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Blog: Karmenka desde los Polos

  • ¿Por qué?

    El hoyo en la nieve helada avanza y por fin empieza a aparecer algo…

    ¿Qué es? Un tornillo de expansión comúnmente llamado bolt, de los que clavamos en la roca para sujetar la barra metálica a la que fijamos las sondas. ¡Eh! ¡¡Pero no está la barra!! ¿Qué pasa? Seguimos avanzando con el agujero en la nieve y aparece un segundo… y un tercero… y así llegamos hasta un sexto. Según va apareciendo cada bolt, dentro de mí recibo una especie de golpe, de sacudida.

    Parece que no está la estación y todo apunta a que haya sido una labor humana, no un efecto producido por la naturaleza. Si hubiera sido por una crecida importante del río, se hubieran aflojado los tornillos clavados para posteriormente soltarse la barra. Pero no, los bolts están ahí, completamente fijos. Siguen anclados en la roca porque estaban muy bien instalados. Da la sensación de que con una llave desenroscaron las tuercas y sacaron la barra metálica y con ella las sondas instaladas en el fondo del cauce del río.

    El tiempo se para. Tengo la sensación de estar atrapada en un silencio absoluto. Si tuviera que explicar qué es la nada, describiría este momento. A continuación es todo lo contrario, recorren mi mente en cuestión de segundos y a velocidad de la luz, un sinfín de imágenes que captan en un abrir y cerrar de ojos, todo el esfuerzo personal y económico que durante años ha supuesto el mantener esta estación que ya no existe y el trabajar en ella. Sacrificios, condiciones duras, muy duras a veces. Casi inhumanas en ocasiones, en serio, ¡creedme!. No me apetece ahora describirlas. Quién sabe, a lo mejor algún día, cuando el tiempo siga su avance imparable, me siente ante el ordenador y os narre algunas de las anécdotas de esta estación, que ya forma parte del pasado… Pero, ¿qué importa ahora?

    Datos perdidos desde el 2009, medidas cada hora registradas desde entonces… ¡¡Todo eso desaparecido!! ¿Por qué? ¿Por qué no nos han contactado antes? ¿Por qué? ¿Por qué?... No entiendo al mundo. No entiendo a la gente. A nadie le importa nada. Qué más da que el hielo se funda a toda velocidad…

    Cambiamos de planes. Ya no reinstalamos esta estación. No tiene sentido. Sin datos desde el 2009… No merece la pena seguir midiendo con esa laguna tan grande de datos. Con el teléfono satelital contactamos al helicóptero. Adelantamos nuestra salida. Mañana por la mañana nos viene a recoger.

    Tarde-noche preparando y embalando todo el material de nuevo para tenerlo listo a la llegada del helicóptero a la mañana siguiente. A pesar del ajetreo entre bolsas, equipo y cajas, ya no lo puedo ocultar más, ni mantener dentro de mí por más tiempo. Tengo que liberar del interior esa presión que a modo de latidos me sacude con fuerza. Esas lágrimas cómplices resbalando por mis mejillas son las encargadas de favorecerme ese escape … Me siento triste. Ya me animaré. Pero en este momento necesito entenderme a solas con esa desazón e impotencia. Claro que pasará y seguiremos adelante con nuevos planes y pensando en positivo, pero eso no implica que no pueda sentirme triste… La resiliencia está ahí y me empujará a seguir proyectando hacia el futuro, como no puede ser de otra manera. Esto terminará pasando a ser solo un desafío más. Pero en este momento toca mirar cara a cara a ese sentimiento de tristeza que en mi interior se ha generado.

    • No está la estación del Ártico Sueco

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