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Blog: Karmenka desde los Polos

  • La vida en el campamento

    ¿Tenéis curiosidad de cómo es la vida en el campamento? A modo de pincelada os describiré algunos momentos para que podáis acompañarnos también en esta parte de la aventura.

    En primer lugar os tengo que decir que la cantidad de material que traemos es impresionante y no es por el equipo personal de cada uno de los expedicionarios, que es lo que menos ocupa pues nos sabemos arreglar con muy pocas cosas. El volumen es generado por los equipos de trabajo en el glaciar, por el de las mediciones en los ríos de descarga, por el equipo de grabación, sonido, fotografía, por el equipo de campamento, comida, herramientas, equipo de instalación de nueva estación glaciar… ¿Cómo hemos podido meter todo eso en el Defender? No lo sé. Lo único cierto es que es necesaria mucha paciencia y mucho orden para encajar todo, aprovechar el espacio y poder acceder de manera no demasiado complicada a las cosas que se necesitan más habitualmente. El coche sale de España con todo el hueco de la parte trasera de carga lleno sin ningún resquicio entre bulto y bulto, con parte de los asientos traseros ocupados por equipos y con material sobre la baca. Espacio libre justo para ir sentados los tres aventureros.

    Los días que dura nuestro viaje por carretera hasta que llegamos a Islandia y dentro de esta isla hasta el lugar donde está nuestro glaciar para montar el campamento, nos arreglamos como podemos y con paciencia. Cada vez que nos toca buscar alguna cosa para preparar la comida, o grabar, o vivaquear algunas horas por las noches, sacamos nuestra paciencia y tranquilidad para que la tarea sea lo más llevadera posible. Cuando llegamos a nuestro glaciar, con ilusión montamos el campamento, aunque nos pilló la lluvia como ya os conté en su momento. ¡Qué respiro tener la tienda grande de campamento instalada! En ella podremos alojar todo el equipo de forma ordenada y fácil de acceder cada vez que necesitemos algo, tendremos todo protegido de la lluvia y dispondremos de un lugar donde poder realizar el trabajo de gabinete, tanto de la parte científica como de la de divulgación.

    ¡Qué ilusos fuimos! ¿Os acordáis del problema que nos surgió la primera noche? Apenas tuvo tres horas de vida esa tienda instalada. Las varillas se rompieron en plena madrugada por el viento, bajo una intensa y copiosa lluvia tuvimos que poner a salvo dentro del coche de nuevo todo el material y recoger la tienda. Ya sabéis que la situación no fue cómoda, pues tuvimos más de una semana de intensas lluvias, el material acumulado en el Defender, mojados todo el día, sin un lugar donde ni siquiera poder cocinar protegidos de la lluvia y lo que fue peor, sin poder sacar adelante ni el trabajo científico, ni el de divulgación.

    Cuando la lluvia cesó un poco, arreglamos de forma provisional las varillas y volvimos a instalar la tienda. De poco nos valió el respiro pues de nuevo y en otra madrugada, la tela se rasgó. Vuelta a repararla y protegerla con tensores que atamos incluso al Defender, ubicándolo de protección a modo de muralla en el flanco más azotado por los vientos glaciares. No fue la última vez que tuvimos problemas con la tienda, ya habéis leído en el artículo anterior que justo la madrugada, antes de empezar a grabar con el equipo de Gabilondo, volvimos a quedarnos al descubierto.

    Pero no son todos los momentos complicados en la vida de campamento. Hay momentos hermosos y muy felices. ¿Sabéis lo inolvidable de moler el café de la mañana con un molinillo a mano? Hacerlo despacito en la cafetera, la de siempre, la de la toda la vida, la que hace un café espectacular… Disfrutar ya del olor, en primer lugar según se va moliendo y después al poner la cafetera al fuego. El remate final, mantener la taza humeante en las manos con una leche cremosa liofilizada que nos da la vida. E indescriptibles son las sensaciones si la mañana está tranquila, sin viento, sin lluvia, con las vistas tan espectaculares que tenemos en el campamento, bien hacia el mar o bien hacia el glaciar y todo ello rodeados de esa tundra mágica y llena de tonalidades de verdes. Son pequeños momentos felices, llenos de paz, que quedan grabados para siempre en la vida de campamento de un expedicionario.

    Recoger los cacharros después de comer e ir al río a lavarlos, aunque parezca mentira, tiene también su encanto. Son todos detalles que te hacen comprender que en la vida civilizada nos rodeamos de multitud de cosas que son totalmente prescindibles, que nos terminamos metiendo en una burbuja artificial, consumista y tan alejada de la naturaleza como de la paz .

