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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Continúa el fuerte viento

    (crónica recibida por el teléfono satelital, fotos: Archivo GLACKMA)

    Tras el aterrizaje, nos localiza Jim, que nos ha traído el coche 4x4 que vamos a alquilar para estos días. Ya nos conoce de otras ocasiones. Para campañas largas en verano solemos viajar con un todoterreno desde España, aprovechando así para traer todo el material necesario. Pero para cortas campañas, solemos combinar viaje en avión, avioneta y coche alquilado -como realizamos en esta ocasión-, de manera que Jim ya es un conocido nuestro.

    Nos acercamos en primer lugar hasta la pequeña ciudad –son en torno a 1000 los habitantes- que aquí en Islandia es una población considerable. Necesitamos comprar víveres para los próximos días, ya que después hacia el glaciar donde vamos tenemos que ser completamente autónomos.

    Nos ponemos rumbo al casquete glaciar Vatnajökull, por el sur, para alcanzar nuestro glaciar. Está bastante nublado y las capas de nubes son bajas, pero en ocasiones nos dejan ver que está todo cubierto de nieve en cuanto se asciende algunos metros sobre el nivel del mar. La carretera la tenemos bien, ya que va justo por la costa, bordeando el sur de la isla. Se trata de la única carretera que circunvala el país, quedando algunos tramos todavía sin asfaltar. El resto son pistas –sin asfaltar, por supuesto- y teniendo que vadear ríos en su recorrido, por lo que aquí es fundamental un 4x4.

    Al final del día llegamos a nuestro glaciar, pero no nos detenemos, continuamos avanzando unos kilómetros más, hasta una granja donde nos tienen recogido parte del material. Tenemos ahí la tienda de campaña, material de campamento y algunas herramientas. Todavía no se han ido a dormir, los saludamos, subimos nuestro material almacenado al coche y regresamos a nuestro glaciar.

    Empieza ya a anochecer. Tendremos el tiempo justo para montar la tienda y prepararemos algo para cenar. Algún bocadillo será. Ya mañana con el día, sacaremos todo lo de cocinar para hacer un desayuno caliente.

    Entramos con el coche en la tundra, donde conocemos un lugar recogido de otros años, para montar el campamento. El viento continua soplando con fuerza. Nos ha venido acompañando todo el camino desde Höfn y no ha cesado. De hecho, había que prestar mucha atención en la conducción, ya que fuertes rachas, bamboleaban el coche cada poco.

    ¡Imposible montar la tienda! Saldría volando y nos quedaríamos sin ella. Ni siquiera en el lugar protegido que conocemos. Es fortísimo y racheado. No tenemos otra alternativa más que dormir en el coche. Sacamos los sacos de dormir para no quedarnos fríos, reclinamos lo que podemos los asientos delanteros y nos acomodamos para pasar la noche.

    A las 2 ó 3 horas, me despierto de golpe y preocupada. Estaba soñando que navegaba, cruzando un mar con enormes olas que bamboleaban el barco… No, no es la realidad, pero casi. Estaba dentro del coche, pero el viento lo movía y sacudía con tal fuerza que parecía que iba a volcar. Inmediatamente recordé el vuelo unas horas antes, en lo que parecía una avioneta de papel. Se me vino a la mente también, allá en el camarote del Lautaro, agarrada a la litera para no salir despedida mientras atravesábamos el Drake. Y de repente recordé lo que algunos amigos islandeses nos han contado, que aquí en ocasiones el viento es tan fuerte que llega a volcar los coches.

    Con todos estos pensamientos estuvo mi mente entretenida unas horas, hasta que el cansancio y seguramente el acostumbrarme al bamboleo del vehículo, hicieron que pudiera dormir un rato más.
  • Una frágil avioneta de papel

    (Crónica recibida por teléfono satelital, fotos: Archivo GLACKMA)

    Subimos a una avioneta Cesna en el pequeño aeropuerto interno de Reykiavik. Está nublado, no vamos a poder ver mucho desde el aire. En cuanto nos alejamos de la zona costera y entramos algo al interior, entre nube y nube observamos que hay bastante nieve todavía. Cruzamos desde la capital islandesa situada al suroeste de la isla hasta Höfn, al sureste.

