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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Zarpamos en el Lautaro rumbo a Punta Arenas

    Nuestro plan inicial era salir de la Antártida a Punta Arenas en un vuelo de las Fuerzas Aéreas Chilenas que estaba previsto hacia el 20-23 de febrero. Después desde Punta Arenas dirigirnos a la Patagonia Chilena, al glaciar Tyndall donde tenemos más trabajo de campo previsto para realizar. Finalmente regresar a España el 4-5 de marzo.

    Pero todos nuestros planes desaparecieron como un azucarillo en el café, al moverse la fecha del Hércules C-130 chileno. La semana pasada vino de visita el Presidente de Chile acompañado del de Ecuador, y se han modificado todos los planes de vuelo. El nuestro, en concreto, se retrasa algunas semanas… eso nos hace cambiar todos los planes iniciales.

    En nuestra estancia en Bahía Fildes aprovechamos para poder indagar qué otras posibles alternativas tenemos para regresar a Punta Arenas. Parece que habrá un vuelo uruguayo (también un Hércules C-130) a finales de febrero o principios de marzo. Esos son los planes iniciales, después cualquier retraso obligado por la meteorología haría que no llegásemos a tiempo de nuestro vuelo en los primeros días de marzo a España.

    Parece que también habrá un vuelo brasileño para finales de febrero, pero todavía no hay calendario fijo. Esa opción haría que pudiéramos salvar nuestros billetes de regreso a España, pero no tendríamos tiempo de trabajar en la Patagonia Chilena, lo cual implicaría tener que regresar a estas latitudes en algún otro momento en los próximos meses.

    Habíamos regresado a nuestro campamento para terminar con el trabajo en el río, pensando cómo superar esta nueva dificultad. El trabajo está muy avanzado, prácticamente está listo ya que la ventaja de estar acampados en el lugar de trabajo es que nos permite un control total para seleccionar los momentos idóneos en los cuales realizar las mediciones.

    Con estas incertidumbres en la cabeza, aparece la solución como por arte de magia. De nuevo el protagonista, Roberto, el jefe de Bahía Fildes, que se ha convertido en esta expedición en una especie de ángel de la guarda para nosotros. Nos consigue poder regresar en barco a Punta Arenas, con el chileno Lautaro. Se trata de una Patrulla Naval Antártica Combinada entre Chile y Argentina, que recorre estas zonas antárticas durante el verano austral. Por parte de la Armada Chilena está el Lautaro y por parte de la Armada Argentina es el Castillo. Cubren los cuatro meses estivales con turnos de un mes, de manera que cada uno viene a esta región antártica por dos veces.

    Esta Patrulla Naval Antártica Combinada se realiza conjuntamente por ambas Armadas desde 1998, mediante un acuerdo que establece la operación de buques de otros países en aguas antárticas durante la temporada estival, y tiene por objeto salvaguardar la vida humana en el mar, el control y combate a la contaminación y el mutuo apoyo para enfrentar emergencias marítimas en dicha zona.

    Con nuestro trabajo terminado, recogemos el campamento, secando, listando, clasificando y empaquetando todo el material. Parte quedará aquí recogido hasta otra campaña. En esta ocasión el almacén estará en la Base Uruguaya Artigas, en lugar de en la Rusa Bellingshausen. El resto de material lo llevaremos con nosotros en el barco hasta Punta Arenas, ya que es del que tenemos guardado en los almacenes de la Dirección de Aguas de Magallanes, con quienes trabajamos en Patagonia.



    Embarcaremos en el Lautaro mañana, domingo 13. Desde ahí nos dirigiremos a Caleta Potter, frente a la Base Argentina Jubany, donde llegará el Castillo y harán el relevo… Después rumbo a Punta Arenas.

    ¿Cómo tendremos el paso del Drake? La navegación durará 3 días si el tiempo es favorable o 5 días horribles si el mar está bravo. Crucemos los dedos para que tengamos el mar más o menos calmado…

    Gildo, nuestro enlace en España os irá colgando algunos artículos que le he dejado preparados para estos días mientras navegamos. Y puntualmente os irá informando de cómo va la navegación, ya que estaremos en contacto con él con el teléfono satelitario.

    Como me han quedado muchas cosas por contaros todavía, seguiré preparando artículos sobre la Antártida. He hecho unas cuantas tomas de videos y fotos de la fauna de la zona, para poder describiros las hermosas playas antárticas… aunque algo ya sabéis por la lectura que habéis hecho en ese resumen del 2000.

    Hasta que estemos de nuevo en tierra firme, ¡amigos expedicionarios!