    Asearte en el río, esos baños realizados a toda velocidad porque el agua no llega a 1ºC, completa esa lista de buenas sensaciones que nos regala el campamento. No es bueno pensarlo dos veces, desnudarse rápido en la orilla del río, buscando un recodo lo más protegido posible del viento, y zambullirse en el agua. Enjabonarse a toda velocidad, aclararse y salir de nuevo a la orilla con los pies descalzos sobre las piedras redondeadas, para secarte, empezar a vestirte y comenzar a percibir y disfrutar de esa sensación de calor ocasionada por el contraste con las frías aguas. Tras el baño, de camino al campamento, la sensación es también indescriptible, te encuentras totalmente tonificado, feliz, como nuevo… No hay nada mejor que integrarse en la naturaleza.

    Inolvidable placer es también dormir en el saco, dentro de la tienda. Fantástico es con un ambiente exterior tranquilo, aunque también hay que saber salir adelante en esas noches en las que la lluvia cae con intensidad en el exterior o cuando el viento azota con fuerza, empuja la tienda y cada poco tienes que salir al exterior desapacible a comprobar tensores o fijar cabos de seguridad. Como os dije en un artículo, la fuerza está en la cabeza. No lo olvidéis nunca, jóvenes expedicionarios.

    Como podéis ver, aunque tenemos algunos momentos durillos, con lo que nos quedamos, es siempre, con las buenas sensaciones. De lo que queda plagado nuestro interior es de hermosos momentos vividos, que echaremos de menos cuando regresemos de nuevo a la civilización.

    • Campamento glaciar
    • Cocinando
    • Arroz con leche

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  • Entrevista con Iñaki Gabilondo

    Cuando salíamos de España al principio de la expedición y en nuestro circular por las carreteras de Europa para dirigirnos al norte de Dinamarca y embarcar en el ferry, recibimos el contacto de Cristina, quien está en el equipo de Iñaki Gabilondo. Tenían interés en realizar con GLACKMA uno de los programas de la próxima edición de la serie documental “Cuando ya no esté, el mundo en 25 años”. ¡Qué mejor que ahora en esta expedición, sobre el terreno, sobre los glaciares!

    Es una suerte que tengamos a Carlos con nosotros porque tanto a Adolfo como a mí, realizar estas gestiones y coordinaciones, nos resulta un poco -bastante, más bien- cuesta arriba. Así que delegada en Carlos esta labor y viendo lo bien que la llevaba, me quedé tranquila. En un abrir y cerrar de ojos, todo estaba organizado y un equipo de seis personas más el propio Iñaki como presentador, vienen a Islandia, llenos todos de una tremenda ilusión por realizar este programa. Elena -productora-, Cristina -redactora-, Irene -realizadora-, Consuelo y Pedro -operadores de cámara- y Aris - técnico de sonido-. ¡Menudo equipazo sois!

    ¿Sabéis que nos ocurrió? ¿Recordáis que tuvimos una semana con temporal de viento y lluvia? Nuestro trabajo se acumulaba sin poder realizarlo y justo cuando el tiempo empezaba a mejorar, es cuando vienen a realizar el programa. Tenemos que reestructurar todo y ampliar nuestra agenda. No queda más remedio que quitar horas se sueño para poder ampliar las de trabajo. Carlos, como ya conocía la zona y el entorno y además como es un buen filmmaker, estuvo con ellos el primer día, mostrándoles posibles escenarios donde realizar las grabaciones.

    El día siguiente no amanecía de la mejor manera posible. De nuevo a la madrugada la tienda de campamento se vuela por los fuertes vientos y nos vemos obligados a recoger todo el material que teníamos en el interior, a clasificarlo, empaquetarlo y ponerlo a salvo en el Defender. Otra vez el todoterreno a rebosar, el equipo acumulado en su interior y nosotros sin campamento.

    Una madrugada y una mañana ajetreadas, casi estresantes, sin parar ni un minuto. Justo a continuación empieza una de las entrevistas y grabaciones… Me temo lo peor, estoy cansada, triste y percibo que no es mi mejor momento para realizar la entrevista. ¿Cómo saldrá? No tenía ninguna esperanza en lo que yo pudiera aportar. Sentía que mi participación iba a ser un poco desastrosa y me sentía mal por ello. Veía a todo el equipo de grabación que venía con una ilusión tremenda.