    Atravesamos por tanto la parte sur de Islandia, sobrevolando cerca del casquete glaciar Eyjafjallajökull –bajo el que tuvo lugar la erupción del volcán Eyjafjalla el año pasado-. Este casquete glaciar es pequeño, apenas tiene una superficie de 100 km2, y justo a su lado hacia el este se encuentra el Myrdalsjökull algo mayor, unos 300 km2. Pero si seguimos avanzando hacia el noreste nos encontramos con el gran Vatnajökull, que como os decía ayer tiene una extensión de unos 8300 km2 y es el glaciar más grande de Europa. Al sureste de este enorme casquete es donde tenemos seleccionada nuestra lengua glaciar Kviarjökull de 13 km2, en el que está instalada la estación de registro de descarga glaciar. Una ayudita aquí, veteranos expedicionarios, contadle a los demás porqué hemos seleccionado una lengua glaciar pequeña y no trabajamos en todo el Vatnajökull.

    Habitualmente la pequeña avioneta sobrevuela el sur de este enorme casquete glaciar en su ruta a Höfn, pero en esta ocasión lo bordeamos, dejándolo a nuestra izquierda y avanzando justo sobre la costa del sur de la isla. ¿Por qué razón? Vientos muy fuertes dominan toda la superficie del Vatnajökull. Son los llamados vientos catabáticos. Este tipo de viento, que puede llegar a alcanzar velocidades altísimas y racheadas, es propio de los glaciares. El aire más frío, que sabéis que es más denso, va adquiriendo velocidad por la pendiente del glaciar y como no encuentra ningún obstáculo, llega a alcanzar velocidades muy altas. Esta velocidad la mantiene mientras siga en contacto con el hielo, pues continua frío y por tanto más denso.

    Al estar ya próximos a Höfn, la pequeña avioneta tiene que adentrarse hacia el interior, abandonando la costa… y ¿qué ocurrió? El viento a su capricho nos bamboleaba hacia todos lados. Tenía la sensación de estar subida a una frágil avioneta de papel, que parecía iba a rasgarse en cualquier momento o a ser tragada por los vientos hacia no sé dónde. Rápidamente a mi mente regresaron las sensaciones de tan sólo hace un mes, cruzando el temido Drake en el pequeño Lautaro, al regreso de la Antártida.

    Tras unos cuantos minutos con esta sensación, en la que se palpa el peligro, vamos bajando cota y aparece ante nosotros la pequeña pista de aterrizaje. ¡Puff! ¡Qué tremendo!, ¡Qué bamboleos! Parece de papel, una avioneta de papel… ¡qué frágil! Directos hacia fuera de la pista, parece que nos vamos a estrellar… Sudores fríos recorren mi cuerpo completamente. Me temo lo peor… Nos aproximamos y entramos en la pista de lado. El piloto logra controlarla. ¡Conseguido! Fantástico aterrizaje en tan duras condiciones. Estamos a salvo, podemos continuar con la expedición.
  • Expedicionarios de Salamanca, os encargo una misión

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Mis amigos expedicionarios de Salamanca, me vais a ayudar un poco en esta nueva expedición. Yo estoy ya “alejada” de la civilización y mi única comunicación con vosotros y con el Blog es a través del teléfono satelital. Eso significa que yo envío los textos para los nuevos artículos a Gildo –de quien virtualmente ya habéis oído hablar- y él acompañándolos con fotos del archivo de GLACKMA os los va subiendo.



