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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Inolvidable visita al Marqués de Valero en Béjar

    Todavía estoy sonriendo por dentro y también por fuera. Fue una visita inolvidable, son de esas cosas hermosas que se te quedan grabadas en el interior para siempre.

    Os tengo que hablar de Isabel, profesora que da clases actualmente en el colegio Marqués de Valero en Béjar, y es la fantástica “culpable” de estas experiencias tan lindas tanto para los pequeños como para mí. Nos conocimos ya hace tiempo, entonces ella daba clases en otro cole, La Antigua también en Béjar. Fue a raíz de GLACKMA, nuestras expediciones y la labor de divulgación que hacemos con los más pequeños en los colegios, en concreto en nuestra primera campaña con los coles, que llamamos ¡Ven a la Antártida! A través de mi Blog, llevé un montón de expedicionarios virtuales a la Antártida, durante varios años, porque la experiencia era fabulosa. Os dejo aquí un enlace de una de esas campañas que prepararon en el cole y ahí los veréis en la foto, todos ilusionados esperando mi llamada desde la Antártida con el teléfono satelital: Ven a la Antártida 2013

    ¡¡Toda una gozada para ellos y para nosotros!! Todavía ahora, viendo esa imagen de los pequeños ahí esperando delante del teléfono, me emociono no os imagináis cómo…

    Isabel y yo hemos seguido conectadas y siempre que ha sido posible he visitado a “sus chicos” o me han visitado a mí. Como una vez que venían de una actividad de Valladolid -de ser diputados por un día- e Isabel les tenía una sorpresa preparada: parada en Salamanca y encuentro con Karmenka. En otra ocasión el encargado de la sorpresa fue el destino, coincido con ella y uno de sus grupos, esquiando en la Covatilla. Es una profesora muy activa y siempre les está organizando actividades para motivarlos. Como yo les decía ayer, que son unos verdaderos afortunados de contar con una profe así.

    Bien, hecho este preámbulo, os cuento que el pasado martes hice una visita a los de 6º del Marqués de Valero. Ellos sabían de mí a través de Isabel que les cuenta cosas de GLACKMA, les enseña fotos, vídeos, leen cosas del libro Diario Polar… Vamos, que perfectamente sabían quien era yo. Pero como siempre, aparezco de sorpresa, de esas que tanto le gusta organizar a su profesora.

    Estaban en el patio finalizando el recreo y es cuando llego yo para ir a su clase. Os podéis creer que en un patio enorme y lleno de muchachas y muchachos correteando, gritando, riendo, jugando… ¡me descubren! No tardaron nada en verme, avisarse unos a otros y salir corriendo en grupo hacia mí, para fundirse en un abrazo gigantesco. ¡Qué bonito fue! Era cómo si me conocieran de toda la vida…

    Estuve con ellos en clase casi hora y media, hablándoles, contándoles cosas, contestándoles a sus interminables preguntas, dudas, curiosidades… Eran todo ilusión, ganas de saber, de descubrir, de conocer, curiosidad infinita, felicidad inmensa, admiración total…

    Después Isabel me bajó a ver a un grupo que tiene de 2º, a quienes también les había hablado de mí, empleando el libro Diario Polar. ¡¡Qué caritas las de los peques de 7 y 8 años!! En serio, ¡¡inolvidables!! Se quedaron paralizados al verme, pues para ellos era un personaje de un libro. Comenzaron a reaccionar y a querer saber y a mi pregunta de “¿quién se quiere venir conmigo en la próxima expedición?”, no hubo ninguna mano que quedara sin levantar.

    Expedicionarios del Marqués de Valero, id preparando vuestra mochila que ya sabéis que os llevamos con nosotros en la próxima expedición a Islandia y al Ártico Sueco, desde primeros de mayo hasta mediados de junio. ¡¡Nos vemos!!

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  • Paciencia y astucia en el Ártico

    Casi con el pelaje de invierno

    Me cautivó desde el primer día que lo vislumbré a una distancia kilométrica. Era como una hermosa estrella fugaz con la que te sentías afortunada, pero tan sólo durante unos segundos. La magia desaparecía rápidamente. Pasaban los días y deseabas volver a tener esa misteriosa aparición. Cuando esto ocurría casi te daba miedo hasta de respirar, creyendo que tu hálito era el causante de la estampida de tan sutil criatura.