    ¿Qué ocurrió? No lo sé, tan solo puedo intentar adivinar y suponer a posteriori. La realidad es que al llegar al lugar seleccionado, encontrarme allí al equipo con todo listo para empezar a grabar, algo cambió repentinamente dentro de mí. Se me olvidó por completo el ajetreo de la madrugada y la mañana en el campamento, se me esfumó la tristeza, me llené de una energía y fuerza como en mis mejores momentos y todo fluyó con autenticidad. Era yo otra vez, repleta de pasión por la ciencia y la divulgación en los glaciares. Disfruté como una enana, fui feliz… y creo que eso se transmite.

    Debido al cambio de clima tan rápido en Islandia, las grabaciones prosiguieron con continuos cambios en la agenda organizada inicialmente, en los que fue de gran valía el conocimiento que ya Carlos tenía del entorno. No os puedo decir más ahora. Toca esperar a que emitan la nueva serie del programa. Ya os avisaremos y nos emocionaremos todos juntos.

    Ahora quiero agradecer a todo el equipo la fantástica labor realizada, sin olvidarme de los días y los momentos tan bonitos que compartimos juntos. Millones de gracias, Iñaki, Elena, Cristina, Irene, Pedro, Consuelo, Aris y también a Carlos, que participó como operador de dron. Estoy orgullosa de vuestra contribución en la divulgación de GLACKMA.

    • GLACKMA - IÑAQUI GABILONDO

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  • Un lugar mágico explosionado

    Hoy os quiero escribir sobre una situación que me entristece y que no tiene remedio. No puedo hacer nada ante eso, no está en mis manos. Simplemente soy un personajillo que ha vivido y disfrutado y se ha maravillado una y otra vez en estas tierras islandesas, ante tanta grandeza. Los paisajes, el entorno, la naturaleza, los sonidos, las percepciones, todo aquí gira en torno a los 360 grados de libertad que pueden alcanzar nuestros sentidos. No hay barreras construidas por el hombre que limiten esta libertad. Casi toda la población se encuentra al Sudeste en el entorno de Reykjavík, y al Norte en los alrededores del pueblo pesquero Akureyri. El resto son pequeños pueblecitos o simplemente granjas aisladas en medio de una inmensidad casi infinita.

    Solamente existe una carretera perimetral que rodea la isla, y por cierto, todavía no está asfaltada en su totalidad. El resto son pistas trazadas por el sandur de los glaciares, sobre las zonas colonizadas por la tundra mágica y espesa llena de tonalidades, sobre las diferentes coladas de lavas que abarcan un amplio abanico de coloridos entre el negro y el rojizo, por las extensas llanuras cubiertas de pumita generada en las erupciones volcánicas. Imposible andar por ellas sin un todoterreno preparado para vadear ríos. Mi primera expedición a esta isla fue en el año 1997 y a partir de ahí en numerosas ocasiones, tantas que sin contarlas ya no podría deciros con precisión el número -que con creces pasa de la decena-. Los recorridos que hemos realizado por aquí nos han permitido conocer cada rincón, cada lugar, tanto del interior volcánico como de la costa y de los diferentes casquetes glaciares.

    En los últimos años este país se ha empezado a llenar de turismo. Antes podías estar tranquilamente un mes recorriendo esta hermosa naturaleza y encontrándote simplemente con unos pocos vehículos que prácticamente contabas con los dedos de las manos. Ahora es impresionante la cantidad de vehículos que circulan y eso que no es la temporada alta, en la que hay lugares -de los más típicos- que están colapsados. Me sorprende que la forma de viajar de la mayor parte de la gente es como superficial, sin integrarse en el entorno, como si estuvieran observando desde una burbuja artificial. Llegar hasta donde el coche lo permite, bajarse, hacerse una foto con el paisaje detrás dando prioridad a las personas, no al entorno, muchas veces luciendo modelitos que están fuera de lugar… ¿Tiene esto sentido?

    Los propios islandeses se han dado cuenta de que se les ha escapado de los manos tanto turismo. Los precios se han encarecido. Por las carreteras circulan una gran cantidad de vehículos, la contaminación ha aumentado, así como han perdido la tranquilidad y el paisaje inmenso y solitario del que antes disfrutaban. ¿Qué nos pasa como sociedad?, ¿Hacia dónde vamos?