    • Zarpamos en el Lautaro rumbo a Punta Arenas

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  • Todavía quedan rincones antárticos

    Conociendo estas tierras cuando reinaba en todos los lados el espíritu antártico, y viendo cómo poco a poco a causa del turismo y el dinero se va degradando, es hermoso encontrar rincones que podemos llamar Antárticos, con mayúscula.
    Al final de un día duro de trabajo y justo cuando nos disponíamos a preparar nuestra comida-cena del día, recibimos visita de nuestros amigos rusos. Ese grupito que permanece en la base Bellingshausen y pertenecían a la dotación de la época de Oleg. Fue una sorpresa muy agradable, nos trajeron unos trozos de empanada de pescado, que nos supieron a gloria acompañando nuestra sopa-crema del día.
    Nos acompañaron durante la cena que hicimos entre las rocas que habíamos buscado para protegernos del viento. Cada día, según la dirección del viento, seleccionamos el lugar más idóneo. Tenían más frío ellos que nosotros. Sí, para nosotros es ya habitual la intemperie y nos hemos acostumbrado a estas condiciones.
    Fue un rato de camaradería, el verdadero espíritu antártico de solidaridad estaba presente. ¡Qué bonito volver a reconocerlo en estas tierras antárticas! Notaba mi emoción a flor de piel…
    Por otro lado en la base uruguaya Artigas el jefe es Longino, un conocido amigo nuestro de la campaña del 2006, donde estuvo también de jefe de la misma. Ahora el funcionamiento de la base está regulado con el Instituto Antártico Uruguayo de otra forma que cuando empezamos a venir por estas tierras. Hay mucha más oficialidad en todo…, pero con lo que está a su alcance nos echa una mano y lo que es más importe para nosotros, nunca nos falta una mesa donde poder operar con los datos que medimos en campo y escribiros para el Blog.
    Parece que estamos de suerte, otro rinconcito antártico se presenta ante nosotros con las puertas abiertas. Esta vez viene de la Estación Marítima Bahía Fildes. ¿Recordáis? Fue desde esta estación chilena donde nos gestionaron nuestro cruce a Jubany, tanto a la ida cómo al regreso.

    Nos invitan a pasar con ellos unos días, para que salgamos un poco de las condiciones de intemperie del campamento y al mismo tiempo poder gestionar nuestro regreso de la Antártida a Punta Arenas. Han retrasado el vuelo de las Fuerzas Aéreas Chilenas casi tres semanas de la fecha marcada inicialmente y eso nos desbarajusta todos los planes. No sólo nos quedaríamos sin poder realizar el trabajo en la Patagonia Chilena, sino que además perderíamos nuestros vuelos de regreso a España. Pero bueno, dejemos ahora este nuevo problema que ha surgido y sigamos con los “rincones antárticos” que estamos teniendo la suerte de encontrar.

    Nosotros les ofrecimos a los 12 componentes de la dotación de verano de Bahía Fildes (en invierno quedan 8 solamente) lo poquito que estaba a nuestro alcance, les dimos una conferencia divulgativa de lo que hacemos en nuestras investigaciones en GLACKMA y todavía más en concreto, de lo que estamos encontrando en esta parte de la Antártida. Ellos van a estar por aquí un año entero y es bueno que conozcan lo que está pasando en el glaciar que tienen al lado.

    No os imagináis lo que supone el encontrar unas puertas abiertas cuando de repente no haces más que encontrar cerradas todas las que han estado abiertas durante años. No siendo Fildes una base científica, sino una estación marítima, nos han brindado su apoyo para regresar de nuevo cuando queramos y evitar estancias largas en nuestro campamento. Y no sólo es el apoyo ofrecido, es lo especial de las personas, que te hacen sentir como si estuvieras en casa. Es una especie de refugio tremendamente acogedor en medio de una tempestad. Es hermoso descubrir cómo todavía aparece el espíritu antártico. Consiguen que uno se emocione...
    • Todavía quedan rincones antárticos
    • Todavía quedan rincones antárticos

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  • Midiendo el caudal del río

    Volvemos a hablar de la estación CPE-KG-62ºS, la que hemos reinstalado con las nuevas sondas de medida. Os contaba la otra semana que lo que terminamos generando son series temporales horarias de descarga glaciar. Es decir que cada hora tenemos el valor del caudal del río seleccionado que proviene del hielo que se ha fundido.

    Pero no se trata simplemente de instalar una sonda que te da directamente ese valor que buscamos. ¡No!, hay un proceso largo y laborioso detrás. Las sondas nos miden el nivel del río y para poder conocer el caudal tenemos que hacer lo que llamamos una campaña de aforos.

