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Encuentro GLACKMA En Rascafría, mayo 2016 por Empar Landete

Conforme iba adentrándome en el valle alto de Lozoya donde está Rascafría, con las montañas de la Sierra de Guadarrama al fondo aún con restos de nieve en sus cumbres, iba sintiendo una inmensa alegría en mi interior, pronto estaría con mis amigos glackmeros. La casa de Pizca, integrante del grupo Glackma, donde nos acogió para este encuentro, está enclavada en Rascafría, en un entorno natural precioso, donde la vista se pierde al tropezar con esas enormes moles montañosas de 1800 y 2200 metros.

Durante las caminatas que realizamos la naturaleza nos envolvía con su verdor, acompañados del cascabeleo de los interminables riachuelos y cascadas que surcaban todo el camino y en ocasiones los cielos eran surcados por las águilas con su gran majestuosidad. Cuando al atardecer el Sol alargaba sus rayos de luz creando contrastes de luces y sombras entre los enormes bosques de pinos, abedules, robledales y chopos, el tiempo quedaba marcado por esa calidez y sensación de paz que siente el caminante al hallarse ante esa grandiosidad con que le envuelve la madre naturaleza.  

Caminé algunos trechos sola, para empaparme de esa paz y soledad acogedora que produce el andar entre estos preciosos bosques, esa tranquilidad iba acompañada de los cantos de los pájaros que rompían por momentos el silencio de mis pasos por las sendas.

Dura, pero gratificante, fue la subida al viejo Tejo milenario de Rascafría, entre empinados y largos senderos llenos de vegetación y riachuelos. Cuando por fin llegamos a su lado, noté en las retorcidas formas de su tronco su longeva edad, entre 1500 y 1800 años. Me hizo sentirme insignificante y recordar cuan corta es la vida humana, y que poderosa y fuerte puede llegar a ser la vida de un árbol.    

Necesitaba estos remansos de paz y a la vez el candor de mi familia Glackma, para evadirme de la vorágine rutina que trae la vida. Siempre digo lo mismo cuando vuelvo de un viaje con mis amigos de Glackma, pero es que me cargan las pilas para continuar mi día a día y esperar la próxima kedada Glackmera.

No quiero terminar sin dar las gracias a Pizca por la gran anfitriona que ha sido y la amabilidad de prestarnos su casa para esta ocasión.

  • Tejo milenario- Avanzadilla llegando al tejo

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