     

    A una veintena de kilómetros de nuestro campamento tenía un sitio mágico, como de cuento, en el que de vez en cuando tomaba unas horas de relax durante las expediciones. Una hermosa cascadita se generaba en una colada de lava, formando una especie de refugio pues estaba protegida de los vientos -soplasen de donde soplasen-. Sus aguas cristalinas caían generando un pequeño laguito. Aquí me daba unos baños relajantes y tonificantes que jamás podré olvidar por la sensación de libertad tan grande de la que me llenaba. A continuación lavaba la ropa, la tendía sobre la tundra, el sol me la blanqueaba y secaba. Hacía una comida tranquila y para postre siempre tenía frutillas rojas que crecían en este lugar, disfrutaba el entorno mágico, y de esta manera me llenaba de energía y fuerza para continuar con los trabajos en el glaciar para otros cuantos días más.

    Algo que he visto en esta expedición me ha dejado una huella imborrable, grabada a modo de cicatriz de una herida. Han construido un macro hotel a un centenar de metros de mi refugio natural, de mi paraíso reconfortante… Había ido viendo nuevos hoteles y hospedajes que han ido construyendo en estos últimos años por Islandia, pero ver éste me produjo una tristeza enorme… Islandia ya no es la misma que yo conocí, ya no es la misma que yo disfruté, ya no es la misma en la que yo me integré. Por un lado me duele que este país haya tenido este cambio, por otro, me siento completamente afortunada de haberlo conocido cuando era de verdad naturaleza, me siento feliz y llena de sensaciones de todos aquellos años que ya son pasado y que ahora, más que nunca, guardaré como un tesoro único en mi interior.

    • El turismo invade Islandia

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  • Con cariño para los jóvenes expedicionarios

    Queridos expedicionarios, nos sentimos súper orgullosos de todos vosotros. Hemos pasado muchas dificultades pero con vuestro apoyo continuo, hemos sentido vuestra presencia a nuestro lado y vuestra juventud e ilusión nos han llenado de fuerza. Os habréis dado cuenta ya, de que en una expedición se vive tan intensamente y ocurren tantas cosas en tan poco tiempo, que tan solo un par de meses de aventura parecen ser dos años enteros de vida “civilizada”.

    Os quiero explicar otra realidad que es muy diferente con vuestro mundo que conocéis, con vuestro entorno. Todo lo que os estamos enviando lo hacemos utilizando internet -nuestra conexión con los teléfonos- pero tenemos que tener cobertura, cosa que no es siempre posible. Nos movemos a buscar lugares donde conseguirlo y al mismo tiempo sin abandonar nuestro trabajo de campo. Nos vamos organizando y sacando tiempo para prepararos vídeos, escribiros los artículos… Nos gustaría hacer mucho más, pero nos faltan horas a los días, a pesar de que escatimamos muchas de dormir para poder disponer de más tiempo.

    “Y, ¿por qué nos cuentas esto ahora, Karmenka?”, se estarán preguntando vuestras cabecitas. Pues mirad, si juntáis las dos realidades que os he contado en los párrafos anteriores, entenderéis mejor lo que os voy a decir ahora. Hemos dejado ya Islandia, alcanzamos de nuevo el Norte de Dinamarca con el ferry y desde allí hemos recorrido otros 2.000 kilómetros para alcanzar Kiruna, al Norte de Suecia. Desde aquí nos quedan por recorrer tan solo 70 kilómetros y alcanzar un pequeño lugar llamado Nikkaluokta (bonitos nombres, ¿verdad?, suenan un poco a esquimales). Eso lo haremos esta tarde. Y desde allí, mañana en helicóptero, alcanzaremos la estación de descarga glaciar que tenemos en el Ártico Sueco, a latitud 68ºN. Ya estamos dentro del Círculo Polar, por cierto ¿sabéis a que latitud se encuentra este círculo?

    En ese lugar al que vamos no tenemos nada de cobertura. Tendremos únicamente un teléfono satelital para comunicar en caso de que ocurra alguna emergencia. Eso significa que durante los próximos días no os podremos subir nada al Blog, así que como tengo unos cuantos artículos escritos, relatándoos aventuras del tiempo que hemos estado en Islandia, os los voy a dejar subidos hoy antes de perder esa conexión. Vuestros profesores os los irán dosificando a lo largo de las próximas dos semanas, ¿os parece?

    Ahora os dejo este vídeo que os hemos preparado -entre Carlos, Adolfo y yo misma- especialmente para vosotros pues queremos ayudaros a entender nuestro trabajo en los glaciares, nuestras mediciones y esa labor que cómo hormiguitas, año tras año, realizamos en GLACKMA.

