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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Lo imposible no existe

    Un momento en el tiempo pero una aventura inmensa en la mente. Eso es lo que guarda el instante de la fotografía de este artículo. Os cuento y me entendéis.

    En las diferentes facetas de la rehabilitación del velero a lo largo de estos cuatro años, han pasado una gran variedad de sensaciones por mi interior. Una de ellas la recoge esta imagen. Era ya historia la etapa del lijado completo del velero, del desarme de todo el interior y exterior, de los trabajos de fibra, del pintado del exterior, de la fontanería y alguna cosilla más. Me enfrentaba a la etapa de la carpintería de ribera. Lo mismo que con todos los oficios anteriores, no tenía ni la más mínima idea.

    Sentada en la bañera del velero -protegido con telas para no estropear su reluciente pintura nueva-, subo los primeros listones de madera que había encargado, ya de diferentes tamaños según a lo que pensaba destinarlos. Así sentada, saco esta fotografía, observándolos de frente y preguntándome “¿y ahora qué?, ¿puedo con esto?”. En aquel momento no sabía que esta imagen, un año después, me movería tantas cosas por dentro.

    Lo que os describo ahora no solo me ocurrió esta vez y no solo aquí en el barco, es una constante a lo largo de mi vida. No exclusivamente de adulta, ya desde niña me han acompañado estos retos que sin ser del todo consciente de ello, me autoimpongo. Ahora he comprendido que al actuar así desde pequeña, sin saberlo entonces, me he ido entrenando. Son esas circunstancias en las que afrontas retos que “parecen” imposibles.

    Según voy evolucionando y aprendiendo en la vida, cada vez estoy más convencida de que “lo imposible se puede hacer posible”. ¿Cómo? Es algo que tenemos dentro de nosotros. Un pensar y convencernos de que en realidad es posible, de que lo vamos a conseguir. Un visionarlo con todo detalle.

    Muchas veces son nuestros propios pensamientos y creencias los que nos limitan. En ese momento de la fotografía que ahora recuerdo con tranquilidad, me invadió un torrente de sentimientos de incapacidad, impotencia y desesperanza. Como mi sentir es tan intenso, me emocioné profundamente. ¡No pasa nada! Soy así y me conozco. También era consciente de que tenía que ser capaz de enfrentarme a esos sentimientos. Mi válvula de escape en situaciones así, es dejarlo todo e irme a hacer deporte. Darme una buena paliza de ejercicio físico, y si puede ser en plena naturaleza, los efectos benéficos que ello produce en mí se duplican.

    En esa ocasión de mi inicio con los trabajos de carpintería en el velero, al regresar “fresca” mentalmente de mi carrera y nado por la playa, volví a sentarme en el mismo lugar frente a la madera y la pregunta ya no fue: “¿Puedo con esto?”, sino: “¿Cómo puedo con esto?”.

    Es en esos momentos cuando se valora la efectividad de una fortaleza mental y emocional. Recordad que un ganador es un perdedor que jamás se dio por vencido. Lo primero que hay que hacer es convertir lo imposible en improbable y después lo improbable en posible. Todo ello sin perder ni la ilusión ni la confianza en uno mismo, y creyendo en nuestras propias posibilidades.

    ¡Claro! Después de esta historia, os apetecerá saber qué fue de esas maderas y otras muchas que fueron llegando a lo largo de un año… Pero el resultado os lo enseñaré, cuando ya en breve, os desvele el velero en su totalidad. ¡Creedme!, merecen la pena la paciencia y la espera…

    • Lo imposible no existe

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  • Quico Taronjí en el Duero

    Día veraniego todavía en invierno, Quico tiene previsto llegar a la presa de Villalcampo, en Zamora. En esta última etapa de navegación, se ve obligado a compaginar su reto con la presentación del programa “Aquí en la Tierra” de TVE-1 que se empieza a emitir los domingos. Ya sabéis también que Quico es uno de nuestros embajadores de GLACKMA, y lo apoyamos en este reto en solitario en el que está recorriendo el Duero en paddle surf. Así que me he encargado yo de irlo a buscar a su llegada a la presa para que pueda iniciar su primer programa de esta edición dominical de Aquí la Tierra.

