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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Soledad ártica vivida con intensidad

    Paisaje

    Los días se van sucediendo en un entorno tan bello como inhóspito. Prácticamente no tenemos noche, debido a los 68ºN de latitud y a la época del año. Que no exista noche no quiere decir que el sol no lo veamos ocultar tras el horizonte, sobre todo porque estamos rodeados de altas cumbres por todos los flancos. El astro luminoso se oculta por muy poco tiempo y ello hace que se fundan el atardecer y el amanecer en casi un mismo fenómeno mágico. La luna también la podemos contemplar con bastante claridad durante el día, e incluso las estrellas. ¿Os imagináis? Y todo ello sin perder la luz.

    Durante esas horas de claridad pero sin noche, el frío se hace más intenso… Os voy a contar alguna anécdota. Los primeros días para cocinar tenemos que coger nieve y fundirla, tarea complicada y pesada para preparar la comida y hacer agua para beber. Después, según va avanzando la semana, el río que proviene de los glaciares de la zona, empieza a querer ponerse en marcha y bajo la espesa y compacta capa de nieve comienza a dibujar su perfil en algunos lugares de su cauce. Aprovechamos este privilegio que nos brinda la naturaleza para picar el hielo de la capa que lo cubre en tres puntos diferentes, uno para coger agua para cocinar, otro para fregar los cacharros de la cocina y otro para bañarnos. Pero lo que así contado suena tan fácil, no lo es. Cada día tenemos que volver a picar el hielo en esos tres puntos, pues durante esas horas de las noches claras, cuando las temperaturas bajan con intensidad, se nos vuelve a congelar el agua generando una buena capa de varios centímetros de hielo. De hecho, el agua que tenemos recogida en botellas en las tiendas, amanece congelada…

    Tengo que reconocer que alguna noche me he tenido que poner ropa extra dentro del saco de dormir, pues no entraba en calor. Y cuando nuestros organismos se acostumbran a esas temperaturas y éstas comienzan a ascender y aproximarse a los 0ºC, la sensación de calor que sufrimos es impresionante. Empezamos a quitarnos capas de ropa y aún así tenemos calor. El preparar la comida en el exterior con el hornillo, ya no resulta una tarea complicada que hay que tratar de hacer a toda velocidad, disfrutamos cocinando y comiendo aquí fuera en la nieve, en medio de nuestro paraíso ártico.

    Otra tarea que los días de más frío hay que hacer a toda velocidad, es bañarse en esas pocitas de agua que abrimos bajo el hielo. No creáis que se pasa mal. La única cuestión es no pensarlo, ni dudar y por supuesto, disfrutar del momento. Otro secreto es realizar el aseo en esos ratos en los que el sol brilla en el cielo y no hay viento. Desnudarse en medio de la nieve, zambullirse en el agua fresquita, lavarse y secarse… te proporciona tal sensación de libertad, de ser consciente de que es muy poco lo que necesitamos para vivir, de saber disfrutar de las pequeñas cosas, de llenarse de felicidad con estos momentos tan bellos, que si no se ha experimentado alguna vez, es muy difícil que me entendáis.  

    El piloto del helicóptero se acercó a sobrevolar la zona donde estábamos, sobre todo los primeros días que tuvimos que soportar ventiscas con condiciones un poco complicadas. Con señas nos entendíamos, el piloto desde el aire, nosotros desde la nieve, todo bien, perfecto, muchas gracias… ¡¡Inolvidable el detalle!!

    Mientras seguimos a la espera de que llegue la mejora del tiempo que nos anuncia Empar -a través del teléfono satelital- con su predicción tan acertada, y poder ponernos a apartar la nieve del lugar donde habíamos hecho la instalación de la estación, Carlos estruja al máximo los días con sus grabaciones. Como ya sabéis, hace de todo. Vuela con el dron, trabaja con la cámara en tierra, bueno… en la nieve, realiza entrevistas, participa delante y detrás de la cámara, trabaja la técnica de los time-lapse… ¡Vamos!, que está rentabilizando al máximo el tiempo. Siempre que puedo le echo una mano, es mucho el material que tiene que acarrear de un lugar a otro para realizar su trabajo y no es nada fácil avanzar en medio de este manto blanco que nos envuelve. Soy consciente del trabajo tan sacrificado que supone realizar unas buenas grabaciones, sobre todo en estos lugares fríos y con condiciones de intemperie tan complicadas. Perder el tacto de las manos o de los pies es habitual debido al frío que nos acompaña. El calor del resto del cuerpo es más fácil de mantener, moviéndonos, corriendo, o haciendo una tabla de ejercicios, pero las manos y los pies siempre son lo más delicado.

    Seguimos a la espera de la mejora de las condiciones meteorológicas para poder empezar a quitar la nieve del lugar de la estación, y como os decía en el artículo anterior, aprendí de la actitud positiva de Carlos y logré apartar de mi mente cualquier preocupación de por si tenemos o no estación. Me inmiscuí en este paraíso ártico, sabiendo lo afortunada que soy, lo afortunados que somos estos expedicionarios y aventureros polares, aislados, perdidos en medio de esta inmensidad. Disfruto y vivo a tope cada momento, registrando una infinidad de ellos en mi interior, en esa parte de la memoria imborrable para recordarlos y revivirlos cuando me encuentre sumergida de nuevo en el mundo civilizado. ¡Qué hermosa es la soledad ártica vivida con intensidad!

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