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Blog: Karmenka desde los Polos

  • La fuerza está en la cabeza

    Embarcamos en el ferry en Hirtshals (Dinamarca) el día 6 a las 15:00 horas y tras una navegación tranquila en la que aprovechamos para adelantar trabajo de gabinete, alcanzamos Tórshavn (Islas Feroe) dos días después a las 5:00 de la madrugada. Una parada técnica de ocho horas en la que mientras desembarcan algunos pasajeros y embarcan otros, aprovechamos para salir a estirar las piernas un poco. Prosigue nuestro viaje con el mar tranquilo y al día siguiente a las 9:00 de la mañana alcanzamos Seydisfjördur, al noreste de Islandia.

    La entrada por el hermoso fiordo islandés ya nos anuncia que aquí aunque sea primavera, las condiciones son más parecidas a un inverno de nuestras latitudes. Todavía queda nieve en las zonas altas y el contraste entre el negro del terreno volcánico y el blanco de la nieve genera un paisaje maravilloso en estas grandes extensiones despobladas. Numerosas cascadas que van llenas de agua en esta época comienzan a aparecer cortando los acantilados de coladas de lava. Detalles que no pierde Carlos para grabar con su equipo de cámaras fijas y con el dron. Viene feliz a los glaciares pues aunque ya ha realizado varias inmersiones en las regiones polares, es la primera vez que llega equipado con un equipo de grabación como siempre ha deseado. El apoyo de Panasonic para los equipos de filmación y de Mountain para procesar con un buen ordenador todas esas imágenes es fundamental.

    Son 450 kilómetros los que nos separan del lugar donde vamos a establecer el campamento en el sureste de Islandia. En concreto en la lengua glaciar Kviarjökull del casquete glaciar Vatnajökull. Aunque no es muy larga la distancia, el recorrido nos llevará prácticamente todo el día, pues la carretera es pequeña, con curvas y aunque la velocidad máxima es de 90 km/hora, muy pocas veces podemos llegar a alcanzarla. Con paradas las justas para que en puntos concretos Carlos pueda filmar, avanzamos sin tregua, pues la predicción anuncia que el tiempo va a cambiar esta misma noche. Llegan al parecer varios días de lluvia continua, copiosa y vientos fuertes. Queremos dejar instalado el campamento en seco si es posible, para conseguir tener el material seco.

    Llegamos al lugar de nuestro campamento, ya al final de la tarde. Atravesamos con el Defender la zona de antiguas morrenas colonizadas por una espesa tundra, seleccionamos el punto donde instalar el campamento y nos ponemos manos a la obra con la instalación de las tiendas. Toda esta llegada la podréis ver con vuestros propios ojos, pues en esta ocasión los detalles han quedado grabados.

    Comenzamos primero instalando una tienda grande que será donde almacenemos el material, cocinemos y establezcamos el lugar de trabajo con ordenadores. Antes de terminar de colocar esta primera tienda, la lluvia anunciada nos viene a saludar. La temperatura que no es muy alta, el viento que comienza a soplar y la lluvia cayendo con fuerza, hacen que las manos pierdan tacto rápidamente. No solo las manos, en un abrir y cerrar de ojos, el cuerpo siente como las condiciones no son las más adecuadas para estar a la intemperie. Pero hay que seguir.

    Terminada la instalación de la tienda grande, decidimos montar solo una de las pequeñas, para dormir el primer día nos arreglamos y si mañana tenemos un rato más tranquilo completamos con la segunda tienda pequeña. Bajo la lluvia intensa que cae, decidimos no andar vaciando todas las cosas del todoterreno y para comer algo caliente nos conformamos con un vaso de leche liofilizada, que es lo que tenemos a mano. Con la leche realizando su efecto confortable en el cuerpo, rápido a los sacos y empezar a entrar en calor para poder descansar. Ese, tan sencillo pero necesario en estos momentos, es nuestro siguiente objetivo. Compartimos tienda pequeña Adolfo y yo para dormir y de momento queda Carlos en la grande de campamento, hasta que mañana completemos con la otra tienda y nos reubiquemos. Siento como poco a poco voy entrando en calor, el agua golpea con fuerza la tienda y el viento la bambolea a su capricho. “Ojalá pase pronto este temporal”, pienso para mis adentros y enseguida me quedo dormida.

    No son ni las 4:00 de la madrugada cuando me despierta la voz de auxilio de Carlos llamando. Algo está pasando. Salgo del saco, cojo la ropa todavía empapada que había dejado en la entre-tienda al sacármela ayer y me la pongo encima sin pensarlo dos veces… fría, mojada, ¡puf! Al salir de la tienda, veo el nuevo problema que nos llega, el viento ha roto la tienda grande, Carlos está tratando de que no vuele y recogiendo el material que en ella teníamos. Nos ponemos manos a la obra, perfecta coordinación, salvar primero el equipo y guardarlo a salvo en el Defender. Todo ello sin que la tienda vuele, plegándola a continuación y recogiéndola provisionalmente en el coche para tratar de repararla en el futuro.