    Evidentemente yo no podré ver nada del Blog hasta el regreso, no podré disfrutar de vuestros comentarios hasta entonces… Pero lo que me preocupa ahora es que durante estas últimas semanas se han ido incorporando al Blog una buena cantidad de usuarios, unos más jovencillos como vosotros y otros mayores. Me preocupa que durante estos días, yo no voy a poder aclarar las dudas que tengan con respecto al trabajo que hacemos. Sin embargo tenemos una ventaja, que vosotros sois ya unos expedicionarios con experiencia, pues venís de la Antártida y Patagonia. Os voy a pedir ayuda. Vais a trabajar en equipo conmigo.
    “¿Cómo?”, os estaréis preguntando. Vais a ir contestando vosotros a las dudas que tengan, a las preguntas que hagan, a sus curiosidades sobre nuestro trabajo. ¿Os parece? Para que os estrenéis os encargo la primera intervención. Vais a contarles a todos qué es lo que venimos a hacer a Islandia, qué mide la estación que tenemos aquí, cómo son esas mediciones, cuántas estaciones tenemos en GLACKMA, desde cuando llevamos trabajando, para que vale lo que hacemos… Lo dejo en vuestras manos, ayudantes, imaginaros que alguien se une por primera vez a esta expedición virtual… y no sabe nada. ¿Qué le diríais, qué presentación le haríais?



    Lo único que necesitáis saber para ello es que donde estamos trabajando en Islandia es en la lengua glaciar Kviarjökull, que pertenece al casquete glaciar Vatnajökull de una extensión de 8300 km2. La estación que tenemos aquí implementada está registrando datos en continuo desde el 2003, aunque de veranos anteriores tenemos también mediciones realizadas durante diversas expediciones. Posteriormente en el 2005 hicimos una reinstalación mejorando el instrumental empleado en la estación de medida.
    A partir de esa pequeña descripción… os toca a vosotros, mis colaboradores expedicionarios de Salamanca. Y después estar atentos a las dudas que les vayan surgiendo a los nuevos.


    ¡Muchas gracias! ¡Suerte en vuestra misión!

  • Ya en Islandia. Hoy hablamos de su clima y población

    Completamos ayer el viaje hasta Reykiavik, la capital islandesa, sin novedad. ¡Fantástico recibimiento: la nieve nos vino a saludar! Hoy trataremos de llegar hasta nuestro glaciar o aproximarnos a él lo más posible. Primero será con una avioneta hasta Höfn, una pequeña ciudad ubicada al sureste de la isla. Después, una vez en Höfn con un todoterreno nos desplazaremos hasta nuestro glaciar.

    Si estuviera despejado podríamos disfrutar del paisaje durante el vuelo, pero de momento por aquí llueve. Tenemos 3ºC y lluvia…Me estoy empezando a acordar de las mojaduras interminables de la última campaña antártica y patagónica. ¡Ojalá cambie y podamos hacer más confortables el trabajo!



    Mientras completamos hoy nuestro viaje, aprovechad vosotros para aprender alguna cosa más de Islandia. “¿Qué clima tiene?”, os estaréis preguntando. Para entenderlo bien pensemos que se encuentra ubicada en el Océano Atlántico, justo al sur del Círculo Polar Ártico, como os contaba ayer. Esta zona norte se ve afectada por las corrientes árticas, sin embargo las costas del sur debido a la corriente cálida del Atlántico Norte tienen un clima con veranos suaves y breves e inviernos también suaves -a pesar de una latitud tan elevada-. Esta es la razón que hace que sus temperaturas medias sean mayores que las que se presentan en latitudes similares en otros lugares de la tierra. Si queréis os voy a dar algunos datos para que os hagáis una idea más exacta de las temperaturas. En el sur la media en inviernos es de -3ºC en las zonas costeras y de -10ºC en las montañosas. Mientras en el norte encontramos valores entre -25ºC y -30ºC. Y la media en el mes de julio en la parte meridional es de 10-13ºC.

    Por tanto las costas islandesas son un entorno habitable a pesar de su cercanía al Ártico. Las tierras del interior de Islandia son las más frías de toda la isla, ya que pierden ese efecto de la corriente cálida. Comparando la costa sur y la norte encontramos que la primera es más cálida, húmeda y ventosa que la segunda.