    Pasaron días, semanas creo, hasta que me atreví a coger la cámara e intentar capturarlo con el zoom… Tenía miedo de que cualquier movimiento, de que cualquier ruido, pudiera perturbarlo antes de tiempo y robar así unos segundos del enigmático instante. Incluso con el zoom las fotos resultantes eran para tirar, un puntito en medio de la inmensidad de la tundra. Ese era mi anhelado zorro ártico que casi había que imaginar en la foto.

    Todo esto ocurría en el 2001 durante mi primera expedición a Svalbard, en concreto a 79ºN en el glaciar Austrelovenbreen, donde instalamos la primera de las estaciones de medida de descarga glaciar, de la red que actualmente tenemos en GLACKMA. Fueron casi tres meses de trabajo y trabajo y más trabajo y muchas veces sin el equipo adecuado para realizar esas tareas a la intemperie en aquel lugar, en aquel glaciar, en aquel río con agua casi helada… No os voy a hablar de esto ahora, si tenéis curiosidad lo podéis leer en el Diario Polar. Esta anotación es para centraros el momento, una expedición de casi tres meses de duración en medio de la naturaleza, integrados en ella completamente y con la mente en el trabajo por sacar adelante y por supuesto en el disfrute de la naturaleza, del entorno mágico del Ártico y rodeados de paz.

    Semana tras semana, con agrado iba comprobando que la distancia que me guardaba mi enigmático amigo se iba reduciendo. Cada metro que conseguía eliminar, sonreía en mi interior… Poco a poco y con paciencia, las fotos empezaron a salir. A lo largo de esos tres meses de verano pude comprobar cómo su pelaje estival -con tonos castaños y marrones para camuflarse al andar sobre la tundra- iba pasando al blanquecino del invierno que le permitiría pasar desapercibido sobre la nieve.

    Mi paciencia iba dando resultado, merodeaba ya el campamento, andaba entre las tiendas, primero cuando no estábamos por allá y después, incluso con nuestra presencia. En la cercanía había que tener un cuidado exquisito, cualquier movimiento un poco rápido implicaba perderlo a toda velocidad. Ahí, si que la respiración tenía que ser pausada… su sensibilidad era brutal, cuestión de supervivencia, ¡está claro! Cuando recibíamos tan grandiosa visita, me gustaba quedarme quieta, tumbada en la tundra observándolo, buscando sus ojos con los míos y a partir de ahí establecer una especie de conexión. Yo percibía que nos comunicábamos…

    Cuando quedaban un par de semanas para dejar el campamento y finalizar la expedición, aparecieron unos franceses en una base cercana. Ellos estuvieron solamente unos pocos días y como habitaban en base y ahí no tenían problema con la posible visita del oso polar, llevaban comida “de verdad”. La nuestra era toda liofilizada para no atraer con el olfato al rey del Ártico pues seríamos deseables para él. Al irse nuestros vecinos franceses, les sobró un trozo de queso que nos regalaron. Si no habéis estado tres meses a base de cremas hechas con comida liofilizada, no sabéis lo que es desear un trozo de comida sólida para morder, masticar, digerir…

    Probé el queso, por supuesto, además es que ¡¡¡me encanta!!! Pero en seguida mi mente pudo más que el deseo y dio órdenes en mi interior para guardar mi ración y echarle un pulso a mi nuevo amigo ártico. Os imagináis, ¿no? Comencé a dejarle pequeños trocitos allí en medio del campamento… se acercaba y los comía. Poco a poco mi posición estaba más próxima a esos trocitos… el zorrito se acercaba, guardaba su distancia prudencial y después con un movimiento veloz y casi invisible, se los llevaba y los devoraba a la distancia a la que él consideraba de seguridad.

    Teniéndolo así de mal acostumbrado a estos regalitos, llegó el gran día. Esta vez sólo un pedacito y lo tengo yo en mi mano, tumbada en la tundra… Así lo estaba esperando. Se acercó dejándome su entorno de protección, me rodeaba, me miraba, nos mirábamos, iba, venía… Yo allí quieta, casi sin respirar, con mi paciencia infinita y con la completa seguridad de que lo iba a tener cerca, muy cerca… No sé el tiempo que pasamos allí jugando los dos. Lo recuerdo ahora y sonrío, me emociono…