    Paso siguiente, acondicionar un hueco en el todoterreno para que Carlos pueda completar la noche ahí. Quedando ubicado y seco en el coche regreso a mi sitio, veo que son ya las 6:00 de la mañana. De nuevo dejar toda la ropa mojada en la entre-tienda para volverla a poner mañana empapada. Acurrucada en el saco, tratando de entrar en calor, sintiendo la lluvia en el exterior que no cesa y las ráfagas fortísimas de viento, trato de entrar en calor de nuevo para dormir algunas horas más. Pero apenas lo logro, el ruido generado por el viento bamboleando y sacudiendo la tienda no me lo permite.

    Nos levantamos de nuevo en medio de esta mojadura infinita, ahora sin tienda de campamento, preparar el desayuno caliente se hace más complicado. Queda Adolfo en la tienda pequeña, metido en el saco para no coger demasiado frío y Carlos y yo con el Defender vamos a la gasolinera más cercana, para comprar combustible para los hornillos de cocina y para cuando podamos encender el generador con el fin de cargar baterías.

    El viento sigue incrementándose, la carretera la han cortado debido a que pueden volcar vehículos por las fuertes rachas -no es la primera vez que esto ocurre aquí-. Tenemos rachas de hasta 200 kilómetros por hora. Cuando regresamos Adolfo está ya al límite manteniendo la tienda pequeña bajo la lluvia y el viento. Mojados, sin tacto ninguno en las manos, aseguramos la tienda. Nos las ingeniamos para preparar algo de comida caliente rápida, tenemos que meter combustible al cuerpo. No queda otra alternativa.

    Parece que la previsión meteorológica se está cumpliendo. Anunciaban 4 ó 5 días así. No nos queda más remedio que aguantar. En estas condiciones adversas completamente, la fuerza está en la cabeza. A todos nos apetecería estar calentitos, secos, con una buena comida, sin frío…, pero desde la mente somos capaces de crear la resistencia necesaria para superar esto en equipo. Todos remando en la misma dirección es la mejor forma posible para salir delante de esta situación complicada y adversa por la meteorología.

    • Jokulsarlon

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  • Llegamos encharcados a Punta Arenas


    De nuevo en Punta Arenas tras regresar del Hielo Patagónico Sur. Agua, agua y más agua… así fueron nuestros últimos días por el Parque de Torres del Paine. Días agotadores. Os escribo estas líneas antes de echarme a dormir tras una ducha y cena reconfortantes. Mañana será otro día y seguro que después de un sueño reparador se verán las cosas con mejores ojos.

    Descansada ya, leeré mañana todos los comentarios en el blog que nos habéis escrito esta semana. Recordaré con cariño las entrevistas que me hicisteis a través del teléfono satelital cuando lea los resúmenes que de ellas habéis escrito para compartirlas con los demás expedicionarios… Todo eso lo dejo para mañana, quiero estar descansada y disfrutar de la lectura.

    Nos quedan unas cuantas gestiones por realizar hasta que tomemos nuestro primer avión a Santiago de Chile la mañana del próximo viernes 4 de marzo, para llegar a España al día siguiente por la tarde.
    En lo que respecta al material, lo primero es ponerlo a secar, ya que traemos todo chorreando. Debemos limpiar y lavar lo que quedará en nuestro “nido de material” de la Dirección de Aguas (DGA) y listarlo cuidadosamente antes de recogerlo. Por otro lado tenemos que coordinar muy bien con el personal de la DGA nuestro regreso a estas tierras para la reinstalación de la estación del glaciar Tyndall. Hay que dejar preparado material y organizada la logística para transportar los 200 kilos –al menos- que tendremos que llevar para esa expedición. Tendremos también que coordinar muy bien, cómo enviaremos desde España todo ese material que necesitaremos.

    En otro orden de cosas, tenemos pendiente impartir una conferencia divulgativa aquí en Punta Arenas, que nos la están organizando diferentes organismos. Les parece un tema muy interesante para dar a conocer. Y finalmente nos iremos juntando con los diferentes grupos de amigos que aquí tenemos, para irnos despidiendo de ellos.

    Muchas cosas para pocos días. Pero de momento por hoy, se acabó la larga jornada. Nos habíamos levantado a las 5:00 de la madrugada para retirar, todo mojado, el campamento. Recorrer el camino también bajo la lluvia hasta alcanzar la guardería Grey, donde los colegas de la DGA nos recogieron con el vehículo. Y desde allá, directos a Punta Arenas, recorriendo los 450 kilómetros -no todos asfaltados- que los separan. Por fin, después de andar toda la semana encharcados, dormir en seco será todo un placer. Estoy completamente segura de ello.

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