    Y, ¿cómo está repartida la población? Esto es muy curioso, ¡escuchad! Imaginémonos Islandia, esta gran isla con una extensión de 103.000 kilómetros cuadrados (algo mayor que  nuestra Andalucía), y sin embargo su población es de poco más de 300.000 habitantes, de los que más de 200.000 se encuentran en la capital Reykiavik y su entorno metropolitano. Akureyri, una ciudad costera en el norte de la isla, alcanza casi los 20.000 habitantes y tras ella sólo cinco ciudades más pasan los 10.000. El resto de población se encuentra distribuida por la isla en pequeñas ciudades, pueblos y granjas. Hay grandes áreas prácticamente deshabitadas, por lo que Islandia es una especie de paraíso para los amantes de la naturaleza.

    La agricultura está muy condicionada por el clima. Los principales cultivos son las patatas y los cereales, que se utilizan para alimentación humana y para elaborar heno y piensos destinados al ganado ovino y bovino. Pero la actividad más destacada y la base de la economía de la isla es la pesca. Las principales capturas son de bacalao, arenque, abadejo y pescadilla y en las aguas interiores hay salmones y truchas. Además el procesamiento de la pesca constituye la base de la industria islandesa.



    La obtención de la energía de las aguas termales, que sirve para la calefacción y la producción de electricidad, constituye la segunda industria del país. Es lógico pensar al ver la descripción geológica de Islandia que la naturaleza volcánica marque buena parte de la vida económica y social del país.



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  • Islandia, un verdadero contraste entre el hielo y fuego

    Estamos en el aeropuerto de Ámsterdam en Holanda, a la espera de nuestro siguiente vuelo que nos llevará hasta Reykiavik. Aprovecho estas horas de espera para hablaros un poco de Islandia, este país tan peculiar. Vamos a ver porqué.

    Es una especie de enorme meseta con una altitud media de 500 metros. Una gran cantidad de fiordos recortan su costa, sobre todo al noroeste. Pero, ¿qué es lo que hace que Islandia sea tan especial? Esta isla se encuentra entre la  separación de las placas tectónicas Euroasiática y Norteamericana, en lo que se llama rift. En concreto, forma parte de la llamada Dorsal Mesoatlántica, que es la cordillera a lo largo de la cual la corteza oceánica se forma y se propaga. Además la isla se ubica sobre una gigantesca caldera magmática, donde se va acumulando el magma bajo la corteza terrestre. Es por tanto una isla de origen volcánico y hay una alta actividad geológica. Por otro lado, debido a la latitud elevada, tiene una gran extensión cubierta por glaciares, en concreto el 12% de la totalidad de la isla. ¿Os imagináis los efectos tan brutales que se producen cuando se enfrentan los dos elementos: fuego y hielo? Os hablaré de ello alguno de estos días.



    Este rift o separación de las dos placas continentales cruza a Islandia de suroeste a noreste. ¿Sabéis que se separa 3,5 centímetros al año? Muy significativo y asociado al rift son los volcanes activos que hay. En Islandia tiene lugar una erupción volcánica como media, cada cuatro años. La última, la del Eyjafjalla la primavera del año pasado.

    Los volcanes más importantes son el Hekla con 1477 metros de altitud y Laki. Este último es el volcán de fisura más largo del mundo, tiene 25 kilómetros de longitud y más de cien cráteres.



    En el interior de Islandia hay grandes extensiones desérticas de basalto, de coladas de lavas petrificadas procedentes de diferentes erupciones, de cenizas y en general de todo tipo de rocas volcánicas. Podéis observar todos estos elementos en estas fotos que os dejo: subiendo al Hekla veis la cantidad de cenizas volcánicas que cubren todo, en la panorámica de Laki comprobáis como se pierde la vista con esta extensión kilométrica del volcán de fisura, y en la de detalle observáis cómo son las coladas de lava. Fijaros que aquí todo es… podríamos decir que “a lo grande”. Iros acostumbrando a eso por estas tierras.