    Al final mi paciencia venció a su astucia, o mejor dicho, él sabía que no había peligro, en otro caso, no lo hubiera hecho. Yo tumbada, mi mano extendida con el trocito entre mis dedos. El zorro ártico, que tenía su pelaje ya muy gris blanquecino pues el verano estaba a punto de finalizar, se posicionó finalmente frente a mí. Nos miramos, con mis ojos le transmití que ese trozo era suyo, sólo tenía que cogerlo, nada iba a pasarle. Me entendió. Avanzó despacio, con su mirada siempre clavada en la mía. Sentí que me dejaba entrar en su mundo misterioso… Fue algo mágico. Agarró con sus dientes el trocito de queso con corteza, lo mantuve con fuerza un instante, las miradas se hicieron más penetrantes, después aparté la mía de la suya, miré al queso, aflojé la resistencia de mi mano y se llevó victorioso el trocito.

    Al escribir estas líneas ahora -a pesar de la distancia en el tiempo- las sensaciones y emociones experimentadas las percibo en mi interior con la misma fuerza, capaces de conmoverme de nuevo y de provocar en mí un viaje en el espacio y en el tiempo e inmiscuirme de nuevo en aquellos mágicos e inolvidables instantes. ¡Qué fantástica es la naturaleza!

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  • Y el velero… pronto a son de mar

    Os escribo este artículo, todavía con la emoción pululando por mi interior pues el último fin de semana que estuve trabajando en él, me dejó huella. Presiento que esa marca quedará impresa en esta última etapa de trabajos de astillero.

    Ahora creo que no erraré en los cálculos de previsión para verlo en aguas del Cantábrico. En la próxima primavera tened por seguro que ese velero, que parecía escribir una historia interminable, surcará las aguas que tan cerca ha tenido durante tres años completos. ¿Qué son ahora unos meses?

    Los que no habéis leído antes sobre esta aventura, os dejo los enlaces en orden cronológico para poneros al día, por si sentís curiosidad: Un velero, una ilusión;  Trabajos de astillero;  Y, ¿el velero?... Una historia interminable;  Un astillero en toda regla.

    Como ya sabéis los que vais siguiendo algo de lo que escribo, me gusta la sinceridad y transmitir lo que siento. Pues debo confesaros que al ir buscando esos enlaces del párrafo anterior, no pude menos que volver a leerlos… Emoción tras emoción. ¡Qué increíble historia! No me puedo creer que haya sido real, que sea real. Que haya sido un personajillo de ella, que sea todavía ese personajillo. Parece una historia inverosímil.

    El camino no ha sido fácil, no es sencillo. Junto con el desconocimiento inicial y por completo de todos los oficios relacionados con su rehabilitación, se unen problemillas que surgen en el club náutico a lo largo de este tiempo, por lo de siempre, porque las personas somos como somos… ¿qué os voy a decir? Juntad a ello el machismo que no terminamos de limpiar en nuestra sociedad y os podéis hacer una idea de las dificultades que se han añadido a los trabajos de astillero. Pero no es de eso de lo que os quería hablar. Simplemente soy consciente una vez más, de que con tenacidad, perseverancia y creencia en nuestros sueños, podemos lograr todo lo que nos propongamos. ¡Quedémonos con esa faceta humana!

    Además de emocionada, estoy muy feliz. Una parte de ese sueño está cada vez más próxima a ser real. Es esa magia que envuelve los momentos en los que casi has logrado inmiscuirte por completo en tu sueño y se funde con la realidad.

    ¡Qué ganas de sentir la mar, el avance del velero con el viento, el sonido del casco deslizándose por el agua! Llenarte de libertad, de soledad, de vida, de aventura… ¡Qué ganas más tremendas!

    • Pronto a son de mar

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  • Generosidad infantil... Emocionante!!!

    La satisfacción por las conferencias del fin de semana pasado en León y La Robla, no terminó como os narré en el último artículo… ¡Todavía hay más!

    En esta semana hemos recibido una gratificante noticia. Una de las niñas asistentes a la conferencia de La Robla, con tan sólo nueve añitos, es la gran protagonista.

    ¡Sí! Escuchad con atención. Esta pequeña, decide por sí misma dejar de comprarse unos cromos que está coleccionando para, a cambio, afiliarse a GLACKMA. ¡Emocionante!, ¿verdad?

    No es necesario adornar más este artículo. Significa tanto este hecho de sinceridad y generosidad infantil, que sólo espero os transmita tanto a todos los que seguís este blog, como lo que ha sido capaz de mover en mi interior.  

    • Frente al ayuntamiento de La Robla, antes de empezar la conferencia

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