados generados por la luz rasante de estas latitudes, la inmensidad kilométrica que alcanza la vista en cualquier dirección es naturaleza… el glaciar cada vez más cerca.

    En un acantilado próximo de un centenar de metros, una pequeña pero larga cascada dibuja los escalones del escarpe. El sonido del agua cayendo te envuelve y te transporta rápidamente a un mundo especial. Mundo que completa su belleza y magia al llegar al frente del glaciar donde enormes paredones de hielo están moldeados por antiguos seracs o grietas. Mi mirada se dirige a modo de vuelo de dron -avanzando decenas de kilómetros por el glaciar hielo arriba- hasta la zona más elevada entre las montañas desde la que descuelga esta lengua glaciar.

    Ante tanta grandeza, una sensación inmensa de paz se instala en mi interior. El tiempo se detiene por completo. Es más que eso, percibo que la medida del tiempo, simplemente no existe. No tengo la sensación de ser una intrusa en este mágico lugar, me veo integrada por completo en él. Y en un abrir y cerrar de ojos, brota en mi interior una fuerte emoción… como la cascada que tengo delante. Llenarse de estos momentos mágicos en medio de la tregua que nos brinda la tormenta, es llenarse de vida. De esa vida auténtica que no cambiaré jamás por nada.

    Ojalá que con esta pequeña descripción que os he hecho y con ayuda de este vuelo de dron de Carlos, podáis llegar a sentir un poco esta belleza y grandeza de la naturaleza…

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  • Torbellino de magia en el II Congreso IANC

    Dos días después del evento y todavía la resaca parece arrebañar coletazos de sentimientos y emociones que a modo de manantial brotaron durante el evento el pasado domingo en Narón. Carlos Caraglia, alma máter de la IANC, se dejaba la piel en la organización de este evento. Los detalles -infinitos, por cierto- estaban cuidados al máximo. Una gran profesionalidad rodeada de delicadeza, ilusión, cariño, elegancia, pasión, exquisitez… todo ello a raudales. Con preparativos así, ¿cómo puede ser el resultado?

    El fin de semana fue ya único e inolvidable. El viernes por la tarde llegábamos los ponentes del Congreso. Compartimos juntos una casa frente al puerto, donde está amarrado el velero IANC que partirá la próxima primavera rumbo al Ártico. ¿No es fantástico? Sábado por la mañana, presentación oficial del velero. Ensayo general de los ponentes para el congreso. Y… sábado por la tarde: ¡¡¡navegación!!! El tiempo no estaba muy apacible, pero merecía la pena salir… ¡¡¡Menudo barco!!! Con la mayor izada, mirando hacia el puño de driza desde el pie del mástil, no pude menos que emocionarme al imaginarme ese velero surcando las aguas del Ártico, en medio de la belleza de los hielos del Norte. La lluvia, empujada por el viento, golpeaba con fuerza en mi cara y fundía las lágrimas con las gotas… Magnífica forma de volver a la realidad.

    Y al final llegó lo que tanto habíamos esperado, el día del Congreso. Domingo 20 de noviembre, será inolvidable para cientos de personas. Primera cosa bonita que no quiero dejar de recordar, es que se trata de un congreso benéfico a favor de la Asociación Cometa. Lo recaudado con las entradas va íntegro para la sede en Narón de esta Asociación. Trabajo encomiable el que realizan.

    Los ponentes, ¿quiénes son? En primer lugar, fijaros el detalle de invitar a alguno local del lugar donde se celebra, en este caso a Guillermo Díaz, jefe de la Estación de Bioloxía Mariña da Graña. Y el cartelazo del Congreso lo formaban ni más ni menos que aventureros y exploradores de lujo: Nacho Deam; Quico Taronji; Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo; grandes fotógrafos: Iván Ferrero; Flashes en la Noche; Mario Cea; el pianista y compositor Iago Hermo. La nota científica-divulgativa corría a cuenta de Adolfo y yo misma. Y cerraba el evento el propio Carlos Caraglia, que es como un todoterreno, además de ser el presentador del evento, tiene su ponencia como explorador, aventurero y artista… Este II Congreso IANC es un verdadero cóctel de aventura, fotografía, arte y ciencia. ¿Os imagináis? ¡No se puede pedir más!