    Aforar en un río, significa medir directamente el caudal, pero no os voy a contar todo este laborioso procedimiento. Simplemente quiero que recordéis que hay que llevar a cabo un preciso trabajo de campo, después procesar todos esos datos con herramientas matemáticas y algunos programas informáticos que hemos elaborado para agilizar los cálculos y finalmente obtenemos lo que buscamos, el caudal drenado por el glaciar.

    Cuanto mejor sea nuestro trabajo de campo, mejor será el procesado después de los datos, por eso debemos estar concentrados en el trabajo, aunque las condiciones que tenemos no sean las más cómodas, ni las más confortables. Debemos de estar muy pendientes del río, de las variaciones de nivel que experimenta para llevar a cabo nuestros aforos. En este río, con la precisión con la que trabajamos, cada aforo nos lleva unos 35-45 minutos, dependiendo del caudal que haya. Durante todo ese tiempo tenemos que estar midiendo dentro del río, con esa temperatura que lleva el agua que ya sabéis que fluctúa entre 0ºC y 0,6ºC. Además os diré que prácticamente debemos de estar quietos y que en esta zona sopla siempre un fuerte viento que viene encajonado en el cañón del río, y nos hace alcanzar unos valores de sensación térmica algo bajos. Por eso la concentración en el trabajo es fundamental, centrarse en lo que se está haciendo y olvidarse del resto.

    Desde que regresamos de Jubany y estamos aquí acampados, no hacemos otra cosa que estar pendientes del río y de los aforos. No hay una hora fija, manda el río y sus variaciones de nivel, tan pronto nos toca por la mañana, por la tarde, a la madrugada, al terminar el día… no podemos tener horarios, el río es el que nos dirige. La ventaja de estar aquí acampados al lado del lugar de trabajo es que podemos estar muy pendientes con facilidad.

    Despertarse a la madrugada, salir del saco de dormir y su calorcito, abrir la puerta de la tienda de campaña e ir a mirar cómo está el río, está siendo la tónica general. Cuando después vuelves al saco porque no hay un nuevo valor para poder hacer un aforo… no está mal. Pero muchas de estas ocasiones tienes que de inmediato preparar todo el equipo y meterte en el río a medir. En fin, que como podéis observar estamos centrados en el trabajo y en sacarlo adelante lo mejor posible.

    En esta ocasión no os voy a pedir ninguna investigación, sólo quiero que seáis conscientes de que la mayor parte de las veces los mejores logros se consiguen con un gran esfuerzo detrás. Y ¿sabéis también que por lo general después no son muy apreciados, ni valorados? Sin embargo, os puedo asegurar que la tranquilidad que da el trabajo bien hecho es enorme. Y lo último que quiero que no se os olvide nunca, es que la fuerza la tenemos en la mente. Teniendo una mente poderosa se puede alcanzar prácticamente todo lo que uno se proponga, se superan con mucha más facilidad los obstáculos.


    • Midiendo el caudal del río
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  • ¿Cómo es la vida en las bases antárticas?

    Trataré de recogeros en este artículo, algunas de las dudas y curiosidades que os han ido surgiendo en estos días, aunque creo que de algunas ya sabéis las respuestas bien por algún comentario que os he hecho, bien por las fotos y videos que han ido apareciendo.
    La forma de llegar a esta zona, como estamos en la costa, es por barco o por avión. Por el comentario del otro día ya sabéis que lo que hay es una especie de aeropuerto de tierra compactada que está ubicado en una de las zonas donde el glaciar ya se ha retirado. También habíamos hablado de la ausencia de radar de cabecera de pista, por lo que ya sabéis que es necesario contar con unas mínimas condiciones meteorológicas que hacen que no siempre se pueda aterrizar. El tipo de avión más común para realizar estos cruces es el Hércules C-130, un cuatrimotor militar que es capaz de aterrizar y despegar en distancias relativamente cortas y además tienen una gran capacidad de carga, que es lo que principalmente traen. Aunque ahora con el turismo están empezando a meter algún otro tipo de avión para que vengan sentados cómodamente los señores turistas.

