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Recuerdos de GLACKMA por Waldemar Fontes, Jefe de Relaciones Públicas del Instituto Antártico Uruguayo

Era en enero de 2000, cuando desempeñándome como Jefe de la Base Artigas de Uruguay en la Antártida, me avisan que teníamos la visita de dos científicos españoles.

Enseguida le dije al Encargado de la Base, que dispusiera todo para recibirlos, incluyendo, como es habitual, la colocación del pabellón español en el mástil de las visitas.

Salí afuera y allí me encontré con Adolfo y Carmen, que eran acompañados por Oleg, el jefe de la base rusa Bellingshausen con quien ya teníamos una cercana amistad.

Aún recuerdo la primera pregunta de Carmen, que viendo su bandera en el mástil me dijo -¿Tienen españoles aquí? A lo que le respondí, -Claro, Ustedes…  lo que la sorprendió agradablemente, reflejándolo luego en unas crónicas que figuran en su libro Diario Polar.

Ese encuentro fue breve y luego de la bienvenida de rigor, los invité a participar de las actividades de la Base, incluyendo una bienvenida para un grupo recién llegado.

A partir de ese día, comenzó una amistad que ha perdurado a través de los años, con varios encuentros ya sea en la Antártida de nuevo, como en otras partes del mundo, manteniendo siempre un contacto fluido a través de Internet y de la intensa labor de difusión que realizan Carmen y Adolfo.

Recuerdo que ese año 2000 era muy especial.  El planeta se había preparado para recibir el tercer milenio y había un espíritu de gran esperanza universal, que sobrepasaba los temores infundados de aquellos agoreros que pronosticaban el fin del mundo.

Sin duda eran tiempos de cambio y muchas cosas ocurrieron luego en ese tiempo, incluyendo guerras y crisis económicas que han terminado de transformar el universo para meterlo de lleno en el Siglo XXI que hoy vivimos.

Pero en ese año 2000, Carmen era un joven doctora en matemáticas que devenida en glacióloga se aventuraba por primera vez en la Antártida.  Sus ojos y su corazón, estaban llenos de inocencia y deseos de aventura y al releer lo que publicaba en sus crónicas en Diario Polar, nos damos cuenta lo bello que es encarar la vida con ese candor, pues lo que se vive en esos momentos, perdura para siempre.

Durante los meses de enero y febrero de 2000, muchas veces tuvimos a Carmen y Adolfo en la Base Artigas.

Ellos estaban trabajando en un proyecto con los rusos, pero como el lugar de trabajo en el glaciar Collins, quedaba cerca de nuestra base, comenzaron a frecuentarnos y nosotros estuvimos muy felices de recibirlos, pues escuchar las historias de Adolfo y aprender de lo que hacían fue algo muy interesante.

Cuando partieron Adolfo y Carmen al fin de aquel verano austral del 2000, dejaron sembrada una semilla que hasta hoy sigue dando frutos.

Al verano siguiente, la nueva dotación de la Base Artigas, los volvió a recibir y de nuevo se entablaron fuertes amistades y eso continuó.

En 2004, el proyecto GLACKMA firmó un convenio con el Instituto Antártico Uruguayo y como parte de eso recuerdo haber recibido la visita de Carmen y Adolfo en Montevideo, donde nos volvimos a encontrar después de varios años, en el marco de un simposio sobre actividades antárticas.

La cooperación y el intercambio siguieron existiendo, pero como las cosas evolucionan siempre, también hubo sinsabores y por causas que no importa recordar, algunas de las autoridades del momento, ocasionaron que se produjera un alejamiento institucional…

Sin embargo las amistades creadas a lo largo de tanto tiempo, fueron más fuertes y por encima de lo institucional primó siempre lo personal, con lo que el vínculo fraterno siguió existiendo y Carmen y Adolfo siguieron siempre visitando la Base Artigas en sus próximas campañas de estos últimos años.