    Ya sabéis que esta presa forma parte del proyecto hidroeléctrico conocido como saltos del Duero, que está construido en la cuenca hidrográfica de este río en su zona fronteriza entre España y Portugal. Este proyecto hidroeléctrico se ubica dentro de los parques naturales de Las Arribes del Duero en el lado español y de Douro Internacional en el lado portugués, y está formado por seis presas y embalses españoles y tres portugueses. Justamente, la presa de Villalcampo es la primera presa que se construye en el Duero.

    Con los permisos en regla, Quico tiene que desembarcar en esta presa antes de las tres de la tarde, hora a la que terminan de trabajar los encargados de la misma, quienes muy amablemente me abren el paso para poder entrar a recogerlo. Llego con bastante tiempo de antelación, ya me conocéis, me gusta cumplir bien.

    Mis horas de espera transcurren en un entorno que crea un mundo mágico que me envuelve. La temperatura es muy elevada para esta época del año, encañonada en el río ese calor se percibe todavía con más fuerza. No hay ni pizca de viento, ni siquiera una mínima brisa. El cielo es de un azul intenso. Lo primero que hago es reconocer y explorar el lugar. Busco posibles puntos para hacer alguna foto y algún vídeo a este gran aventurero, cuando llegue a la zona del embarcadero.

    Con esa tarea resuelta, me relajo. Llevo una temporada en la que estoy desbordada de trabajo y mi cuerpo y mi mente me piden a voz en grito parar… Parece que llegó el momento y el lugar adecuados. El sol reflejándose en el agua, trinos de una gran variedad de aves crean esa melodía de fondo idónea para dar el toque especial, por lo demás el silencio es total. Mi mente rápidamente se evade, se relaja, descansa, desconecta… Me lleno de paz, de esa tranquilidad que sabes que va a perdurar en el tiempo. Pienso en la cantidad de momentos que así habrá sentido Quico en solitario navegando el Duero. Claro está que tiene que superar también momentos muy duros y complicados, pero en la balanza la ganancia personal que está haciendo con su aventura por este río, tiene que ser súper enriquecedora.

    Desde el punto en el que me encuentro, en visual hasta el primer meandro del río, tengo 2,5 km. “Me olvidé de traer los prismáticos”, pensé en cuanto me ubiqué en el lugar. A esa distancia no puedo ver cuándo aparece allá al fondo. Toca fijarse en el agua. De las ondulaciones que a lo lejos distingo, voy descartando una tras otra… No, no es él todavía.

    ¿Sabéis que ocurrió? En medio de ese silencio absoluto, en esta zona de cañones, siento su remo en el agua. Un sonido muy sutil, pero lo tenía claro, ahora aquellas ondas en el agua son de la Zapper de Quico. Siendo consciente de ello, me invade una emoción profunda. Mi mente viajó a velocidad de la luz a Duruelo de la Sierra, cuando un mes antes lo habíamos dejado con aquella gran nevada, comenzando su reto del Duero. Casi lleva ya 700 kilómetros recorridos, ¡qué gran aventurero!

    Cuando ya entra en mi campo cercano de visión y puedo observarlo con detalle, percibo su figura moldeada por el Duero, por el remar sin tregua día tras día, de sol a sol, por los momentos duros que ha tenido que pasar, por ese vivir al aire libre día y noche… Todo eso se lee en su cuerpo al verlo. En su cara morena y quemada por la intemperie su sonrisa contagiosa transmite una felicidad infinita. Pero además se percibe su interior brillante, da la sensación de que el Duero también lo ha pulido y resplandece con fuerza. No me cabe la menor duda, además de un reto, una aventura, un ejemplo para los demás en muchas cosas, su persona está saliendo súper enriquecida de ello.

    Sinceramente y con emoción, siento que en GLACKMA somos muy afortunados, de la mano de nuestro embajador, también estamos recorriendo el Duero. Muchas gracias y suerte en lo que te queda de reto, Cántabro Q de Espíritu Mustang. ¡Nos vemos en Oporto!

    • Quico Taronji llegando a la presa de Villalcampo, Zamora

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