    Tanto los cruces por avión como las llegadas por barco, sólo son posibles en verano. Cuando llegan las nevadas y después las bajas temperaturas hielan todo, el aeropuerto queda fuera de uso hasta el próximo verano. Por mar ¿qué ocurre? Ahí el problema es la banquisa. ¿Os apetece investigar un poquito sobre la banquisa?
    Es por tanto durante la época de verano en la que las bases se abastecen de víveres, combustible y materiales que necesitan para todo el invierno. La ventaja de estos lugares es que las bajas temperaturas hacen que los alimentos frescos se conserven bien durante largos periodos de tiempo. Pero evidentemente el tipo de alimento que se consume no es el mismo que podéis comprar en una cuidad cada día. Los alimentos con fecha de caducidad más corta no se pueden utilizar en estos lugares.
    Os dejo aquí unas imágenes y unos fragmentos de video que hice pensando en vosotros cuando estaba el barco chileno Lautaro, descargando en Bahía Fildes. Para que os hagáis una idea, traía carga no sólo para las bases chilenas de la zona sino también para la coreana King Sejong, la china Great Wall y la uruguaya Artigas. Fijaros cómo transportan todo protegido del agua mediante esos bidones herméticos. El cruce que tienen que realizar desde el sur del continente americano, es el llamado estrecho del Drake.


    ¿Sabéis que el Drake es una de las peores zonas de navegación? En barco, yo sólo lo he cruzado una vez y tuve la suerte del novato, pues el mar parecía una balsa de aceite de lo tranquilo que estaba. Fue en el Vanguardia, un barco uruguayo. Pero ahí mismo me enseñaron imágenes del mismo en otros cruces y ¿sabéis qué me impresionó muchísimo?. Había unas olas tremendas que cubrían completamente la proa, entraba el agua por todos lados, parecía más que un barco un submarino, y en el interior a pesar de estar sujetas y atadas todas las cosas, parecía que había ocurrido un terremoto. Ingenua de mí, recuerdo haber preguntado a los marineros cómo hacían para no marearse… “En estas condiciones, prácticamente todos nos mareamos, quedan en pie los que les toca la guardia, los demás desaparecen a sus camarotes”, me dijeron.
    Más cosas… os cuento que las que son bases antárticas de verdad, es decir, las que están abiertas durante todo el año, tiene diferente ocupación en verano y en invierno. Evidentemente durante la época estival hay más ocupación y actividad, mientras que en el invierno éstas se reducen al máximo. En verano es cuando venimos los científicos y más personal de apoyo a las bases, pues casi todas las reparaciones, acondicionamientos y mantenimientos que necesitan realizar sólo son posibles llevarlos a cabo en esta época.
    La capacidad de las bases varía de unas a otras. Algunos ejemplos, la rusa Bellingshausen en verano suele tener unas 30-40 personas y en invierno en torno a 15. La uruguaya Artigas tiene unas 20 en verano y en inverno algo menos de 10. La argentina Jubany cuenta con unas 60 personas en verano y en torno a 30 en invierno. Como podéis ver hay variaciones de unas a otras, pero esa es la tónica.

    Algunos tipos de personal que no faltan en las bases son: el jefe, el médico, el cocinero, el mecánico, el electricista y el radio-operador. A partir de ahí, varían de unas a otras dependiendo de las necesidades de cada base. Pero una cosa debéis tener en cuenta, las personas antárticas de verdad se caracterizan porque son una especie de todo-terrenos, tienen que ser capaces de hacer un montón de cosas fuera de su propio ámbito u oficio. Entre todos hay que sacar la base adelante.
    Os he hecho algunos fragmentos de video cuando estábamos en la Base Argentina Jubany, para que podáis ver un poco cómo están ubicados los diferentes módulos. Fijaros que siempre están levantados del suelo, para evitar que las congelaciones del invierno los muevan y terminen destruyendo. Observad también que están todos los módulos separados, pues si ocurre un incendio en alguno no se transmite a los demás.


    En una base antártica hay unos horarios fijos para las horas de las comidas y éstas se realizan en un comedor común. Las tareas de limpieza se comparten entre todos los presentes, hay turnos establecidos. Siempre estamos con los equipos de radio para comunicarnos entre unos y otros dentro de la misma base y con las demás más próximas. Cuando sales fuera del entorno de la base, como nosotros que siempre andamos lejos trabajando en el glaciar –cuando hemos estado alojados en alguna base- debes mantener informado al jefe pues así están pendientes de cualquier necesidad que pudiera surgir.


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  • Mapa de las bases antárticas

    Muy buena información la que habéis recogido sobre el Tratado Antártico. Os aclaro la fecha de entrada en vigor, sí es el 23 de junio de 1961, y sobre los países actualmente reclamantes, sí, son tres: Argentina, Chile y Reino Unido.

    En la Base Uruguaya Artigas encontramos un mapa con la disposición de las bases antárticas. Está actualizado a 2006. Ahí podéis ver muy fácilmente los países que tienen bases, donde están ubicadas y si están abiertas permanentemente o sólo durante el verano.

    Os he preparado varios desgloses del póster para que podáis ver todo con precisión. Fijaros bien en la escala de los mapas, cuando os aparece la Antártida completa y después en las zonas de detalle que os dejo ampliadas.