En 2007 y luego en 2009 tuve la oportunidad de volver a ser jefe de la Base Artigas y en ambas campañas volví a recibir las visitas de nuestros amigos, deleitándome con las historias de Adolfo, para el que parece que no pasan los años…

Un día le preguntamos como hacía para mantenerse tan bien y entonces él explicó: -¿Sabes cómo se conservan los experimentos?   En el frío… y en alcohol.  Pues yo hago eso. Vivo desde hace años en los glaciares y cuando estoy en reuniones como esta, ¡complemento con el alcohol!

Todos reímos de su ocurrencia, pero sin duda es admirable su fortaleza física y la lucidez de su mente, lo que siempre nos impresionó.

Desde 2010, he estado trabajando en Relaciones Públicas del Instituto Antártico Uruguayo y además realizo tareas de educación y difusión a través de la Asociación Civil Antarkos, una organización sin fines de lucro que apoya la actividad del Uruguay en la Antártida.

En este último período hemos compartido mucha información con la página web de GLACKMA y con el blog Karmenka desde los Polos y puedo dar testimonio del esfuerzo en pro de la educación y en busca del conocimiento y de la protección del medio ambiente que vienen realizando mis amigos Carmen y Adolfo.

Ojalá hubiera más gente como ellos en el mundo, pues quien es capaz de emocionarse ante un paisaje natural o disfrutar al sentirse bienvenido cuando lo reciben en lejanas latitudes… es capaz de apreciar las cosas sencillas y simples, que en definitiva, son las únicas que importan. 

  • Waldemar Fontes, un gran antártico
  • En Punta Arenas, a punto de subir al Hércules C-130 Uruguayo para alcanzar la Antártida
  • En el glaciar Collins, caminando hacia la zona de trabajo del Drake
  • Karmenka en su adorado lunatrack ruso
  • Adolfo en la Base Uruguaya Artigas
  • Karmenka, rendida del trabajo a la intemperie, se queda dormida en la Base Uruguaya Artigas
  • Adolfo trabajando con una sonda de registro
  • Fijando la sonda
  • La sonda registrando datos
  • Midiendo en el río que trae el agua del glaciar
  • Ayudados del lunatrack ruso en las exploraciones del glaciar
  • Midiendo en el glaciar
  • Explorando en el casquete glaciar antártico
  • Adolfo feliz con el trabajo en el glaciar
  • Karmenka saliendo del refugio ruso Priroda
  • Durmiendo en el refugio ruso
  • La comunicación por radio con las bases antárticas es imprescindible al trabajar a la intemperie
  • Cocinando en el refugio ruso Priroda después de un agotador día de trabajo en el glaciar
  • Fregando después de comer... con agua fresca
  • Firmando el libro de visitas de Priroda
  • Karmenka feliz al firmar el libro de visitas del refugio ruso

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1 comentario:

  • Por Karmenka (13/11/2013, a las 22:08)

    Waldemar, cuando recibí tu escrito para publicarlo en el Blog del Afiliado, me emocioné tremendamente, ya te lo conté. Cuando lo he vuelto a leer me he vuelto a emocionar. Después, releído otra vez, ya colgado en la web… lo mismo, una gigantesca emoción se mueve dentro de mí, me sacude, me agita…

    He viajado de nuevo en el tiempo, he revivido toda aquella, mi primera campaña antártica en el 2000. Y después de esa, mi mente pululaba de año en año, de expedición antártica en expedición antártica… Vuestra Base Artigas, al pie de donde trabajamos en el glaciar, vuestra gente, vuestro equipo antártico que cambia cada año, pero que siempre nos dan una buena acogida. Siempre tenemos la sensación de estar en casa. Tan lejos y tan cerca a la vez… Cuántos amigos hechos ahí, cuántos amigos de verdad y para siempre…

    Waldemar, sin palabras. Amigo antártico. No soy capaz de expresar lo que siento, sólo se me empañan los ojos…

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