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  • El inolvidable azul del hielo

    Si os pregunto, ¿de qué color es la cerveza? Me diréis rápidamente: “amarilla”. Y os vuelvo a plantear una cuestión: ¿y su espuma? “Blanca” me diréis todos a coro.

    Y ¿qué es lo que ocurre? Es muy sencillo, el aire es el que le da ese color blanquecino.

    Con el hielo pasa lo mismo, su color es el azul. El hielo es azul. Pero en la superficie lo vemos blanco porque debido al llamado “efecto de borde” -que no es más que una relajación de tensiones en la masa helada- se forman pequeñas fisuras que se van llenando de aire y nos da ese aspecto más blanquecino. Por eso, por ejemplo, en un frente de un glaciar justo en el momento de producirse un desprendimiento, el hielo que queda en la pared -al descubierto- lo vemos azulado. Después, conforme va pasando el tiempo, y el aire va entrando en esas pequeñas fisuras generadas, adquiere el color blanquecino.

    De la misma manera en la superficie del glaciar vemos el tono más blanquecino y en el interior de las grietas, cuanto más recientes sean, más azuladas las veremos. Cuando descendemos en los moulins o sumideros en el glaciar, pasa lo mismo, del color blanquecino de la superficie vamos pasando gradualmente a un azul, cada vez más intenso… ¡Qué decir, qué es una verdadera maravilla internarse en las entrañas de un glaciar! Os lo estaréis imaginando…

    Como nos acompañáis expedicionarios de muy diversas edades, voy a dejar un enlace aquí para vuestros profesores y así ellos os puedan seleccionar más material según vuestro nivel de formación y os enseñen más cosas sobre el apasionante mundo del interior de los glaciares: Glaciares-Criokarst 

    • Ganando profundidad el hielo es cada vez mas azul

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  • El Snaefell en Islandia… del clásico Julio Verne

    Vosotros que sois unos verdaderos aventureros seguro que habéis leído a Julio Verne. Yo, de pequeña, devoraba sus novelas. Me apasionaban. Me imaginaba que era un personaje de ellas y hacía todos esos fantásticos viajes. Aprendí muchísimo mientras “soñaba despierta”.

    Una de sus novelas es “Viaje al centro de la Tierra”. En ella aparece el Snaefell en Islandia. Os adelanto que es un volcán, cubierto por un glaciar, el llamado Snaefellsjökull. Para que os comiencen a resultar familiares estos nombres islandeses os diré que “jökull” significa “glaciar”, por tanto analizando la etimología de la palabreja Snaefellsjökull, entendemos fácilmente porqué llaman así al glaciar que cubre el Snaefell.

    ¡Sí!, habéis leído bien, es un volcán cubierto por un glaciar. Esta situación es muy habitual en este país vikingo. Podemos decir que Islandia es una tierra de hielo y fuego. Ya os hablaré de ello otro día.

    Os dejo aquí una fotos del Snaefell y su glaciar. Y unas preguntas os planteo: ¿qué tiene que ver este volcán en la novela de Julio Verne?, ¿la habéis leído o conocéis alguna otra?, ¿qué novela os gusta más de Julio Verne?

    • Detalle del glaciar Snaefellsjökull

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  • Yo no me doy por vencida

    Asimilada la emoción primera ocasionada por el sinsabor de no conseguir la conexión con los equipos instalados en el río, toca establecer un plan B y después si es necesario un C y un D y así hasta agotar todas las opciones. En breve os cuento que estas sondas con las que trabajamos son alemanas. A lo largo de estos veinte años que estamos trabajando en GLACKMA con ellas, hemos podido comprobar que así como físicamente son muy robustas, el software que han generado está lleno de debilidades. Añadimos a esto que según van saliendo versiones nuevas tanto de sondas, como de programas y sistemas operativos en los ordenadores, los problemas que surgen en el sentido de compatibilidades entre ellos son cada vez mayores. Todo esto se resuelve mucho más fácil en casa o en la oficina que aquí en campo te ves limitado por este tipo de problemas.

    Ante este panorama toca buscar y rebuscar distintas habilidades informáticas y no perder la paciencia, ni el ánimo, ni el pensar que se va a conseguir. La actitud es muy importante ante cualquier situación en la vida. Nuevo día, tras algunos cambios en el ordenador, en el programa, en diferentes configuraciones, vuelta a la estación, plan B en marcha, nuevo intento, nueva decepción… “Esto empieza a no gustarme de verdad”.