    Observad también atentamente las bases que hay en King George y sus ubicaciones, ¿os suenan de algo?













    • Mapa de las bases antárticas
    • Mapa de las bases antárticas
    • Mapa de las bases antárticas
    • Mapa de las bases antárticas
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  • Coordinación logística

    Os voy a contar un poco cómo fue nuestro traslado de la Base Argentina Jubany a Bahía Fildes justo antes de montar el campamento, para que os hagáis una idea de cómo es la logística por aquí.
    Fue fundamental el apoyo de nuestro amigo Roberto, el jefe de la Estación Marítima Bahía Fildes, conocida también como Capitanía de Puerto. Antes de continuar os voy a ubicar dónde se encuentra este lugar. Volved a ver el vídeo que os dejé de la panorámica de las bases chilenas y la rusa en el artículo de “Acampando en la Antártida”.

    En primer lugar esta parte de la isla antártica King George, de la que ya se ha retirado el casquete glaciar, se llama Península Fildes. También podéis localizarla en uno de los videos que os dejé en el artículo “Cómo conocemos la cuenca glaciar”.
    Os había adelantado, ya entonces, que en esas partes donde el hielo se ha retirado es donde se ubican las bases antárticas de estas zonas de la periferia. Bien, a la bahía se le llama Bahía Fildes y ahí tenéis localizadas la Base Rusa Bellingshausen y tres chilenas, Frey, Fildes y Escudero.
    De estas tres chilenas os cuento que la científica es Escudero y sólo está abierta en verano. Frei es una base militar dirigida por la Fuerza Aérea Chilena y es donde hay una pequeña escuela. Aquí los militares vienen con sus familias y están dos años. Le llaman ciudad Villa de las Estrellas, en total oscilan entre 40 y 50 personas. Esto es debido a la estrategia de reclamación de territorio antártico que llevan a cabo. En la Antártida esto sólo ocurre en esta base chilena y en una argentina, llamada Esperanza y ubicada en la Península Antártica, donde hay también militares con sus familias viviendo por la reclamación del territorio.
    Os hablaba de una tercera base chilena en esta zona, que es la Estación Marítima de Bahía Fildes. Está dirigida por la Armada (es decir, la Marina) y actualmente el jefe es Roberto, de quien os hablaba arriba. Fue él quien gestionó lo necesario para que el barco chileno Oscar Viel que venía desde la base O`higgins a Fildes trayendo una expedición chilena, nos embarcase para dejarnos en Fildes.
    No fue una gestión sencilla. En primer lugar parecía que iba a ser posible y que embarcaríamos el 26 por la mañana, hacia las 8:30 horas. El barco no entraría en Caleta Potter donde está Jubany, sino que pararía los motores fuera y nos tendrían que acercar en zodiac hasta él.


    Llegado el día, se ajusta la hora de la maniobra y pasa a ser las 2:30. Con todo preparado y unas horas antes, nos informan de que no va a ser posible nuestro embarque por razones administrativas. Cambiamos de nuevo los planes, buscando otra alternativa para poder llegar a Fildes por algún otro medio algún día después.
    Y en medio de esa incertidumbre de cómo gestionaremos nuestro cruce, Roberto nos informa que podemos embarcar en el Oscar Viel por la madrugada. Ha resuelto en un abrir y cerrar de ojos el tema administrativo que obstaculizaba nuestro embarque al barco chileno. ¡Genial! También nos informan que se retrasa la maniobra para las 5:00 de la madrugada, pero que debemos estar pendientes por radio para ir ajustando la hora.


    Una cabezadita, pero pendientes del aviso… y a las 4:30 subimos a una de las zodiac de Jubany, Adolfo, dos buzos encargados de la zodiac y Patric, un alemán que está también en nuestro proyecto europeo IMCOAST.

    Patric tenía que subir al barco para reconocer una carga que le debía de haber llegado a la Antártida a finales de diciembre. Hubo un descuido con la agencia que les hizo la gestión y fijaros… ya a punto de salir de la Antártida y sin poder realizar todo lo que tenían pensado por no tener a tiempo el material. Así es la logística en estos lugares…
    A esa hora de la madrugada no hacía prácticamente viento y el mar estaba como una balsa de aceite. Fue muy bonita nuestra salida de Jubany, rodeados del frente del glaciar que alcanza el mar en Caleta Potter. Muy nublado y con algo de penumbra.