    Os hablaba más arriba sobre la latitud elevada de este país. Fijaros que la parte más septentrional de la isla, casi toca el Círculo Polar Ártico que es el paralelo ubicado a latitud 66º 33’ N. En verano, en latitudes superiores a dicho paralelo hay luz durante las 24 horas del día… luego en invierno noche durante las 24 horas. De alguna manera se dice que la duración del día es de 6 meses y la de la noche otros tantos. Aquí, como prácticamente alcanzamos dicho círculo Polar, no son 24 horas con luz, pero casi. Eso es en verano, ahora estamos en la primavera, así que tendremos algunas horas de noche, ya que estamos en el cambio de la noche casi completa al día total.
    • Islandia, un verdadero contraste entre el hielo y fuego
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  • El Snaefell en Islandia… del clásico Julio Verne

    Vosotros que sois unos verdaderos aventureros seguro que habéis leído a Julio Verne. ¿Sabéis que yo cuando tenía vuestra edad ya me había leído todas sus novelas…? Me imaginaba que era un personaje de ellas y hacía todos esos fantásticos viajes. Aprendí muchísimo mientras “soñaba despierta”.

    Una de sus novelas es “Viaje al centro de la Tierra”. En ella aparece el Snaefell en Islandia. Os adelanto que es un volcán, cubierto por un glaciar, el llamado Snaefellsjökull. Para que os comiencen a resultar familiares estos nombres islandeses os diré que “jökull” significa “glaciar”, por tanto analizando la etimología de la palabreja Snaefellsjökull, entendemos fácilmente porqué llaman así al glaciar que cubre el Snaefell.

    ¡Sí!, habéis leído bien, es un volcán cubierto por un glaciar. Esta situación es muy habitual en este país vikingo. Podemos decir que Islandia es una tierra de hielo y fuego. Ya os hablaré de ello otro día.

    Os dejo aquí unas fotos del Snaefell y su glaciar. Y las preguntas de hoy: ¿qué tiene que ver este volcán en la novela de Julio Verne?, ¿la habéis leído o conocéis alguna otra?, ¿qué novela os gusta más de Julio Verne?





    ¡Ah!, por cierto, a vuestro regreso de vacaciones de Semana Santa, nos conoceremos. ¡Sí!, os conoceré personalmente a todos. Tengo muchas ganas de ver en persona a mis expedicionarios virtuales. Os habéis dado cuenta que habéis empezado con una expedición a la Antártida y termináis con una al Ártico, tras pasar por la Patagonia. No está nada mal para ser la primera vez, ¿verdad?

    ¿Sabéis que pasáis de latitud 62ºS a 64ºN? Hablando de esto…, completadme el trabajo de hoy, aprendiendo a manejaros con las coordenadas geográficas, la latitud, la longitud, y aclarándoos con los meridianos y los paralelos. Ya me contaréis qué tal.
    • El Snaefell en Islandia… del clásico Julio Verne
    • El Snaefell en Islandia… del clásico Julio Verne

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  • Una especie de válvula de escape: Islandia

    Os decía ayer en los comentarios del artículo anterior, que os iba a dar una buena noticia. Me preguntabais sobre la adaptación a la vida del mundo civilizado después de la expedición antártica y os comentaba que es duro. Es siempre duro el regreso. Lo más difícil es adaptarse de nuevo a vivir en un mundo lleno de egoísmos, donde se ha perdido totalmente el trabajo en equipo. Es tan bonita la camaradería…

    Lo que nuestra sociedad ha olvidado totalmente es un secreto, que es la clave para ser más feliz. Y es muy sencillo, pero de tan asequible que es, se ha dejado perdido. Se trata simplemente de pensar un poco en los demás, en los que nos rodean, de tratar de hacer a las personas de nuestro entorno felices. El resultado es inmediato, repercute directamente en nosotros y nos hará sentirnos mejor. Y en este ambiente es fácil desarrollar un trabajo en equipo, olvidarse de las individualidades y los egoísmos.

    El compañerismo y un buen trabajo en equipo generan mejores resultados, entusiasmo, satisfacción… A través de la solidaridad se expresa la cohesión, y cuanta más coherencia haya, mejor funcionará el equipo.