    Mientras continuamos con otros trabajos en el glaciar, la cabeza descansa del problema, lo aborda en perspectiva, maquina nuevos planes y sigue con la esperanza de que a lo mejor es posible. Una dormida de 8 horas tras llevar casi una semana en la que de media salían al día tan solo 4 horas, completa el estado óptimo para afrontar de nuevo el problema.

    Tras dos horas de pelearme en la tienda con el ordenador, el software, los puertos de salida, los controladores, el cable interface, etc. etc. etc., cargo los bártulos en la mochila y me pongo en ruta hacia la estación en el río. Mis botas avanzan sobre la hermosa y espesa tundra, acomodándose a un paso más bien lento para lo que soy yo. Por un lado quiero llegar pronto para probar el nuevo plan C, pero por otro no, pues no me apetece tener que abordar otra derrota. Es una especie de contradicción interna que no merece la pena de ser abordada, pues aunque sea el paso tan lento, llegará el momento de alcanzar la estación.

    Ya está ante mis ojos, el corazón palpita con fuerza. A modo de relámpagos pasan por mi mente los momentos tan duros vividos en esta estación. Aforos en el río con el agua hasta el pecho, salvada de ser arrastrada y tragada por su cauce en un par de ocasiones, frío helador instalado en los huesos después de la hora que dura cada medida, instalación de las distintas versiones de las sondas siempre en invierno para poder acceder más fácilmente al fondo del lecho del río cuando éste lleva poco agua. Trabajo, trabajo y trabajo, esfuerzo regalado a esta investigación, sacrificio tanto personal como económico … ¿Habrá merecido la pena? Siento ante mis espaldas una responsabilidad casi infinita, ayuda de los afiliados a GLACKMA y de los que habéis hecho donaciones para aliviarnos un poco el peso económico de esta expedición ante la falta de financiación. Casi me asfixia tanta responsabilidad…

    Toca repetir la maniobra, abrir la tapa del recinto protector, encender el ordenador, conectar el cable interface, abrir el programa, intentar conectar con la sonda y esperar, esperar…, el tiempo se me hace infinito, no quiero ver el recuadro otra vez en la pantalla, ese acceso denegado con el equipo… ¡¡¡Conexión, conexión, conexión!!! ¡¡¡Lo conseguí!!!, ¡¡¡Sí, sí, sí!!! Como si fuera una explosión fortísima imposible de contener, un torrente de emoción me sacude, me bambolea, se apodera de mí. Un río de lágrimas que no cesa y parece no tener fin, me ayuda a relajarme y concentrarme en la extracción de datos. Por cada parámetro medido en cada una de las sondas, descargo 42.000 datos… Valiosísima información, es oro puro, un magnífico tesoro. La serie de datos que empezamos en este glaciar en el 2002 y con registro cada hora, no se ha detenido. Siento mis lágrimas -secas ya por el viento- en las mejillas, en las que se dibuja una sonrisa infinita y en mi interior se instalan y agarran con fuerza una gran satisfacción y felicidad infinitas. ¡Sí, merece la pena todo este esfuerzo! Millones de gracias a todos los que habéis colaborado para sacar adelante esta expedición, el logro conseguido es vuestro también. Este tesoro recogido os pertenece, habéis puesto vuestro granito de arena para que esto sea posible.

    • Karmenka emocionada tras obtener conectar con las sondas

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  • No logro conectar con la estación

    La última vez que habíamos estado en Islandia fue en agosto de 2012, de manera que la estación que tenemos instalada en el río procedente de la descarga del glaciar Kviarjökull, tiene almacenada una importante información para nosotros. Pensad que desde el año 2002 estamos registrando datos en continuo, cada hora, del deshielo en este glaciar. Y prácticamente cada dos años hemos estado viniendo a vaciar la memoria de las sondas que están instaladas en el río, a calibrar de nuevo los equipos, a revisarlos, a dejarlos operativos por otros años más, a cambiarlos cuando llegaban a su fin, etc. Es ahora la primera vez que pasamos casi cinco años sin venir.

    Nuestro primer temor es que físicamente a la estación le hubiera pasado algo porque en los últimos años se ha incrementado mucho el turismo en este lugar y siempre aparece alguien que no tiene respeto. En una ocasión vimos como un muchacho lanzaba piedras tratando de golpear el lector de nuestra sonda. ¡Increíble, pero cierto!