    Por la latitud a la que estamos y la época del año, no llegamos a tener noche, tan sólo unas horas de penumbra. Con estas luces el trayecto en zodiac desde la base hasta el barco, fue todavía más bonito. Uno deja llevarse por las sensaciones y cree estar navegando por las entrañas de un mundo mágico.
    Se coordina muy bien por radio nuestra aproximación en zodiac al barco, subimos por la escala que cuelga a estribor hasta alcanzar la cubierta y nos suben las sacas de material con cuerdas.



    Patric, el alemán, pudo encontrar su carga a bordo y feliz con una enorme sonrisa, se la lleva consigo a Jubany. Hay una parte del trabajo inicial que había planteado en el proyecto que todavía podrá sacar adelante, el resto ya no, por falta de tiempo. Pero por lo menos no tiene perdida toda la expedición.


    Adolfo y yo viajamos en cubierta hasta nuestra llegada a Fildes. La madrugada está “fresquita” y el aire enfría todavía algo más, pero nos encanta observar el paisaje antártico.

    A nuestra llegada, desembarcamos de nuevo con ayuda de una zodiac hasta la orilla. Allí nos está esperando Roberto, el jefe de Bahía Fildes, donde nos acogen muy amablemente haciéndonos sentir como en casa, hasta que llega Sasha, uno de nuestros amigos rusos. Viene con el camión Ural, un enorme camión todoterreno 6x6 de tres ejes, donde subimos todo nuestro material y nos transporta hasta la Base Uruguaya Artigas.

    El viaje en este enorme camión es fantástico. Sasha tiene poco tiempo para poder hacer esta maniobra y viajamos a toda velocidad, atravesando charcos, barro, zonas blandas, nieve… parecía un verdadero raid. ¡Fantástico!
    En la Base Artigas descargamos todo el material a cobijo y desde ahí lo vamos aproximando poco a poco al lugar del campamento, una vez tenemos las tiendas de campaña montadas.


    Como ejercicio en este artículo os propongo lo siguiente. Os he comentado arriba que hay dos bases antárticas, una chilena y otra argentina, que llevan a cabo una estrategia propia de reclamación de territorio. Os pregunto entonces, la Antártida, ¿pertenece a algún país?, ¿cuándo y para qué se constituyó el Tratado Antártico?, ¿cuántos países hay en el Tratado Antártico y cuáles de ellos reclaman territorio?
    • Coordinación logística
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  • Cuando reinaba el espíritu antártico…

    ¡Hola expedicionarios!
    Os voy a proponer una actividad muy bonita para esta semana. Del libro Diario Polar que escribimos hace algunos años, bajaros el capítulo titulado: “El Continente Blanco. Habla el corazón”. , desde el fichero que podéis descargar en nuestra página web, en la pestaña de divulgación. Ahí se recoge un resumen que escribí una vez regresé a España de mi primera expedición a la Antártida en el año 2000, a estas mismas zonas desde donde estoy escribiendo ahora. Era una época en la que reinaba lo que hemos llamado el espíritu antártico de solidaridad.

    Me gustaría que cada uno de vosotros, hicierais un resumen de ese capítulo. No lo hagáis con prisas. Pensadlo tranquilamente y al final de la semana lo enviáis. ¿Os parece bien la propuesta?
    • Cuando reinaba el espíritu antártico…
  • Acampados en la Antártida

    ¡Sí, cómo lo oís!, hemos tenido que acampar aquí en la Antártida. Si fuera un lugar apartado, lejano de Bases Antárticas, sería normal, pero lo contradictorio es que estamos “rodeados” de bases.

    Llevamos una década trabajando en esta zona y hemos tenido siempre apoyo logístico de los rusos. De hecho comenzamos nuestra investigación en este casquete glaciar debido a una invitación de glaciólogos rusos que estaban muy interesados en que midiéramos con nuestro sistema la descarga glaciar en el casquete de King George. Después, año tras año viniendo a la Base Rusa Bellingshausen hicimos amistad con el jefe de la misma, Oleg, que durante esta década consiguió dar un importante cambio a la base, en lo que a confortabilidad y medios se refiere. Una amistad que se extendió también con la gente de su dotación, que encontrábamos aquí campaña tras campaña. Los rusos son los que más tiempo pasan en sus campañas antárticas, solían ser de dos años sus estancias. Después descansaban seis meses y regresaban de nuevo otros dos años. Ese periodo de relevo de seis meses, coincidía con el invierno antártico, durante el que había menos actividad en la base, por eso cada campaña de verano en la que vinimos durante esta década, encontramos a nuestros, ya amigos rusos, encargados de Bellingshausen.
    En este periodo pasado, aconteció también que a Adolfo lo nombraron académico por la Academia Rusa de Ciencias Naturales. Con mayor razón a partir de entonces, pudimos acceder a las facilidades de la logística rusa antártica.
    ¿Qué ha pasado ahora? El turismo está estropeando esta parte antártica. Es una zona de bastante fácil acceso –para lo que es la Antártida- por su proximidad al continente americano y durante los últimos años hemos ido viendo cómo una empresa chilena ha ido metiendo turismo a esta parte. Y ha ido aumentando de manera exagerada y sin control.
    Y, ¿qué produce esto? Además de algunas consecuencias inmediatas de riesgos y accidentes ya ocurridos por falta de experiencia, produce contaminación directa e indirecta. Directa porque encontramos ya tiradas por estas tierras antárticas, cada vez más abundantes bolsas de plástico, botellas, latas de refrescos, papeles, envoltorios de comida… Y una contaminación indirecta por la cantidad de aviones y barcos que entran y salen con este trasiego de turismo.