    Carlos, como presentador, consiguió rápidamente crear un ambiente súper cálido en la enorme sala de los cines, repleta de público. Público, por cierto, muy heterogéneo en formación y edad. ¡Es lo mejor! Los ponentes estábamos distribuidos por la sala, sentados, camuflados entre el público, e íbamos saliendo según nos tocaba hablar. ¡¡Eso fue una fabulosa idea!!

    ¿Qué os puedo decir? Por mucho que os intente describir el evento, el relato no va a quedar a la altura de lo que allí vivimos. Fue algo mágico, extraordinario, fantástico,… indescriptible, ¡creedme! No puedo evitar de nuevo volver a emocionarme hasta la médula al escribir estas líneas. Será que la resaca no ha terminado de pasar…

    Un pequeño detalle os cuento para que os hagáis una lejana idea los que no participasteis del mismo. Aún habiendo estado los ponentes compartiendo juntos todo el fin de semana, aún habiéndonos escuchado en el ensayo general, el domingo en el congreso nos emocionamos con las ponencias de los demás compañeros. La idea que volaba de presentación a presentación es tremendamente hermosa y motivadora. Sencilla y a la vez gigante: la vida es fundir los sueños con la realidad, y recorrer así el mágico camino que envuelve este proceso tan simple.

    ¿Qué más os puedo contar? A modo de pinceladas voy a compartir con vosotros algunas cosillas que aumentaban mi emoción. Como os había dicho antes, nosotros estábamos sentados entre el público. Unas butacas más adelante de donde yo me encontraba, era el sitio que tenía Nacho. Cuando regresó de su ponencia sobre la vuelta al mundo a pie que había hecho durante tres años y se disponía a sentarse, la señora que estaba sentada a su lado, se levantó, lo abrazó con un cariño tremendo, le dio un par de besos, habló con él… Entre la emoción que yo sentía tras la ponencia de Nacho y este gesto tan bonito y cercano, noté cómo las lágrimas aceleraban al caer por mis mejillas, empujadas por un borbotón desde dentro. Menos mal que no me tocaba hablar a mí a continuación…

    Otro momento que me supuso mucha emoción fue al regresar a mi sitio después de la presentación que hicimos conjunta Adolfo y yo. En esa distribución de los ponentes por la sala, coincidió que por el lateral que yo subía al volver a mi sitio, pasaba al lado de tres grandes aventureros: Quico era el primero con quien me encontraba, después Telmo y ya más arriba Nacho. Miradas de complicidad con cada uno de ellos, aprobación con la cabeza, sonrisa y correspondiente choque de manos… “Se ve que la cosa ha ido bien”, pensaba para mis adentros. Al lado de estos aventureros me sentía como un diminuto personajillo insignificante, así que sentir ese aprecio de los tres fue inexplicable la felicidad que me produjo.

    Otra pincelada que puedo daros para que os hagáis una idea, es la tranquilidad de la gente en abandonar las butacas, querían más, les pareció corto. A la salida, fotos de los ponentes con los más pequeños y los no tan pequeños junto a la fantástica tienda-iglú. Por cierto, es una magnífica tienda que diseñaron y construyeron en madera, para vender unas fabulosas camisetas que hicieron de la IANC y los libros que tenemos en GLACKMA. Todo lo que se saca de estas ventas, ya sabéis que va directo para ayudar a dar continuidad a los proyectos.

    Me emocionaba mucho también al hablar con las niñas y niños. A mi pregunta de “¿te ha gustado?”, la respuesta era siempre: “¡¡¡me ha encantaaadooo!!!”, con una sonrisa casi infinita, de oreja a oreja. Les brillaban la cara, los ojos… desprendían una felicidad e ilusión contagiosas. Venían con el libro para que se lo firmase, me daban un abrazo, un beso… “Ojalá hubiera podido yo asistir a algo así de pequeña”, pensaba en mi interior.

    No os lo sé transmitir mejor. Ya os dije que era difícil... El torbellino de magia que allí se creó es inolvidable.

    Os dejo el enlace a uno de los vídeos que presentó Carlos allí. Ya veréis qué buen trabajo y qué sensibilidad a la hora de transmitir la belleza antártica, que a unos pocos, nos ha atrapado para siempre...

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