    Pero bueno…, no era esto lo que os iba a contar. Os decía que en medio de esta adaptación al mundo civilizado, tengo una pequeña ayudita que me va a favorecer a esta aclimatación. ¿Sabéis cuál es? ¡Nos vamos a Islandia! Unos poquitos días nada más, pero es una especie de válvula de escape para asimilar el brusco cambio.

    ¿Qué es lo que ha pasado? Os cuento. Recordáis que a la salida de la Antártida, estuvimos trabajando en la estación de medida que tenemos en Patagonia. Allí descubrimos que tenemos problemas con una de las sondas y decidimos ir en mayo a cambiarla, para no generar lagunas de datos en las series que estamos midiendo.

    Bien. Pensando, pensado…, ese equipo de Patagonia es de la misma antigüedad que los que tenemos instalados en Islandia (unos y otros son los que nos quedan más antiguos en las estaciones de GLACKMA). A Islandia pensábamos ir para el año próximo a hacer una reinstalación de los equipos de medida…, pero no queremos correr el riesgo de dejarlo para el próximo año y encontrarnos con la desagradable sorpresa de tener la estación sin funcionar. Queremos hacer todo lo que esté en nuestras manos para no perder la continuidad de las series temporales generadas.

    Así que hemos cambiado completamente los planes. En principio iba a ser una primavera tranquila, hasta el verano que saliéramos al Ártico. En mente teníamos poder disponer de tiempo para trabajar con los datos que estamos generando, preparar proyectos… porque necesitamos buscar financiación, y actualizar un montón de quehaceres acumulados durante nuestra ausencia.

    De la primavera “tranquilita” nos hemos pasado a una primavera sin un mínimo respiro. Salimos ahora para Islandia (del 6 al 19 de Abril), a principios de mayo tenemos un congreso en Alemania -con los participantes del proyecto Europeo con el que trabajamos en la estación de la Antártida-, y después de mediados de mayo a mediados de junio, regresamos a Patagonia para reponer la sonda que ha dejado de funcionar. ¡Vaya! En un abrir y cerrar de ojos, se acabó la tranquilidad.

    Os podéis imaginar que los preparativos en tan poco tiempo –y estando todavía con el cansancio de la campaña antártica- están siendo de locura. La intranquilidad interior aumenta al ver cómo las cosas atrasadas no se van a poder actualizar en los próximos meses, e incluso van a seguir aumentando. Como actualmente sólo tenemos vigente el proyecto europeo que cubre los gastos de la estación de la Antártida, nos toca a nosotros realizar la aportación económica correspondiente a estas salidas de improviso a Islandia y Patagonia. Por si fuera poco, ahora más que nunca que necesitaríamos dedicar tiempo y esfuerzo para buscar financiación, no podemos hacerlo. Nuestra conciencia nos empuja a salir a “arreglar” las estaciones, para no perder la continuidad de estas dos estaciones de medida.

    Como veis el panorama que tenemos delante no es el mejor. Pero como ya nos vais conociendo un poco de esta pasada expedición antártica, sabéis que no nos damos por vencido fácilmente. Y de todo, siempre nos gusta quedarnos con lo positivo. Y ¿qué es lo positivo ahora? Que disfrutaremos de nuestra mini-expedición a Islandia y la consideraremos como un pequeño escape para que la adaptación a la civilización sea menos durilla. Visto así, tampoco está tan mal, ¿verdad?

    Aunque no tengamos internet, os mantendremos al corriente de lo que hagamos a través del teléfono satelital, y Gildo -el socio de GLACKMA encargado de la comunicación- os irá subiendo al Blog las crónicas. ¡Así que estaremos en contacto!

    Llevo un ratito pensando con qué foto os puedo acompañar este artículo. De mi mesa llena de papeles o de mi mente con la inquietud de los trabajos pendientes… no tiene sentido. Se me ha ocurrido que podemos hacer como en el teatro. Vamos a cambiar de escenario, pues pasaremos de hablar de la Antártida a narrar el viaje a Islandia, por lo tanto necesitamos un telón. ¡Sí!, un telón de la naturaleza os voy a dejar. Es el cielo antártico al amanecer, unas horas antes de tener que embarcar en el Lautaro (os acordáis del barco con el que regresamos a Punta Arenas, ¿verdad?). Fue un amanecer espectacular que nos brindó la Antártida como despedida, ¡inolvidable! En aquel momento fue ya una especie de telón, anunciándonos un cambio de escenario. Ahora lo volvemos a utilizar aquí en el Blog.