    Aparte de eso, ¿sabéis que más está produciendo? Que la idea primitiva de las bases antárticas para soporte logístico de científicos, está pasando a ser en algunas de ellas, soporte para turismo, como negocio. ¡Sí!, cómo lo habéis oído, empieza a haber negocio económico en algunas de las bases. Y en ese negocio se ha subido la Base Rusa… Con el cambio de jefe de nuestro amigo Oleg hace un par de años, Bellingshausen ha ido tomando estos derroteros.
    Fue una sorpresa muy desagradable cuando llegamos en esta ocasión y nos encontramos que el jefe nuevo, Víctor, sólo intentaba hacer negocio. Lo peor es que no tiene una mentalidad clara de las cosas, pues los mismos precios que aplica a los turistas son los que nos quería aplicar a nosotros por estar y por comer en la Base. Nuestro presupuesto para el proyecto es muy limitado y no podemos permitirnos esos lujos, de manera que tuvimos que establecer un plan alternativo para sacar esta expedición adelante.
    En esa primera etapa de la expedición cuando llegamos desde España, ¿cómo resolvimos la situación? Nuestro amigo Oleg, que trabaja ahora en Sudáfrica dirigiendo la logística de varios países para la Antártida continental, se puso en contacto con el nuevo jefe, indicándole que nos dejase un lugar los primeros días donde poder estar hasta organizarnos con el material y el trabajo. Nos habíamos pasado algo de comida desde Punta Arenas y con algún complemento que nos daban a escondidas del jefe, nuestros amigos rusos de la dotación de Oleg que todavía andan por aquí trabajando, pudimos subsistir esa primera etapa.
    De la misma manera que fue un duro golpe ver la línea de actuación del jefe nuevo y su negación en darnos apoyo logístico, fue muy hermoso encontrarnos con algunos de los amigos anteriores, de la época de Oleg. Les dolía más a ellos que a nosotros el que nos cerraran las puertas de Bellingshausen. El espíritu antártico de solidaridad ante todo que antes reinaba en estas regiones, se está perdiendo. Por eso, cuando ahora nos encontramos los antárticos de verdad que seguimos compartiendo este espíritu, hay una gran camaradería entre nosotros.
    Después pasamos a Jubany, la base argentina como ya sabéis, donde no ha habido ningún problema. Se mantiene, de momento, con las directrices iniciales de ofrecer soporte a los científicos. Mientras estábamos con los argentinos, encargamos comida a una amiga nuestra de Punta Arenas, que gestiona logística antártica, y nos la envió hacia aquí. Cuando hemos regresado de Jubany, ya estaba aquí la comida: sopas y cremas, leche en polvo, queso, algo de pan y algunas latas de conservas. Hemos instalado las tiendas de campaña y hemos montado el campamento. Así estaremos hasta que abandonemos la Antártida. No son las mejores, ni las más confortables condiciones de trabajo en esta zona, pero con el esfuerzo al que estamos acostumbrados esperamos sacar adelante todos los planes iniciales.
    Sólo tengo una pequeña tristeza, que no voy a poder atender el Blog como me hubiera gustado, pero seguiremos adelante. Al menos una vez por semana nos acercaremos a alguna de las bases de la zona, donde pediremos el favor que nos dejen una mesa para trabajar con el ordenador y escribiros algunos artículos. Después se los enviaremos a Gildo, nuestro contacto en España y él los irá subiendo al Blog durante la semana. Leeremos todos vuestros comentarios, que siempre nos transmiten mucho ánimo para seguir con esta tarea y os contestaremos a vuestras preguntas y dudas que os vayan surgiendo. Así que si veis que hay un cierto retraso en que os contestemos, no creáis que nos hemos olvidado de vosotros, simplemente son las condiciones a las que nos hemos tenido que adaptar.
    Me gustaría saber si habéis acampado alguna vez y en caso afirmativo, en qué lugares ha sido. A continuación quiero que os pongáis en situación de estar acampando aquí en la Antártida y me mandéis dos listas, una con las cosas positivas que os aportaría y otra con las negativas.