    Una vez que comprobamos que al menos físicamente la estación no parece dañada, viene el paso siguiente, que los equipos estén funcionando. Los días van pasando y no es inteligente acceder a los lectores de la misma para comprobar su estado y recoger los datos almacenados, ya que la lluvia intensa y el fuerte viento nos crean unas condiciones muy complicadas para un trabajo tan delicado. Además la lluvia así racheada y golpeando con fuerza, entraría por cualquier resquicio al abrir la protección de los lectores y nos quedaría la humedad en el interior. Así que toca armarse de paciencia y esperar a que las condiciones mejoren.

    Van pasando los días y el tiempo sigue igual… una semana completa se nos esfuma de esta manera como por arte de magia. Y llegó el momento, aparece una ventanita tras siete días de espera, en la que podemos acercamos a las sondas que tenemos instaladas en el río y tratar de hacer la extracción de la información almacenada. Estoy nerviosa, puede que no estén funcionando, puede que sí… Son dos equipos los que instalamos la última vez porque teniéndolos en duplicado, ante un fallo de uno de ellos, siempre tenemos una segunda oportunidad. Pero aún así, casi cinco años sin poder venir por falta de financiación, es mucho tiempo. Y ahora con un tremendo esfuerzo económico personal, la aportación de los afiliados a GLACKMA y la colaboración de todos los que habéis realizado donaciones, estamos aquí. Pensar en todo ello, no hace sino aumentar mi emoción y mi nerviosismo…

    Ordenador, cable, equipo, conexión… casi sin respirar, mirada pendiente en la pantalla. Tarda demasiado en decirme algo el ordenador, no me gusta… Aparece ese recuadro en pantalla que jamás hubiera deseado ver: “El aparato no contesta”. Chequeo el cable que esté bien puesto, reinicio el ordenador, intento de nuevo… “No, no, no”. Cambio una serie de configuraciones en el programa, en el ordenador, en los puertos de conexión, intento con la segunda sonda… Nada, nada, nada. No sé cuánto tiempo pasó. Me quedé helada, el viento era frío y soplaba con fuerza en el cauce del río. Las manos ya casi no las podía mover. Percibía que el frío se había instalado en mi interior, así como una profunda tristeza muy difícil de describir. No pude evitar que todo eso saliera con fuerza utilizando esas válvulas de escape que tan sensibles tengo en mis ojos.

    Al otro lado del río, estaba pendiente Adolfo del resultado, había ido a chequear el campamento pues ahora con tanto turismo y tras el violento robo que sufrimos aquí la última vez que habíamos estado, no nos quedamos tranquilos si abandonamos las tiendas. Al saber que no es posible obtener los datos almacenados durante estos cinco años, también se queda chafado. Carlos, que había estado grabando todo sin perder detalle alguno, apaga la cámara y me da un fuerte abrazo de ánimo. Es bonito tener un equipo de apoyo en estos momentos durillos. La tristeza compartida se hace más pequeña…  

    • Estación GLACKMA en Islandia

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  • Mágicos momentos de tregua

    Son cinco días sin tregua alguna con el viento y la lluvia continua. Sin la tienda grande de campamento -rota desde la primera noche- donde poder refugiarnos y cocinar, las condiciones para estar a la intemperie se endurecen. Eso no nos preocupa demasiado, nos hemos habituado ya a ello y hemos aprendido a convivir con estas mojaduras interminables. Lo que no nos agrada tanto es que no podemos avanzar en el trabajo que hemos venido a hacer, ni la parte científica que desarrollamos Adolfo y yo, ni la parte de filmaciones que desarrolla Carlos para darnos apoyo con la divulgación. Pero es la naturaleza y no la podemos cambiar, así que no merece la pena preocuparse por ello, nos iremos reorganizando y ajustando los quehaceres según vengan las condiciones meteorológicas, que son quienes mandan aquí en el trabajo de campo.

    En ocasiones durante los inviernos islandeses tienen lugar estos vientos tan extremadamente fuertes, que les obligan a cortar las carreteras como en estos días, ya que son capaces de hacer volcar a los vehículos. Sin embargo es la primera vez que esta violencia en los vientos tiene lugar en mayo, ya tan avanzada la primavera. Esta es otra consecuencia del calentamiento global que hemos provocado en la Tierra. De alguna manera, hay más energía en la atmósfera y eso se traduce en fenómenos violentos que los podemos percibir de una u otra forma, según la latitud a la que nos encontremos.