    ¡Espero que os guste! Si eso sólo es un trocito de cielo… imaginaros lo espectacular que fue mi último amanecer antártico de esta pasada campaña.

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  • El color azul del hielo

    Si os pregunto, ¿de qué color es la cerveza? Me diréis rápidamente: “amarilla”. Y os vuelvo a plantear una cuestión: ¿y su espuma? “Blanca” me diréis todos a coro.

    Y ¿qué es lo que ocurre? Es muy sencillo, el aire es el que le da ese color blanquecino.

    Con el hielo pasa lo mismo, su color es el azul. El hielo es azul. Pero en la superficie lo vemos blanco porque debido al llamado “efecto de borde” -que no es más que una relajación de tensiones en la masa helada-  se forman pequeñas fisuras que se van llenando de aire y nos da ese aspecto más blanquecino. Por eso, por ejemplo, en el frente de un glaciar justo en el momento de producirse un desprendimiento, el hielo que queda en la pared -al descubierto- lo vemos azulado. Después, conforme va pasando el tiempo, y el aire va entrando en esas pequeñas fisuras generadas, adquiere el color azul.





    De la misma manera en la superficie del glaciar vemos el tono más blanquecino y en el interior de las grietas, cuanto más recientes sean, más azuladas las veremos. Cuando descendemos en los moulins o sumideros en el glaciar, pasa lo mismo, del color blanquecino de la superficie vamos pasando gradualmente a un azul, cada vez más intenso… ¡Qué decir, qué es una verdadera maravilla internarse en las entrañas de un glaciar! Os lo estaréis imaginando…



    • El color azul del hielo
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  • Icebergs, growlers y brass, ¿qué es esto?

    Por lo que habréis ido observando a lo largo de toda esta expedición ya sabéis que cuando el frente de los glaciares alcanza el mar, se van desprendiendo continuamente fragmentos, los llamados "growlers", que navegan por las aguas arrastrados por las corrientes marinas o por el viento, o según el tamaño quedan varados, hasta que se van extinguiendo.

    ¿Distinguimos los icebergs, “growlers” y “brass”? Todos son fragmentos de hielo en el mar pero se diferencian por su tamaño.

    - Los icebergs o témpanos tienen forma tabular y son los más grandes, pueden tener desde 1 kilómetro cuadrado hasta varios miles de kilómetros cuadrados, ¡sí, sí, he dicho varios miles! Aquí os dejo una foto de uno de ellos pequeño, y otra de un detalle al aproximarse… ¡Fijaros qué maravilla!





    - Los growlers son de forma variada y poseen un tamaño intermedio, desde unos 50 metros cúbicos hasta un kilómetro cuadrado. ¿Sabéis? Growler significa gruñón. Y es que cuando se acumulan en las bahías, el sonido que producen es similar al de un tren lejano que no llega nunca.



    - Finalmente, los más pequeños se conocen como brass y pueden tener cualquier forma. Su tamaño oscila entre el medio metro cúbico hasta los 50 metros cúbicos. Lo que significa la palabra brass es escombro. ¡Clarísimo, por tanto!, ya no se nos va a olvidar nunca.



    Pero los frentes de los glaciares no se quedan inmutables cuando han perdido un fragmento, un ruido ensordecedor resuena en toda la bahía, acompañado de un eco que prolonga su duración. Inmediatamente tratas de descubrir dónde se ha fragmentado, la pista es evidente: en el frente blanquecino del glaciar un tono azulado del hielo no puede ocultar el lugar del incidente. Este proceso es llamado “calving” en glaciología.