    • Acampados en la Antártida
    • Acampados en la Antártida
    • Acampados en la Antártida
  • Una triste despedida

    La bandera a media asta en la Base Uruguaya Artigas. Esta mañana del 28 de enero se produjo un trágico accidente y falleció uno de los miembros de la dotación uruguaya, conocido como el Vikingo. Había llegado de madrugada el barco Vanguardia y estaban en plena maniobra de descarga de combustible a un depósito ubicado en la playa. El camión uruguayo derrapó en una curva muy peligrosa del camino y volcó cayendo a una laguna cercana a nuestro campamento.
    Es un día triste en la Base Artigas y en todas las demás de la zona.
    Aquí todos somos una gran familia y cada problema se siente como propio.
    Desde aquí nos unimos a la tristeza y al dolor que produce esta pérdida y mandamos mucho ánimo para su familia en Uruguay.
  • El radar para medir el espesor de hielo glaciar

    A partir del Año Geofísico Internacional, al final de la década de los cincuenta del siglo XX, el estudio de la Antártida experimentó un impulso grandísimo, incrementándose en gran manera la instalación de Bases Antárticas que potenciaron numerosas líneas de investigación. Éstas precisaban de la implementación de logísticas especiales, entre ellas la aérea, con avionetas dotadas de esquíes para desplazarse sobre el casquete glaciar.
    Los accidentes aéreos eran frecuentes… tanto, que en la década de los 80 del siglo XX, algunos científicos empezaron a investigar las causas.
    Prestaron especial atención a los accidentes ocurridos en vuelos con excelente visibilidad y expertos pilotos. Encontraron que las catástrofes ocurrían tan solo con algunos tipos de aviones, mientras que con los demás, la incidencia de estrellarse al aterrizar era casi nula. ¿Qué estaba pasando?
    La explicación se encontró al comprobar que los aviones siniestrados poseían un radar altimétrico, cuyas bandas de frecuencia eran diferentes de las de aquellos otros aviones que aterrizaban normalmente.
    Resulta que a ciertas frecuencias de radar, el hielo es transparente… y los aviones que los usaban, iban a aterrizar en las rocas situadas bajo el hielo. ¡¡Como si el hielo no estuviera allí!!
    El problema aéreo se solucionó rápidamente, disminuyendo drásticamente los accidentes aéreos, pero… ¡lo más importante!, desde entonces las bandas de frecuencia de radar a las que el hielo es transparente, se usan para medir los espesores del hielo. Envían señales desde la superficie helada, que son devueltas por la roca de fondo sobre la que el casquete glaciar se apoya y desliza.
    Esta técnica geofísica, denominada radioecosonda, es la mejor y más sencilla para estudiar las masas de hielo y su evolución. Su empleo, hace muchos años que ya es habitual.
    Y esa técnica de radioecosonda es la que nos ha permitido conocer cómo es la roca de fondo que hay debajo de nuestro casquete glaciar Collins, y por tanto saber cuál es la superficie del casquete que drena en nuestro río seleccionado. De alguna manera es como si estuviéramos viendo a través del hielo.
    No hemos sido nosotros los que hemos hecho este trabajo, ha sido un equipo ruso especialista en esta técnica. Este tipo de colaboración entre científicos de diferentes especialidades es la mejor manera de avanzar en la investigación. No es bueno que haya barreras entre los campos de conocimiento, esas las hemos puesto nosotros, los hombres, pero la naturaleza no las tiene. Es siempre positiva la colaboración en todos los sentidos.
    Sólo una cosita más os completo hoy. Recordamos que las unidades de caudal de las que hablábamos en el último apartado eran de m3/seg, para expresar los valores de descarga glaciar. Pues bien, no son esas las que utilizamos exactamente, sino que las empleadas son: “m3/seg para cada kilómetro cuadrado de cuenca glaciar“, y llamamos descarga glaciar específica.
    Vuestros deberes en este artículo son muy sencillos, sólo quiero que también con vuestras palabras me digáis qué es una unidad específica. Para nosotros, el medir en esa unidad específica de descarga glaciar, nos permite poder comparar glaciares grandes con pequeños y árticos con antárticos. Y es que nosotros medimos en varios glaciares de los dos hemisferios… pero ya os iremos contando todo esto más adelante.
    • El radar para medir el espesor de hielo glaciar
    • El radar para medir el espesor de hielo glaciar
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