    La previsión meteorológica indica que aunque se van a mantener estas condiciones durante unos cuantos días más, tendremos ocasionalmente algunos momentos sin lluvia e incluso podremos empezar a ver el sol en algunas ocasiones. Esta pequeña intermitencia no nos permite todavía meternos a fondo con el trabajo en nuestro glaciar, pero sí que Carlos comience a generar imágenes de los diferentes glaciares del entorno más cercano. Comenzamos a disfrutar, a maravillarnos de esta naturaleza tan fantástica. Aunque desde el año 1997 estamos trabajando por estas tierras y hemos venido en numerosas ocasiones y conocemos prácticamente cada rincón de este país, con la extensa naturaleza que nos brinda Islandia es imposible no fascinarse ante tanta grandeza.

    Con estos momentos de luces para filmar tan fugaces y condiciones tan extremadamente cambiantes, comienzo poco a poco a ejercer de ayudante de Carlos. Estoy atenta para prepararle el dron, las cámaras, el trípode, los filtros, cambiar baterías, quitar el sol de la pantalla de pilotaje de los vuelos, proteger los equipos cuando la lluvia nos sorprende o cualquier pequeño detalle que pueda agilizar las grabaciones. Al mismo tiempo, con mi observación innata imposible de detener, estoy aprendiendo de las habilidades de este gran filmmaker que tenemos la suerte de que nos acompañe en la expedición.

    Aprovechando así uno de estos momentos de tregua que nos regala la meteorología islandesa, el objetivo es filmar el glaciar Skaftafelljökull. Con el Defender nos acercamos por una pista para aproximarnos lo más posible. A continuación nos cargamos el material y vamos atravesando primero la zona de sandur -cubierta ya de tundra- y después parte de las antiguas morrenas frontales que marcan los diferentes episodios de deshielo de este glaciar. Viento en calma totalmente, silencio absoluto divino acompañado de los melódicos trinos de las aves, botas avanzando por una espesa tundra bañada en colores dorados generados por la luz rasante de estas latitudes, la inmensidad kilométrica que alcanza la vista en cualquier dirección es naturaleza… el glaciar cada vez más cerca.

    En un acantilado próximo de un centenar de metros, una pequeña pero larga cascada dibuja los escalones del escarpe. El sonido del agua cayendo te envuelve y te transporta rápidamente a un mundo especial. Mundo que completa su belleza y magia al llegar al frente del glaciar donde enormes paredones de hielo están moldeados por antiguos seracs o grietas. Mi mirada se dirige a modo de vuelo de dron -avanzando decenas de kilómetros por el glaciar hielo arriba- hasta la zona más elevada entre las montañas desde la que descuelga esta lengua glaciar.

    Ante tanta grandeza, una sensación inmensa de paz se instala en mi interior. El tiempo se detiene por completo. Es más que eso, percibo que la medida del tiempo, simplemente no existe. No tengo la sensación de ser una intrusa en este mágico lugar, me veo integrada por completo en él. Y en un abrir y cerrar de ojos, brota en mi interior una fuerte emoción… como la cascada que tengo delante. Llenarse de estos momentos mágicos en medio de la tregua que nos brinda la tormenta, es llenarse de vida. De esa vida auténtica que no cambiaré jamás por nada.

    Ojalá que con esta pequeña descripción que os he hecho y con ayuda de este vuelo de dron de Carlos, podáis llegar a sentir un poco esta belleza y grandeza de la naturaleza…

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  • Investigación para los jóvenes expedicionarios

    Expedicionarios que nos acompañáis en esta aventura polar, mientras estas condiciones tan adversas de la meteorología pasan, os voy a dejar un trabajito. Ya habéis visto que nos encontramos en Islandia en esta primera parte de la expedición. Cuando un aventurero se plantea una nueva expedición, lo primero que hace es conocer y estudiar el lugar al que pone rumbo. Eso quiero que hagáis vosotros.

    Se dice que Islandia en un contraste entre el hielo y el fuego. ¿Por qué?, ¿Qué condiciones geográficas hacen que eso sea así?

    Os dejo una pista con esta foto. Se trata de Laki, que es el volcán de fisura más largo del mundo, tiene 25 kilómetros de longitud y más de cien cráteres.

    Ánimo y suerte en vuestras investigaciones, mis fantásticos jóvenes expedicionarios, ¡¡os vais a convertir en aventureros exploradores de verdad!!

    • Laki

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