    Os propongo una especie de adivinanza para que la penséis en los próximos días y hagáis vuestras averiguaciones: ¿por qué queda ese tono azulado en el frente del glaciar dónde se ha producido recientemente un desprendimiento?
    • Icebergs, growlers y brass, ¿qué es esto?
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  • Un verdadero paraíso: la pingüinera de Ardley

    Uno de los sitios más bonitos y que siempre me gusta visitar cuando voy a Rey Jorge en la Antártida, es la isla de Ardley. Esta pequeña isla está unida a Rey Jorge con un istmo, que  estando pendientes de las tablas de mareas te permite cruzar a ella sin necesidad de zodiac.

    Se puede llegar al istmo por un camino más largo o por un atajo. A mí me gusta este último, se avanza por el borde la playa y después hay que hacer una trepada por una zona de acantilados en la costa. Desde lo alto la vista es maravillosa, alguna foto nueva siempre hago cada vez que subo.



    Antes de alcanzar el istmo, hay una playa que suele tener focas de Weddell. Me gusta observarlas. De cuerpo redondeado, moteado, más oscuro por el lomo y más claro por los flancos y el vientre, pueden llegar a alcanzar los 3 metros. Con su cabeza pequeña, casi sin cuellos y sus ojos saltones, su expresión es… ¡de niña buena!





    Tras atravesar el istmo y avanzar por el interior de la isla, me maravilla siempre la cantidad de musgo que cubre una buena parte. Parece una verdadera alfombra de un gran espesor y entretejida con una gran gama de verdes. ¡Qué resistentes son! Expuestos a la rudeza del invierno de la zona y cubiertos por varios metros de nieve, aparecen de nuevo en el verano, frescos como si nada hubiera pasado.

    En un pequeño risco y antes de llegar a la pingüinera, hay un montón de nidos de petreles gigantes. Me encanta observarlos de cerca, sus peculiares picos… y maravillarme cuando extienden sus alas y con esa gran envergadura comienzan a volar. ¡Quien pudiera...!





    Avanzando un poco más, se alcanza el cerro donde se encuentra el faro de Ardley. Es peculiar esta imagen de la isla con su faro en la parte más alta de la misma, rodeado de pingüinos. De lejos parece una cabeza rapada con algunos pelos de punta.





    Si bien a lo largo de todo el recorrido uno ya se va encontrando con pingüinos, al adentrarse en esta zona uno cree internarse en un verdadero santuario de pingüinos. Miles de estas simpáticas aves habitan la isla. Se pasan la mayor parte del tiempo en el mar, donde muestran sus fantásticas habilidades. Son gregarios y muy sociables. Las especies que aquí hay son: el pingüino barbijo, el adelia y el papúa. Todas ellas alcanzan un tamaño aproximado de 70 cm., y durante el invierno emigran a regiones donde el mar está descongelado ya que se alimentan de peces, pequeños crustáceos y cefalópodos. Regresan a las pingüineras a mediados de octubre. Ponen dos huevos y la incubación se realiza por los dos integrantes de la pareja, alternándose. Las crías de los adelia siempre van algo más adelantadas y son algo más grandes.







    Es todo un privilegio avanzar entre los nidos, por las zonas más despejadas para no molestarlos, siempre muy despacio, en medio de riscos próximos al mar y con el casquete glaciar de la isla Nelson como telón de fondo.





    Adentrarte en este paraje tan espectacular, rodeado de ellos, viendo que no los perturbas, escuchando sus cánticos,… hace que te sientas como en otro pequeño paraíso. No sé, pero es tan extraño a veces, pensar que tantos lugares dentro de la Antártida me hacen percibir esa sensación de tranquilidad, de paz. Es como si el tiempo se detuviera y te adentraras en un lugar mágico. Tengo la sensación de ser una niña entrando en uno de sus cuentos preferidos y encontrando real todo lo que su imaginación pudo algún día crear.





    Observándolos y observándolos me quedo ensimismada, el tiempo se pasa volando y cuando me quiero dar queda el tiempo justo para regresar cruzando el istmo antes de la subida de marea.
    • Un verdadero paraíso: la pingüinera de Ardley
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